La ambigüedad de Rajoy con la Ley Antitabaco

La entrevista en Antena 3 a Mariano Rajoy de este pasado miércoles 9 de noviembre (crónica “oficial” aquí), aparte del titular resultón de su sentencia “no me resigno a convivir con 5 millones de parados“, ha trascendido en gran medida porque al candidato popular se le salió un punto de su guión de calculada vaguedad: insinuó que podría relajar la actual Ley Antitabaco que entró en vigor el 2 de enero del presente 2011, que viene a calificar de extremista, para volver a un punto intermedio más cercano a la ley precedente de 2005, en lo relativo a admitir la posibilidad de que en los bares se pueda habilitar recintos para fumadores. No deja de ser sintomático que en todo el relato de A3, el único aspecto de la entrevista que merece una página independiente es precisamente este.

El caso es que puestos a reconocerle a Zapatero algunos logros en su gestión, la Ley Antitabaco suele ser uno de esos hitos positivos más recordados. Para los no fumadores como yo, es un auténtico lujo poder entrar a un bar o a un restaurante y respirar aire limpio. Aparte de la impresión visual que suponía al principio entrar en ciertos locales y no apreciar la nube permanente de humo a la que uno estaba acostumbrado. Y el gusto de llegar a casa y no apestar a tabaco. Especialmente beneficiados somos los padres, que tenemos una preocupación menos a la hora de movernos con nuestros niños, y los trabajadores de la hostelería y restauración, que ya no viven condenados a ser fumadores pasivos con todas sus implicaciones negativas.

Sin embargo, hay que ser justos y reconocer que esta ley tiene un punto muy criticable. Buena parte de su razón de ser era solventar una importante debilidad en esa la anterior ley de 2005, que era aquella que permitía a los locales de restauración cerrados de menos de 100 metros cuadrados a optar por ser locales para fumadores, señalizándolo debidamente. Como sabemos, la inmensa mayoría de los locales pequeños optaron por esta solución, y por ese motivo aquella ley no tuvo todo el alcance que deseaba. Con la norma de 2010, esta opción desaparecía. Pero en lugar de buscar un punto intermedio, hizo desaparecer la opción de tener habilitada una zona de fumadores, convenientemente aislada y con ventilación independiente. De esta manera, los numerosos muchos locales donde se había afrontado un importante desembolso económico para adecuar parte de sus instalaciones para disponer de esa zona de fumadores, veían como en un plazo tan corto dicha inversión se veía inutilizada.

Y no sólo se trata de haber asumido esa inversión previa, sino que la estructura del local tras el establecimiento de esa zona de fumadores no era en muchos casos la óptima, porque los locales no estaban concebidos de origen para esas dos zonas. De modo que muchos empresarios tuvieron incluso que afrontar nuevos gastos para devolver el local a un estado más parecido al original, con zona única.

A esto, yo mismo que a priori estoy de acuerdo con el concepto de la ley, tengo que reconocer que no hay derecho. Porque una vez más se ignora el interés del sector, se desprecia sus intereses (demonizando al empresario), y se parte desde un concepto ideológico, no económico ni racional. A esto me refería con mi post “ideologistas“. Este es un ejemplo más. Recuerdo que a Elena Salgado le preguntaron por esos empresarios de la hostelería y restauración que se veían ahora perjudicados por la ley y por esas inversiones perdidas. A Salgado no se le ocurrió otra cosa que decir que ya estarían amortizadas. ¡Por favor!

Pero hay otras dos razones por las que este tipo de cambios normativos tan discutibles tienen efectos perversos:

  1. Porque transmiten una sensación de inseguridad jurídica y desconfianza en los poderes públicos. Esa impresión permanente que ha generado el gobierno socialista de la improvisación y la rectificación. Hacen una ley en 2005, se dan cuenta de que no les ha salido como querían, y ¡zas! Ley nueva al canto.
  2. Porque benefician a los que no habían cumplido la ley y no habían hecho esa inversión (muchos locales de más de 100 metros cuadrados ignoraron la ley o hacían el paripé con cuatro mamparas). En otras palabras, creas agravios comparativos a favor del que no respeta la normativa, y en vez de castigarle, le premias.

Quiero entonces entender que Mariano Rajoy, lo que pretendía decir en la entrevista con Gloria Lomana, era que buscaría ese término menos extremo que no supo contemplar la ley actual, marcando como norma la del espacio no fumador, y admitiendo como excepción la de pequeños recintos de fumadores, separados y ventilados. Pero como no lo dejó suficientemente claro, da pie a interpretaciones más o menos beligerantes (véase la demoledora y divertidamente maliciosa crónica que hace El País al respecto, con esa magnífica foto puro en mano). Esta cierta ambigüedad de Rajoy es lo que genera: inseguridad, desconfianza, malestar. ¿Os suena? ¿No es lo mismo que criticaba a Zapatero?

Y el caso es que después de un año de vigor de la presente ley, y causados ya los males a los que acometieron las inversiones previas, francamente no veo la utilidad de dar este pasito hacia atrás, aunque hubiera sido correcto en su momento. Ya que tanto el sector como los ciudadanos hemos asumido la realidad, y con bastante menor conflictividad de lo que en principio se pensó, y siendo la ley a rasgos generales un acierto, francamente mejor será dedicarnos a otros menesteres.

Ojalá el candidato del PP aprenda de estos errores, que tanto perjudican a la percepción de su figura e ideario, y que a medida que avanza la campaña, sea un poco más concreto y menos retórico. Más que nada, para ahorrarnos este desasosiego que nos causa a quienes necesitamos estar más convencidos de que toda esta actitud huidiza no es más que consecuencia de esos rasgos de personalidad tan gallegos, y de un planteamiento electoralista mezquinamente conservador de quien sabe que no tiene que ganar lo que el adversario ya está perdiendo solito. Lo crítico es que a la hora de la verdad, que será desde el día 21 de noviembre, los retos de la dura realidad, que son muchos y muy complejos, se afronten sin vacilación alguna y con una visión clara de trascendencia y futuro, no de rendimiento político. Crucemos los dedos.

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2 comentarios

  1. Gracias Daniel por el post. Me pregunto si los hosteleros han tenido perdidas como consecuencia de la ley de 2010, que parecia ser su principal temor……..

    1. Buena pregunta, Mark. Difícil de saber para la gente de fuera. Los hosteleros dirán que les ha perjudicado mucho pero lo que viene a argumentar el artículo de El País cuyo link adjunto en el post es que en realidad ha sido al contrario (que también resulta chocante).
      Me temo que los que sí están viéndose perjudicados son los vecinos de las inmediaciones de los bares de copas, que están sufriendo muchos ruidos por los grupos de personas que salen de los locales a fumar a la calle.
      ¡Un abrazo y gracias por leerme!

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