Ley D’Hondt vs. reparto proporcional de escaños

Ahora que se acercan las Elecciones Generales del 20-N de este fatídico año 2011, me interesa hacer una reflexión sobre el reparto de escaños, que es siempre un tema polémico. De hecho, de entre las diferentes propuestas del llamado “movimiento 15-M”, aparte de la cuestión relativa a la supresión de los privilegios de la casta política, que es sin duda lo que más simpatía ha concitado, posiblemente el segundo punto más aplaudido ha sido la exigencia de una reforma en el sistema de reparto de escaños.

Actualmente, la asignación de escaños en las elecciones generales se hace en base a lo siguiente:

  • El territorio nacional se divide en circunscripciones electorales: las 50 provincias, más las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.
  • A cada circunscripción se le tiene asignado un número de escaños. Ceuta y Melilla tienen uno cada una de ellas. Cada provincia tiene garantizado un mínimo de partida de dos escaños. De esta forma, quedan ya asignados 102 escaños. El resto de escaños se reparte de forma proporcional al número de habitantes de cada provincia. (De ahí que provincias muy poco pobladas tengan al menos 2 escaños cuando de otra manera no les correspondería).
  • En cada circunscripción, una vez computados los votos válidos y en blanco (no los nulos), se descartan las formaciones que no hayan alcanzado un mínimo del 3% de los sufragios
  • De entre las restantes, se reparten los escaños siguiendo el sistema D’Hondt (que no ley, como coloquialmente se dice)
Este método da lugar a grandes disparidades en cuanto a la valía del voto de los ciudadanos. Varios ejemplos tomando datos de las Elecciones Generales de 2008:
  • El escaño del PP por Melilla le “costó” sólo 15.717 votos. En Ceuta, 20.040 votos. Por el otro extremo, el mismo Partido Popular necesitó de 116.110 votos para alcanzar un escaño por Vizcaya.  En Madrid, cada escaño del PP vino respaldado por 95.743 votos de media.
  • Aparte de la particularidad de Ceuta y Melilla, donde al tener un único escaño, la lista más votada se lo lleva todo, independientemente de si los votos estaban más o menos repartidos, tenemos casos como el de Zamora (33.350 votos por escaño del PP), Palencia (29.325 votos por escaño del PP), Segovia (26.700 votos por escaño del PP), Soria (23.868 votos por escaño del PSOE), o Teruel (19.309 votos por escaño del PSOE).
  • En el extremo contrario, Izquierda Unida necesitó de 164.595 votos en Madrid para llevarse un escaño, mientras que sus 58.091 votos en Sevilla o sus 46.683 votos en Valencia no le dieron representación.
  • Otros escaños “caros”: los 155.674 votos del escaño de ICV por Barcelona o los 132.095 votos por el escaño de UPyD por Madrid.
  • Y no sólo IU se quedó sin escaños con cifras altas de votos. El PP en Girona no consiguió representación en la circunscripción de Girona, pese a tener 40.722 votos en la misma.

En resumen, podemos decir que los vicios del sistema actual son los siguientes:

  1. Los votos de un cuidadano valen más o menos dependiendo de en qué provincia viva.
  2. La disparidad de votos por escaño es altísima, en una relación extrema de 10,5 a 1 (PP en Melilla frente a IU en Madrid).
  3. El sistema actual beneficia a los partidos mayoritarios en cada circunscripción, y perjudica especialmente los partidos minoritarios nacionales, que reparten votos por las diferentes circunscripciones.

[Por cierto, un inciso para desmontar uno de esos bulos que circulan por Internet: los votos en blanco no se asignan a la fuerza más votada. Pero sí pueden perjudicar a los partidos minoritarios porque al computar en el número de votos de la circunscripción, elevan el listón del mínimo de sufragios para ser tenidos en cuenta en el reparto de escaños.]

Entonces, ¿por qué mantenemos este sistema? Tiene las siguientes ventajas:

  1. Facilita la gobernabilidad del país, porque da lugar a mayorías más estables.
  2. Evita la atomización de la Cámara en multitud de pequeños partidos.
  3. Beneficia a las provincias pequeñas, en una especie de “progresividad” electoral, discriminando positivamente a los “débiles”.

Esto digamos que tenía bastante sentido en la Transición, pero a día de hoy ya no está tan claro que sea lo correcto, en una democracia (teóricamente) consolidada.

¿Cuál podría ser la alternativa? La iniciativa “Democracia Real Ya“, aparte de algo que francamente me parece bastante tonto que es reclamar que el voto en blanco y el voto nulo tengan representación parlamentaria (¿sillones vacíos, para qué?), reclaman un sistema proporcional. Esto es más difícil de articular de lo que parece, pero si uno investiga un poco, acaba llegando al Cociente Droop como un adecuado método de reparto proporcional de escaños, y que se usa en diversos países como Irlanda y Australia. Esto, sumado a considerar para las elecciones generales una circunscripción electoral única, para que cada ciudadano español pueda estar seguro de que su voto vale lo mismo que el de cualquier otro, daría lugar a un reparto muy diferente del actual, como muestran las siguientes tablas para las últimas tres elecciones generales:

Nótese que he incorporado, aparte del reparto actual y del reparto proporcional por el cociente Droop, una “tercera vía” que consistiría en mantener el sistema D’Hondt, pero aplicado a una única circunscripción electoral nacional, y sin hacer ningún tipo de descarte por mínimo de sufragios.

A la vista de las tablas, resulta fácil llegar a las siguientes conclusiones:

  • El sistema actual tiende claramente a un bipartidismo (beneficia a los mayoritarios) con tendencia al desempate (porque pequeñas diferencias de votos se magnifican en el resultado final), por lo que es difícil pensar que PP ni PSOE quieran modificarlo. El Sr. Rubalcaba ha dicho ambiguamente que piensa proponer una reforma, pero sin concretar, y me imagino que lo hará con la boca pequeña y la “tranquilidad” de saberse perdedor.
  • Los partidos nacionalistas mayoritarios (CiU, PNV, CC) también ganan con este sistema (porque son partidos mayoritarios en sus ámbitos de influencia), lo cual refuerza la idea anterior de poca intención política por el cambio.
  • Los partidos nacionales minoritarios (actualmente IU y UPyD) pierden mucho con este sistema. El caso de IU podríamos decir que es escandaloso, porque con el sistema actual no tienen apenas representatividad y se comete una grave injusticia con sus votantes. CiU, con un 20% menos de votos que ellos, tiene cinco veces más representación parlamentaria.
  • Los partidos nacionalistas minoritarios también pierden con el reparto.
Lo que ocurre con la propuesta de reparto proporcional es que efectivamente atomizaría mucho el Congreso de los Diputados, y sería bastante complicada la gestión de los debates parlamentarios y la consecución de mayorías.  En 2000, por ejemplo, se da el caso más extremo. Si el sistema electoral actual dio lugar a una mayoría absoluta del PP, con el cociente de Droop el PP habría necesitado de CiU y PNV para conseguir mayorías.  Si habitualmente se critica que se produce un abuso de poder de los partidos nacionalistas por su condición de “bisagra”, con un reparto proporcional, esta deformación de la democracia hacia una “tiranía de la minoría” sería aún mayor.

Por ese motivo, pienso que objetivamente sería más apropiado el sistema D’Hondt pero aplicado a una única circunscripción nacional y sin mínimos. La representación se atomiza menos y la homogeneidad de votos por escaño se cumple incluso en mayor medida que con un sistema proporcional (que asigna escaños a formaciones minoritarias con menos de la mitad de votos por escaño que las mayoritarias). También con este sistema se recortan las mayorías pero en menor medida, por lo que el bipartidismo sigue la estela de lo que se aprecia en la pauta global de votos, pero se proporciona una representación mucho más apropiada a una formación como IU, que sería la tercera fuerza en número de escaños como ya lo es en votos.

Ahora bien, con este planteamiento, las mayorías no son lo suficientemente contundentes como para dar lugar a gobiernos fuertes. Lo cual nos lleva a una de las paradojas de la democracia. Os invito a una reflexión sobre qué sería lo mejor para un país como España en una situación como la actual. ¿No interesa ahora mismo un gobierno con mayoría absoluta que pueda tomar las duras decisiones necesarias para tratar de enderezar el rumbo? Pero creo que queda claro que lo que tenemos ahora, que es precisamente lo que nos puede conducir a una mayoría absoluta, es objetivamente injusto desde un concepto teórico de la democracia en la que el voto de cada persona es igualmente válido.

Seguro que más de uno dirá que a veces es mejor vivir en la ignorancia y la continuidad. Yo no lo pienso, pero como me gusta decir, la realidad no es de blanco y negro. Espero por lo menos que este post sirva para rehabilitar la figura del matemático y jurista belga Victor D’Hondt, que desarrolló este método en 1878, y que yo francamente visto lo visto creo que funciona, porque lo que falla no es su sistema, que es francamente ingenioso y efectivo, sino el criterio de las 50+2 circunscripciones electorales.
Nota 21-11-11: Continuando lo expuesto en el presente artículo del mes de septiembre, he elaborado la misma tabla para las Elecciones Generales de 2011. Ver artículo aquí.

4 comentarios

  1. […] sí una oportunidad histórica. En un país que en sus grandes cifras vota más hacia la izquierda (véase mi artículo del mes pasado sobre la Ley D’Hont), tiene todas las papeletas para ganar con esa mayoría absoluta. Pero no es lo mismo ganarla sin […]

  2. […] con circunscripciones provinciales y mínimo de votos por provincia (ver mi post sobre este tema aquí) les beneficia a sus […]

  3. Héctor · · Responder

    “abuso de poder de los partidos nacionalistas” ???? pues que pacten PPSOE entre ellos!!!! que parece que no se pueden hacer gobiernos de concentración!!! pero claro estos dos lo tienen muy bien montado para ponerse ellos cada ocho años… a turnos!!!! y no repartir el pastel!!!
    Por lo demás muy bueno el artículo…

    1. Me alegro que te haya gustado el artículo y te agradezco el comentario. Es un acierto denunciar que falta un sentido de Estado que nos llevara a plantear la conveniencia en ciertos momentos (¿qué mejor que estos que vivimos últimamente?) de un gobierno de concentración, y que al final PP y PSOE se reparten el poder y al final, visto lo visto, tampoco difieren en tanto. Sí que pienso que el sistema actual de circunscripciones provinciales, D’Hondt y la barrera mínima para considerar a los partidos minoritarios en cada circunscripción, penaliza a terceros y cuartos partidos a nivel nacional, pero no penaliza sino que incluso favorece a partidos de ámbito regionalista y que son más “egoístas” en cuanto a que defienden los intereses prioritarios de su región, lo que lleva a PP y PSOE a preferir ceder ante ellos antes que ante el rival inmediato, aunque realmente estén más cerca de ese rival que del nacionalista.
      Lo dicho: ¡gracias de nuevo por tu aportación!

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