La democracia y el Rey

En estas fechas de fin de año, lo que toca es hacer el repaso de los principales acontecimientos del año. Una de las citas obligadas en este repaso es lo que se llamó la “revolución de la primavera árabe”, con los cambios de régimen en Túnez, Egipto y Libia por iniciativa popular, con no poco apoyo exterior, especialmente en el caso de Libia (sin la presión militar activa de la OTAN, mucho me temo que Gadafi habría aplastado la revolución).

Sin embargo, como se ha podido comprobar especialmente en Egipto, esto de la democracia es más difícil de lo que parece. Y la revolución, catalizada en gran medida por las redes sociales como elemento desestabilizador de los totalitarismos, por su papel de propagación espontánea de información e ideas, no ha servido para mucho más que para sustituir un régimen totalitario unipersonal por uno no mucho más democrático, si bien menos focalizado en un individuo concreto. Ya sea el ejército, o los clanes familiares dominadores, u otro tipo de estructuras elitistas y oligárquicas, en estos países donde no hay una tradición democrática, ni unas estructuras políticas, judiciales, económicas y sociales suficientemente desarrolladas, es muy ingenuo pensar que sólo por el hecho de que la revolución popular eche a unos del poder, éste va a ser asumido por un auténtico gobierno del pueblo. Si es que eso existe. Muchas veces tengo la impresión de que la democracia es más una ilusión que una realidad, incluso en nuestros países occidentales en los que tanto presumimos de este concepto.

Dicho esto, lo que pretendo ahora es hacer un comentario políticamente incorrecto, en los tiempos que corren. O quizá políticamente correcto pero socialmente impopular. Porque tras el estallido del escándalo Urdangarín, y salir a la luz los trapos sucios del yerno del Rey, con todo lo que tiene de poner en duda la viabilidad de la institución monárquica en pleno siglo XXI, lo que voy a hacer ahora, que es defender a Juan Carlos I de Borbón, será difícil de comprender para muchos.

Sin embargo, a la vista de lo que ha ocurrido en Egipto, creo que es justo reconocer al Rey que estamos en deuda con él por su papel en la Transición democrática española. A mí, nacido en 1974, me resulta difícil hablar de un tiempo que en realidad no viví, pero suponiendo que en esa España de mediados de los años setenta, el nivel de desarrollo de las instituciones política, judicial, económica y social no sería tanto más avanzado que el que ahora hay en estos países árabes, es preciso valorar la convicción con la que el Rey apostó por la transición democrática y superó traumas y tabús como la legalización del Partido Comunista, conduciendo con habilidad, y con el inestimable apoyo de líderes como Adolfo Suárez y otros menos prominentes como por ejemplo Landelino Lavilla.

No es que quiera excusar, por supuesto, el choriceo de su familia, y de hecho sería muy sano para nuestra democracia que se depuraran responsabilidades legales en el caso Urdangarín, con cárcel incluso, y que se replantease la relación de la Corona con los presupuestos del Estado. Además me preocupa que lo que se ha descubierto con este ladronzuelo no sea sino la punta del iceberg, y como alguno sospecha es posible que el propio Rey  se beneficie también de comisiones por sus servicios en favor de empresas privadas españolas, lo que sería completamente inaceptable.

Pero no echemos ahora a perder la imagen de una institución y una persona que en nuestro país ha sido muy valiosa a la hora de afianzar la democracia de una manera tan exitosa. Una manzana podrida hay que apartarla del cesto.  Pero no por el hecho de que las manzanas se puedan pudrir, hay que descartarlas de nuestra dieta. La honestidad será difícil cuando hay tanto dinero y poder de por medio, pero es posible.  Es fácil hacer leña del árbol caído. Un poquito de prudencia no viene mal en este caso. Al menos esa es mi opinión. Ya les gustaría a los egipcios tener una figura institucional equivalente que les ayudara a conseguir esa transición efectiva a la democracia que de momento les es esquiva.

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Un comentario

  1. […] los comportamientos poco ejemplarizantes de muchos de sus miembros en los últimos tiempos, pero como ya comenté hace tiempo, creo que el Rey se ha ganado un respeto por su papel histórico en la […]

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