Solana, Almunia y Montoro en el II Encuentro Empresarial DEUSTO-ICADE-ESADE

El pasado lunes 3 de octubre, las tres mencionadas instituciones educativas jesuitas organizaron en el Palacio de Congresos de Madrid un más que interesante coloquio entre tres pesos pesados: Javier Solana, Joaquín Almunia y Cristóbal Montoro. Moderados por Iñaki Gabilondo, quien supo ser incisivo e insistente, para parar los inevitables regates ante los puntos más acuciantes.

Para quien le interese, dejo aquí mis apuntes de lo que se dijo en este II Encuentro Empresarial Deusto-ICADE-ESADE , que fue muy rico en conceptos e ideas.  Destacaría los siguientes, a los que aporto mi reflexión personal:

1) Los tiempos políticos y el gobierno en clave electoral

Solana comentó que uno de los problemas actuales es que los tiempos políticos son muy cortos, entendiendo como tales los periodos en los que se pueden tomar decisiones sin tener que preocuparse por sus repercusiones electorales inmediatas. Decía que en EE.UU. hoy por hoy sólo hay dos años para tomar este tipo de medidas. En Alemania, Merkel lleva este año seis elecciones regionales, y ha perdido cinco de las seis. Esto es, su apoyo al proyecto europeo le desgasta políticamente, y hay que saber entender que esto le condiciona y mucho. Y aunque no lo dijo en esos términos, leyendo entre líneas (“no se puede hacer política continuamente en clave electoral”) vino a criticar que lo que vivimos en España en los últimos tiempos, donde tanto el gobierno como la oposición se comportan como si todos los días de la legislatura fueran de permanente campaña electoral. En contraposición, reclamó por un lado el consenso, y por otro lado que se alarguen los tiempos políticos.

Y aunque pueda resultar un poco impopular y hasta antidemocrático, estoy de acuerdo con esta idea. Como concluyo en mi serie de artículos sobre la reforma laboral, esta reforma como otras no se ha afrontado por el cortoplacismo en el que ha caído la política. Necesitamos que los gobiernos piensen a largo plazo y tengan la determinación de tomar decisiones que en sus primeros impactos presenten dificultad y sacrificio, pero que a futuro nos sitúen en mejores condiciones. Y oposiciones constructivas, no ventajistas. Él lo definió como “poner las luces largas”.

Es una lástima que nos parezca imposible un gobierno valiente y una oposición que sea capaz de apoyar en las decisiones claves. Llevamos demasiados años en los que falla lo uno y lo otro. ¡Trabajemos en equipo, por favor!

2) Implicar al ciudadano y comunicar en positivo

Montoro dice acertadamente: al ciudadano no nos lo vamos a ganar con meros mensajes de sacrificio y sufrimiento, sino que le tenemos que transmitir confianza y la expectativa de algo mejor. Ciertamente, es clave la comunicación y el marketing político, para que la población en la medida de lo posible asimile en positivo la necesidad de esta travesía por el desierto. Pero en España, igual que en EE.UU., entre que los gobiernos han engañado mucho, y las oposiciones sólo envían dardos destructivos a todo indiscriminadamente, los mensajes positivos se pierden en el camino o sencillamente no tienen credibilidad.

3) Los tiempos de reacción

Solana planteaba la diferencia enorme de capacidad de reacción de los distintos actores en crisis como la actual de la deuda. Los mercados financieros reaccionan en segundos, y ahí obtienen su beneficio. Países soberanos como EE.UU. o China reaccionan en días. Pero entes supranacionales como la Unión Europea reaccionan, en el mejor de los casos, en semanas, o incluso en periodos más largos, cuando las decisiones son de gran calado y deben ser refrendadas por cada país miembro, en algún caso incluso vía referéndum.  Esto nos lleva a la necesidad de trabajar en la integración de Europa, para acortar estos plazos de reacción.

Almunia transmitió su plena confianza en que se va a resolver la cuestión de Grecia, porque nadie querrá asumir los riesgos de su caída. Pero vino a decir que hay que buscar el tiempo político adecuado. Mostró mucho aplomo y seguridad y recordó que en los últimos años se han dado grandes pasos en la construcción europea, que sólo un año antes de darse podrían parecer imposibles. Así que lo que en la práctica nos dice es que los políticos necesitan que exista en la ciudadanía una percepción de “estar al borde del abismo” para que sean capaces de asumir ciertas decisiones. Sería como el “reverso” del mensaje de Montoro, en clave menos positiva pero probablemente más realista. La población va a asumir un sacrificio no por una cuestión de valores, perspectiva histórica o “luces largas”, sino como el “mal menor”. Lo malo es que esto alarga los tiempos de reacción de Europa, como estamos viendo de manera tan penosa con la agonía interminable de Grecia.

4) La estabilidad y la moneda única

Al respecto de estos dos puntos, lo que me pareció destacable en el coloquio es que no hubo discusión.

De la moneda única frente a las monedas nacionales, en realidad nadie planteó abiertamente la vuelta al dracma, la peseta, la lira o el marco. Lo cual es bueno porque en ningún momento se entró en clave catastrofista. Lo que sí dijo Almunia y luego reafirmó Solana es que mirándonos desde fuera, o desde el mundo asiático, no cabe entender una Europa que no esté unida, porque nos condenaría a la pérdida total de roles en la economía actual y futura. No se afrontó, sin embargo, la problemática de las diferentes velocidades de crecimiento de los precios y la productividad, que están en la base de la crisis de confianza de los países miembros en el concepto del euro.

En cuanto a la estabilidad, Montoro hizo un firme alegato en defensa de la estabilidad fiscal y presupuestaria como condición necesaria para el crecimiento y el empleo. Solana mantuvo una cierta distancia, y Almunia lo que sí hizo, y me alegro, fue recordar de manera muy contundente y enfática que fueron precisamente Francia y Alemania los que hicieron saltar por los aires el Pacto de Estabilidad y Crecimiento que es un pilar fundacional del euro, en noviembre de 2003, incumpliendo los límites de déficit y deuda por defender sus intereses coyunturales. No habiendo predicado con el ejemplo sino todo lo contrario, es muy criticable que ahora se presenten como los adalides de la ortodoxia frente a los países “periféricos”.

5) Eurobonos

Solana sacó el tema (“la cosa”) como la solución que hay que poner sobre la mesa, y como un componente crítico del necesario avance en la integración europea. Hizo una aportación interesante indicando que en las reuniones que llevaron al Tratado de Lisboa había un acuerdo unánime en cuanto a la necesidad de los eurobonos, pero que no se implantó en ese momento por una conveniencia política de Alemania.  Almunia lo corroboró y nos hizo ver que cuando se estaban articulando los mecanismos para implantar los eurobonos, estalló Lehman Brothers y como se suele decir, el resto es historia.

Montoro, por cierto, se mantuvo discretamente al margen de esta discusión, en esta táctica tan de Rajoy de jugar al escondite por el miedo a la polémica (lo cual reconozco que me produce desconfianza).

6) Creatividad vs conocimiento y economía financiera vs economía real

Donde me sentí especialmente en sintonía con Javier Solana fue en algunas de sus reflexiones finales sobre la filosofía (a su juicio equivocada) que impera en nuestros tiempos.

Por un lado, afrontando la cuestión relativa a la educación y la formación, destacó que hay que fomentar la creatividad frente al conocimiento. Ya expresé mis opiniones al hablar de estos temas en mi serie de la reforma laboral así que no me repito, pero aplaudo el que cada vez se hable más en estos términos.

Por otro lado, hizo la siguiente reflexión: ¿cuándo ha sido la última vez que un premio Nobel salió del mundo de la empresa? Viene a decir que si en el pasado las empresas eran un motor de progreso, innovación e investigación, ahora sólo se trabaja en clave del beneficio inmediato. Yo añadiría que está relacionado con lo primero que decíamos: también en el mundo de la empresa se está cayendo en el cortoplacismo y el electoralismo en versión financiera, que es el tener contentos a los mercados bursátiles, y generar valor inmediato a los accionistas. Invertir en los fundamentales y en los proyectos a largo plazo no está “de moda” pero debería ser el verdadero camino.

En definitiva, sería volver a los valores de la economía real frente a los de la economía financiera. Fue interesante que se le “escapó” de alguna manera un reproche hacia el fenómeno de que los mejores profesionales tienden hoy a ir al mundo financiero, y se le notó en su risa nerviosa que rápidamente cayó en la cuenta que muchos de los asistentes al acto eran precisamente de ese mundo.

Una reflexión final

Montoro estuvo prudente y a lo suyo (la estabilidad), sin duda en clave electoral y pre-ministerial. No sedujo pero sí transmitió convicción y decisión.

Almunia tuvo un papel muy institucional y europeísta; estuvo didáctico y convincente. Aparte no puedo dejar de destacar su torrente de voz y la seguridad que transmitían sus gestos (la comunicación no verbal). Adicionalmente, no mostró sesgos ideológicos, lo cual reforzó su credibilidad. Parece increíble que sea el mismo político que se despeñó contra Aznar en 2000.

Finalmente, Solana si bien estuvo un poco falto de voz, siendo casi susurrante, en sus gestos, sus entonaciones, y su capacidad para comunicarse en cercanía, pienso que nos sedujo a toda la audiencia, y a mí particularmente me fascinó.

Al final me da por pensar en la valía de la experiencia, y en lo que ganan los políticos cuando les dejamos distanciarse de la demagogia electoralista. Es una pena que no aprovechemos el inmenso caudal de sabiduría de personas como Solana o el propio Almunia para la política del día a día de un país como España. Seguramente ellos ya no querrían meterse en estos líos, especialmente en lo más “artificioso” de la política, con el circo de los mítines y las declaraciones mediáticas, pero es indudable que nos habría ido mejor con personas de su perfil que con Zapatero y su nefasta idea de contar con gabinetes de ministros repletos de jóvenes sin experiencia (como él).

Como me decía mi buen amigo Jaime del Olmo ese mismo lunes por la mañana, en la política hace falta más vocación de servicio y menos ambición. Es la ventaja de los políticos experimentados: que ya “están de vuelta de todo” y pueden permitirse el lujo de pensar más en el bien de su país y en ganarse un lugar digno en la historia.

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2 comentarios

  1. Por lo que dices, cada uno en su papel.
    Me quedo con Almunia, por su trayectoria y por lo que apuntas. Aunque hay que ver lo que ha cambiado desde que estaba como ministro en España…
    Y me sorprende positivamente Javier Solana. Eso de que los políticos nos tienen que hacer sentir al borde del abismo para poder tomar decisiones importantes es 100% correcto. Y sino, ver lo que está haciendo ahora el PP.
    Muchas gracias por compartirlo. El año que viene no falto.

    1. Gracias a ti, Nacho. ¡Te tomo la palabra para 2012!

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