Rescatemos al ciudadano pródigo

Estaba ayer conduciendo de vuelta desde Extremadura, y me di cuenta que dos líneas de pensamiento muy diferentes me estaban llevando a una misma conclusión un tanto heterodoxa. Me gustaría compartirlas con vosotros para que me ayudéis a validarla o a descartarla.

Primero, una historia concreta, con nombre y apellidos. Tengo un trabajador inmigrante en la fábrica, Jorge, bien entrado en la treintena, con mujer y una hija. Está conmigo desde hace 5 años, con un contrato indefinido, y un sueldo normal dentro de su puesto que no es de los más cualificados. No es mileurista, pero tampoco es que gane mucho más. El caso es que este buen hombre se compró un piso en 2007 a un precio de “burbuja”, con una hipoteca a 30 años, y el año pasado se empezó a encontrar con lo inevitable: su mujer se había quedado sin trabajo, con un único sueldo no alcanzaba a pagar la cuota de la hipoteca (nada menos que 1.600 €), y él no veía más salida que devolver las llaves del piso y volver a su país (aunque yo ya le expliqué que esto no funciona así, el caso es que a ver quién es el guapo que le va a buscar a la zona rural de Rumanía de la que él viene).

La Caja, hoy banco, oliéndose el panorama, le propuso una reestructuración de la deuda, de manera que pasaba a pagar una cuota mucho menor (700€ el primer año, 900€ el segundo año, y así hasta recuperar la normalidad), a cambio de alargar la vida del préstamo. El problema es que ahora, un año después, su mujer sigue sin trabajo, y tiene que empezar a pagar esos 200€ de más y no le va a resultar fácil. El hombre empieza a volver a plantearse lo de devolver las llaves y marcharse.

Yo me planteo ante esta circunstancia:

1º) ¿Con qué cabeza se metió Jorge en una hipoteca así, tan manifiestamente por encima de sus posibilidades?

2º) ¿Cómo es posible que la caja le concediera el préstamo, sabiendo que en cuanto uno de los dos cónyuges perdiera su empleo, la economía familiar sería completamente insostenible?

3º) ¿Y ahora qué? ¿De qué le sirve a la entidad financiera quedarse con un piso que vale mucho menos que lo que en su día se pagó por él? ¿Quién tiene algo que ganar con que esta familia acabe en la calle? Ellos se podrán volver a su país, pero a lo mejor otros se dedican a robar o a mendigar. Es una situación en la que todos pierden: el banco, la familia y también la sociedad.

 

Segunda línea de pensamiento. Más abstracta pero igual de real. En estos días no se para de hablar de los rescates a los bancos, de la “recapitalización” (como si todos supiéramos qué quiere decir este término), de las compensaciones de los directivos de la CAM y la NCG, de la crisis de la deuda, de las agencias de calificación, que si Goldman Sachs es el amo del mundo, que si recortes en la educación, en la sanidad, en los salarios… Pensemos en el ciudadano de a pie. El mensaje que le llega es completamente negativo. Ha calado la noción de que la crisis actual es una crisis financiera, contagiada desde el exterior, causada por otros, pero que la está pagando él, no los directivos de la banca. Y peor aún: con el dinero de sus impuestos, en vez de mantener gastos sociales o inversión pública, lo que estamos haciendo es reflotar los bancos que están quebrados, pero eso sí, si tú dejas de pagar tu hipoteca, te echan a la calle a dormir debajo de un puente.

Esto es lo que hay en la calle y es lo que explica el movimiento 15-M, las protestas en Wall Street, etc. Y la realidad como sabéis tiene muchos más matices, pero que no se están sabiendo comunicar.

Yo soy el primero en alinearme con este convencimiento de las autoridades en rescatar al sistema financiero, porque si no lo hacemos se viene abajo todo el sistema económico global (el dinero vale lo que vale porque todos estamos de acuerdo en creernos que lo vale cuando en realidad no vale nada por sí mismo, son poco más que anotaciones en cuenta en ordenadores y unos cuantos papelitos de monopoly, pero todo esto es un trabalenguas incomprensible para una mayoría). Al mismo tiempo es innegable que genera un conflicto moral importantísimo, y un agravio comparativo muy injusto hacia otros sectores económicos (el mío de la industria es un ejemplo clarísimo) y hacia el ciudadano de a pie, que al final es el eslabón más débil de la cadena.

El sector financiero es muy importante en relevancia, en poder y en voz en los medios. Nos afecta a todos y nos condiciona de manera evidente. Pero por otro lado, no podemos olvidar que vivimos en una democracia, y una mayoría creciente de la sociedad se está hastiando de estos privilegios y este trato de favor al mundo financiero. Me preocupa que toda la dinámica actual está generando el caldo de cultivo para que el descontento generalizado explote en forma de disturbios sociales y/o del surgimiento del populismo al estilo de un Chávez o similares, que nos lleve a hablar de expropiaciones, eliminación de libertades, fundamentalismos, xenofobias, proteccionismos radicales, la ruptura del concepto de Europa, etc. Esto terminaría llevándonos también a una situación donde todos perdemos.

 

¿Qué concluyo de todo esto? Varios puntos:

1º) Hay que hacer marketing político, en el sentido de comunicar a la ciudadanía lo que se está haciendo de manera que les convenzamos de que se está trabajando por su bien, no por el del beneficio de una élite. Creo que es fundamental transmitir una idea clave: que las ayudas que se dan a los bancos no son a fondo perdido, sino que como la banca es un negocio sostenible y rentable por sí mismo, se devolverán con intereses a las arcas públicas.

2º) Los rescates o recapitalizaciones no deben limitarse a ser meros aportes de financiación barata al sector financiero. Hay también que aprovechar a depurar responsabilidades, establecer mayor transparencia en las remuneraciones, y establecer mecanismos en los que la asunción de riesgos no se pueda hacer a costa del cliente o del contribuyente sin una repercusión más directa a la propia entidad y a las personas que asumen esas decisiones.

3º) Hay que buscar elementos de solución que tengan como beneficiario más inmediato al propio ciudadano, aunque también sirvan para afrontar los problemas del sistema financiero.

Me detengo en este punto, y comparto con vosotros una idea un poco “verde”, pero que quizá pueda dar pie a una reflexión productiva. Volvamos al problema inicial que planteaba, el de mi trabajador. No tiene dinero para pagar su hipoteca así que tarde o temprano está condenado al desahucio. Pero el banco una vez que se quede con el piso, asumirá una pérdida tremenda  para venderlo. Por eso están tratando de estirar al máximo con soluciones,  pero es una agonía con una perspectiva de supervivencia más bien discreta. ¿Y si se creara una entidad pública-privada, una especie de banco hipotecario de último recurso, que se hiciera cargo de la hipoteca, asumiendo el banco prestamista inicial una quita razonable pero no dramática, y Jorge se quedara viviendo en el piso pagando una fórmula de alquiler con opción de compra futura? De esta manera, a gran escala, transmitiríamos a la ciudadanía la idea de que no sólo se rescata a los bancos, sino que se rescata primero a las personas. El caso es que en realidad estaríamos también limpiando de activos tóxicos los balances bancarios, es decir, rescatando de manera encubierta al sistema financiero.

No hace falta que me digáis que las críticas son inmediatas. Es totalmente injusto que rescatemos a Jorge, porque mientras que él tomó decisiones equivocadas y se endeudó por encima de sus posibilidades, otros no lo hicieron. Sin ir más lejos, yo mismo compré un piso en 2007, mucho más adecuado a mi capacidad de endeudamiento, y yo me podría quejar de que podría haber hecho lo mismo y que yo también querría vivir a todo tren a costa de las arcas públicas. Estaríamos recompensando la imprudencia y castigando la responsabilidad.

También está claro que un mecanismo como el que sugiero implica la traslación de los agujeros desde cierta banca privada, que también debería asumir las responsabilidades de sus alocadas políticas de crédito, hacia lo público, si ese “banco malo” estuviera financiado al estilo del FROB, con aval público. También es un agravio comparativo para las entidades que han sido más conservadoras.

Pero el caso es que de todas maneras estamos hablando en último término de rescatar a la banca de una manera u otra con dinero público, que vaya a ser al final compensado por una expansión monetaria brutal, como tiene toda la pinta, así que esto se convierte más en una discusión de forma que de fondo. ¿Por qué vamos a aceptar el riesgo moral de rescatar a la banca y no el de rescatar a ciudadanos imprudentes a través de un “banco malo”? Al final estamos más o menos en lo mismo.

Y en cuanto a las reticencias de ciudadanos como yo, diría dos cosas.

Primero, que es bueno recordar la parábola del hijo pródigo, donde el padre celebra con una fiesta la vuelta del hijo que había malgastado su hacienda, mientras que el primogénito se ofende porque él, que siempre fue prudente y obediente, no recibe ese trato de favor. En realidad, si el primogénito se queja, demuestra que no era recto por el propio valor de la rectitud, sino por interés, lo cual ya no le hace tan virtuoso. De modo que no sirve de nada desear el castigo y la humillación del irresponsable, sino que hay que regocijarse en su arrepentimiento. En otras palabras, yo no gano por que a Jorge le desahucien. ¿Por qué me tengo que molestar si le dejan seguir viviendo en su piso? Muy al contrario, debo alegrarme.

Y segundo, todo aquello que nos permita mantener una cohesión social y evitar una inestabilidad creciente, en el fondo, sí que nos beneficia a todos, y muy especialmente a los que tenemos más que perder, es decir, a los que no somos Jorge. Así que incluso por egoísmo y pragmatismo, es preciso buscar una solución generosa hacia los que hoy son más necesitados.

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4 comentarios

  1. Manuel · · Responder

    Muy bueno, sublimes pensamientos, meditar y reflexionar en este artículo me parecen geniales.
    No conocia yo esta faceta tuya de autor literario.
    Ánimo, continua y prosigue con ello.
    Un abrazp
    Manuel

  2. […] Hablando de “crédito para financiar la recuperación” (p.35) aparece una de las menciones más polémicas de todo el programa: “Culminaremos el saneamiento y la reestructuración del sistema financiero. Facilitaremos la gestión activa del patrimonio dañado de las entidades financieras que lo precisen. la puesta en el mercado de ese patrimonio se hará con criterios de transparencia, concurrencia y supervisión independiente”. Vamos, el famoso “banco malo“. Pero con mucha retórica y suficiente ambigüedad como para salir por la tangente cuando Rubalcaba le preguntó en el debate. Una pena. Me gustaría saber si Rajoy lo tiene claro o no. Prometió que no se pondría dinero público para rescatar la banca, pero yo francamente no me lo creo. Otra cosa es que sea directamente o mediante cauces de la Unión Europea. Sería esto último la excusa para salvar la cara ante esta promesa tan difícil de cumplir. Y ojo que no pretendo decir que me parezca mal (ver mi punto de vista sobre el tema aquí). […]

  3. […] propios perjudicados más que como un rescate a la banca (en línea con lo que traté de exponer aquí). Lo más delicado va a ser la parte de riesgos relacionados con suelo por el que se pagó caro y […]

  4. […] “Rescatemos al ciudadano pródigo” sin embargo aposté por la conveniencia de articular medidas de rescate no a la banca sino a […]

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