Apple: ¿éxito sostenible?

Apple es probablemente, hoy por hoy, la empresa y marca sobre la que más se escribe y de la que más se habla en el mundo entero. Recientemente ha sido noticia por dos motivos muy dispares.  El 9 de agosto de 2011, brevemente, se convirtió en la compañía de mayor capitalización bursátil del mundo, lo que suponía la coronación de la más alta cima para la empresa creada 35 años atrás por Steve Jobs y Steve Wozniak en California. El día 24 de ese mismo mes, sin embargo, se comunica la amarga noticia de la dimisión de Jobs como CEO de la compañía, por motivos de salud (para final y tristemente fallecer el día 4 de octubre).

Sobre Apple hay muchísima información disponible al instante, así que no voy a entrar a detallar su historia e hitos, si bien es verdaderamente apasionante ver cómo dos genios pudieron arrancar gracias a pequeños grandes gestos de otras personas (véase la Wikipedia en su artículo History of Apple, Inc acerca de cómo Jobs y Wozniak empezaron fabricando y vendiendo el Apple I gracias al compromiso personal de compra del propietario de una cadena de tiendas de computadoras y el crédito concedido por una distribuidora de componentes electrónicos, algo que parece hoy sencillamente inconcebible), y cómo Steve Jobs, tanto dentro como fuera de la compañía, demostró ser un visionario, una persona digna de pasar a los anales de la historia como uno de los individuos más influyentes en la sociedad contemporánea. Qué injusto que su carrera se tuviera que ver prematuramente interrumpida.

Como sabréis si habéis leído cualquier artículo sobre Jobs, estuvo fuera de Apple entre 1985 y 1996, tiempo durante el cual, por un lado, la empresa que él co-fundó entró en una cierta decadencia por culpa de una deficiente gestión, y por otro lado él aprovechó para reinventar el cine de animación con su revolucionario Pixar, y desarrollar bajo la compañía NeXT una plataforma informática que aunaba la estabilidad y seguridad de Unix con la facilidad de uso que habían caracterizado a Apple desde su Macintosh.  Cuando Apple compra NeXT y no sólo adquiere ese sistema operativo (que sería la base del exitoso OS X) sino que además repesca a Jobs, tenemos el punto de inflexión más dramático de la historia actual del mundo de la empresa.

El 24 de agosto de 1997, Jobs se convierte en CEO e inicia lo que será una trayectoria genial de 14 años en los que revolucionará el mundo de la información y la comunicación personal. Llega en un momento en el que Microsoft es el rey hegemónico del mundo de la informática, y lo dejará consiguiendo lo impensable, superarles en facturación y beneficios, y no digamos ya en influencia.  ¿Cómo lo consiguió?  Pues siendo el mejor en múltiples aspectos del producto:

  1. Innovación. Ningún otro fabricante como Apple bajo el mando de Jobs ha innovado tanto.  Desde los Apple I y II y los primeros Macintosh de su primera etapa, hasta el iMac con su atractivo monochasis traslúcido, el iPod con su mando en forma de rueda táctil, el iPhone y sus Apps, y finalmente el iPad o cómo reinventar el tablet hasta el punto de que nadie se acuerda que ya en 2001 el Tablet PC fue una apuesta decidida de Microsoft con su XP.
  2. Diseño. Los Mac de mediados de los 80 eran ya originales y atractivos frente a los IBM PC y derivados. Pero es que lo que ha conseguido Apple desde su primera iMac en 1998 hasta los recientes iPod, iPhone, iPad o Macbook Air, es estar a la vanguardia del diseño, y conseguir que todos le copien, pero sin llegar a la perfección y refinamiento de los productos de la compañía de Cupertino. ¡Si hasta los embalajes son un producto de arte minimalista!
  3. Calidad. No sólo bonito, sino que la terminación es excelente, la durabilidad extraordinaria, y la selección de los componentes acertada. La atención al detalle de Jobs era legendaria, y ha demostrado ser capaz de sacrificar beneficios a corto plazo en aras a conservar su merecida fama de máxima calidad (el ejemplo perfecto fue su retraso en sacar el iPhone 4 con carcasa blanca porque no conseguía el mismo tono de blanco en los diferentes componentes de la misma). Y cuando algo ha fallado, como el polémico problema con la cobertura de ese terminal, han procurado dar una solución satisfactoria (con las fundas e incluso el ofrecimiento a devolver el dinero).
  4. Facilidad de uso y estabilidad. Desde los orígenes, ya que Apple puede presumir con su Macintosh de haber presentado la primera interfaz gráfica de usuario y el primer ratón, lo que primero te decía cualquier usuario de Mac era que su ordenador era intuitivo y no se “colgaba”. Esa filosofía se ha mantenido hasta hoy mismo, y de hecho la reciente campaña de publicidad en torno al iPhone 4 insiste en este mensaje de la sencillez de uso.
  5. Marketing. Jobs fue sin lugar a dudas un mago del marketing. Para todos sus lanzamientos, diseñaba una estrategia previa muy exitosa, que despertaba un enorme interés (hype, como dirían los americanos), y a continuación sorprendía y maravillaba en el acto en sí de lanzamiento. Lo apoyaba con su extraordinaria red de tiendas Apple, inigualables en su concepto y en el entusiasmo y capacidad de su personal. Y, recientemente, con la multitud de aplicaciones que apoyan al producto, que son otra razón más para adquirirlo.
  6. Lealtad incomparable de sus consumidores. Los clientes de Apple son fans acérrimos de Apple. Tradicionalmente se han sentido especiales, conocedores de un gran secreto que ignoran las masas que se conforman con un PC. Apple en ese sentido es una marca de culto.

Con todo esto, lo que consiguió Jobs para Apple ha sido dar el salto desde una plataforma que era el estándar para el mundo de la publicidad, las artes gráficas, el cine y la música, pero cuyo éxito en el mercado empresarial y doméstico era marginal, debido a la ausencia de software, hasta ser la plataforma de referencia hoy en día, quizá no todavía en números (sigue habiendo más PCs Windows que Macs con OS X), pero sí, indudablemente, en influencia.

Aún más. Con Jobs, la marca de la manzana alcanzó una identidad, un posicionamiento, casi místico, religioso. Leí una vez un comentario que me parece que lo representa perfectamente: “Cuando eres un usuario de Apple, cada vez que ves a otra persona con una camiseta o una pegatina de la manzana, sabes que tienes a un amigo delante“. Esta sensación de pertenencia es de un valor incalculable.

Si encima, has conseguido tal volumen de fabricación y ventas que manejas unas economías de escala sin igual, que te permiten ser extremadamente competitivo y obtener un alto beneficio, nos encontramos ante la mayor historia de éxito empresarial y de marketing de lo que llevamos de siglo.

Después de todo lo anterior, os preguntaréis, ¿por qué el titular de este artículo? ¿Por el hecho de que Jobs a partir de ahora falta? Sí y no.

Indudablemente, la pérdida de Jobs significa un antes y un después. Un talento de tal magnitud, una persona entre un millón, va a costar encontrarla de nuevo. Pero es que por muy bueno que sea su sustituto Tim Cook, que parece serlo, lo que no puede conservar es ese halo místico que tenía Jobs, ese reconocimiento universal como gurú infalible. Sigo maravillado de cómo nos vendió el concepto del iPad, cuyo éxito en manos de cualquier otro apuesto a que habría sido mucho menor.

Ahora bien, aparte de ese desamparo que han sentido las “huestes” de Apple, hay otra cuestión que, modestamente, pienso que irá erosionando esta primacía actual: su éxito de hoy condicionará su éxito futuro. ¿Por qué? Pues porque como decía antes, Apple es una marca de culto, pero que ahora también es un fenómeno de masas.  Poco a poco, ese culto casi religioso irá perdiendo parte de su fuerza. Ese sentido de pertenencia se diluirá. Ya no te sentirás inmediatamente amigo de cualquier otra persona que veas con un Macbook porque resulta que ya son muchos y no son tan especiales. Verás a gente vulgar con un iPhone o un Macbook Air y no te identificarás con ellos. En otras palabras, parte del encanto de rendir pleitesía a una marca o producto es su carácter minoritario, y eso se perderá.

Por otra parte, el tradicional (y para mí, hasta cansino) victimismo de los mac-adictos en su confrontación con la masa de usuarios de PCs, fue consolidando, desde el pasado y muy especialmente en los últimos años, un sentimiento anti-Apple entre otros colectivos:

  • Los usuarios más o menos avanzados que tradicionalmente han (hemos) trabajado en entornos Windows y están satisfechos con ellos, y desdeñan el carácter cerrado de la arquitectura Apple y el hecho de que su mayor facilidad de uso es el anverso de una moneda, que también tiene su reverso (véase la diferencia entre gestionar un iPod con el iTunes o gestionar un MP3 convencional como una memoria USB cualquiera). O poder tocar las tripas del sistema operativo, encontrar software para todo y de todos, tener plena compatibilidad con periféricos de todos los fabricantes… ¿Existiría un Logitech, un nVidia, un Iomega, un Creative Labs, si sólo hubiera Apple?
  • Los que hoy en día abrazan la familia de productos que está surgiendo con enorme pujanza en torno al Android de Google.
  • Aquellos usuarios que por su menor poder adquisitivo, no pueden acceder a los productos de Apple, que aunque son competitivos, operan en el segmento alto y medio-alto, pero no en el bajo.
De hecho, la competencia tanto de Google va a ser cada vez más magnífica, como demuestran las recientes cifras según las cuales Android es el OS que más cuota de mercado capta en los últimos meses (gracias a trabajar con múltiples fabricantes), y Microsoft, después del horroroso fiasco del Vista y del cierto shock que produjo con el Office 2007 (y que dio alas al OpenOffice gratuito de Oracle), ha conseguido consolidar un extraordinario sistema operativo con Windows 7 y un inmejorable software de productividad con el Office 2010, y ahora quiere contraatacar en móviles y tablets, a partir de la base que van a sentar con su Windows 8.
En definitiva, pienso que a Apple todavía le queda por lo menos un lustro de hegemonía, aunque sólo sea por la inercia adquirida en los años de Jobs, y confío en que mantengan su impulso innovador y de excelencia, empezando ya mismo con el inminente lanzamiento del iPhone 5 y a continuación del iPad 3 (¿en primavera de 2012 o incluso antes?).  Quién sabe si tendrán ya en cartera algún otro producto conceptualmente innovador con el que ampliar aún más su cobertura de mercado.  E incluso después de que su pérdida de carácter de culto, tendrán todas las opciones para mantenerse en un nivel de liderazgo en ventas, aunque tengan que renunciar eventualmente a parte de los márgenes con los que actualmente están pudiendo vender sus productos.
Y aunque uno sea más o menos fan de Apple, hay sin duda que agradecer a Jobs y su equipo por haber revolucionado el mundo de la informática y el ocio, y haber evitado que Microsoft se haya convertido, como parecía cuando aplastó a Netscape allá por 1997, en un monopolio en la industria.
Y es que si hasta yo, que soy un fiel usuario de PCs y que llevo usando Windows desde su versión 2.1 (con un procesador 8086 y 640 kb de RAM), tengo un iPod y un iPad, y recomiendo a un usuario de sólo internet, fotos y vídeos que se compre el Macbook Air que es una chulada y además fácil de usar, es que Apple lo ha hecho maravillosamente bien. Esperemos por el bien de todos que siga así.
Nota al lector: este artículo fue inicialmente escrito el 12 de septiembre, con Jobs retirado pero aún no fallecido (aunque se intuía). Dado que por lo demás el artículo es vigente, en fecha 6/10/11 he editado los tiempos verbales y algunos comentarios accesorios para reflejar la triste noticia del triste desenlace. D.E.P.
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2 comentarios

  1. […] No me cabe duda de que el iPhone 5 venderá muchísimo y será un gran éxito. Parece un poco aventurado lo que comenta Horace Dediu en su extraordinario blog Asymco, explicando que cada generación del iPhone vende lo mismo que las ventas acumuladas de las generaciones anteriores, pero puede ser. Mi experiencia no sólo en tecnología sino también en gran medida en cultura (discos, libros, películas) es que el éxito de una producción de un fabricante o de un artista está relacionado con el nivel de satisfacción que consiguió su producción anterior. El típico caso de que tras un disco extraordinario un artista vende mucho más del siguiente, por el “efecto fan”. Sin que necesariamente se corresponda con la calidad del último producto. Así que incluso aunque el iPhone 5 pueda no ser la panacea, dudo que estemos ya en el declive del producto. Pero quizá esta acumulación de acciones discutibles, reacciones negativas y falta de entusiasmo ante un nuevo producto que tampoco resulta tremendamente innovador nos lleve a ese punto de inflexión que comentaba yo en mi post donde cuestionaba la sostenibilidad del éxito de Apple a futuro. […]

  2. […] Pero hay algunos detalles en los que observo un cierto punto de inflexión entre el Apple al que nos acostumbró Steve Jobs y este Apple de Tim Cook -aunque sea un poco injusto culpar ahora a Cook de los cambios, ya que la hoja de ruta venía marcada desde antes-, en línea con aquella pregunta que me hice hace ya un año sobre si el éxito de Apple era sostenible: […]

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