El deporte nacional (no, el fútbol no)

Como ya habréis adivinado, me refiero a la puta envidia. Perdonad el lenguaje (imagino de todas maneras que todos sois mayorcitos de edad) pero es que este resquemor por el éxito ajeno y el desear lo que otros tienen, es un sentimiento muy corrosivo y que nos empobrece notablemente. No vamos a decir que sea patrimonio exclusivo de nuestra querida patria, por supuesto, pero la impresión que tengo es que aquí está más que asumido y no está ni mal visto que cuando alguien tiene éxito y le va bien, lo que se hace es criticarle; se trata de proclamar lo malo e ignorar lo bueno, restar méritos al exitoso y enfatizar sus defectos, e incluso promover su fracaso.  En otros lugares, por lo menos se disimula y se es hipócrita al respecto (que tampoco es que me parezca bien, ojo).

La envidia tiene una vertiente derivada del materialismo y el consumismo que nos rodea, y que nos valora y nos etiqueta en función del barrio en el que vivimos, el coche que tenemos, la ropa que vestimos, el bolso que usamos, el reloj, el colegio de los niños, etc. Todo superficialidad y banalidad. Pero quién no conoce el caso de vecinos que compiten entre sí por ser el que más tiene, o un familiar que te mira de arriba abajo cada vez que te ve, o los comentarios sospechosos entre cotillas e inquisitoriales de padres y madres en las reuniones del colegio. Para esta fuente de envidia, yo diría lo que me enseñó mi padre: “no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita“.

Pero me interesa más ahora mismo la vertiente de la personalidad y su aplicación al mundo de la empresa. El caso es que la envidia es un subproducto de la incompetencia y de un cierto complejo de inferioridad. Ya mencioné en algún artículo anterior que aquí parece que damos por hecho que un producto alemán va a ser necesariamente superior a uno español. ¿Por qué? Pues hombre, en parte porque aquí te sale un Steve Jobs y, primero, sus jefes en la empresa, viendo que despunta, en vez de promocionarle, van a pensar que se les empieza a mover la silla, y le ponen un par de zancadillas, más que nada como “toque de atención”. Como dijo el ilustre filósofo A. Guerra, “el que se mueva no sale en la foto“. Eso, que la mediocridad es mucho más rentable por estos lares.

Y si de todas maneras, por una combinación de suerte, habilidad y capacidad camaleónica para adaptarte al entorno, terminas destacando de verdad, ya tendrás toda una jauría de buitres persiguiéndote para aplastarte en cuanto pueda. Salvo que te mueras, que entonces ya se te reconocerá universalmente, hombre. Total, ya que no lo puedes disfrutar, se esfuma la envidia.

Conclusión: el talento tiene tendencia o a marchitarse o a huir hacia entornos más favorables. Mientras tanto, aquí nos sentimos más cómodos lloriqueando en torno a la taza de café.

El caso es que ahora, en situaciones de extrema crisis, tenemos una gran oportunidad para “resetear” este tipo de fijaciones culturales, porque más que nunca necesitamos de la brillantez, la innovación y el éxito. ¡Hay que alegrarse por el éxito ajeno porque es una oportunidad de éxito propio! En una dinámica de trabajo en equipo como es lo que hoy se impone, tenemos que sentirnos orgullosos de contar con gente brillante, porque nos llevará a todos a mayores cotas. Si el que tiene éxito es el competidor, no hay que criticarle o agobiarse por esta circunstancia, sino que hay que aprender y ver el vaso medio lleno, que es que ese éxito puede tener un efecto arrastre para bien de toda la industria, y puede estar trazando caminos que tú también puedes recorrer.

Sirva como ejemplo el del iPhone de Apple, para de paso ilustrar que la envidia es un sentimiento muy universal. En una entrevista a Steve Ballmer de Microsoft poco después de su presentación, se reía del concepto y pronosticaba su completo fracaso (ver extracto aquí). La reacción fácil para el competidor es la envidia destructiva, la crítica del producto, la negación del éxito, y enquistarse en el enfoque previo que no tuvo resultados favorables. Sin embargo, nada de eso nos aporta nada a nosotros ni tampoco al mercado ni al entorno. Así le ha ido a Ballmer, que esperemos por el bien de los usuarios que sea pronto relevado de su cargo en Microsoft.

Un enfoque positivo es analizar el por qué de ese éxito, y buscar formas de explotar esos puntos fuertes e incluso mejorarlos. Sería lo que ha hecho Google con su Android. Es decir, ver en el triunfador a un modelo, un referente positivo, no a una diana contra la que lanzar dardos.

En definitiva, la envidia insana no nos lleva a nada bueno. Lo que hay que hacer es aspirar a más logros, enfocar la competencia en sentido positivo, porque todos podemos crecer.

Finalmente, y volviendo a esa puta envidia de la que comenzaba hablando, qué mejor que lo que dice aquel proverbio árabe: “castiga a los que te tienen envidia haciéndoles bien“. Vamos, un “chincha, rabia”, pero en positivo.

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One comment

  1. constanza · · Responder

    Antes de la crisis, cuando el Estado convenció a los ciudadanos que podía satisfacer las necesidades básicas de todos, vivienda, estudios, sanidad, ocio…con calidad y sin pedir esfuerzo a cambio, provocó un cambio en el sentir de muchos. Se llegó a pensar que todos podíamos llegar a vivir en un chalet, tener un porche cayenne, ir de safaris a Africa, viajar por el mundo, operarnos de estética para estar mas guapos, comprar las ropas de marcas…, cosas que antes solo estaban al alcance de unos pocos, unos pocos por cuestión de suerte, pero para muchos gracias a un gran esfuerzo y trabajo.
    ¿Qué hacer ahora que no tenemos dinero para mantenernos todos en un nivel de bienestar?. Pues lo de siempre, arremeter contra el vecino.
    Ahora, la culpa la tiene el empresario por querer maximizar el beneficio, como si alguno de nosotros, cuando tenemos algo de dinero ahorrado no queremos que se nos multiplique.
    Yo les digo a estos que piensan así, que si les tocara un millon de euros en la loteria y quisieran montar un negocio, ¿emplearían a los trabajadores para que le presten un servicio a cambio de que les des un sueldo y así poder mejorar sus ganancias o les emplearías por hacer una labor social y dar la oportunidad a otros a tener un trabajo digno, aunque fueran perdiendo el millón que le tocó ?. Pues, eso.
    ¿Porque nos empeñamos en que tenemos que tener todo, tanto material como inmaterial, para ser felices?. No solo tenemos envidia de las posesiones de los demás, tambien envidiamos su risa, su amor, su optimismo, su capacidad de trabajo; envidiamos cosas que si que podemos conseguir sin que el Estado nos las tenga que proporcionar y que solo dependen de nuestra actutud.

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