Euromasocas (I)

La actualidad económica más inmediata es verdaderamente apasionante. Casi diría que divertida, pero una diversión bien masoquista. Ya pueden ir sustituyendo los “Canal 13” y “Nitro” de la TV digital por pantallas de Bloomberg, que hoy por hoy proporcionan más emociones por minuto. Y por la mañana no sé si quedará alguien escuchando todavía a los programas de la radiofórmula musical, con las llamadas sorpresa de ligues prohibidos para disfrute del morbo popular, algo ya muy visto, si cualquier noticiario nos trae una sorpresa tras otra.

El anuncio de Papandreu de convocar un referéndum para que los cuidadanos griegos validen el acuerdo adoptado en la Cumbre del pasado jueves ha generado una reacción unánime de estupor. Resulta inaudito: les decimos que les perdonamos la mitad de lo que nos deben, y en vez de darnos un abrazo, nos dicen que se lo van a pensar. (Bueno, como sabéis hay que matizar mucho en cuanto a la mitad de qué -el principal- y quienes -los inversores privados-, así que tampoco es la mitad de lo que deben ni mucho menos). El caso es que no es de extrañar la reacción airada de los líderes, periodistas, contertulianos, blogueros, y hasta del portero de mi casa.

Aunque siempre hay oportunidad de ver el vaso medio lleno. El jueves, viernes y sábado había una abrumadora unanimidad en todos los comentarios de prensa en el sentido de que el acuerdo adoptado para Grecia iba a resultar insuficiente, y no iba a ser ni pan para hoy. Era hambre para hoy y hambruna para mañana. Y sin embargo, ahora, ante la alternativa de que todo salte por los aires con la “genialidad” del referéndum, ya parece que todo cristo se aferra a un clavo ardiendo y bendito sea lo malo conocido que lo peor por conocer. ¿No os parece?

El caso es que, concediendo de antemano que el amigo Papandreu (bueno, hoy más bien enemigo) tampoco vamos a pensar que es idiota perdido ni quiere pasar a la historia como un “Pierre no-doy-una”, se me ocurren dos escenarios que explicarían esta propuesta de referéndum:

Escenario 1 (“el chulo”):

Esto del referéndum en realidad es un órdago para negociar mejoras en las condiciones. Se ha acordado el 50% pero en realidad ya sabemos que se estuvieron barajando niveles de un 60% y hasta un 70%. Pero tampoco es un órdago sin más. Las cartas están trucadas.

Lo audaz sería que en realidad este órdago estuviera ya acordado de antemano, y que todo esto sea un poco de teatrillo que se está escenificando con dos objetivos: 1) que los “expertos” que dan la brasa con que el acuerdo es una porquería, se callen un poquito después de haberse asomado al abismo; 2) que la población griega que está más que cabreada con su gobierno, se quede con la impresión de que han dado un poco de batalla y que la humillación no es tal.

Vamos, que esto es como cuando pides presupuesto para un coche. Te dan un precio, tú pides un descuento, ellos te ofrecen, tú amenazas con que en otro concesionario te dan más, entonces te ajustan un poco más, y al final firmas y tan contento. “Les he sacado dos mil euros de rebaja”. Iluso de ti. En realidad tenían hasta 2.500 euros de recorrido. Pero el regateo es parte del juego.

Claro, como tampoco Francia y Alemania pueden quedar humillados ellos porque también tienen su población a la que rendir cuentas, ahora se monta esta reacción airada, cortando el grifo de los 8.000 millones de ayuda pactada, amenazando con el fin del mundo para Grecia, y tal y tal.

Si todo esto es lo que les tuvo hasta las cuatro de la mañana el otro día, pues oye, yo doy mi aplauso porque habrán conseguido lavar un poco la cara de un acuerdo que sigue siendo malo, pero que a lo mejor son hasta migas para hoy. Lo de hambre para mañana no nos lo quita nadie.

Escenario 2 (“el chungo”)

Pongamos que a Papandreu le hacen ver que el país está a punto de la fractura social, de evolucionar de la manifestación a la revolución, que las Fuerzas Armadas están preparando un golpe de estado (o peor, que ya  lo están articulando al nivel de los estratos del poder)… Entonces la única salida, ya  sea por que se le ocurra a él o por resultado de un chantaje, sería un referéndum, para que el pueblo se implique y legitime directamente el resultado del acuerdo con la Eurozona.

Bien, aquí podemos abrir un bonito debate sobre la democracia y la importancia de que el pueblo tenga la palabra. Yo personalmente no estoy de acuerdo con esto de la democracia asamblearia, donde se gobierna a golpe de encuestas o referéndum. Que en parte es lo que se ha hecho durante mucho tiempo aquí (ZP, sus globos sonda y sus decisiones populistas) y así nos ha ido. Nuestras democracias son parlamentarias, es decir, democracias representativas, y una vez que el pueblo elige a sus representantes, éstos tienen un mandato para elegir un Gobierno, y éste tiene un mandato para gobernar. Con todas sus consecuencias (“con un par”, si me permitís la vulgaridad).

Pero en la medida en que ciertas medidas suponen un menoscabo de la soberanía nacional, hay que reconocer cierta base no sé si legal, pero sí quizá moral, para plantear un referéndum. Por lo menos si en el Parlamento no hay una mayoría cualificada que legitime la decisión gubernamental. No parece que la haya en este caso, así que el problema de legitimidad está ahí, latente.

El caso es que esto del referéndum no es tan fácil como que salga Papandreu en la tele, y nos diga que los que estén de acuerdo con el euro manden un SMS al 555 con el mensaje “qué remedio” y los que no que lo manden al 666 con el mensaje “al infierno”. Las líneas se cierran a la medianoche y a las 0:05 damos los resultados y los tres ganadores de un VW Passat gentilmente cedidos por el gobierno teutón. Ojalá fuera tan rápido e indoloro.

No, montar un referéndum lleva un buen rato y como se ha anunciado, lo más pronto nos pone en diciembre. Los mercados de deuda no se pueden permitir mes y pico más de incertidumbre. Ya  se ha visto el comportamiento de la prima de riesgo italiana en cuanto se ha conocido la noticia (en parte también por la bajada del tipo de mercado alemán, todo sea dicho). Estamos ciertamente haciendo funambulismo y la altura es para sentir mucho, muchísimo vértigo. Y lo tenemos claro, ¿verdad? Si cae Italia, el siguiente es España, luego Francia y podemos dar por difunto al euro.

Así que nos jugamos una barbaridad con todo lo que está pasando en estos días de otoño. Emocionante, sin duda. ¿Y ahora qué?

Bueno, de momento, por mi parte, mañana sigo, pero haciendo trampa… En función de lo que resulte mañana en Cannes, donde podremos saber si el escenario bueno sale o no sale. Si es que nuestros queridos políticos están montando todo un culebrón a fascículos. Yo el caso es que les sentaba en fila en pupitres de los de la escuela, les ponía delante papel y lápiz, les daba una buena colleja, y les ponía a repetir 50 veces:

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy

(…)

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2 comentarios

  1. En verdad que es uno no sabe si reir o llorar. Creo más bien que estamos ante el segundo escenario; me niego a pensar que puedan estar jugando a lo primero, aunque visto lo visto, ya todo es posible.
    Puedo llegar a entender el tema del referendum. Pero no en estos momentos. Tenía que haberlo planteado antes sobre si hacer los ajustes que requerían o salirse directamente del euro, optando por no pagar, tal y como han hecho los islandeses…
    Sí pudiera ser que estuviésemos ante lo que apuntas al principio, y que esto fuese un órdago griego para ver si logra negociar todavía más. Lo que además de irresponsable, sería excesivamente riesgoso.
    No sé la verdad qué pensar ya. Sólo espero que la UE se mantenga firme, y si Grecia tiene que salir, que lo haga. Pero no permtir que tomen el pelo durante más tiempo al resto de la UE.

    PS: Aunque claro, ya puestos, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Que se lo pregunten a Alemania y al los 55k millones de € que acaban de salir a flote…

  2. Muy buenas reflexiones como siempre 🙂

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