Exotica, de Atom Egoyan

Queridos amigos: hoy es madrugada de viernes a sábado y ahora que no hago ruido, me vais a perdonar un ejercicio de autoindulgencia con un off-topic, para comentar una película que me fascina y que acabo de volver a ver, 17 años después de su estreno en 1994: Exotica, de Atom Egoyan.

Se trata de una película que ha dejado en mí una huella muy especial. Que por cierto vi en unas circunstancias particulares. Era un viernes de verano de 1994, estaba yo en Madrid sin ningún amigo con el que quedar, y decidí ir al cine. Miré en la Guía del Ocio o en el Metrópoli, no recuerdo, y vi que la crítica consideraba unánimemente como mejor película en cartel a “Detrás de los Olivos“, filme iraní de Abbas Kiarostami. La proyectaban en los Alphaville (hoy Golem) en C/ Martín de los Heros, mítico cine del circuito V.O. de Madrid, donde descubrí a Tarantino y su Reservoir Dogs, así que decidido fui, y horrorizado salí, después de una película que redefinió mi concepto del aburrimiento. Sobre todo la escena final de unos veinte minutos viendo un plano fijo de cómo los actores se alejan de la escena, andando detrás de los olivos… Era una película hiperrealista, con actores no profesionales, planos medios estáticos de decenas de minutos. En fin, un pestiño que supongo que a los críticos les parecía muy divertido poner la máxima calificación, porque así “molan” más que nadie.

Salí yo desesperado y tan frustrado que decidí resarcirme viendo otra película un poco más movidita, y en los Cines Princesa, al lado, echaban esta película con un cartel atractivo, un protagonista muy interesante como Bruce Greenwood, una actriz preciosa como es Mia Kirshner, y según el papelito que daba el cine tenía una pinta interesante.  Del director, el canadiense Atom Egoyan, la verdad es que no conocía nada, así que era como una “cita a ciegas” con su obra.

De hecho, el contraste no pudo ser más brutal. Exótica es una película de una sorprendente riqueza cromática y visual, con cada detalle de decorado e iluminación perfectamente cuidado, y con un uso brillante de los colores. Es una auténtica poesía visual. Todo ello con una banda sonora envolvente donde destaca el tema  “Entrance of the Montagues and Capulets” de Sergei Prokofiev, que podéis escuchar en este vídeo:

Es difícil resumir el argumento y tampoco quiero destripar ningún detalle por si tenéis el acierto de ver la película, pero en esencia es la historia de Christina, una stripper en un club de Toronto, que con frecuencia baila para Francis, un cliente de mediana edad que está claramente atormentado por algún trauma, mientras que el antiguo amante de la chica y DJ del club, Eric, se ve carcomido por los celos. Así, el argumento  parece un tanto vulgar, y de hecho el envoltorio de la película da la impresión de ser un drama erótico (de hecho, tuvo clasificación “R” en EE.UU., 18 años en España), pero es una maravillosa película donde nada es lo que parece, y donde la magia de Atom Egoyan nos sumerge en un banquete de colores, sonidos y sensaciones, para acercarnos a un drama psicológico y existencial que entrelaza a todos estos personajes, jugando a la perfección con el recurso del flashback, pero sin hacer “trampas” cambiando secuencias temporales, como está hoy tan de moda desde el Memento de Christopher Nolan, hasta llegar a un clímax final que cierra la historia con absoluta perfección, explicándonos las motivaciones de los diferentes personajes y los lazos que les unen entre sí.

La película hay que verla para saber apreciarla, como no podía ser de otra manera, pero si no tenéis intención de hacerlo (en cuyo caso ¡parad de leer ahora mismo!), permitidme ofreceros dos vídeos de las dos escenas más interesantes en mi opinión, con diálogos antológicos (en sentidos muy diferentes).

El primero:

Christina: ¿Tienes muchos amigos?
Eric: La verdad es que no…
Christina: ¿Y algunas veces te gustaría tenerlos?
Eric: Sí.
Christina: ¿Cuándo?
Eric: Pues…bueno…ahora por ejemplo.
Christina: ¿Por qué?
Eric: Bueno… acabo de conocerte. Y me gustaría poder contárselo a alguien.

El segundo (por cierto, con una jovencísima Sarah Polley en el papel de Tracey Brown, la hija de… bueno no os lo cuento porque es un spoiler):

Francis: ¿Sabes, Tracey, esa sensación que tienes a veces?
Tracey: Ya…
Francis: Que tú nunca pediste que te trajeran al mundo…
Tracey: ¿Sí?
Francis: Entonces, ¿quién lo hizo?
Tracey: ¿Qué?
Francis: Si tú piensas que nunca pediste que te trajeran al mundo,¿entonces quién lo hizo?
(Pausa)
Francis: Todo lo que digo es que tú nunca pediste venir al mundo, simplemente acabas estando aquí. (Suspiro). Así que la cuestión es que ya que estás aquí, ¿quién te está pidiendo que te quedes?

¿No os parece fascinante?

A mí sí, desde luego…

Gracias por perdonarme estos excesos, pero al fin y al cabo, la economía y la política alimentarán nuestros estómagos, pero la cultura y la filosofía son las que alimentan nuestros espíritus 🙂

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