El modelo del éxito de los coches asiáticos en EE.UU.

Estoy disfrutando de unos días de vacaciones en la bellísima ciudad de San Francisco, California, donde vive parte de mi familia política. Llevo viniendo por aquí ya una docena de años, y una de las cosas que más me llamó la atención desde el principio fue el parque automovilístico. Siendo un gran aficionado del mundo del motor en general, y teniendo el típico estereotipo del americano como una persona muy patriota y defensora de lo suyo, me esperaba ver una incesante colección de Ford, Chevrolet, Dodge y demás productos de la factoría Detroit. Sin embargo, cuál fue mi sorpresa, allá por 1999, cuando empecé a observar que lo que más veía por la calle eran los japoneses Toyota, Honda, Nissan, Mitsubishi y Mazdas y no pocos europeos Mercedes, BMW, Vokswagen y Volvos.

Ahora, en 2011, no sólo se ha mantenido esa impresión, sino que se ha acentuado. Quizá el único cambio perceptible es que a esas marcas se les han sumado las coreanas Hyundai y Kia. Cierto es que quizá se aprecia un repunte de marcas americanas, sobre todo Ford, y que siempre se ven los gigantescos F-150, Ram y GMC Yukon, pero cada vez que me he puesto por curiosidad a echar unas cuentas rápidas en los aparcamientos de los centros comerciales, llego a la conclusión de que dos tercios de los coches que se ven por esta zona son de origen japonés o coreano. Y del porcentaje restante, bastante más de la mitad son europeos: BMW, Mercedes, Volvo y también algún Audi y Volkswagen.

¿Cómo es esto posible?

Creo que la respuesta a esta pregunta está en varios factores, pero el más importante nos lo proporciona año a año la encuesta de fiabilidad de vehículos de JD Power. Véanse las conclusiones para 2011 aquí.

He observado que el ciudadano americano, consumista por naturaleza, difiere en muchas cosas de la imagen estereotípica y un poco condescendiente que tenemos desde Europa. Es un consumidor muy preparado y cuenta con mucha información. Aquí las asociaciones de consumidores son relevantes y más independientes, y por un lado hay una gran transparencia de precios, y por otro lado hay mucha conciencia de calidad, fiabilidad y servicio al cliente.

Y en concreto, en el mundo del automóvil, aquí se da una enorme importancia a dos factores absolutamente esenciales: la fiabilidad de la marca y el modelo, y la calidad de la red de servicio.

Yo, por razones de trabajo, soy un gran usuario de automóviles. Hago unos 50.000 y hasta 60.000 kms al año, y no he sido hasta ahora un cliente fiel de ninguna marca, así que he probado un poco de todo. He conducido más del grupo VAG (Seat, Audi, Volkswagen) que de otras marcas, eso es cierto.  Pero si me preguntan si tengo una especial querencia por alguna marca, siendo cierto que estas tres me gustan, la que más aprecio es Honda. Pues si bien me pasa como a la mayoría de la gente, pienso, que es que me dejo influir demasiado por los gustos estéticos y por las cifras de prestaciones a la hora de decidir el modelo, dentro lógicamente del presupuesto marcado y del segmento en función del uso que le vaya a dar al coche, lo que voy aprendiendo cada año es que al final del día, lo más importante, lo que verdaderamente condiciona la satisfacción a largo plazo, es esa combinación de que el automóvil sea fiable, y que el servicio oficial sea eficiente a la hora de resolver los problemas que surjan (o simplemente al atender las revisiones oficiales). Y en ese sentido (sobre todo en el primero), la marca japonesa es la que más me ha satisfecho en el pasado.

El caso es que si uno lee la prensa especializada en el mundo del motor personal en España, se habla mucho de estética, de precios, de prestaciones, de consumos, de habitabilidad… Pero del tema de la fiabilidad se pasa de largo, y ya comparativas de servicios oficiales eso sí que es algo que no recuerdo haber visto. Sin embargo, por aquí por California, uno coge una revista de comparativas de consumo, y es de lo primero que tratan. Bien hecho.

Si habéis visto el enlace a JD Power, veréis que las marcas más repetidas entre los modelos más fiables por segmento son las de Toyota (Toyota, Lexus, Scion), Honda (Honda, Acura), Mercedes-Benz y Hyundai, pero también en este año están más presentes que en años anteriores las americanas Ford (Ford, Lincoln), General Motors (Chevrolet, Buick, Cadillac, GMC) e incluso Chrysler (Chrysler, Ram).

Nótese que hay un punto a tener muy en consideración de cara a poner un gran “pero” a este estudio: analiza fallos por vehículo a los 3 años de antigüedad. Que es un plazo muy corto. Si se estudiaran resultados con 10 años de vida del automóvil y un mínimo de 150.000 kilómetros, apuesto a que el ranking cambiaría, y el peso de las marcas “premium” se incrementaría. Porque quien haya poseído un Mercedes con más de 10 años de antigüedad, empieza a explicarse parte del precio. Claro que luego, en cuanto le llega una avería, o echa cuentas de lo que ha pagado de seguros, empieza a dudar de si le habría salido más rentable tener un coche más económico aunque a costa de cambiarlo en un plazo más corto.

Lo que es indudable es que  las marcas asiáticas también dan resultados excelentes a largo plazo, sobre todo en el apartado mecánico, como yo mismo os puedo atestiguar.

De hecho, mi primera experiencia con un coche japonés parte de una recomendación de un americano. Estaba ayudando a mi todavía novia, ahora mujer, a comprar un coche de segunda mano para desplazarse a su primer trabajo, y a través de un anuncio en un tablón en el colegio americano de Madrid (ASM) donde ella estudió, contactamos con un hombre que marchaba de vuelta a su país. Vendía un Honda Accord de gasolina y automático, así que lo tenía más que complicado, porque una berlina media-grande de gasolina ya está poco demandada en segunda mano, y si es automática no digamos ya. El caso es que el coche estaba barato pero cuando nos lo enseñaba y nos dio una vuelta para probarlo, nos dijo algo, y con tal convicción, que no olvidamos: “comprad lo que queráis, pero que sea un Honda“. Nos explicó que desde que había probado la marca japonesa, ya no se planteaba cambiar, porque mientras que un coche americano le costaba dinero todos los años (ponía el ejemplo de Jeep), uno japonés se lo ahorraba.

Yo, que he probado de muchas marcas, os puedo confirmar de primera persona que si bien los Honda y Toyota no transmiten excesiva calidad por plásticos, grosor de chapa o tecnología (en ese sentido, mi impresión es que el grupo Volkswagen está a la zaga, y de hecho este año 2011 están liderando las ventas en el mercado español), te seducen a largo plazo porque no dan problemas y no te dejan tirado. Y además Toyota, hay que decirlo, tiene un mantenimiento bastante económico (no tanto el de Honda). Os puedo decir que sus motores no son los más punteros (para eso, mejor optar por uno de VAG o también del grupo PSA), ni por prestaciones ni por consumos, pero mi experiencia personal (con gasolina, eso debo decirlo) es que los Honda y Toyota que he tenido no me han dado problemas. Que al final es lo que más importa.

Y es que ese es el modelo de éxito de los fabricantes asiáticos, desde Toyota hasta Hyundai. Primero vender por precio, pero luego evolucionar desde el precio hasta la calidad por la vía de la fiabilidad. Además, cuidando al cliente en los servicios oficiales, para que lo que llaman “experiencia de consumo” sea lo más satisfactoria posible. Esa es la manera de fidelizar al consumidor y ayudarle a reprimir esa tonta manía que tenemos de querer comprar el coche que más nos gusta, con el corazón, no la cabeza.

Menos mal que tanto americanos como europeos se han dado ya cuenta de todo esto, y están cuidando de nuevo el factor fiabilidad y el trato al cliente en sus redes de concesionarios. En un mercado en crisis, el consumidor gana porque se produce una necesaria limpieza del mercado, y en el caso del automóvil esto se traduce en una mayor conciencia de las necesidades del consumidor.  En los años anteriores del consumo desenfrenado y la opulencia, muchos cometieron el error de sacar al mercado coches poco probados, motores de extraordinarias prestaciones y tecnologías muy punteras pero sin suficientes ensayos detrás. Y así incluso marcas como Mercedes-Benz se ganaron mala fama por problemas recurrentes sobre todo de tipo eléctrico, que perjudicaron enormemente su imagen en mercados como el americano, muy informados. Ahora, una vez vistas las orejas al lobo, hay mayor conciencia de lo que verdaderamente precisa el cliente, y se ha replanteado el enfoque.

Así que quién sabe. Quizá dentro de unos años me empiece a sorprender de ver más Ford o Chevrolet o Chyrsler por la calle. Pero de momento, larga vida a los japoneses, por haber sabido trazar el camino correcto.

Anuncios

3 comentarios

  1. Como usuario de Toyota (Corolla Verso) no puedo estar más de acuerdo. Excelente post, te vas diversificando 😉

  2. Muy interesante tu artículo, Daniel. Uno de los puntos a tener en cuenta es que el mercado automovilístico en USA difiere sustancialmente en un factor muy significativo del europeo, y es la cantidad de gente que opta por el renting o el leasing en lugar de comprar el coche. Una duración de 24 o 36 meses, y a por otro modelo.

    Ello explica que el concepto del “largo plazo” no sea tan importante para ellos como nos resulta a los europeos. Otro factor importante, debido a esto mismo, es el valor de reventa del vehículo, puesto que incluso los que optan por comprar suelen cambiar de coche con una frecuencia mucho más alta que en Europa.

    En concreto, por mi experiencia en Miami puedo afirmar que es raro encontrar coches de más de 4 años de antiguedad, sin importar la marca o modelo…

    Y si, la penetración de los coches asiáticos es brutal, tanto que han pasado de considerarlo como simples “coches baratos” a coches más fiables y mejor equipados que los americanos. E incluso más estilizados. Y es que no a todo el mundo le gusta llevar un Hummer para ir al supermercado 🙂

    1. Gracias, Jorge, por tu excelente aportación práctica.
      Y asumiendo que un caso aislado no es representativo, mi experiencia personal con el que es mi coche familiar, un Chrysler Grand Voyager, es devastadora. En tres años y medio y 140.000 kms he tenido las siguientes incidencias:
      – tres veces al taller en el primer mes para resolver un problema de sellado en la luna frontal que provocaba unos silbidos muy molestos (en foros descritos como “screeching geese cries”)
      – dos veces en el primer invierno, que fue especialmente duro, para resetear el sistema de climatización, que en condiciones de heladas se volvía loco, y básicamente en vez de entrar en modo calefacción, se quedaba atascado en modo aire acondicionado. Imagínate.
      – a los 50.000 kms aproximadamente (algo menos de 1 año de uso) tuve que cambiar el sensor de presión de la rampa de combustible del sistema “common rail”, que daba mediciones incorrectas y le hacía entrar a la electrónica en modo “protección”. Me pasó varias veces, una de ellas en plena subida de un puerto de montaña, donde no tenía sitio seguro para deternerme. Terminé subiendo el puerto a 40 km/h y con todos los camiones adelantándome. La solución pasaba por parar el motor durante dos minutos, y volver a arrancarlo. Así hasta el siguiente puerto de montaña.
      – a los 70.000 kms aproximadamente (año y cuarto) me saltó un error del sistema ABS, y tras un primer intento infructuoso, dieron con la avería: el sensor que identifica la posición del volante, que condiciona la frenada selectiva del sistema ABS.
      – a los 90.000 kms (1 año y medio), se fue la batería. Parece una tontería pero en teoría este coche, al llevar una batería de gel, debería haberle durado 5 años aproximadamente. Pero claro, la explicación es que yo hago muchos kilómetros. En fin…
      – cuando me devuelven el coche con batería nueva, se me queda otra vez sin batería. Problema: la radio tiene algún tipo de derivación. Como no se puede arreglar, me la cambian por una nueva. Después de casi 3 semanas de espera, porque me pilló en plenas Navidades.
      Hasta ahora todo en garantía. Pero ya me había hartado tanto que propuse al gerente del concesionario un cambio por un coche nuevo, ofreciéndome a pagar la justa diferencia. Ni caso. Supongo que no querían para nada un coche tan problemático de segunda mano, al que se verían obligados a dar una garantía mínima de 6 meses.
      Así que me harté y compré un coche compacto para el uso diario, quedando el Chrysler para uso familiar en exclusiva.
      Y he tenido suerte, porque hasta dos años después y 50.000 kms más no he vuelto a tener problemas. Ahora me pasó que el coche empezó a emitir una humareda blanca al estar al ralentí un rato, y oler fuertemente a gasoil. Diagnóstico: dos inyectores rotos. Resultado: una factura de más de 1.300 euros.
      Así que, francamente, si en España vendieran el Honda Odissey o el Toyota Sienna, que son los equivalentes en USA al Voyager, no lo dudaba. Pero desgraciadamente no es así, y desde el punto de vista práctico, el Voyager es extraordinario frente a las típicas alternativas europeas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: