Sin noticias de Mariano

En mi mundillo de la fabricación industrial especializada, es muy cierta la expresión “no news is good news”. Tu cliente te compra un producto técnico para una funcionalidad concreta, y si no tienes noticias de él, es que cumplió sus expectativas. Es como los árbitros en el fútbol: si nadie habla de ellos, es que lo están haciendo bien.

Me temo que en el equipo de Rajoy, también están en sintonía con esta expresión. Tras tres días de Convención Nacional del PP en Málaga, han escaseado las noticias y desde luego el titular más repetido en todos los medios, incluso en los afines, se ha referido a la falta de propuestas concretas. Es lo que define claramente el propio titular de la web de Partido Popular: Quiero ser el Presidente del Gobierno de todos los españoles.” El presidente del Partido Popular ha afirmado que quiere “gobernar con verdad, con responsabilidad, con valentía, con diálogo y buscando siempre la concordia”.

¿Quién criticaba a ZP llamándole Heidi? La, la, la, la, la.

Mirad: yo tengo una teoría “futbolística” de la política y en concreto de unas elecciones generales. PSOE y PP son como el Madrid y el Barça. De cada equipo hay una gran masa de hinchas, de manera que por muy bien que jueguen Messi, Xavi, Iniesta y compañía, y por muy aburrido que sea ver un partido del equipo de Mourinho, los madridistas siempre defenderán sus colores, y viceversa. Luego hay un grupo nada despreciable de simpatizantes de segundo nivel, que o bien siguen a otro equipo pero tienen una preferencia evidente por uno de los grandes, o bien no son demasiado futboleros, pero ante un clásico sí muestran interés y toman partido. Y en tercer lugar hay un grupo significativo de personas que pasan un poco del tema, pero que con un empujoncito quedan con los amigos a ver el partido y ya se deciden a ir con uno o con otro según toque.

Al final, en unas elecciones, pasa algo parecido. Hay un “suelo electoral“, que son los hinchas de toda la vida, que pase lo que pase te van a votar a ti; a lo peor, se quedarían en casa, pero no te van a traicionar. La clave para ganar las elecciones está, por un lado, en movilizar y captar para tu partido a los indecisos del tercer nivel, y por otro lado conseguir que los simpatizantes de segundo nivel te voten a ti y no a un tercer partido político (el típico caso del votante de IU que es objeto del deseo por parte del PSOE, por eso del “voto útil contra la derecha”).

Yo entiendo perfectamente lo que viene siendo la estrategia de Rajoy desde hace ya tanto tiempo que ni recuerdo cuándo:

  • Con los incondicionales cuentan plenamente. Irán a votar al 20-N sí o sí. Y también confían en que muchos de los “forofos” del PSOE se quedarán en casa, avergonzados por el espectáculo de los últimos meses, de manera que el suelo real de Rubalcaba está bajo mínimos.
  • Esperan captar a una gran mayoría de indecisos, a la luz del panorama desastroso actual, y del descrédito de un candidato rival como Rubalcaba, que casi nos insulta a la inteligencia diciendo que sabe lo que hay que hacer después de haber podido haber hecho lo que quisiera siendo el presidente en funciones como era hasta hace poco.
  • Cuentan con mantener a todos los votantes de segundo nivel de preferencia (aunque como el PP aglutina a toda la masa desde el centro-derecha hasta la derecha, tampoco son tantos), y también cuentan con que los homólogos que podrían favorecer al PSOE, o no irán a votar, o votarán a IU o a UPyD, o incluso más de uno y dos les votarán a ellos.

Con las encuestas en la mano, no hay duda, así que yo no puedo discutirles gran cosa. Pero no deja de ser lo que todos dicen: más que jugar a ganar, están jugando a que el contrario pierda y se remate él solito. Mi intuición me dice que también se daba por hecho una mayoría absoluta en 2000, y que aparte del impacto del 11-M y lo que sucedió después (nefasta comunicación del PP y escandalosa manipulación del PSOE con, mira por dónde, Rubalcaba al frente), si el vuelco se produjo era también en parte porque la situación de partida no era tan clara como la veían en Génova. Así que yo quizá tendría un poco más de respeto por la capacidad de Ferraz de dar algún golpe de efecto final (¿el anuncio del fin de ETA?), y también me pensaría bien si un exceso de confianza no puede pasar factura en el día electoral.

No, yo no quiero entrar en cálculos electorales. Sí me mojo y digo abiertamente que creo que será buena una victoria por mayoría absoluta, para que el gobierno entrante tenga poder suficiente para acometer las reformas que son imprescindibles para poder recuperar una senda demasiado perdida. Y para no sucumbir a unos nacionalistas que están mostrándose particularmente radicales en sus recientes planteamientos. Pero no de cualquier manera. No con afirmaciones genéricas, discursos brillantes en su estética voluntariosa, pero cobardes en concreción.  Valoro en Mariano Rajoy su templanza, el indudable mérito en haber conservado la integridad del partido incluso después de dos derrotas electorales, habiendo tenido a poderosos medios de comunicación en contra y también a importantes personalidades en su partido (aunque ahí tuvo la suerte de que esas alternativas se anulaban mutuamente). Parece un hombre culto, trabajador, inteligente, integrador, y poco déspota. Se comenta que está decidido a incorporar a independientes en el gobierno, con un perfil técnico y profesional, y que valorará la experiencia, sin miedo a que le acusen de falta de juventud en su gabinete. Lo cual aplaudo porque ya sabemos a dónde nos han llevado las Bibianas y compañía. Pero… no se moja. En eso prefiero a una Esperanza Aguirre, que aunque se meterá en un charco después de otro, y tenga posturas exageradas, a cambio va de frente y al toro. No se esconde y no tiene miedo a perder, que es lo que pensamos muchos de la estrategia de Rajoy.

Mariano Rajoy y el PP tienen delante de sí una oportunidad histórica. En un país que en sus grandes cifras vota más hacia la izquierda (véase mi artículo del mes pasado sobre la Ley D’Hont), tiene todas las papeletas para ganar con esa mayoría absoluta. Pero no es lo mismo ganarla sin exhibir un programa, o con un programa ambiguo y conceptual, que ganarla poniendo sobre la mesa un avance claro de lo que se va a hacer. Porque sí, se habla de sacrificio, austeridad… Pero la gente no lo percibe como algo que verdaderamente le vaya a afectar a su calidad de vida personal, que es lo que realmente se va a afectar en los meses venideros, si se hace lo que no queda más remedio que hacer.  Pongamos que Rajoy dijera que tenemos que desprendernos de viejos tabúes como que los funcionarios no pueden perder su empleo. O que los sindicatos vivan de los Presupuestos Generales del Estado. O que habría que estudiar muy seriamente si recortar el número de autonomías. O que es necesario replantear los repartos de competencias entre los diferentes niveles de la Administración. O incluso meter el dedo en la llaga y hablar de un copago sanitario con matices.

Seguro que se perderían votos. Seguro también que algunos votantes de izquierda abandonarían la tentación de abstenerse o aplicar un voto de castigo al PSOE. Pero Rajoy, avanzando con crudeza el ajuste que tiene previsto hacer, conseguiría dos cosas de capital importancia. Primero, demostrarnos que de verdad tiene un plan, y que de verdad que no va a perder el tiempo. Y segundo, estaría plena e indudablemente legitimado para tomar todas esas medidas.

Y no lo olvidemos, en estos tiempos en los que esa entelequia que es el mercado parece que determina nuestros destinos, esa credibilidad que acompañaría a un final de campaña valiente, y un resultado favorable en las urnas que la consagrara, sería sin duda recompensado como prueba irrefutable de que la sociedad española está preparada para dar un paso al frente y asumir un nuevo protagonismo en un mundo convulso.

Y de paso, Mariano, te ganarás el voto de más de uno como yo que, francamente, no nos sentimos cómodos firmando un cheque en blanco sin haber podido leer la letra pequeña.

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5 comentarios

  1. Gran artículo Daniel. Lo suscribo plenamente. Eso sí con dos matizaciones:
    1) Respecto a lo que dices al final “…te ganarás el voto de más de uno como yo que, francamente, no nos sentimos cómodos…”, preguntarte si realmente crees que necesita ganar tu voto y de semejantes a ti. Puesto que estoy convencido de que diga lo que diga (o lo que no diga) los que como tú representáis el voto intelectual y relativamente independiente, le vais a votar en tromba…
    2) El simil del futbol es muy acertado, pero diría que más que apoyar al equipo viendo el partido, de lo que se trata es de ir al campo. Y si consideramos que España es claramente socialista, parte de la estrategia de Rajoy consiste precisamente en no movilizar a las masas. Pq como ocurra, ya sabemos lo que ocurrirá…

    1. Ja, ja, Nacho. Supongo que no me queda más remedio que decirte: “touché”.
      Gracias por tu comentario y por seguir leyéndome. Un abrazo.

  2. […] refiero a que por fin tenemos noticias de Mariano (en auto-alusión a mi reciente post  sobre la falta de programa concreto del PP), ya que este pasado lunes 31 de octubre por fin se ha dado a conocer el “resumen del […]

  3. […] de una exposición firme y decidida de lo que se va a hacer. Ya lo expuse en mi post “Sin noticias de Mariano” del mes pasado: se está desaprovechando una oportunidad histórica de tener totalmente […]

  4. […] del matrimonio homosexual, pero ese es mi partido. Es lo que Daniel Cuñado llama a veces la concepción futbolera de la política, y ni es exclusiva a España ni es demasiado (la verdad) demasiado […]

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