La reforma estructural del mercado de trabajo: Cap.8: Resumen y conclusiones

Tenemos un evidente problema en España: el paro. Es precisa una reforma estructural de la normativa que regula el mercado de trabajo, para romper el actual círculo vicioso mediante el cual se destruye empleo, lo cual reduce el consumo de esos trabajadores, y al tiempo incrementa la inseguridad de los que mantienen su empleo, lo que hace caer la demanda, consecuentemente la actividad, y se realimenta el ciclo con más caída de empleo. Y no se consigue crear empleo hasta que el crecimiento del PIB no alcanza niveles superiores al 2%.

Reforma estructural quiere decir que debe ser un cambio profundo, pero no sólo de la normativa, sino que hay que incidir en la educación y la comunicación para promover una transformación cultural, que despierte un espíritu emprendedor, que dé pie a un rechazo social a la economía sumergida ya que nos perjudica a todos, y donde el valor fundamental en el trabajo sea la productividad, frente al vicio del mero presentismo, compartido tanto por empresarios como por trabajadores.

Entrando en propuestas concretas de reforma, planteo las siguientes:

  • Eliminar los contratos temporales y mantener una única forma de contratación indefinida, donde se sustituya el actual concepto de indemnización por despido, por un fondo de capitalización al que aporte la empresa mes a mes y que pertenezca al trabajador, independientemente de si la baja en la empresa es por motivos de la misma o por decisión propia, o por jubilación. De esta manera, se evitarían distorsiones en la remuneración, barreras de entrada que perjudican a personas en paro frente a las empleadas indefinidas, evitará también la alta rotación que promueve el esquema temporal y la pérdida de conocimiento derivado, y fomentará la productividad continua y el premio a los mejores. El empresario contratará sin miedo y eso en último término mejorará la actividad y el empleo.
  • Permitir una remuneración flexible y en la que prime el acuerdo individual de la empresa con el trabajador, con el fin de adecuar al máximo el rendimiento con su contraprestación que es el salario.
  • En esta misma línea, deben primarse los acuerdos individuales empresa-trabajador frente a los acuerdos colectivos, aunque éstos puedan seguir existiendo, para aquellas empresas donde se prefiera aceptar un acuerdo externo para evitar negociaciones y potenciales conflictos.
  • Dado que los sindicatos han demostrado una actitud poco constructiva en los tiempos recientes, y existe un vicio en el sistema por el hecho de que los sindicatos mayoritarios dependen del poder vía presupuestos, debe conseguirse una mayor independencia y representatividad real de éstos, reduciendo drásticamente esa dependencia económica del poder político, y obligándoles a autofinanciarse verdaderamente.
  • Respecto a la fiscalidad, promover un ajuste de la misma a la creación o destrucción de empleo por parte de la empresa, para incentivar por esta vía lo primero. Mantener incentivos a colectivos desfavorecidos, y ayudar a las empresas con trabajadores en baja de maternidad o paternidad para compensar sus costes adicionales de contratación y formación de sustitutos.
  • Insistiendo en el aspecto tributario, incrementar la presión sobre el fraude, y en esta línea, reformar el sistema de tributación por módulos, controlar los subsidios de desempleo y el adecuado uso de los fondos públicos para la formación continua.
  • En cuanto a la educación, es muy relevante para la evolución futura del mercado de trabajo el que se haga una transición desde el actual modelo educativo, enfocado a la adquisición de conocimientos, hacia un modelo centrado en el concepto de enseñar a pensar, y adquirir una filosofía de trabajo, esfuerzo y superación continua. Es preciso implicar a los padres, por un lado, para que refuercen estos valores, y a todas las escalas del sistema educativo.
  • Romper de manera contundente con la tendencia actual a bajar el listón e igualar por lo bajo, aunque obligue a hacer distribuciones por niveles, para homogeneizar más los grupos y explotar de cada estudiante su máximo potencial. Que la universidad sea más rigurosa en su selección, aunque signifique que algunos no puedan llegar o mantenerse. Y que la FP sea una verdadera alternativa, más aún sabiendo que ya hoy en día, los profesionales de los oficios tienen más y mejores oportunidades de trabajo que muchos licenciados.
  • Incentivar y proteger la inversión de la empresa en la formación de sus empleados, como por ejemplo permitiendo fórmulas en las que el trabajador que abandone la empresa antes de un determinado tiempo desde dicha formación, compense parte de los costes asumidos.
  • En cuanto a la función pública, considero que se debe mantener los privilegios de seguridad en el empleo sólo para los funcionarios de alto nivel, que son personas muy cualificadas y valiosas, y deben estar protegidas de los políticos en el poder. Propongo establecer medidas de evaluación del rendimiento, para instaurar una cultura de la productividad en los empleados públicos, de la misma manera que ocurriría en la empresa privada, y que esta evaluación dé lugar a una repercusión en la remuneración y eventualmente en el mantenimiento del empleo, si bien deberá establecerse un organismo de control tipo Tribunal de Cuentas para fiscalizar este tipo de decisiones y evitar abusos o arbitrariedades por parte de los políticos de turno.
  • Es preciso reconocer que existen actualmente duplicidades de funciones y personal entre las distintas Administraciones (Estatal, Autonómica y Local), aunque esto inevitablemente suponga tener que afrontar despidos de funcionarios y empleados públicos.
  • Finalmente, frente a la reciente proliferación de empresas públicas con criterios muy dudosos de contratación, se hace necesario acometer una purga definitiva, y en su lugar en todo caso plantear empresas de titularidad pública bajo gestión privada, para actividades donde no es factible conseguir un mercado competitivo donde la empresa privada pueda desempeñar la actividad de la manera más eficiente posible no sólo desde su punto de vista sino también desde el punto de vista de defensa del consumidor. Donde quepa la libre competencia, privatizar será la mejor solución.

En definitiva, hay mucho por hacer, aunque un gran número de estas medidas (si no todas) son claramente impopulares. De hecho, si por tanto tiempo se viene hablando de la necesidad de esta reforma, y tantas veces se ha prometido hacerla pero sin llegar a cristalizar ninguna de las medidas verdaderamente estructurales, es por ese cortoplacismo en el que caen los políticos por culpa de la dinámica inherente del poder, según la cual hay que renovar cada cuatro años el beneplácito público. Estas reformas dan resultado a largo plazo, y de hecho a corto plazo los resultados más inmediatos son incluso negativos (por ejemplo, despedir funcionarios sobrantes para adelgazar y optimizar la estructura pública), por lo que es difícil encontrar voluntad verdadera para afrontarlas.

Por ese motivo, podríamos decir que lo que necesitamos es el liderazgo de un “político mártir”, que esté dispuesto a hacer lo que sea necesario, aunque con toda probabilidad le signifique la pérdida del poder y unos años muy duros de contestación política y social. Es decir, una persona con suficiente visión de trascendencia histórica como para sacrificar su futuro más próximo a cambio de tener la satisfacción de haber contribuido al bien último de su país y el de sus propios hijos y nietos.

De otro modo, sólo cabrá esperar parches y medias tintas, que no evitarán una larga travesía por el desierto de la mediocridad, y la fuga de nuestros mejores profesionales al exterior, más aún en un mundo tan globalizado, donde estas personas más valiosas tendrán más oportunidades que nunca para darse a conocer y tener movilidad.

La pregunta es entonces: ¿existe tal político? Desde luego, nunca se habrá encontrado un clima tan favorable a aceptar sacrificios como el que existe ahora. Crucemos los dedos…

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2 comentarios

  1. […] mucho más global del problema (ya le dediqué una completa serie de artículos a esta cuestión, cuyo resumen enlazo aquí), pero desde luego es absolutamente evidente que la legislación actual no funciona para nada: ni […]

  2. […] ya me manifesté hace tiempo partidario de una fórmula de contrato único, y hace unos días encadené una serie de tuits y una […]

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