Larry Bird y Magic Johnson: dos modelos para el deporte, la empresa y la vida

Para empezar la semana con energía, hoy os voy a recomendar un más que interesante libro, aunque desgraciadamente no esté disponible en castellano. Se trata de una historia de dos de los deportistas más importantes de los años ochenta: Larry Bird y Earvin “Magic” Johnson, los “jugadores franquicia” de los Boston Celtics y Los Angeles Lakers, y por ende de la propia NBA en aquellos años.

Para mí y los de mi generación, suponen todo un mito. En una España que vivió un boom del baloncesto a raíz de la medalla de plata en los JJ.OO. de Los Ángeles en 1984, la NBA de Bird y Magic era un regalo para nuestros ojos, y aún recuerdo con gran cariño estar en el Palacio de los Deportes de Madrid disfrutando en 1988 de aquel irrepetible Real Madrid – Boston Celtics con el mítico quinteto titular de Bird-McHale-Parish-Johnson-Ainge, y en el Madrid con Drazen Petrovic, Fernando Martín, Biriukov… Bonitos recuerdos.

El libro en cuestión narra las vidas paralelas de los dos jugadores, desde que casualmente coincidieron en 1978 en una selección de All-Stars de institutos, jugando juntos, hasta el final de su carrera deportiva tras la medalla de oro en los JJ.OO. de Barcelona ’92 con el mítico “Dream Team”.

Una fantástica combinación de suerte y casualidades les hizo alcanzar el baloncesto profesional de la NBA en dos franquicias míticas y tradicionalmente rivales, Celtics y Lakers, el mismo año, 1979, después de haber disputado la final universitaria el uno contra el otro (ganando los Michigan State de Magic con claridad a los Indiana State de Bird), y representando inevitablemente la dicotomía racial blancos frente a negros y también dos formas muy diferentes de personalidad. Magic, siempre sonriente y dicharachero, que luego sería el máximo exponente del show-time, con un juego rápido y alegre, y Larry, sobrio, estoico, solitario y arrogante, jugando con inteligencia, persistencia y desgastando al contrario con su efectividad.

Desde un primer momento se convierten en estrellas de la liga. De hecho, Magic gana el anillo de campeones de la NBA en su año de rookie, 1980, siendo además designado MVP de las finales (lo cual constituye un récord), pero Larry Bird es designado Rookie del año, y un año después lleva a sus Celtics a alcanzar la meta del anillo. No obstante, en ambos casos lo hacen jugando contra otros equipos en la final, lo cual les supone una frustración, ya que desde un primer momento ambos aspiran a batirse en duelo el uno contra el otro en ese clímax que suponen las series finales de la NBA.  Esos duelos se producirán finalmente sólo en tres ocasiones: 1984 (con victoria para Boston), 1985 (ganan Lakers) y 1987 (de nuevo L.A., con el mítico “Sky Hook” de Magic para ganar el cuarto partido). En 1986, el que fue posiblemente el mejor momento de los Celtics no pudo suponer la revancha contra Magic y compañía, quienes cayeron ante Houston Rockets en las finales de conferencia, y ciertamente fue una pena porque podría haber sido una final auténticamente antológica. Houston no fue nunca un rival para los Celtics campeones y Larry Bird siempre echó de menos haberse reivindicado de nuevo ante su némesis.

Aparte del evidente interés deportivo del libro, que hará las delicias de fans como yo (en mi caso, de Larry), es de enorme interés todo lo referente a la psicología de ambos jugadores y cómo demuestran su carácter ultracompetitivo y su permanente obsesión por la victoria, en el marco de una ética del trabajo y el esfuerzo y de un enorme respeto al contrario. En estos aspectos quiero profundizar, ya que como sabéis los relatos deportivos suelen ser una manera muy atractiva de presentar valores aplicables al mundo de la empresa.

Primero, el éxito de ambos jugadores tiene muchos denominadores comunes:

  • Trabajan duro desde muy jóvenes y nunca bajan el listón ni se relajan
  • Asumen el liderazgo en el juego pero siguen las instrucciones de sus entrenadores y no se comportan como divas ni fuera ni dentro de la cancha
  • Involucran a sus compañeros y les exigen dar el máximo nivel en los entrenamientos y en los partidos
  • Respetan enormemente al rival y buscan el máximo referente (el uno para el otro y el otro para el uno) como reto de superación
  • Poseen una elevada autoestima y confianza en sus propias posibilidades, lo que les permite afrontar serenamente la presión de la más alta competición
  • Se admiran mutuamente y en último término saben evolucionar de una relación fría y casi cercana al odio hasta una relación de camaradería y finalmente de amistad

Hay en el libro, entre otras, un par de anécdotas curiosas que reflejan su personalidad.

Magic, por ejemplo, cuenta cómo en un entrenamiento, siendo él todavía novato, un padre acompañó a su hijo a pedir un autógrafo a Kareem Abdul-Jabbar, entonces la figura de los Lakers. Kareem despreció la petición (en el libro Magic no le critica abiertamente pero se lee entre líneas que era un tipo frío, distante y prepotente, aunque ensalza su capacidad de trabajo y sufrimiento) pero ahí estaba Magic para poner al niño su mejor sonrisa y firmar un autógrafo. Años después, el padre de ese niño se convirtió en un importante cliente de la empresa de marketing de Magic, gracias en gran medida a que todavía recordaba el cariño con el que había firmado ese autógrafo a su hijo. En definitiva, Magic no se dejó cegar por el estrellato y demostró una gran calidad humana, que a futuro le era recompensada. La vida da muchas vueltas y este es un interesante ejemplo de por qué siempre es bueno sembrar para poder recoger frutos en el momento más inesperado.

En cuanto a Larry, me encanta la anécdota que cuenta tras la victoria contra los Lakers en las finales de 1984, que fue particularmente importante para él porque suponía ganar a Magic en su primer enfrentamiento directo en unas finales. Después de una noche de celebración, los jugadores vuelven a sus casas, y a media tarde Larry ya se estaba entrenando, para incredulidad de sus compañeros: “Me estoy preparando para el año que viene”. Cuando alcanzas una meta, hay que estar ya marcándose la siguiente. Es bueno disfrutar de los éxitos, pero sin salirse de la pauta de humildad, esfuerzo y superación.

El libro cuenta historias también muy interesantes sobre cómo Pat Riley, el también mítico entrenador de los Lakers, utiliza un seguimiento exhaustivo de estadísticas y rankings para motivar y “picar” a sus jugadores, exprimiendo al máximo sus posibilidades. Sobre jugadores de los Celtics como Cedric Maxwell que por entrar en una dinámica de negociación salarial son capaces de arruinar su preparación y crear dinámicas negativas de grupo que hacen perder el punto que diferencia el éxito del fracaso (en 1987). O de cómo a raíz de la triste noticia de Magic siendo portador del virus del SIDA, amigos que él creía íntimos le fallan estrepitosamente (Isaiah Thomas), mientras que un rival como Larry le muestra no sólo respeto sino cariño y auténtica preocupación.

En uno de los capítulos finales del libro, se narra la experiencia de los JJ.OO. de Barcelona, con Magic ya retirado por el asunto del SIDA y con Bird listo para retirarse por sus lesiones crónicas de espalda, y hay un relato impagable de una discusión entre ellos dos, Jordan y Barkley sobre cuál es el mejor equipo de todos los tiempos, que se convierte en una disputa entre Magic, que considera que fue su equipo de 1987, y Jordan, que ya avisa de que él será el mejor de todos los tiempos, y llevará a su equipo a las cotas más altas (como así hizo, de hecho). Es interesante ver la arrogancia no exenta de objetividad de Jordan, que se sabe el mejor, el orgullo de Magic que se lo rebate, y la humildad y realismo de Bird, diciéndole a Magic que es hora de pasar la antorcha. Es un saber retirarse cuando llega el momento, en el que Larry Bird da una gran lección humana y deportiva.

En definitiva, un libro muy recomendable, tanto por su interés como crónica de una emocionante historia deportiva, como por la colección de valores que se pueden extraer de su lectura.

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