La reforma estructural del mercado de trabajo: Preludio

Hola, amigos. Es mi intención publicar una serie de artículos de reflexión económica sobre un asunto más que espinoso: la reforma del mercado de trabajo español. En principio lo tengo planificado como una especie de micro-ensayo dividido en varios capítulos. Curiosamente, hoy la actualidad me ha puesto en bandeja el inicio de este proyecto.

Noticia de varios medios: “Rubalcaba propone ‘forzar’ un primer contrato para licenciados universitarios”. Y sigue: “El candidato del PSOE (…) considera que el “mayor problema” de los universitarios es encontrar un primer empleo, por lo que apuesta por “forzar” que las empresas ofrezcan a los recién titulados la oportunidad de un puesto de trabajo cuando terminen los estudios superiores.”

Según leo esto, aparte de una pronunciada mueca (manías cinematográficas que tiene uno, como si alguien me estuviera observando para ver mi reacción), protesto: “¡será demagogo!”.

Me confieso fan de la Wikipedia, por su utilidad y por su concepto de almacén de conocimiento colectivo acumulado de manera altruista por quienes en ella escriben. Consulto “demagogia” y resulta lo siguiente:

Demagogia (del griego δῆμος -dēmos-, pueblo y ἄγειν -agein-, dirigir) es una idea política que consiste en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.

De esta forma, Platón se oponía a la democracia como forma de gobierno adecuada, ya que consideraba como la tendencia inevitable a que el pueblo llano caiga en la demagogia como poderPolibio denominó esta desvirtuación como ὀχλοκρατία [o.xlo.kra’ti.a], término que se mantiene hasta hoy en el español como oclocracia:..

“Lo que distingue esencialmente la democracia de la oligarquía, es la pobreza y la riqueza; y donde quiera que el poder esté en manos de los ricos, sean mayoría o minoría, es una oligarquía; y donde quiera que esté en las de los pobres, es una demagogia”.  Aristoteles.

De esta forma también se considera como demagogia esa oratoria que permite atraer hacia los intereses propios las decisiones de los demás utilizando falacias o argumentos aparentemente válidos que, sin embargo, tras un análisis de las circunstancias, pueden resultar inválidos o simplistas.

Bien, aparte de sacar un tema que me interesa mucho pero que quiero tratar en un futuro artículo (la cuestión de la democracia y el tabú que supone hoy en día discutirla), creo que el mensaje que quiero transmitir está claro.

En los últimos meses, casi diría que años, no pasarán más de dos o tres días sin que la necesaria reforma del mercado de trabajo sea invocada en los medios de comunicación, ya sea por algún político local, o por alguna autoridad extranjera, o economista de prestigio, por no decir ya de tertulianos diversos. Y no sólo por un enfoque “de derechas” sino también por personas “progresistas” (por cierto, otro tema a tratar pronto, lo de la etiqueta derecha-izquierda).

Pero no sé si vosotros tenéis la misma impresión: mucho hablar de la reforma, pero se glosan más los problemas que las soluciones. Suele salir a relucir la cuestión del coste del despido, de la precariedad de los contratos de trabajo, de la desigualdad en el trato a mujeres, de la integración de los discapacitados, del drama del paro juvenil… Pero propuestas concretas rara vez. Vamos, que todos estamos de acuerdo en que hay que hacer algo, pero el qué, ni idea. Y en cuanto se hace algo, como las medidas que aprobó el viernes pasado el Consejo de Ministros, las críticas llueven a mansalva. ¿Por qué? Pues porque nadie lo tiene muy claro, y además es un tema tan polémico y sensible, que es más fácil llevarse un gorrazo que una palmadita en la espalda, así que es mejor oponerse y que venga otro y resuelva la papeleta.

Yo voy a abordar el tema, intentando hacerlo desde la humildad (no tengo desde luego ninguna varita mágica ni creo que la haya), pero con vocación de reflexión y de cambio de enfoque. Cuando un problema resulta difícil de abordar, ¡cambiemos de punto de vista! Mirémoslo desde otro ángulo. Busquemos qué estamos dando por sentado y eliminemos esa barrera al pensamiento, convirtamos en variable de la ecuación lo que hasta ahora veíamos como una constante. A lo mejor entre mis aportaciones y la de los lectores en sus comentarios, llegamos a algo productivo…

Pero ante todo, me marco un objetivo: no caer en la demagogia. Es tan aburrido leer “propuestas” tan vacuas como la de Rubalcaba, que verdaderamente uno pierde la fe en los políticos y empieza a entender el por qué del éxito del Movimiento 15-M (que inicialmente tenía un interés y una relevancia, hasta que fue usurpado por los antisistema).

Por favor, señores políticos: ¡más rigor, más respeto, no le den la razón a quienes les acusan de sólo preocuparse por conseguir y mantener el poder!

Continuará…

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2 comentarios

  1. Qué bien escribe mi hermanito. Eres un artista!! 😀

  2. ignacio gafo · · Responder

    Esta uy bien. Yo de todas maneras hay que hacer un esfuerzo para convencer a la gente que hay muchas posibilidades de crear trabajo cretivo y remunerado utilizando Internet o haciendo cosas por libre. tenemos que recuperar el espiritu emprendedor que existio en España entre 1945 y 1970

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