Mis conflictos con el “made in China”

El pasado domingo, Jaime hizo un interesante comentario a raíz de mi post del día anterior y mi defensa del “producido en España” frente al “made in China”, haciendo referencia a la teoría de ventaja comparativa de David Ricardo, según la cual cada uno debe especializarse en producir aquello en lo que tenga una mayor ventaja (o menor desventaja) en términos de otros bienes.

En el plano teórico, estoy de acuerdo con esa teoría. También es indudable que los países que optan por el proteccionismo, tienden a fomentar la ineficiencia en los sectores económicos protegidos, y eso a largo plazo trae consecuencias negativas.

Además, en un plano ético, hay que reconocer que es una injusticia hacia otros pueblos el que les neguemos el derecho a progresar como ya lo hicimos nosotros. Porque un proteccionismo del “primer mundo” es un cerrar las puertas a los países emergentes o del tercer mundo. Es decirles: “sí, queremos vuestras materias primas, porque nosotros (ya) no las tenemos, pero el valor añadido nos lo dejáis a nosotros, no vayáis a progresar demasiado y quitarnos nuestro trozo del pastel“. La apertura económica y la globalización bien enfocada hace más por el desarrollo de los pueblos que aquello que cuando yo era universitario era tan famoso de dedicar el 0,7% del PIB a proyectos de cooperación con los países en subdesarrollo.

El caso es que hay varias cuestiones que quiero compartir con Jaime y con todos vosotros.

Primero: lo que no es justo es que las reglas de juego sean diferentes para un producto nacional que para un producto importado de China o de cualquier otro país. Yo voy a hablar de la industria que es lo que mejor conozco, pero apuesto a que en otros sectores económicos pasará tres cuartos de lo mismo. En mi caso, yo para fabricar un producto, se me exige el oro y el moro:

  • Tengo que tener a todos mis trabajadores dados de alta en la Seguridad Social, cotizar por ellos, preparar unas nóminas, practicar sus retenciones de impuestos personales, darles sus pagas extras y sus vacaciones.
  • Tengo que tener unas instalaciones con máximas garantías de seguridad e higiene, y una empresa que lo controle (o bien asumirlo con medios propios, aunque esto es tan complicado hoy en día que es más rentable subcontratarlo con su coste asociado).
  • Tengo que cumplir la normativa medioambiental y de gestión de residuos, que es muy, pero que muy exigente (por ejemplo, yo reciclo hasta el polvo de barrer y aspirar las naves de producción, porque incluye partículas metálicas). Esto al final supone otra gestoría y más costes operativos.
  • Tengo unas exigencias de calidad propias de la industria, y los estándares son cada vez más exigentes (aunque, como ya expliqué en otro post, desgraciadamente esto se ha pervertido últimamente.
  • Tengo que tener una serie de seguros, entre ellos el de Responsabilidad Civil, para poder afrontar las relaciones con cualquier empresa medianamente decente.
  • Tengo que depositar las Cuentas Anuales en el Registro Mercantil, mantener el registro de la marca comercial, garantizar la seguridad de los datos según la LOPD, y todo un largo etcétera (seguro que se me olvida algo).

Conste que no pretendo decir que todo esto esté mal. Pero lo que sí digo es que cuando llega un competidor ofreciendo un producto “made in China” o en otros países del sudeste asiático, podéis tener más que fundadas sospechas de que ni las condiciones salariales, ni las condiciones laborales, ni las de seguridad e higiene, ni las medioambientales, ni los estándares de calidad, ni los requisitos administrativos, están ni mucho menos al nivel de una producción nacional o europea. ¿Es esto justo?

El caso es que estoy seguro de que en algunas industrias se es más exigente que en otras. Con el mundo del automóvil, que atención a lo importante que es en España (¿qué sería de nuestra balanza comercial si van cerrando las fábricas de coches en España, fuente crítica de exportaciones nacionales?), el caso es que por mucho que se amenaza todos los años con que vienen los coches chinos, esto no termina de suceder. ¿No será que en ese campo se es más exigente, en lo relativo a la calidad y la seguridad? ¿Que los medios de comunicación van a ser implacables -en gran medida de manera interesada- y van a dar todo lujo de detalles al consumidor sobre los defectos del producto chino?

De modo que sí creo que es justo y razonable exigir un alto nivel de control y supervisión al producto exterior. No aranceles, pero sí controles. Y conste que no he querido entrar en los típicos casos de las zapatillas deportivas producidas por mano de obra infantil, o los componentes informáticos fabricados en condiciones de semiesclavitud, etc. (Bueno, vale, lo acabo de sacar a colación, pero es que ahí está la evidencia).

Segundo: insisto en que no defiendo un proteccionismo impuesto desde el Estado vía aranceles, cupos o similares. Aunque esto por ejemplo funciona en productos agrícolas y no veo tantas quejas al respecto. Pero conste que soy el primero en apoyar a los agricultores, aunque sólo sea por razones estratégicas. Lo que creo que es fundamental es incidir más en la información al consumidor sobre la procedencia de los bienes, particularmente en cuanto al etiquetado. Y que el consumidor libremente decida. El caso más sencillo: el plátano de Canarias frente a la banana centroamericana. Ésta es claramente más barata que aquél. Pero yo y por lo que he observado la mayoría de clientes del híper donde hago la compra, optamos por el producto nacional. Será por calidad, será por patriotismo o por lo que quieras. Pero es una opción libre e informada. Sin embargo, en otros productos alimenticios no frescos, ya empiezan a perderse los detalles. ¿Saben todos los consumidores que los espárragos de una muy conocida y publicitada marca son de China? Los que lo desconocen, si lo supieran, posiblemente optarían en un porcentaje nada despreciable por un espárrago de Navarra. Aunque fuera un poco más caro.

En alimentación parece que lo tenemos más claro que en otras cosas. Pero pensemos, poniendo otro ejemplo, en los juguetes. Ya sabemos de casos de pinturas tóxicas en juguetes chinos. Esto en un juguete español sería impensable, entre otras cosas porque el empresario que lo hiciera terminaría en la cárcel. Pero a un juguete de un país lejano, vete a buscar al productor. Yo desde luego, si tengo ocasión e información, tengo claro lo que prefiero.

Insisto, información. Que el consumidor decida.

Tercero: aunque sobre esto quería hablar en otro post, creo que es muy pertinente ahora. Está muy de moda el neo-keynesianismo, con la idea de emplear políticas fiscales expansivas para reactivar la economía. Uno lee a Paul Krugman y su interesantísimo blog en el New York Times, y es francamente persuasivo. Pero claro, luego ves los frutos del Plan E del amigo ZP y esa persuasión pierde parte de su efecto. Pero volveré en el tema en otro momento. A lo que voy: la clave de este concepto de gastar para reanimar la economía está en el multiplicador del gasto público. La idea es que si el Estado gasta 100, ese dinero va a una empresa, que para hacer el trabajo contrata trabajadores, a los que paga su sueldo; compra materiales, que da trabajo a otra empresa que también tiene sus trabajadores; requiere servicios, que también supone un trabajo que se paga; en definitiva, desde el primer nivel se genera un segundo nivel, que a su vez genera un tercero, un cuarto, etcétera. En toda esta cascada de actividad, por un lado se van generando retornos al Estado vía impositiva (el IVA y otros impuestos indirectos de las sucesivas compras de los agentes implicados, los impuestos directos de las rentas y beneficios de las empresas implicadas en la cadena), y por otro lado se multiplica la actividad económica y el empleo. Bueno, perdonad porque seguro que se puede explicar mucho mejor, pero supongo que muchos ya lo teníais claro y si no os invito a leer aquí la entrada al respecto de la Wikipedia.

Todo esto es muy bonito, pero hay multitud de economistas que ponen en duda este efecto multiplicador, basándose en datos empíricos, y sin ir más lejos, volvemos a nuestro fabuloso Plan E. Supongo que es casi de sentido común que por ejemplo lo que falló del Plan E no era tanto el concepto de gastar o no gastar, sino que se tiró el dinero por la alcantarilla a base de cartelitos y chorradas improductivas. Pero a mí me interesa en este punto poner un tema sobre la mesa: con el fenómeno de la globalización, nos podemos encontrar que muy pronto, dentro de la cascada que se está produciendo, parte del dinero que se está moviendo y los fenómenos de producción que se están activando, se marcha para otro país. Y en ese momento, el efecto multiplicador nos ha dejado de servir a nosotros mismos. Vamos, que si nos ponemos a construir una carretera, está claro que la pura mano de obra dará frutos locales, pero si por un lado se compra maquinaria pesada que viene de Corea, y por otro lado los trabajadores de la obra se gastan una parte significativa de sus ingresos en comprar productos exteriores, entonces al final ese flujo en proceso de multiplicación cumplirá esa misión en otra parte.

Por supuesto, en un plano teórico, esos flujos podrían también venir de vuelta y esto nos lleva a la problemática más esencial de la competitividad global de nuestra economía y la necesidad de buscar nuestro papel en el mundo, nuestro valor añadido diferencial, que en el fondo es lo que subyace en la teoría de David Ricardo. Está claro. Pero mientras tanto, en nuestro querido país y en el momento actual, todo ese porrón de millardos de euros al final se ha desaprovechado en gran medida.

Y por eso me posiciono a favor del “producido en España”. No sé si habré convencido a Jaime, pero espero que ahora me entienda mejor. Espero en cualquier caso vuestros comentarios. Mientras tanto yo seguiré presumiendo de ser ya el único fabricante español de lo mío, y con vocación de superviviente, pero a base de buscar nichos de mercado, ventajas competitivas y máxima especialización. Porque no hay otra.

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7 comentarios

  1. Muy interesante la entrada, la verdad.

    Estoy de acuerdo en muchas de las ideas, sobre todo en las dos primeras. El problema es que esas condiciones laborales y medioambientales que existen en China, allí se consideran normales y dentro de la ley. ¿Qué hacemos, por ejemplo, con los salarios en China? ¿Se puede obligar al país a subirlos “de forma artificial” para que sean similares a los de los países desarrollados? ¿Obligamos al país a que tenga una sanidad pública para que sus trabajadores estén más protegidos? Es un tema complicado, la verdad.

    Por otro lado, gran parte del “made in China” ha sido provocado por empresas extranjeras (también sus defectos, como por ejemplo el caso que citas de los juguetes con pintura tóxica). Esto constituye un problema bastante grave, ya que es difícil seguir el rastro a muchos de los productos. Parte de ellos se habrán diseñado en Estados Unidos, etiquetados en China, enviados desde Hong-Kong con materias primas de Brasil. Seguirle el rastro a la elaboración de un producto (y las condiciones laborales en los distintos países y sectores) se ha convertido en misión imposible.

    Un saludo y enhorabuena por el blog.

    1. Muchas gracias por la enhorabuena y me parece muy interesante tu aportación.
      A mí me gustaría que las empresas occidentales que invierten en China lo hagan con criterios de ética y que, no pidiéndoles que paguen salarios muy diferentes de los del país, sí proporcionen unas condiciones de trabajo (salud, higiene y seguridad) a la altura de estándares propios, y que empleen calidades que por lo menos garanticen unos mínimos al nivel de lo que se exige por los consumidores y por la legislación de los países de destino.
      Pienso que el fenómeno de la globalización y la deslocalización es bueno si se hace de este modo, porque ayuda a progresar a otras naciones y en último término también va a beneficiar al mundo occidental al generar por un lado más demanda, y por otro lado al tender a obtener la máxima estabilidad social.
      Sin embargo, mal enfocados, estos fenómenos pueden conducir a todo lo contrario: crecimiento de desigualdades y que haya un espejismo de progreso pero que se derrumbe ante la primera gran crisis. Tú sabrás mucho más de China, y me pregunto si existe el riesgo de que eso suceda en un futuro más o menos cercano, como vaticina gente como Nouriel Roubini.
      Gracias de nuevo por comentar.

      1. Es un placer participar en una página que se toma en serio el tema y se olvida de prejuicios y estereotipos.

        Por desgracia, yo creo que las empresas extranjeras (en general) se preocupan bastante poco de su responsabilidad social en los países a los que van. Es la ley del mercado y del capitalismo: se buscan los menores costes, la mayor productividad y cualquier tipo de ventaja comparativa. El resto es casi siempre secundario.

        En China la verdad es que en general se ha gestionado bastante bien el proceso de globalización y se ha sabido aprovechar tanto la inversión extranjera como el traspaso de conocimiento. También es cierto que las empresas extranjeras tienen en general mejores condiciones laborales y salarios más altos que las chinas. La presencia de las empresas extranjeras en este país, a pesar de dar unos salarios que nosotros podríamos considerar miserables, lo cierto es que le ha servido al país para salir de la miseria, aumentar su tejido productivo, aumentar los salarios de forma espectacular, etc… En otros países donde las instituciones políticas y económicas son más débiles y tienen menos visión de futuro (estoy pensando en muchos países de África) la presencia de empresas extranjeras no ha sido tan beneficiosa.

        Un abrazo y enhorabuena una vez más por el blog!!

      2. Muchas gracias, tocayo. Me ha encantado tu comentario. Si te fijas, daría pie a abrir un debate “tabú”: las ventajas de un sistema no democrático para el progreso de un país. Porque permite una planificación a largo plazo, una dirección unitaria, y elimina especulaciones y por tanto incertidumbres en cuanto al futuro político del país. Todo esto pienso que es tan cierto como polémico. Evidentemente la democracia es un ideal al que hay que aspirar, y seguro que en China hay muchas injusticias y desigualdades por culpa de su régimen, pero razonamientos como el que nos planteas nos hacen ver también que el modelo político occidental no es la panacea.

  2. Sí, la verdad es que aquí en China, incluso entre extranjeros, es un tema del que se habla mucho. Se le suele relacionar con el concepto del Consenso de Pekín (en contraposición al Consenso de Washington), y viene a decir que en los primeros estadios del desarrollo económico un gobierno autoritario que tenga las ideas claras y apueste por el desarrollo económico puede ser más efectivo que un gobierno democrático.

    Por otro lado, también es cierto que China, aunque pueda parecer que se ha mantenido políticamente intacta, lo cierto es que ha ido evolucionando poco a poco hacia un sistema más democrático donde la opinión pública se tiene cada vez más en cuenta.

  3. […] higiene y seguridad, respeto al medio ambiente, empleo infantil, etc. Como denuncié en su momento, las reglas de juego no terminan de ser las mismas. Pero ya sabemos, en los tiempos del “todo gratis”, nos resulta más cómodo taparnos […]

  4. […] cuál es la solución. No creo en el proteccionismo puro y duro, pero como ya comentaba en “Mis conflictos con el made in China“, me frustra esa sensación de no competir en igualdad de condiciones. Me parece que hay […]

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