¿Es ética la rentabilidad?

Voy a darle ahora la vuelta a la tortilla respecto a mi anterior artículo, y os invito a una reflexión sobre si es ético obtener un beneficio económico de la actividad de un trabajo personal o de una empresa.

Obviamente no os hace falta que os diga que pienso que por supuesto que la respuesta es . Pero la pregunta no es del todo retórica, porque una de las realidades que vive el empresario español es que hay una especie de cultura colectiva de culpabilidad en lo relativo al beneficio. Uno percibe cierta hostilidad hacia el empresario.

Aparte de cuestiones políticas e ideológicas que subyacen en este rechazo, en cuanto a la idea de que el mundo más justo sería aquél en el que se comparte todo y no hay beneficios ni pérdidas individuales, hay mucho de envidia en este rechazo. Ya hablé de la problemática de ese deporte nacional que es la envidia en un post anterior. Que otros ganen dinero despierta en las personas esta emoción que se puede enfocar de manera positiva/constructiva o por la vía negativa/destructiva. Ésta última es la que despierta el rechazo y la oposición moral. Yo prefiero optar por la primera, que consiste en que al ver que una actividad genera beneficios, lo que nosotros empezamos a pensar es en las oportunidades que tenemos enfrente de nosotros para hacer algo en la misma línea. Es el enfoque positivo necesario para canalizar correctamente esa emoción. Y le da una dimensión ética a la rentabilidad de una actividad.

Es tan evidente que no quiero entretenerme en ello: una persona tiene derecho a ganar dinero ejerciendo una actividad, de la misma manera que una empresa tiene derecho a generar un beneficio de la misma manera. Se tiende a objetar que el beneficio de una empresa no se colectivice entre sus empleados, sino que el empresario o accionista se apropie de ellos. Pero la contraargumentación es evidente: es el propietario o el accionista el que ha arriesgado su capital en la constitución de la empresa, y el que ha renunciado al uso presente de esos recursos para invertirlos en una actividad, y tiene todo el derecho legal y moral a obtener un retorno a cambio.

Pongamos un ejemplo. Supongamos que una persona gana el gordo de la Lotería de Navidad con dos décimos, y le tocan 800.000 euros. Podría echar cuentas, y pensar: “si tengo 40 años, vamos a suponer que vivo hasta los 90, entonces me da para 16.000 euros al año“. Se guarda el dinero, sigue trabajando con normalidad, y tan contento, porque su renta disponible ha aumentado significativamente con lo que podrá tener un mejor nivel de vida. O bien piensa: “con parte de este dinero, voy a montar un negocio“. ¿No es acaso ético que si invierte ese dinero en montar un negocio, lo haga con la expectativa de ganar más dinero y vivir mejor aún? Por supuesto. De paso, creará puestos de trabajo y riqueza, con lo que no sólo gana él, sino también la sociedad.

En línea con lo que decía antes, cuánto más beneficio obtiene una empresa, más deberíamos alegrarnos. Porque si existe beneficio es porque la empresa genera un valor añadido, que se plasma en unos precios que sus clientes o consumidores están dispuestos a pagar y que generan un excedente frente a los costes. Es lo bonito de la economía: no es un juego donde uno más uno suma dos, sino que puede sumar tres y así vamos progresando y mejorando todos.

Cuando mayor sea ese valor añadido, más oportunidades habrá, por un lado, para que la empresa crezca, genere más actividad, empleos y riqueza, y por otro lado, para que otros agentes económicos decidan entrar en ese mercado o actividad para obtener su dosis de rentabilidad. En otras palabras, cuanto mayor valor se genere, más tendencia a que se incremente actividad y empleo. ¿No es eso a lo que más aspiramos hoy en día, especialmente en momentos de crisis? ¿Por qué entonces parece que ahora es cuando está peor visto que a un empresario le vaya bien? ¿Por qué siempre habrá quien dé por hecho que está explotando a sus trabajadores?

Al final lo que estoy tratando es del concepto mismo del capitalismo, que pienso que ha demostrado ser en la práctica el más eficiente sistema económico desde el punto de vista de mejorar las condiciones de vida en general de la población. Con sus errores y sus miserias, pero como mínimo es el sistema menos malo. Aunque no, yo de hecho pienso que es bueno, porque premia la ilusión, la innovación, la creación de valor, el ahorro, el sacrificio, la renuncia al presente en aras del futuro. Ciertamente, para que funcione adecuadamente, se precisa de un marco en el que exista una seguridad y una legalidad, en el que se defienda y fomente la presencia del mayor grado de libre competencia, y en el que existan unos controles y unas regulaciones mínimas para impedir abusos no sólo de competencia, sino en materias de respeto a los derechos humanos, a la salud y seguridad de trabajadores y de consumidores, y del entorno y el medioambiente. Y también es positivo que exista una cierta redistribución y un sector público que garantice unos niveles mínimos de bienestar a toda la población. Pero qué lástima que aunque es cierto que vivimos en un sistema capitalista donde se defiende la propiedad privada y una amplia libertad del ejercicio económico, se peca de un alto grado de intervencionismo, exceso de regulación e incluso en demasiadas ocasiones de dobles o triples imposiciones que son casi expropiatorias.

Actualmente, se incide mucho en la necesidad de despertar un espíritu emprendedor para reactivar la economía y el empleo, primero por movilizar a muchos parados a desarrollar su propia actividad, y segundo porque una vez creadas esas nuevas empresas, se generarán puestos de trabajo de asalariados, pasando del actual círculo vicioso de la depresión y destrucción a un círculo virtuoso de actividad creciente. Pues lo primero a hacer es rehabilitar culturalmente la figura del beneficio.

Dicho esto, y como la realidad no es sólo de blanco y negro, hay matices que darían mucho que pensar. Por ejemplo, si lo ético es que la empresa reparta beneficios de una forma u otra entre sus empleados. Claro que al mismo tiempo habría entonces que plantear las medidas de flexibilidad en los salarios, de manera que igual que nos planteamos ese reparto de beneficios, se considere un reparto de pérdidas. Lo cual ya no estaría tan claro a ojos de muchos otros. Parece entonces que una empresa con beneficios es por el arduo trabajo de sus empleados mientras que las pérdidas se deben a la incompetencia de sus gestores. ¿No os chirría este planteamiento? Sin embargo yo lo veo muy representativo del “ideario obrero” que impera especialmente en el modelo sindical español.

Al final, el empresario es el que ha invertido su capital, ha apostado por unas ideas, unas estrategias y unas políticas, y él tiene toda la legitimidad material y moral para asignar la remuneración que crea conveniente a sus recursos humanos. En un mercado productivo y laboral competitivo, la empresa tendrá que buscar un equilibrio de remuneración que le permita mantener a sus empleados y que no se vayan a un competidor ni monten otra empresa por su cuenta, y también considerará un esquema salarial que genere un suficiente grado de motivación. Estoy de acuerdo en que exista una regulación de mínimos para evitar abusos, pero de mínimos razonables. Porque siempre es mejor una oferta de trabajo con baja remuneración que el que no exista ninguna oferta. Al fin y al cabo, el trabajador es libre de aceptar el trabajo, y también tiene más libertad para dejarlo que el empresario para despedirle. Los poderes públicos tenían que dedicarse más a crear las condiciones propicias para la creación de las empresas y el empleo, que a prevenir esos abusos que se da por hecho que el empresario va a practicar en cuanto le dejen oportunidad.

Resumiendo, sí considero legítimo y deseable que las empresas y los profesionales obtengan una rentabilidad y ganen dinero, y por eso tenemos que rehabilitar el concepto ético de este beneficio.

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3 comentarios

  1. El problema es que España no es un pais de emprendedores, es un pais de opinadores profesionales con mentalidad funcionarial y de asalariados. Yo soy emprendedor, ayudo a la gente a tener su propia empresa en una actividad sin riesgo económico con un gran potencial. Busco gente que quiera ganar dinero… y me cuesta mucho encontrarlos.
    Nosotros desarrollamos nuestra actividad en una indústria donde la creación de sinérgias entre las personas genera beneficio para todos. Estamos en el siglo XXI. Hoy emprender es fácil, pero aún en épocas de crisis hay mucha gente acomodada que no tiene ganas de trabajar. Quizás estos son los que ven mal que a otros nos vaya bien en nuestra empresa, porque tienen envidia de ver que algunos queremos trabajar y prosperar sin depender de un tercero.

  2. […] presunción de culpabilidad del empresario y la demonización del concepto del beneficio (como ya comenté tiempo atrás al hablar de si es ético ganar dinero), y por ese motivo la legislación laboral tiene un enfoque muy negativo a mi juicio. No digo que […]

  3. […] como a todo empresario? Como en su día comenté,  es una lástima que se cuestione tanto la ética del hecho de buscar una rentabilidad de tus bienes y actividades, cuando en realidad es la base de la creación de riqueza, el empleo y […]

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