Los retos de la distribución digital de la cultura

Continuando mi anterior post sobre el respeto a la propiedad intelectual, y en la línea del acertadísimo comentario a ese artículo que hace Ignacio Calleja, quiero plantear una problemática evidente que está padeciendo actualmente el consumidor “legal” de cultura, que es el de las lagunas que existen actualmente en la distribución digital de estos contenidos.

Y es que la palabra clave aquí es esa: contenidos. Lo que estamos consumiendo en los productos culturales es más el contenido que el soporte. Cierto es que en muchos casos el soporte ha sido utilizado como contenido a su vez (véanse multitud de portadas y libretos de vinilos y CDs de música, véanse los libros infantiles de Eric Carle, etc.), pero al fin y al cabo en un libro, en un album de música o en una película de cine, el contenido es el producto cultural en sí. El soporte es el medio para acercar el producto al consumidor (aunque se me hace raro a veces hablar aquí de consumo).

Sin embargo, hasta las fechas recientes, no cabía más medio que el soporte físico para acercar la cultura al público, en multitud de productos culturales. Eso obligaba a una producción física del soporte, y una distribución también física, tanto desde el punto de vista del transporte como desde la perspectiva de la puesta en venta en una tienda. De ahí surgió toda una industria de la distribución. A menudo he visto críticas muy duras al margen de la producción y distribución, pero es que si uno analiza todo lo que pasa desde que el creador genera su contenido, desde que el escritor escribe su libro o el músico toca su música, hasta que el soporte, el libro o el CD, llegaba al público, son muchas actividades que acarrean su coste y su valor añadido: la maquetación del libro, su impresión y encuadernación, su distribución física a las tiendas, su paralela promoción publicitaria en los medios, y su puesta a la venta en las tiendas. Esto vale dinero y hay que pagarlo. Si consideramos además el factor multinacional y el elemento idioma, aumentan más los costes, porque normalmente se licencia el producto, y un tercero traduce, imprime, distribuye…

Todo esto, por supuesto, cambia radicalmente en los tiempos actuales de la sociedad de la información. Gracias a internet es posible saltar muchos de estos pasos. Ahora más que nunca se puede dar un salto casi directo desde el creador hasta su público. Y el soporte se simplifica enormemente. Y la ventaja no es tanto un ahorro de costes (ver inciso abajo), como la inmediatez con la que llega el contenido al consumidor, y la infinita disponibilidad de oferta al instante y a demanda.

Inciso: de hecho, si uno analiza lo que se gasta que si en el iPod, en el iPad, en el Kindle, en el reproductor multimedia para reproducir las películas, etc., se encuentra con que muchos de nosotros en realidad nos gastamos más dinero ahora que antes, entre tanto gadget tecnológico, que cada año se nos renueva para ofrecer prestaciones aún más sofisticadas.

Y sin embargo, se aprecia a día de hoy que la oferta no está a la altura de la demanda. En el caso de la música, como la revolución digital atacó primero por ahí, tanto por lo rápido que se popularizaron los reproductores mp3 (con el iPod a la cabeza), como por la virulenta popularización de Napster y otras plataformas de distribución pirata, hay ya una oferta más consolidada con iTunes, Amazon y otras tiendas digitales. Me gusta por ejemplo lo bien integrado que está todo esto por ejemplo con YouTube, donde tienes el link para comprar la música cuando estás viendo un vídeo. Algún día tengo que entrar más a fondo en el fenómeno YouTube, por cierto, y cómo lo que podía haber sido otro Napster, aplastado por la industria por vulneración de derechos de propiedad intelectual, se convierte en lo contrario, en el mejor soporte de promoción para la industria actual.

Ahora mismo se está produciendo la eclosión de los libros digitales en nuestro país, aunque todavía la oferta necesita afinar sus mecanismos. Leía el pasado lunes en el fabuloso blog “Nada es Gratis” una entrada donde se quejaban de lo innecesariamente complicado que es aún hoy comprar un libro digital en España. En efecto, yo también quise comprar un libro en la tienda Amazon.es y enviarlo a la aplicación Kindle en mi iPad y al final no lo conseguí, porque mi cuenta de siempre de Amazon está creada en su día en Amazon.com y se ve que me tienen como cliente norteamericano. Así que tengo que modificar la cuenta, etc. Un rollo. También podemos ver cómo los otros grandes distribuidores en España, que serían La Casa del Libro, Fnac y El Corte Inglés, están metiéndose a fondo en este negocio del e-book, lo cual es muy alentador y positivo, aunque queden puntos por pulir. Pero es posible que el ebook sea uno de los regalos estrella de estas Navidades, lo cual se puede interpretar como todo un signo de los tiempos.

Y donde todavía aprecio un enorme abismo entre la oferta y la demanda es en el mundo del cine y las series de TV. Necesitamos que exista cuanto antes una plataforma de distribución digital a demanda de estos productos audiovisuales en España, al estilo de un Netflix. Porque si no, por mucho que uno quiera pagar por estos productos, si la alternativa es sólo el soporte físico, las barreras son enormes. No comparemos entre tener que ir a una tienda a comprar un DVD, o encargarlo por internet, y tener que almacenar el DVD, arriesgarte a que se raye, o que se supere posteriormente este soporte y ya lo que tengas no sirva para nada (¿qué ha pasado con vuestros VHS?), y descargarlo en formato digital, que no ocupa sitio, es muy fácil de almacenar, e incluso hoy en día con los servicios en la nube te lo almacenan otros a ti y te despreocupas totalmente. Así que aquí comprendo perfectamente lo que explicaba Ignacio Calleja en su comentario.

Todo este fenómeno de la distribución digital, como decía, presenta un desfase entre la demanda de los clientes, que es muy sofisticada, y la oferta que recibe desde la industria, que presenta todavía grandes resistencias. En efecto, va a suponer una redistribución de actividades muy importantes. Se contraerá enormemente la producción y distribución del soporte físico. Cerrarán muchas imprentas y tiendas. Bajará el consumo de papel y de plásticos relacionados con la producción del CD y el DVD. No terminará, sin embargo, de desaparecer del todo, y ahí está el fenómeno del vinilo para quien tenga dudas al respecto. Siempre existirá un nicho de mercado para el libro en papel, para el CD físico, incluso para el DVD. Claro que tendrán que ofrecer valor añadido, no un mero soporte aséptico. Pero ahí está la oportunidad de tener un producto con entidad propia, con su correspondiente mercado.

Ahora, más que ver lo que se pierde, hay que ver lo que se gana. Por un lado, la incipiente industria de la distribución digital, que creará sus puestos de trabajo, consumirá sus infraestructuras informáticas y arrastrará toda una demanda de bienes de equipo. Y por otro lado la demanda de soportes digitales, y la distribución de los mismos, otro tanto de lo mismo.

Y como decía en el post anterior, este fenómeno de la distribución digital genera todo un conjunto de beneficios añadidos:

  • el consumo de cultura se multiplica
  • el acceso del creador a su público es mucho más fácil y con menos barreras
  • la cultura se universaliza porque es mucho más accesible a personas de baja renta
  • se rompen barreras geográficas, políticas y culturales
  • aparecen sinergias entre distintas formas de cultura, contenidos y soporte

Por último, un apunte de algo de lo que mis conocimientos son más bien intuitivos. Me gustaría que alguien que realmente sepa de esto lo comentara en más profundidad. Veo una gran barrera heredada de los mecanismos anteriores en las restricciones geográficas a la difusión digital de contenidos culturales. Comprendo que hay implicaciones legales e incluso fiscales que lo justifican, pero resulta un poco absurdo, en los tiempos que corren, que yo no me pueda comprar un ebook de Unamuno con mi cuenta de Amazon.com por el simple hecho de que esa cuenta piensa que yo soy un consumidor norteamericano y ese libro no está disponible en EE.UU. Será necesario algún acuerdo multilateral al nivel de la OMC o algún otro organismo supranacional para derribar estos obstáculos a la universal difusión de la cultura. Estoy seguro de que es posible y espero que sea más pronto que tarde.

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