Prohibido quejarse

No, no es que quiera hacer un alegato a favor del conformismo y la censura. Se trata en realidad de la reseña de un libro contra la queja (“expresión de disgusto, resentimiento o enfado”), que difiere mucho de la crítica (“reacción u opinión personal y analizada ante un tema”). Nótese el diferente matiz de uno y otro término. La queja implica negatividad y la crítica responde a un ejercicio de discernimiento (de hecho, etimológicamente es así).

Prohibido quejarse (Ed. Empresa Activa, 2009), escrito por Jon Gordon, consultor y conferenciante norteamericano, es uno de estos libros empresariales breves, que en torno a una sencilla fábula, en este caso ambientada en una empresa tecnológica, pretende impartir una enseñanza útil para el mundo de la gestión de la empresa, en concreto en torno a factores de motivación y comunicación.

Se trata de un libro un poco simplón en cuanto a la historia, pero muy interesante en cuanto al mensaje. Como adelanta su propio título, plantea la Regla de Prohibido Quejarse, partiendo de un análisis de los efectos perniciosos del negativismo para la empresa y los equipos, y haciendo una serie de propuestas prácticas para la implantación de esta regla, que en la fábula empresarial que narra el libro, sirve para sacar a la empresa de un importante aprieto, y a la protagonista del libro también le aporta mayor felicidad y satisfacción en su vida no sólo profesional sino también personal.

Tengo que reconocer que el libro me llamó la atención por su acertada portada, y porque mi trabajo como gerente de una empresa, aparte de las cuestiones de planificación y organización, y la relación con clientes y proveedores, con mucha frecuencia discurre en el día a día en forma de resolución de problemas concretos de mi equipo. En la práctica, cuando una persona entra a mi despacho, a menudo es para plantearme algún problema. Ya se sabe, cuando las cosas van bien, no se publicitan, o como mucho te reenvían algún correo para que veas que todo va bien.

Ante esas visitas a mi despacho, suele haber dos pautas: la constructiva y la negativa. Este libro al fin y al cabo lo que propone es un método sencillo para desterrar esta última, adquiriendo conciencia de ser un “quejica”, y cambiando la forma de pensar y enfocar las situaciones hasta convertir esas quejas en soluciones. Beneficiándose tanto la empresa como el individuo.

Se plantea la siguiente estrategia:

  1. El “pero” como técnica positiva: cuando emerge en tu mente una queja, añades un “pero” y un pensamiento positivo. Por ejemplo: qué rollo de tarea estoy haciendo… pero gracias a Dios que tengo trabajo con la que está cayendo.
  2. Concentrarse en lo que uno puede hacer y no en lo que tiene que hacer. Nuestra vida no es impuesta sino elegida. Escoger el camino de la gratitud por el poder y querer y no la imposición y sumisión del deber.
  3. Distinguir quejas sin fundamento, que deben erradicarse porque sólo sirven para malgastar energías y alienar a los compañeros, de quejas justificadas. A éstas, hay que transformarlas en oportunidades y soluciones.

Profundizando en el último punto, y trasladándolo a la realidad empresarial, lo que reclama el libro es que a nivel de gestión se eduque a los miembros de los equipos a evitar las quejas improductivas, y a que cada vez que se traslade una queja fundada a un compañero o a un superior, se acompañe de una o dos propuestas de solución. De esta manera, se fomenta la creatividad, la innovación y el progreso, y se protege la salud del entorno de trabajo.

En el fondo, lo que viene a obligarnos esta regla es a sustituir la queja por crítica, y en la medida en que el acto de criticar exige un razonamiento, si éste se enfoca a nivel constructivo, ese sentimiento negativo inicial termina conviritiéndose en un impulso de mejora personal y de la organización.

Finalmente, el libro insiste en la importancia del reconocimiento, el agradecimiento y el elogio a los demás, como camino para que el positivismo abunde en las organizaciones. Echo de menos que se plantee abiertamente el que ante una queja, el individuo trate de empatizar con la persona objeto de su resentimiento, y se ponga en su piel, porque puede resultar que en realidad comprenda de esa manera el porqué del comportamiento que le produce disgusto.

En definitiva, “Prohibido Quejarse“, contrariamente a lo que parecería, transmite un mensaje constructivo, optimista, y que apuesta por el enfoque del “no hay mal que por bien no venga”. Supongo que ante el desánimo actual ante la situación de crisis, son más que necesarios este tipo de planteamientos de darle la vuelta a la tortilla.

Yo, al menos, tengo sobre la mesa el libro, aunque sólo sea para que la portada me sirva de toque de atención cuando tengo la tentación de entrar en la dinámica del victimismo…

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