La hora del liderazgo

El liderazgo es un concepto muy rico en matices. Me gusta cuando se distingue liderazgo de autoridad, poder o mando. No es lo mismo tener un jefe que tener un líder. Creo que todos entendemos la diferente connotación y al mismo tiempo resulta difícil dar la receta mágica para adquirir esa condición de líder. No sólo es cuestión de carisma; puede también ser fruto de la sabiduría reconocida, o del prestigio de una trayectoria previa, o una legitimación fuera de toda discusión.

Estamos viviendo un momento muy importante en nuestra historia. Sumidos en el ojo del huracán, en plena crisis financiera, y cuestionándose nuestra integridad económica, la sostenibilidad del Estado del Bienestar y la construcción europea tal y como se ha concebido en las décadas recientes. En este contexto, acabamos de elegir a nuestros representantes legislativos, quienes en breve (en más tiempo de lo que quisiéramos, por cierto) investirán a Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno.

De modo que Rajoy será políticamente quien lidere el país (aquí técnicamente no podemos decir que sea el jefe, porque el Jefe de Estado sigue siendo el Rey, aunque ya sabemos que es una cuestión más nominativa y simbólica que práctica), pero la gran cuestión es qué tipo de liderazgo ejerce. Sabemos que no es una persona particularmente carismática, ni tiene fama de sabio ni tampoco un currículum fuera de toda duda (luces y sombras en el pasado). Pensemos que fue designado a dedo como su sucesor en septiembre de 2003 por el José María Aznar más despótico y alejado de la realidad, de manera totalmente personalista y autoritaria. Y pese a perder dos elecciones generales seguidas, ha conservado su mando en el Partido Popular, hasta llegar a las presentes elecciones, en las que me vais a perdonar que me repita, pero más que ganar lo que ha hecho es saber capitalizar los fracasos de Zapatero. No obstante, su victoria ha sido tan clara, que nadie duda de su legitimidad democrática. De modo que debemos concederle ese rango de líder.

Hay que saber reconocerle a Rajoy su resiliencia, su habilidad para no entrar en conflictos abiertos con ninguno de sus potenciales enemigos internos, su calculada ambigüedad, sus dotes parlamentarias, y su capacidad para establecer a su alrededor una auténtica guardia pretoriana que le ha blindado de los adversarios de partido. Al mismo tiempo, en el PP los hipotéticos adversarios internos se fueron anulando mutuamente (con especial notoriedad en el caso de la guerra fratricida entre Gallardón y Aguirre, y la sumisión del primero al gallego, que le convierte en un claro ministrable, mientras que la díscola Esperanza se queda apartada). Por añadidura, lo que resulta evidente es que todos en el partido tienen muy aprendida la lección de la unidad: siendo la derecha ligeramente minoritaria como opción de voto en términos de espectro político, la única manera de tener éxito electoral es manteniendo una única cabecera potente y evitar la dispersión, tan penalizada por el sistema electoral vigente.

Lo cual nos lleva al momento actual. Se ha dicho que Rajoy será mejor presidente del Gobierno que líder de la oposición. Y  efectivamente es la sensación que transmite D. Mariano. Su discurso del pasado domingo fue muy institucional y convincente. Pero el caso es que ese liderazgo lo tiene, primero, que ejercer, y segundo, que consolidar.

¿Qué tipo de líder será Rajoy, ahora que tiene el poder? Se suele decir que hay tres tipos de ejercicio del liderazgo:

  1. El líder autócrata, ya sea en negativo (líder déspota o dictatorial), imponiendo sin más su criterio y despreciando las opiniones de los demás, o en positivo (líder paternalista), que escucha de modo condescendiente pero de todas maneras toma sus decisiones personales y autónomas.
  2. El líder participativo, que tiene en auténtica consideración las opiniones de su equipo a la hora de tomar las decisiones, y les implica en su ejecución.
  3. El líder delegativo, que define las estrategias fundamentales y descarga en su equipo las diferentes tareas de mando y se concentra en la supervisión, organización y coordinación.

(Luego estaría el no-líder que ni toma él las decisiones ni las deja tomar (¿os suena?), pero esto no me lo quiero ni plantear en las circunstancias actuales).

Se suele decir que en momentos de crisis de las organizaciones, un líder autócrata es el más efectivo porque es el más rápido en tomar decisiones e implementarlas. Un poco lo que están haciendo Merkel y Sarkozy, poniendo la cara y la voz a todas las decisiones de sus Gobiernos. Lo cual nos llevaría a reclamar en Rajoy a una especie de Aznar que marcara una línea de actuación personalista. El caso es que no termina de parecer su estilo. Aunque el caso es que dada la ambigüedad del personaje, yo al menos no tengo muy claro cuál va a ser su línea de actuación.

Lo indudable es que hay un auténtico clamor ahora mismo por que Rajoy comience ya mismo a tomar el mando de la situación. Aunque según el calendario legal, no está prevista la constitución de las nuevas Cortes Generales hasta el 13 de diciembre, lo que hará según ha indicado María Dolores de Cospedal que difícilmente se podrá constituir Gobierno antes del 23 de diciembre. Pero entre tanto, hay muchas cosas que se pueden hacer para transmitir confianza, seguridad y anticipar medidas. Lo primero que se está reclamando con la máxima urgencia es que se adelante cuál va a ser el equipo económico del Gobierno: Ministro y Secretarios de Estado. Y me resulta incomprensible que no se esté dando hoy mismo esta información. El titular que dejó ayer González Pons (“nombrar ya ministro de Economía sería devaluar al recién elegido Presidente”) me parece sencillamente indefendible. Muy al contrario, el gesto de Rajoy adelantando este nombramiento, que no corre ningún peligro vista la holgada mayoría absoluta con la que cuenta, habría servido para varias cosas:

  1. Demostrarnos que tiene una hoja de ruta nítida, detallada y concreta, y que se la guardó durante la campaña electoral simplemente por motivos de marketing político.
  2. Discernir si va a optar por perfiles más tecnócratas o más políticos (de González-Páramo a Cristóbal Montoro, pasando por Luis de Guindos, Jaime Caruana, Francisco González o Josep Piqué).
  3. Evitar especulaciones sobre si ese equipo estaba ya trabajando en el diseño de la política económica de España desde hace tiempo o si hasta ahora sólo se ha concentrado en ganar el poder como principal objetivo.

Todo esto es muy serio. Quiero pensar que esa hoja de ruta existe, que como sabían que la victoria estaba garantizada, ya se ha estado trabajando en diseñar el futuro inmediato del país, y personalmente prefiero que se opte por un perfil más técnico que político, no sólo en esta cartera sino en todas. Lo que sería tremendamente desmoralizador es que Rajoy hubiera jugado a la ambigüedad incluso puertas adentro, para no dejar de contar con el pleno compromiso de todos los ministrables en el juego político de las elecciones.

Hay mucho por hacer, y cuando Rajoy pidió, posiblemente de manera improvisada, “más de media hora” de tregua (en lugar de los clásicos 100 días de gracia) al nuevo Gobierno, estaba siendo agorero, porque ya hemos visto que poco más le han concedido los mercados financieros. Es el momento de evitar especulaciones y empezar a ejercer el liderazgo con contundencia. Yo personalmente prefiero un líder delegativo que se sepa rodear de auténticos números uno en cada parcela, y que marque una estrategia clara y ejerza una minuciosa supervisión. Pero si tiene él que tomar las riendas personalmente, bendito sea, mientras que lo haga. España no se puede permitir el lujo de volver a tener un gobierno vacilante, dubitativo y dedicado a lanzar globos sonda y revisar encuestas. Muy al contrario, el mandato es claro: reformas estructurales profundas y desde ya. Pues lo dicho: ya es hoy. Como dice el refrán: no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

 

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Un comentario

  1. Creo que todos esperamos por nuestro bien propio y el de España, que sea un buen líder.
    Hay que reconocerle como apunta, que ha sabido jugar muy bien sus cartas y alinear a un partido con demasiado afán de protagonismo particular. También que el discurso del domingo fue muy acertado.
    Dicho lo cual, creo que tiene que actuar con firmeza y contundencia, pero sin acelerarse. Demosle esa media hora que ha pedido y tengamos fe, de que va a estar a la altura.
    Parafraseando a Star Wars: “Obi Rajoy, eres nuestra última <>…!” (anda que no me ha quedado irónico ni nada….)

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