La reforma estructural del mercado de trabajo: Cap.1: El problema

La reforma estructural del mercado de trabajo en España, que como comentaba en el preludio, está siendo constantemente demandada, implica dos cosas:

  • reformar: cambiar el marco laboral existente
  • estructuralmente: los cambios no deben ser meros retoques estéticos, tienen que ser fundamentales. Tomando un símil automovilístico, no es un mero restyling como los que suele hacer Volkswagen con su Golf sino que es un cambio mucho más profundo, más en la línea de lo que ha hecho últimamente Renault con su Mégane.

La reforma es necesaria porque tenemos un problema. Un problema gordo. Y su solución no es sencilla, porque si lo fuera, se habría afrontado hace mucho. Al fin y al cabo, esto no viene de ahora, sino que se arrastra desde hace décadas.  En 1978 se hizo un avance muy importante con el Estatuto de los Trabajadores, que aunque hoy en día nos pueda parecer un tanto rígido, daba un salto adelante muy importante frente a la anquilosada estructura laboral franquista, y posteriormente el primer gobierno socialista de Felipe González, en 1984, dio otro paso adelante muy importante introduciendo las modalidades de contratos temporales. Finalmente, el primer Aznar en 1997 llevó a cabo su reforma, continuando sobre la línea de la temporalidad de la anterior, e incidiendo además en el contrato a tiempo parcial.

Durante los últimos años, el Presidente Zapatero, tan obsesionado por conseguir que la reforma resultara únicamente del diálogo social (pero tirando él descaradamente a favor de los sindicatos), se ha perdido mucho tiempo y finalmente, sin ese acuerdo, se han tomado algunas medidas para flexibilizar algunos puntos de la temporalidad y la contratación a tiempo parcial, que no han contentado a nadie (aunque también pienso que mejor algo que nada), y que sobre todo no han conseguido resultados.  Así que de reforma, nada. Y entre tanto:

  • en España tenemos la tasa de paro más alta de Europa, en torno a un 21% de la población activa, lo cual es alarmante
  • el paro juvenil está en niveles de 46%, lo cual es dramático
  • los nuevos contratos masivamente optan por la temporalidad
  • con la crisis se ha destruido masivamente empleo, y cuando ha parecido haber alguna tasa positiva de crecimiento, se ha constatado que no parece crearse empleo en tasas de crecimiento por debajo del 2%, lo cual significa que en un entorno de estancamiento como es el que se está pronosticando para los próximos años (por no considerar a los agoreros que hablan de una Gran Depresión al estilo de la americana post-crack del 1929), la tasa de paro podría mantenerse en estos niveles.

En realidad, estamos inmersos en un auténtico círculo vicioso: como se va destruyendo empleo, cae la renta de las familias, que dejan de consumir; como hay desconfianza, más bien miedo, entre los que mantienen su empleo, también recortan su consumo; como las entidades bancarias no conceden financiación que sirva para el consumo, porque por un lado tienen problemas de liquidez por quienes pierden su empleo y les dejan de pagar sus préstamos, y por otro lado no se fían de quienes todavía tienen empleo y piden un préstamo; y como la demanda interior se hunde, baja la actividad, lo que retroalimenta el proceso.  Hasta ahora el proceso se ha mitigado porque la empresa española ha incrementado sus esfuerzos exportadores, pero si el resto de Europa, Estados Unidos y Japón se tambalean, y tampoco tira la demanda exterior, ¿qué será de nosotros? ¿Qué le espera a las generaciones futuras, que por primera vez en la historia van a vivir peor que sus progenitores? (Bueno, tengo mis dudas de que la generación de jóvenes que tuvo que vivir la I Guerra Mundial, o volviendo más atrás, la que le tocara vivir o más bien morir con la Peste Negra del siglo XIV en Europa, vivieran mejor que la generación anterior, pero comprendéis la argumentación, que a nuestros hijos les espera un panorama chungo).

Bien, ya hemos establecido sin lugar a dudas la necesidad de reformar el mercado de trabajo.  Ocurre que normalmente pensamos inmediatamente en leyes que modifiquen la normativa laboral, en cuanto a formas de contratación, incentivos fiscales a la contratación, la determinación del salario y las jornadas laborables, y la regulación del despido.  Pero lo primero que hay que hacer es reconocer que no sólo basta con cambios normativos. El gran reto es una transformación cultural:

  1. ¡despertar un espíritu emprendedor! Sería decisivo, especialmente entre los jóvenes, que no continúe el espíritu de “queremos/exigimos un trabajo” (además, un trabajo digno, vamos, con mesita, ordenador y máquina de café, y si puede ser el Marca a mano), sino el de “creemos nuestro propio trabajo”. ¡Inventemos nuestro propio futuro, tracemos nuestro propio camino! No ir a lo cómodo de un trabajo fijo y si es de funcionario mucho mejor. Hoy en día, como Ignacio Gafo apuntaba en su comentario al preludio, hay muchas oportunidades gracias a internet y la supresión de barreras y reducción de costes que supone. Evidentemente, será importante apoyar este espíritu con medidas fiscales y financieras, para eliminar trabas burocráticas (es increíblemente absurdo lo complicado que es arrancar, hasta el punto de quitarle las ganas a cualquiera) y darle un respiro a quien se lanza con la aventura de su propia empresa o de ser autónomo.
  2. atacar la economía sumergida, que es el más alto grado de precariedad laboral, y que compite deslealmente con la empresa legal. Un comentario muy habitual es que la tasa real de paro no puede ser del 20%, porque en ese caso viviríamos un auténtico colapso social. Mucha gente está cobrando el paro y haciendo “chapucillas” o incluso trabajando regularmente, sin contrato, ni Seguridad Social, cobrando en negro. No puede ser. Pero esto no deja de ser la misma picaresca del Lazarillo de Tormes, que forma parte del ADN del español. Ahora bien, ¿no parecía impensable hasta hace muy poco que pudieras entrar en un bar y nadie fume? ¿Por qué no vamos a conseguir también una tolerancia cero a nivel social con el cobrar el paro y trabajar en negro? ¡También tolerancia cero con el empresario que lo hace! Pero no que las autoridades le persigan: que la sociedad le desprecie y le denuncie.
  3. cambiar el chip del trabajador y también del empresario español, ambos, aunque parece mentira, condicionados tan a menudo por los esquemas de la guerra marxista de clases. No al presentismo, a echar horas porque sí aunque la mitad sean perdidas, y sí a la productividad. No a controlar tanto el horario trabajado como al exigir una calidad del trabajo y la obtención de unos resultados. No al escaquearse y sí al comprometerse por la empresa. Sí al formar, trabajar en equipo, conciliar la vida profesional con la familiar, tolerar el cambio, comunicarse positivamente, premiar los buenos resultados con palmaditas en la espalda y algo más… Porque si a la empresa le va bien, a sus trabajadores también, pero también a la inversa, si los trabajadores están satisfechos, rinden mejor. Asumir que todos formamos un equipo y que tenemos un compromiso común por salir adelante.

Todos estos puntos, aparte de que se puedan apoyar legislativamente, requieren un esfuerzo desde la base del sistema educativo, e implicar a jóvenes y mayores, lo cual es casi utópico, pero igual que en los últimos años se hace un gran esfuerzo de comunicación para sensibilizar socialmente en cuestiones tan diversas pero esenciales como la violencia de género, el comportamiento respetuoso con el medio ambiente, o la seguridad vial, y muchas otras que estaré dejando en el tintero, pues estos principios de las nuevas relaciones de trabajo también se pueden empezar a transmitir desde todos los medios de comunicación y los estamentos del poder público.

En otras palabras, creo firmemente que sólo a golpe de legislación, de retocar las formas de contrato, las soluciones de despido, la regulación del marco laboral, no podremos llegar al fin último de la reforma laboral, que es romper la actual dinámica destructiva y muy al contrario, entrar en un círculo virtuoso, donde los nuevos emprendedores crean actividad y empleo, los trabajadores trabajan con mayor productividad y satisfacción, se incrementa la renta, que se ve acompañada por el consumo, que a su vez reactiva la actividad, y así por fin la prosperidad de las generaciones futuras. Aún a costa de tener que hacer en esta generación el sacrificio de cambiar.

Así que la reforma en sus factores normativos no es suficiente… pero sí que sigue siendo necesaria. En los siguientes capítulos, abordo ideas concretas para esos cambios normativos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: