Satisfechos pero sin triunfalismos

Parece que finalmente las encuestas preelectorales no han ido muy desencaminadas en esta ocasión, y el PP ha ganado las elecciones generales con una holgada mayoría absoluta, al tiempo que el PSOE se ha visto fuertemente castigado, encontrando y rebajando su suelo electoral. Es también reseñable el éxito electoral de Amaiur (cabe preguntarse si el grado de libertad en sus votos es siempre pleno, algo de lo que yo y supongo que muchos dudamos), la mayor justicia que hace el reparto de escaños a IU (pasa de 2 a 11 escaños sin llegar a doblar votos, debido a la importante caída del PSOE y su impacto a razón del método D’Hondt), la subida de CiU que les mantiene como tercera fuerza política, y la presencia mucho más relevante de UPyD (aunque sigue penalizándoles el sistema de circunscripciones provinciales y con más votos que CiU tiene la tercera parte de escaños). Me gustaría por cierto saber qué sensaciones se tienen entre la gente del PNV y del PSE al comprobar que han sido adelantados por los proetarras. Justicia poética.

No soy precisamente sospechoso de ser un acérrimo seguidor de Rajoy y su cúpula, como ha quedado claro en mis entradas anteriores, pero sin embargo estoy satisfecho porque cualquier resultado diferente de esta mayoría absoluta habría sido catastrófico, especialmente en cuanto al mensaje que estaríamos transmitiendo al exterior. Con un PSOE insistiendo en la preservación a toda costa del Estado del Bienestar sin ningún tipo de recorte, y proponiendo una moratoria en las reformas de un par de años, una mayoría no absoluta se habría interpretado como una falta de conciencia colectiva en el pueblo español en cuanto a la necesidad de acometer las necesarias reformas para poder seguir en la cabeza de Europa y solventar su crisis de deuda, ganándose el derecho al apoyo firme del núcleo franco-alemán (hoy por hoy, más de Merkel que de Sarkozy, la verdad). Además, una mayoría no absoluta habría implicado la necesidad de hacer concesiones a fuerzas nacionalistas, lo que no sólo habría perjudicado la capacidad de profundizar en las reformas, sino que habría tendido a provocar crecientes tensiones territoriales por los inevitables agravios comparativos. De hecho, creo que ese escenario con mayoría simple habría sido en parte una papeleta envenenada para CiU, como candidato principal a ser socio de gobierno, porque nadie querrá ser cómplice de ciertos tijeretazos que van a resultar ineludibles.

Pero ni entre la cúpula del PP ni entre sus votantes se debe caer en triunfalismos. Por tres motivos principales.

Primero, porque la situación sigue siendo crítica, y no hay un minuto que perder en celebraciones. Desde un punto de vista de marketing político y de imagen exterior, lo hábil es que Rajoy se muestre serio, que manifieste ante todo sentido de la responsabilidad ante el mandato recibido para enderezar la economía, y si queremos transmitir confianza en cuanto a la firme decisión de ser austeros, qué mejor ejemplo que serlo en la victoria.

Segundo, porque no hay que perder la perspectiva: en estas elecciones, muchos han votado PP como mal menor. Votantes defraudados del PSOE que se rinden a la evidencia de que sólo un gobierno fuerte puede tirar para adelante y ese gobierno era el de la candidatura de Rajoy. Votantes desencantados del PP que habrían estado tentados de abstenerse o votar UPyD u otras opciones, pero que finalmente han votado en azul por la teoría del voto útil. Indecisos que se han animado también por este mismo motivo. Y al mismo tiempo, votantes del PSOE que no queriendo votar PP, tampoco han votado a Rubalcaba como voto útil de oposición, sino que se han decantado por IU, UPyD u otros. Como todos sabemos, Rajoy no es precisamente un líder inspirador ni tampoco se ha llevado a cabo una campaña valiente, de mensajes y propuestas concretas. La mayoría absoluta es casi más producto de la debacle socialista que del triunfo popular.

Tercero, porque debemos abandonar la política de confrontación que siguió Zapatero y su denostable memoria histórica, esa memoria tan selectiva que nos devolvió al guerracivilismo y a aflorar odios enterrados hace tantos años de trabajada transición democrática. Son muchos los votantes del PP que echaron a llorar en 2004 con el vuelco electoral tras los atentados del 11 de marzo, y que luego asistieron frustrados a la campaña electoral de la reelección de Zapatero en 2008, y su mentiroso eslógan de “por el pleno empleo”, cuando ya se avistaba la crisis, con aquel clímax en el frustrante debate entre Solbes y Pizarro donde aquél ganó a éste a base de mentir conscientemente pero con tremendo y maquiavélico dominio de las artes políticas. A todos esos votantes que hoy se embriagan de éxito y alegría, hay que recordarles que es una ocasión magnífica para dar una lección de inteligencia y de valores democráticos, y que es muy importante implicar a todos en este proyecto reformista. La mejor forma de hacerlo es no mofándose, no insultar, no restregar la victoria y sus números, no entrar en la dinámica de vencedores y vencidos. Como alguno ha apuntado con gran acierto (@Luis_BitsCents en Twitter), Papandreou también fue elegido con mayoría absoluta hace dos años, así que mejor manejarse con prudencia.

Le queda un arduo camino por delante a Rajoy. Esperemos ahora que sepa elegir a un equipo profesional, competente y experimentado, y que él como capitán tenga la decisión y la capacidad de sacrificio necesario. Aunque es muy posible que si hace todo lo que tiene que hacer, le esperen momentos de tensión social, y ponga en peligro su continuidad futura. Pero por favor, por una vez en la vida, confiemos en que no se trabaje desde el primer día pensando ya en ganar las siguientes elecciones. Quiero creer que D. Mariano preferirá asegurarse un lugar meritorio en los libros de Historia. Por lo menos tiene claro el referente opuesto. Seguro que no quiere acabar como Zapatero, repudiado no sólo por los votantes en general, sino incluso por la inmensa mayoría de los suyos.

Por último, y al hilo del equipo de Rajoy, un comentario sobre la tecnocracia. Ya se ha visto que tanto en Grecia como en Italia se han impuesto gobiernos tecnocráticos, entendiendo como tales a aquellos que están regidos por personas de alto nivel de formación y especialización, y solvente experiencia profesional alejada de la política. Se está hablando de una renuncia a la democracia, de la imposición de una oligarquía y de una creciente brecha entre la sociedad civil y los poderes públicos. Se pueden leer incluso teorías según las cuales toda la crisis actual de la deuda en la eurozona es una gran conspiración de los poderes financieros para hacerse con el control del poder político y de las grandes empresas de la economía real, ahogando a Estados y particulares e imponiendo cadenas. Forzando al propio pueblo a aclamarles como salvadores cuando ellos mismos son los culpables de sus penas.

Yo, que tiendo a ser demasiado receptivo a las teorías de la conspiración, tengo sin embargo que mostrar mi total rechazo a estos planteamientos. En un consejo de administración de una empresa, si nos dieran a elegir entre un candidato a consejero delegado que tiene una carrera universitaria superior, más un master, más veinte años de contrastada experiencia en diversas empresas de primer orden, o incluso en instituciones docentes de gran reputación, y un joven de escasa preparación y dudosa experiencia, no habría duda. Bueno, en realidad esta elección nunca llegaría a plantearse porque esta situación sería imposible de producirse en el mundo de la empresa. Hay filtros previos. Sin embargo, en el campo de la política, uno de los males necesarios de la democracia es que todos tenemos derecho a ser presidentes del Gobierno. Lo que ocurre es que no debería ocurrir que personas de perfiles tan discretos como el de nuestro presidente saliente hayan llegado tan alto. Pero incluso aunque sea así, al menos deberíamos exigir que se rodease de ministros y secretarios de estado de primer orden, porque al fin y al cabo, una cosa es quién ponga la fachada, y otra es quién tome las decisiones y quién las ejecute. Si al menos Zapatero hubiera seleccionado un equipo de primer nivel (y conste que gente como Solbes lo era), y les hubiese hecho caso, en vez de dedicarse a la demagogia, el ideologismo y el voluntarismo, otro gallo cantaría ahora mismo.

De modo que siguiente estación: composición del Gobierno. Esperamos noticias ansiosamente. Por favor, cuanto antes, y buenas. De momento, el discurso de Rajoy que acabo de escuchar hace unos instantes, va en la buena línea. Que siga así.

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4 comentarios

  1. Me gusta mucho tu exposición, y estoy totalmente de acuerdo (personalmente, en el segundo punto sobre todo). Creo que es fundamental ser justo y objetivo por encima de las ideas políticas de cada uno, y Solbes no merece equipararse con el resto de tarugos de esta legislatura.

    1. Jaime · · Responder

      Ciertamente nadie merece ser equiparado con Pedro Solbes, el ministro de Economía y Hacienda que casi impide nuestra entrada en el Euro en su primera etapa 1993-1996, y que casi consigue sacarnos de Europa (todavía está por ver que no lo haya conseguido) durante su segunda etapa (2004-2009). Por suerte, no hay otro igual.

      1. No digo que lo hiciera bien, pero por lo menos parecía alguien preparado…¿o preferías a Elena Salgado?. Aunque ya da igual, en todas partes cuecen habas, a ver cuánto tardan en ponernos de alcaldesa a la Botellita de los cojones, ser repugnante fascistoide y prehistórico donde los haya…

  2. Solbes técnicamente es un economista de reconocido prestigio, pero cada vez que ha tenido una responsabildaid política en España, el resultado de su gestión, en ocasiones como en el periodo 2004-2009 por incapacidad/imposibilidad de hacer valer su criterio, no ha obedecido a ese prestigio.

    De todas formas, aunque ideológicamente me encuentro más próximo al PP que al PSOE, creo que si se analiza la gestión del PP en muchas comunidades autónomas y ayuntamientos (Madrid, Valencia, Castilla la Mancha desde el 22-M, etc.) hay motivos para la preoucpación y para dudar de las palabras de Rajoy. Vamos que haya donde ha gobernado el PP en muchos casos no ha hecho precisamnete lo que dice Mariano que va a hcer con España.

    Y creo que los resultados en País Vasco y Cataluña son también inquietantes.

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