Valorando el trabajo de los demás

Hace unos meses, un cliente solicitó mi colaboración en el diseño de unos equipos que necesitaban montar con gran urgencia. Me explicaron la funcionalidad deseada, me mostraron su concepto de diseño original, y aunque la idea en esencia era la adecuada, les hice ver que había una alternativa que permitía conseguir el mismo objetivo pero con un ahorro en costes de un 40%. Como no lo tenían del todo claro, a petición de ellos les envié unos planos de detalle de lo que yo había concebido, así como la oferta económica para la ejecución del trabajo dentro del plazo récord solicitado.

Cuál fue mi sorpresa cuando un par de días después, en lugar de recibir un pedido para el suministro de los materiales diseñados por mí, me llega una licitación formal en la que se encuentran mis planos, pero con el logotipo de la empresa eliminado. Me pongo en contacto con el ingeniero del proyecto, quien me tranquiliza diciendo que se trata de una cuestión de formalidad de cara a una eventual auditoría. El caso es que les reenvío la oferta ya proporcionada, y a los dos días empiezo a interesarme por ella, sabedor de la teórica urgencia de los  materiales.

Tras una semana de “marearme”, finalmente me informan de que les llegó otra oferta más económica, y que lo lamentan mucho pero han optado por mi competencia. Imaginad mi frustración. Después de invertir horas de trabajo, proponer un diseño que les ahorra un 40% del coste, y así me lo pagan: apropiándose de mi desarrollo sin ningún tipo de compensación a cambio.

¿Injusto, verdad? Lamentable.

El caso es que me imagino que similar grado de frustración sentirán muchos artistas y muchos integrantes de la industria discográfica y cinematográfica ante lo que se ha convertido en el pan nuestro de cada día: las descargas ilegales de productos culturales.

Hemos vivido el pasado viernes 2 de diciembre un episodio que sirve como patético colofón de la segunda legislatura de Zapatero, con la Ley Sinde siendo rechazada in extremis en el mismo Consejo de Ministros que según la prensa de esa misma mañana iba a aprobarla, con el visto bueno tácito del futuro presidente, Mariano Rajoy. Según se ha filtrado, y pese a que Zapatero estaba decidido a aprobarla -al fin y al cabo, era uno de los proyectos clave de esta legislatura-, finalmente se montó bronca y se impuso el comentario de José Blanco en cuanto a que esta ley generaría un gravísimo daño electoral al PSOE. Vamos, que para qué lo vamos a aprobar nosotros; el marrón para el siguiente.

No es que me convenciera del todo el planteamiento de la Ley Sinde y el cierre exprés de las páginas webs de enlaces, pero lo que está claro es que vivimos una enorme anomalía en la que se ha perdido todo el respeto a la propiedad intelectual, es decir, al trabajo de los demás. ¿O qué pasa, que cuando lo que uno hace es algo físico, tiene valor, pero cuando es algo inmaterial, no lo tiene?

Tampoco es que esto sea nuevo. En la industria de la informática, siempre se ha dicho que en general, pero sobre todo en España en particular, tradicionalmente concedemos valor al hardware pero no tanto al software, y por eso el índice de piratería en éste es increíblemente alto. Cuando en realidad el software (el qué y el cómo) es más importante que el hardware (el dónde y el mediante). Quizá ahora están empezando a cambiar un poco las cosas, pero lentamente.

Hemos vivido en los últimos años una auténtica explosión de la cultura gratis. Lo cual está muy bien desde el punto de vista del consumidor, pero no hace justicia con los creadores, ni tampoco con la industria. Y sí, defiendo a la industria. Aunque quizá han pagado ahora los excesos de otras épocas, con precios excesivamente altos de los discos y las películas. Pero hacen un trabajo que merece ser compensado, y tienen un papel vital para la difusión de la cultura. Ojo que la industria no sólo es la parte de la creación y la producción, sino también la distribución y venta al público final. Son muchas actividades y muchos puestos de trabajo.

Ahora bien, sí que hay que reconocer que el fenómeno de las descargas ha tenido algunas ventajas:

  • Ha servido, con particular intensidad en el caso español, para promover la penetración de internet en los hogares españoles. ¿Cuánta gente dio el paso de pagar la cuota del ADSL sólo por descargarse la música y las películas? ¿Y cuántos están ahora ya enganchados y no podrían prescindir de internet aunque les quitaran las descargas? Otra cosa, evidente, es que al final los grandes cómplices y beneficiarios de todo este fenómeno son las compañías de telecomunicaciones (Telefónica y compañía).
  • Le ha “puesto las pilas” a la industria discográfica y cinematográfica y al sector de la distribución de la cultura, de manera que a día de hoy un CD cuesta prácticamente lo mismo que hace 20 años, y te dan más por lo mismo.
  • Ha sido un incentivo para la innovación en el caso de la cinematografía (el 3D, por ejemplo), para la mejora de las salas de cine, y en el caso de la música ha movido a los artistas a intensificar su actividad de giras y conciertos, porque hoy por hoy son una fuente de ingresos más importante que la venta de discos.
  • Ha creado una cultura de consumo inmediato e impulsivo de los productos culturales. Hoy por hoy, cuando uno escucha algo en la radio y le gusta, lo quiere tener ¡ya! en su reproductor mp3. O en cuanto una película o una serie tiene buena pinta, la descarga a la primera ocasión. Se ha desarrollado por tanto una demanda que es exponencialmente mayor a la que existía antes. Por tanto, la oportunidad de negocio está ahí.
  • Ha difundido de manera mucho más masiva estos productos culturales, tanto por llegar a muchas más personas, como porque a los distintos usuarios le llega una oferta mucho más amplia. De hecho, hay quien argumenta que en realidad los artistas musicales han salido ganando, porque aunque ahora casi no vendan CDs, su penetración ha crecido tanto, que por la vía de los directos están ganando mucho más dinero de lo que han dejado de ganar por las ventas de discos.
  • En la medida en que la difusión de la cultura deja de estar relacionada con una disponibilidad física en las tiendas de un producto, que va a depender en gran medida del interés y la inversión que pone la industria en un producto, la oferta se amplía y hay mucha más oportunidad para artistas minoritarios, nuevos nombres, géneros de culto, nuevas productoras, etc.

Al final, pienso que más que leyes lo importante es desarrollar una cultura de valorar el trabajo de los demás, y de alguna manera pagar por ello. Dado que internet permite ahorrar muchísimos costes y simplificar canales, existe la oportunidad de tener una oferta casi infinita a precios muy razonables. Imagino que la evolución natural del mercado, aparte del sistema de pago directo e individualizado por los productos para su disfrute y almacenamiento virtual en la nube, al estilo de un iTunes, será la convivencia de sistemas de pagos por reproducción o incluso tarifas planas por servicios tipo Spotify o Netflix, donde uno tenga acceso en la nube a un amplísimo catálogo de productos culturales y ya no se trate de comprar esto o aquello en concreto, sino de disfrutar y evolucionar y pagar unas cuotas por ello. Además son métodos que permiten asignar con facilidad los rendimientos a los artistas, así que posiblemente nos encaminemos a un mundo mejor, donde los artistas tengan un fácil acceso a los consumidores, donde las oportunidades serán masivas, donde habrá sitio para lo más popular y también para lo más minoritario, y donde el alcance de la cultura se habrá amplificado enormemente.

Ahora bien, como me decía hace tiempo un buen amigo, músico de afición y riguroso comprador de todo lo que escucha, “por muy barato que ofrezcas tu album, siempre serás infinitamente más caro que si lo regalas“. La tentación de descargar gratis y al instante frente a pagar es demasiado difícil de resistir. Como la realidad tristemente es la que es, algo habría que hacer para limitar este desmadre de descargas ilegales. Pues en fin, el marrón le toca a Mariano. A ver si en esto, como en otras tantas cosas, está lúcido y afortunado.

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6 comentarios

  1. samuel · · Responder

    Los creadores también tendrían que pagar derechos de autor a los ciudadanos por usar sus ciudades, productos, sentimientos etc….. que se dejen de cuentos y usen lo digital cómo publicidad y cobren por conciertos en locales. Es cómo si un comercio te cobra por pasar por la calle y ver su escaparate o simplemente ver su logo????

    1. Gracias Samuel por tu aportación, pero si me lo permites no estoy de acuerdo. Los creadores también son ciudadanos y pagarán sus impuestos así que tienen derecho a “usar las ciudades”. Un comercio tiene un logo o un escaparate como publicidad para venderte algo. Si un artista quiere que su obra se difunda gratuitamente y coma del aire o bien obtenga sus ingresos de un concierto u otra representación, estupendo. De hecho en muchos casos puede funcionar perfectamente, y por ese motivo cada vez más artistas musicales tiran por ahí. Pero si un músico ha decidido vender su obra, es su legítima decisión. Y eso en la música. ¿Qué pasa con una película de cine? Si te la descargas en P2P en vez de pagar por ir al cine o comprar el DVD o alquilarlo o descargarlo legalmente, ¿cómo se supone que la productora cinematográfica obtiene los ingresos? Con un libro, igual. ¿Cómo va a comer el autor, a base de dar conferencias o leer su libro en voz alta?
      En fin, yo francamente siento mucho respeto y admiración por los artistas, creadores y productores, y creo que es justo respetar sus deseos y pagar por disfrutar de sus creaciones. Si no quieres pagar, es tu decisión libre, pero no olvides eso de que tu libertad empieza donde termina la de los otros. En este caso, la libertad del artista empieza donde termina la tuya, que es, en mi opinión, en el punto en el que te apropias de su trabajo de manera indebida.

  2. Luis BitsCents · · Responder

    Magnífico comentario como siempre y 100 % de acuerdo
    Mi primer trabajo fue siendo un chaval en la mítica Dinamic, de los videojuegos, hoy FX Multimedia
    Soy muy amigo de los hermanos Ruiz, sus creadores, llevan más de tres décadas batiendose el cobre por una industria que en su día pareció que iba a ser importante en nuestro pais y de la cual básicamente quedan … ellos
    Han innovado, ellos fueron los que abrieron el canal del Kiosko con los escandalosos en la época 1.995 pesetas, las colecciones en periódicos, etc, etc
    Y hay están, hoy peor que nunca, la piratería los está matando
    Así que en el coro de como mola que todo sea gratis no me encontraran
    Abrazos

    1. Gracias, Luis, y que sepas que yo disfrute de muchísimas horas con esos juegos de Dinamic en mi Commodore 64 y luego en los primeros PCs. Recuerdo con especial cariño el Aspar G.P. Master (la de horas que eché con ese juego), con la coña de que cuando pasé de un Inves PC XT con el procesador 8086 (4.77 MHz) a un Inves PC AT con procesador 80286 (6 MHz) ya el juego iba demasiado rápido y no se podía controlar. ¡Qué tiempos! Y lo que se hacía con apenas 48 Kb de memoria RAM de un Spectrum, ¿eh?
      Y qué decir de las aventuras conversacionales. Supongo que es algo impensable hoy en día, pero en aquella época se disfrutaba de ellas una barbaridad. Recuerdo “La Aventura Original” y volverme loco para dar con la solución, hasta que al final tuve que comprar el Micromanía para saber cómo diantres se terminaba la aventura.
      A ver si se pasa por aquí mi amigo Ignacio Calleja que es otro histórico de aquellos tiempos…
      Un abrazo y nuevamente muchas gracias por leerme.

    2. Totalmente de acuerdo con Daniel. Aunque haya criticado la Ley Sinde por extremista, no deja de resultar ridículo que clamen por sus derechos los que no respetan los de la propiedad intelectual de los demás. Hay mucha hipocresía (y me incluyo, aunque mínimamente, yo descargo películas por impaciencia, por no soportar en muchos casos los retrasos de estreno y la escasez de cines VO en Madrid) en torno al tema, y siempre que algo pueda conseguirse gratis, se va a hacer. Hay que actuar ya, y hacerlo por ambos lados, por el control de las descargas y por los desorbitados precios y cánones etc, que tenemos que pagar todos.

      Respecto a Dinamic/Fx no puedo sentir más admiración por ellos. Tanto por su labor creativa (Phantomas 1 y 2, Phantis, Nonamed, Abu Simbel Profanation, Saimazoon, Babaliba, Dustin, Game Over, Army/Navy/Artic Moves, Freddy Hardest 1 y 2, obras de arte del pixelazo) como por su lucha para sobrevivir ofreciendo calidad a precios competitivos (y justos), Cada juego lanzado o reeditado por FX es un ejemplo de esmero y atención al usuario (Sherlock Holmes o Call of Juarez tienen presentaciones impecables), lamentaría mucho que desaparecieran por esta situación de inacción por parte de todos.

  3. […] culturales que la gente se descarga sin más en las redes P2P. ¿Recordáis mi post “valorando el trabajo de los demás“? ¿Sentís alguna emoción especial al descargar discografías completas de artistas […]

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