Ideologistas

Recuerdo una conferencia a la que asistí en la universidad sobre la energía nuclear y el movimiento ecologista. Decía el ponente que los “ismos” son negativos porque incorporan un elemento de radicalidad e irracionalidad. Que no es lo mismo tener una mentalidad ecológica y ser ecologista, tener inquietudes sociales y ser socialista, interesarse por el pueblo y ser populista, defender la libertad y ser liberalista, defender el papel de la Administración Pública y ser intervencionista, o valorar las posesiones materiales y ser materialista. Uno es abierto y moderado, el otro es cerrado y radical. Uno tiene una inclinación, el otro tiene una religión.

El problema de este tipo de enfoques, tal y como yo lo veo, es que hay un punto en el que la persona adopta un conjunto de ideas y las convierte en creencias, y como tales las abraza con auténtica fe y convicción, suprimiendo fases de razonamiento y autocrítica. Esto en realidad se convierte en una postura muy cómoda, puesto que ahorra muchos conflictos internos, reflexiones y correcciones. Se deja que otros (los referentes o líderes del grupo de turno) piensen por uno mismo. Pero a cambio, se coarta la libertad de la persona, ya que se impone a sí misma unas cadenas que le llevan a reinterpretar toda la realidad y sus pensamientos, con el fin de hacerlos compatibles con la validez de su ideología. De ahí el término “ideologista“.

Tengo la impresión de que hay mucho ideologista suelto entre la clase política y los medios de comunicación. Sobre todo entre los que se posicionan como “línea dura” en las dicotomías progresismo/conservadurismo e intervencionismo/liberalismo. Sin duda que hay personas muy competentes, preparadas e inteligentes, que tienen toda una construcción intelectual en torno a lo que piensan, pero también hay otros muchos que se limitan a auto-etiquetarse de una manera, y a partir de ahí son meros borregos que forman parte de un rebaño, y se obligan a sí mismos a pensar en términos absolutos.

En mi opinión, la realidad no es tan unidireccional. No es de blanco y negro, sino de múltiples matices de grises. Pero sin embargo, de la misma manera que es en tiempos de tribulación personal cuando parece que nos acordamos más del “Jesusito de mi vida”, es en estos momentos en los que se tambalean los cimientos de nuestra economía y sociedad occidental que parece que se escuchan más los planteamientos “de libro”, en la ortodoxia de las ideologías imperantes. ¿No os parece que el nombre de Keynes se ha invocado en este año más que en décadas enteras anteriores? Y frente al neo-keynesianismo que es tan prominente en estos últimos meses, también los liberales de vieja escuela se hacen notar fuertemente, aunque quizás un poco más escondidos.

El caso es que el mundo de hoy es fundamentalmente diferente al de épocas anteriores. La globalización, la sociedad de la información, la existencia de un fenómeno generalizado de crisis o pre-crisis… A Keynes muchos le consideran el maestro ideológico cuyas ideas sirvieron para superar la Gran Depresión en los años 30, pero pensar que lo que funcionó entonces no tiene por qué hacerlo ahora no es criticar a Keynes, es simplemente admitir la posibilidad de que recetas del pasado no necesariamente dan lugar a los mismos resultados. Se dice con mucha razón que quien no conoce la historia está condenado a repetirla. Pero también hay que darse cuenta de que la historia es dinámica y que en la economía intervienen tantas variables, que es harto improbable que se repitan dos eventos con sus mismas circunstancias. Por lo que hay que innovar, y estos ideologismos son obstáculos para la creatividad.

Tengo la constante sensación, leyendo informaciones y transcripciones de entrevistas, de que políticos como Merkel y todos los técnicos que la rodean, están presos por sus afirmaciones de meses atrás cuando estaba aún incipiente la crisis griega (ortodoxia total en la actuación del BCE y disciplina fiscal en los países periféricos), y ahora sencillamente es que no quieren rectificar ni suavizar su postura. Por el otro extremo, uno atiende a los enfoques de la Administración Obama y su referente económico Krugman (estimular por la vía de la expansión fiscal y monetaria, y un BCE a-la-FED), e igualmente hay una obsesión en reafirmarse en sus ideas. No deja de ser interesante ver cómo unos y otros aportan gráficos y estadísticas y proyecciones para soportar sus afirmaciones, y no es raro observar algún sesgo o matiz subjetivo: que si la definición de las variables observadas, que si se juega con las escalas para que las tendencias parecen más acusadas de lo que son, que si se recorta la serie temporal para no tener datos disonantes…

No debemos caer en el error de confundir lo que es un medio (la ideología como conjunto de ideas sobre las que enfocar nuestros actos) con el fin (que deberían ser los bienes que pretendemos conseguir con esos actos). Cuando el objetivo de la acción de un político, de un gestor público, de un periodista, de un pensador, o simplemente de una persona común como tú o como yo, es reforzar las ideas propias y tener la razón, entonces lo que ha triunfado no es esa razón, sino triste y simplemente EL EGO.

Supongo que es buen momento para invocar ese acertadísimo refrán de “rectificar es de sabios“, y ni siquiera pido rectificar sino simplemente flexibilizar posturas, abrir la mente, contar con el adversario, y buscar soluciones nuevas, viables y conjuntas. No es una muestra de debilidad ni de falta de valores o principios. Es una muestra de inteligencia y audacia. Otra cosa es que se precise liderazgo, y que una vez adoptada una decisión, ésta se implante con total firmeza y contundencia y afrontando todas sus consecuencias. Pero precisamente un enfoque no tan sesgado puede conseguir esa unión de esfuerzos que hasta ahora no se observa, y que es tan conveniente.

Por tanto, a modo de conclusión, necesitamos menos ego y más capacidad de integración y creación. Me pregunto si las infraestructuras sociales, económicas y políticas de nuestros días están diseñadas para que quienes asciendan a los puestos de mando sean los unos o los otros. Francamente, soy un poco pesimista al respecto.

P.S. Aunque detrás de esta testarudez por la parte alemana en la ortodoxia del BCE y la disciplina fiscal restrictiva, puede que haya un poco o un mucho de puro y simple egoísmo práctico. ¿Acaso no se está financiando Alemania como Estado a unos costes increíblemente bajos en la actual coyuntura? Esta debilidad del euro, ¿no les viene bien a su faceta exportadora, impidiendo una mayor revalorización frente al dólar? Y la desconfianza en los países periféricos de euro, ¿no les está suponiendo un potentísimo flujo de capitales desde esos países hacia ellos? Además, con todo este proceso, son más que nunca la potencia hegemónica de la UE, ya que han “conseguido” desplazar incluso a Francia, que es ya blanco de los dardos de la desconfianza. ¿No estará todo esto afectando a la respuesta germana a los eventos de la actualidad?

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2 comentarios

  1. […] desde un concepto ideológico, no económico ni racional. A esto me refería con mi post “ideologistas“. Este es un ejemplo más. Recuerdo que a Elena Salgado le preguntaron por esos empresarios […]

  2. […] Merkel y los poderes políticos y económicos germanos abandonen su ideologismo acerca del papel del BCE en la actual crisis de deuda de la eurozona, y se rindan al mal necesario […]

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