Historias detrás de los 5 millones de parados

La noticia es aterradora: 5 millones de parados. Y eso que muchas veces las grandes cifras de la macroeconomía producen cierta indiferencia, precisamente por eso, porque son números. Lo que ocurre es que con la situación actual del mercado de trabajo, ¿quién no conoce un íntimo amigo, un familiar de los que se aprecia de verdad, o un vecino de los majos, que está en paro? De modo que esta vez sí que hay una percepción más personal de la gran cifra.

Análisis está habiendo muchos, muy variados y muy interesantes, así que lo que os quiero aportar yo ahora son algunos comentarios y anécdotas desde la “microeconomía”  y mi visión de una pequeña industria manufacturera en Madrid. Que somos pequeñitos, pero sospecho que podemos tener cierta representatividad.

Primer comentario general: esto se veía venir. Hace cuatro años, los polígonos industriales estaban a reventar de coches, camiones, naves en construcción, actividad. Se pagaba una fortuna por una nave. Se construían nuevos polígonos en todas partes. Ya en 2008 se empezó a notar un fuerte cambio de panorama. Las empresas empezaban a recortar horas extras a sus trabajadores, quitar personas contratadas vía ETT (empresas de trabajo temporal), ajustar “alegrías”. Después ya empezó la cruda destrucción de empleo, con las empresas deshaciéndose de sus trabajadores de menor antigüedad primero. Lo cual es un drama por sí mismo, porque esas ineficiencias que introducen las indemnizaciones por despido llevan a descartar a personas en pleno proceso de crecimiento profesional. Y como en este país es imposible que te reconozcan motivos objetivos de despido salvo que hagas un ERE a gran escala…

Imagino que mucha gente percibe al empresario que despide a sus trabajadores como un explotador que disfruta echando a la gente. Soberana tontería, claro está. El que contrata lo hace con la ilusión de hacer crecer su negocio, y cuando despides estás admitiendo la derrota de esa ilusión. Aparte del drama humano, porque imagino que en una multinacional eso no ocurre, pero en pequeñas empresas, cada trabajador tiene nombre, apellidos, y un vínculo personal con el empresario y con los compañeros. Cuesta despedir. Claro, siempre hay trabajadores sinvergüenzas que se lo ganan a pulso. A esos también cuesta, pero no moralmente, sino en el bolsillo. Pero la mayoría de la gente que se despide es de los buenos. Afortunada y tristemente.

Suelo contar el ejemplo de mi vecino de enfrente en el polígono, Rafa. Tiene una empresita de fabricación de escaleras. Sí, parece mentira que se fabriquen escaleras también en España, cuando uno da por hecho que todo este tipo de productos en serie se traen de China. Aunque sean una mierda. Ahorrarse unos euritos es más importante que darle trabajo a un conciudadano de nuestro país. Sé que esto suena a proteccionismo antiliberal, pero oye, a mí me gustaría ver la pegatina de “fabricado en España” igual que los americanos ponen sin rubor su “proudly made in the U.S.A.”. Oye, y luego cada cual que tome su decisión libre de compra. Pero yo también estoy orgulloso de tener una escalera hecha en España.

Bueno, que divago… El caso es que Rafa tuvo unos años muy buenos, tenía unos 7-8 trabajadores, invirtió un buen dinero en un robot de soldadura muy avanzado para optimizar calidad y costes en una actividad crítica y donde además había una escasez de personal cualificado en el mercado. Pero llegó la crisis, y como él mismo me explicó, empezó a despedir a la gente mientras todavía tenía dinero para pagarles sus 45 días de indemnización. Porque si aguantaba para ver si esto tiraba, acabaría arruinándose él y no podría ni siquiera pagar las indemnizaciones. Al final: se ha quedado trabajando él solo. Así de duro. Él y su robot. Hay días que viene un rato a ver si el fax o el e-mail le da alguna alegría, y se tiene que ir a casa para comer y ya no volver. Otros días, sí le entra algo de trabajo y le da para una semana. Y así sigue subsistiendo, con la ilusión de que esto acabe animándose y pueda volver a contratar y funcionar. Rafa, por tanto, es un modelo de subsistencia. Aunque tuviera que despedir a todos sus trabajadores.

Otra anécdota. Un subcontratista mío en el cinturón industrial del Sur de Madrid. Como ha bajado el trabajo, yo y otros de sus clientes les hemos empezado a dar mucho menos trabajo. Se vio entonces en la tesitura de tener que ajustar la plantilla. Pero los trabajadores se amotinaron y le montaron una huelga. Le pintaron un monigote del ahorcado en la fachada de la nave, etc. Estas cosas que se hacen para presionar al explotador y defender al débil. Como leí el otro día en una pancarta de CC.OO. en la fachada de una industria en Alcalá de Henares que lleva años de conflicto laboral: “si queréis paz social, aumento salarial”. Lógica aplastante. Tanto como lo que ocurrió con mi subcontratista: El empresario, que tenía ya casi 65 años, ha decidido jubilarse, cerrar la empresa, malvender las máquinas, alquilar la nave industrial, y todos los trabajadores a la puta calle.

Y así tantas otras…

El hecho es que yo los sábados tengo la costumbre de ir por la mañana a la oficina para hacer tareas administrativas, firmar pagos a proveedores, y entre estas cosas también reviso el montoncito de currículums que me llegan en la semana. No es que tenga intención de contratar ahora mismo (ojalá…), pero los reviso todos, en parte por guardar alguno que me llame la atención para un futuro, o para enviárselo a algún amigo que sepa que está buscando algún perfil en particular (aunque pocos amigos me quedan de esos), y también por un poco de respeto hacia toda esta gente que hace un esfuerzo activo por buscar trabajo. Se merecen como mínimo veinte segundos de mi tiempo.

Y hoy se me encogía el corazón al ver los CV. Hace un año, había mucho chaval joven con gran rotación de trabajos, también mucho inmigrante, perfiles de baja cualificación… Pero ahora mismo, tengo currículums de gente con mucha experiencia, gente cualificada, personas que llevan ocho, nueve, diez y hasta veinte años de trayectoria en una misma empresa. ¡Qué lamentable! Estas son las historias detrás de las cifras del paro. Trabajadores buenos, valiosos, experimentados, formados, pero cuyas empresas se han ido a pique. Y ahora, ¿qué? ¿Quién va a volver a levantar una empresa como la que les daba empleo hasta ahora? Porque muchas industrias, muchas actividades que hoy se han destruido, se han ido para no volver. Entenderéis entonces por qué me frustro viendo que todo lo que me rodea está “made in China”. No porque los chinos me caigan mal, por Dios, si al euro lo van a tener que salvar ellos, sino porque esa deslocalización es un billete de sólo ida.

Y quien se piense que esto va a cambiar sólo porque llegue Mariano, si alguno lo piensa, que se vaya desengañando…

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7 comentarios

  1. Jaime · · Responder

    Estoy de acuerdo con tus comentarios sobre el aspecto más humano y crudo de la crisis. No tanto con lo del “made in China”, porque como ya explicó David Ricardo hace unos 200 años en su teoría de la ventaja comparativa, cada uno debe especializarse en producir aquello en lo que tenga una mayor ventaja (o menor desventaja) en términos de otros bienes.
    Pero la reflexión que quería dejar iba por otro lado. Me hace gracia oír que todo el mundo tiene derecho a un trabajo digno, como si el trabajo brotara de los árboles. Pero ¿quién ha dicho que ese trabajo te lo tenga dar otro? Si todo derecho lleva asociado una obligación, en este caso sería la de crear empleo, primero el nuestro y luego el de otros. Y es que pensar que en nuestro país se pueden crear 5 millones de puestos de trabajo en el corto y medio plazo sin necesidad de cambiar nada, parece una utopía. La solución pasa inevitablemente por reinventarse y, en lugar de esperar a que alguien te dé trabajo, fomentar el autoempleo, dar facilidades a los autónomos y a las pymes. Probablemente no hemos sido educados para emprender pero no nos queda otra. Y sí, ya sé que hay gente que por edad, formación, medios económicos, forma de ser. etc. no lo tiene fácil. Pero de los 5 millones de parados, bastaría un poco de ayuda por parte de la Administración (o quizás simplemente con menos trabas), para que algunos cientos de miles se animaran y lo intentaran. Aunque quizás esto también sea una utopía en un país en el que, según alguna encuesta, tres de cada cuatro españoles quieren ser funcionarios (17% por vocación y 55% para “ganar un sueldo seguro y disfrutar de horarios cómodos”) mientras que los emprendedores potenciales se quedan en el 4%.

    1. Gracias, Jaime, por tu valioso comentario. Respecto a tu reflexión principal, totalmente de acuerdo, y de hecho sacas varios temas de enorme interés, así que me va a servir mucho como inspiración a futuros posts. En cuanto al primer párrafo y el tema “made in China”, comprendo tu argumento y te quiero dar un “sí, pero” razonado, así que te voy a pedir permiso para hacerlo en forma de un próximo artículo. El lunes 31 de octubre ya lo tengo previsto para un “cambio de tema” que me pide el cuerpo, pero si no me surge ningún imprevisto, te contesto la semana próxima sin falta. Un abrazo y esta es tu casa; espero ansioso más aportaciones tuyas.

  2. […] pasado domingo, Jaime hizo un interesante comentario a raíz de mi post del día anterior y mi defensa del “producido en España” frente al “made in China”, haciendo […]

  3. diego Paños · · Responder

    Mientras no cambien las reglas de contratación y en especial, esta pretensión de doble indemnización que pesa sobre el empresario, no vamos a poder despegar. Hace falta una cultura menos aterrada por perder el empleo.

    1. Muchas gracias. Esa última frase es para enmarcarla. Tienes toda la razón.

  4. […] lo que me contaba a continuación es algo que escucho continuamente y que ya comenté en mi “Historias detrás de los 5 millones de parados“: que parece mentira que se pasa años trabajando para ganar dos duros, esforzándose por […]

  5. […] A los que les ha ido mal no les va a quedar ninguna gana de tirar para adelante y volver a arrancar tras el trago de perderlo todo y arruinarse […]

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