Una de apuestas (y ojalá las pierda)

Hace ya unos años, un amigo andaluz al que por cierto he perdido la pista, me explicaba que él, que era del Betis, cuando jugaba la quiniela siempre daba a su equipo como perdedores en los partidos. Empate como mucho si lo veía muy fácil. El argumento: “si gana mi equipo, contento; si pierde, al menos tengo el consuelo de la quiniela“.

En esa misma línea, voy a hacer unas apuestas. No me refiero a que Rajoy vaya a ganar las elecciones, que eso no tendría mérito. Voy a contaros mis augurios de cara a lo que el PP va a tener que hacer una vez que esté en el poder, por mucho que quisieran evitarlo (y si me equivoco, mejor que mejor):

  1. Subidas de impuestos indirectos:  a) Subida de impuestos especiales sobre hidrocarburos, sobre el tabaco y sobre las bebidas espirituosas. Como estos impuestos son menos impopulares, esto será fácil. b) Subida del I.V.A. a niveles de entre el 19% y el 21%, en línea con el núcleo de la UE. Esto ya generará más polémica, pero estoy convencido de que vendrá impuesto (valga la redundancia) desde Alemania. Ya veremos si algo más. A lo mejor se aprovecha a gravar más duramente la matriculación de automóviles de mayores emisiones de CO2, por ejemplo. Ya puestos, podrían también aplicar el impuesto sobre las grasas trans, o alguna de forma de impuestos sobre la comida basura. Pero no creo que afinen tanto.
  2. Impuestos directos: me cuesta creer que vayan a bajar como han parecido hacer entrever en el programa. Si acaso ajustarán el tipo del Impuesto de Sociedades para las empresas de pequeña dimensión, pero más por su efecto psicológico que por su impacto real.  En cuanto al IRPF, por mucho que prometan favorecerlo todo (ver mi anterior post sobre el programa económico del PP), vería más factible una subida de tipos por ejemplo a las rentas del ahorro especulativo (por ejemplo, rendimientos por compraventa de valores en plazos muy cortos) que unas rebajas. ¡Que no hay un duro!
  3. Copago sanitario: aunque las competencias de sanidad están transferidas a las CC.AA., como éstas también están muy apuradas, apuesto por una introducción suave del copago (ponle 3 € por consulta y 10 € por prueba médica, por ejemplo), para no hacer demasiado ruido (aunque lo hará, sin duda), y más que por los ingresos que generará, por el efecto de desincentivar las visitas superfluas al médico y rebajar la factura de medicinas. Aparte de eso, más medidas de control en las recetas de medicamentos, dosis más ajustadas a la receta individual y tendencia hacia los genéricos, como ya se está haciendo. Incluso una menor bonificación del precio de los medicamentos para los jubilados que cobren la pensión máxima. ¿Por qué no?
  4. Ayuda con dinero público al sistema financiero: veo difícil evitar la creación de un “banco malo” para salvar al sistema financiero de una crisis sistémica por la mala calidad de los activos inmobiliarios que hay en balance. No sólo para evitar quiebras sino también para reactivar el crédito al sector privado. Espero al menos que sepan comunicarlo bien a la ciudadanía, para que se vea como un rescate a los propios perjudicados más que como un rescate a la banca (en línea con lo que traté de exponer aquí). Lo más delicado va a ser la parte de riesgos relacionados con suelo por el que se pagó caro y que ahora no vale nada, promociones abandonadas antes de su conclusión, o casos como el disparate del aeropuerto de Ciudad Real. No habiendo un beneficiado individual privado sino siendo la propia banca la favorecida por ese rescate, se podrá discutir mucho del “riesgo moral”.
  5. Renegociación de las primas a las energías renovables: ha habido una auténtica “barra libre” en este sentido, y aunque hay unas primas garantizadas a largos periodos de tiempo, no me extrañaría que se tratara de pactar con las patronales correspondientes algunos ajustes en los sistemas de primas, para reducir su carga al sistema y mitigar así el déficit tarifario. Habrá entonces “daños colaterales” (propietarios de pequeñas instalaciones a los que no les saldrán las cuentas), lo que generará tensiones, pero es que el legado socialista en este sentido no es precisamente bueno.
  6. Salarios de funcionarios: es significativo que el programa electoral no toca el tema. Imagino que no se querrán bajar más, pero sí que se congelarán, lo cual ya de por sí supone un ajuste, si bien, en un entorno de previsible baja inflación, no sería tan relevante. Y no sería de extrañar que se introduzcan mejoras en el control del absentismo, el fomento de la productividad y la movilidad funcional, todo lo cual sería recomendable. ¿Se romperá el tabú del despido, que estaría justificado si se detectan duplicidades? Imagino que no, ya que hay muchos empleados públicos que no son funcionarios (más sobre esto aquí).
  7. Educación: me cuesta mucho creer que se vayan a hacer grandes ajustes en esta partida, vista su impopularidad. Otra cosa es que se eleven las matrículas para la enseñanza superior, al hilo de lo que se ha hecho en otros países. Sin embargo, no creo que un gobierno del PP meta mano a la financiación de la enseñanza concertada, siendo uno de sus públicos votantes más evidente.
  8. Pensiones: no creo que se rebajen, ni siquiera que se congelen, pero otra cosa será que se extienda el periodo de cómputo para pensiones hasta la totalidad de la vida laboral. A eso le veo más posibilidades. Y en cuanto a la jubilación, no creo que todavía planteen llegar a los 68-69 años, aunque lo que no sería de extrañar es que se empiece a sacar el tema.

En fin, que como no se ha querido decir en la campaña lo que se iba a hacer, por miedo a poner en riesgo los votos, tocará dar la cara más adelante. ¡Y se acaba el tiempo! Más aún, dada la extrema irresponsabilidad del gobierno de Zapatero de dejar al país huérfano de presupuesto para el año que viene, lo que habría tenido algo de defensa de haberse adelantado las elecciones a septiembre o primeros de octubre, pero no a finales de noviembre lo que no deja margen a constituir nuevo Gobierno hasta muy finales de año.Nos dirán, con toda la razón sin duda, que las cuentas que se han encontrado son aún peores de lo esperado, y que ya que han prometido por encima de todo respetar la estabilidad y el control del déficit público, se ven obligados a realizar ajustes aún más duros de los abiertamente expuestos en la campaña electoral. Porque con el paro todavía creciendo, recesión global que puede perjudicar a las exportaciones, y el grifo del crédito más que cerrado, lo que no puede ser es equilibrar las cuentas por el lado de lo que suma, los ingresos. Toca meter mano y brazo a las partidas de gasto.

Me ha llamado la atención que Rajoy haya concedido una entrevista a El País y a continuación a la SER con apenas un día de margen para el final de campaña, sabiendo que es jugar en territorio enemigo, y que el mantra de la confianza no les va a valer. Con Zapatero sí se aplaudía eso del patriotismo y arrimar el hombro, pero al contrario no se le toleran estas tonterías. El periódico de Prisa desde luego ha pegado duro en su portada del diario, atacando por uno de los escasos flancos que ha dejado desprotegido D. Mariano, el de la Ley de Dependencia. Aunque no deja de ser una inmensa paradoja (grotesca, diría yo) que se le critique al PP por no dar desarrollo a una ley que es responsabilidad del PSOE y que ha sido uno de sus más sonoros bluff. Y mira que era buena idea. Ya podían haberle dedicado más fondos que a la Alianza de Civilizaciones. Pero está claro que si los propios promotores no sacaron fondos para ello, y le pasaron el muerto a las CC.AA., difícilmente se va a resolver la papeleta en las circunstancias actuales. Ahora, no nos vamos a sorprender: por demagogia que no quede. Sin novedades en el frente.

El caso es que como suele ser habitual en el periódico filo-socialista, la entrevista es de gran calidad (si bien se puede leer la tensión existente entre entrevistador y entrevistado) y me gusta que le discutan al candidato popular el hecho de que no se nos presente ya públicamente al futuro ministro de Economía. ¿Qué pasa, que si se revela, ya “los otros” dejarían de apoyar con el necesario entusiasmo? Aunque se comentaba estos días que podría ocurrir que el ministro venga señalado a dedo desde el exterior (González-Páramo, ex-BCE), en un toque tecnocrático que fuera bien recibido por Bruselas y Berlín, pero que imagino que generará menos entusiasmo en la calle Génova. En fin, es lo que toca.

El caso es que menos mal que el día de hoy, habiéndose tocado los 500 puntos básicos de prima de riesgo, no ha sido después de las elecciones, porque si no nos habríamos encontrado con comentarios del tipo “Los mercados piden la dimisión de Rajoy“. Son tiempos difíciles. Como me decía hoy mi hermano, Rajoy a lo mejor se habrá preguntado en algún momento si le dejarían retirarse y dejarle el papelón a otro, porque ¡menudo panorama!

Ojalá Merkel y los poderes políticos y económicos germanos abandonen su ideologismo acerca del papel del BCE en la actual crisis de deuda de la eurozona, y se rindan al mal necesario (la intervención contundente del banco central como prestamista de último recurso) para evitar una catástrofe económica. Comprendo que están ejerciendo una autoridad paternalista y pretenden asustarnos y mucho para que los países periféricos nos apliquemos de una vez por todas una rigurosa disciplina de gasto, pero están tensando demasiado la cuerda. ¡Ay de nosotros si se rompe!

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