Pecadores (más historias de los 5 millones de parados)

Puestos a pensar en temas polémicos y donde es muy difícil, si no imposible, encontrar una solución perfecta al problema, está la cuestión relativa a los subsidios por desempleo. Por un lado, cumplen una muy deseable función social, que es la de amparar al que se queda en situación de paro en contra de su voluntad, y darle un soporte económico mientras encuentra otro trabajo. Pero por otro lado, da pie a desincentiva la búsqueda de empleo, y también da pie a abusos y fraude.

Aquí el problema cuando uno plantea qué hacer para solventar los problemas anteriores es que se corre el peligro de que paguen justos por pecadores. Pero os cuento dos anécdotas en este sentido.

Primero, una anécdota de los tiempos felices cuando la crisis todavía era incipiente. Era primavera de 2009, y yo estaba buscando una persona para un puesto de mozo de almacén. Tenía varias entrevistas, organizadas por la empresa de recursos humanos que habíamos contratado, en las que explicaba el objeto del trabajo, las condiciones, los candidatos me explicaban sus currículos, etc. Al poco de terminar las entrevistas, y como tenía interés en una incorporación inmediata (al día siguiente), llamé sin dilación al candidato que había seleccionado, que se había mostrado muy interesado durante la entrevista.

El chaval (tenía unos 25 años) me coge el móvil. Le cuento que “enhorabuena, hemos optado por ti para el puesto de trabajo del que hemos estado hablando hace un rato“, y me dice, así sin más, que “pues mira, gracias pero no me interesa, porque he estado echando números mientras volvía a casa, y entre lo que me voy a gastar en gasolina y en comida, total, para ganar poco más de 200 euros más que estando en casa y cobrando el paro, no me compensa“.

Segundo, una anécdota de hace ayer mismo. Estoy buscando contratar una persona para labores de limpieza. Me pasan un contacto de una señora colombiana que lleva 11 años en España, legal, con papeles y referencias. Le llamo, le explico la oferta de trabajo, y enseguida me pregunta: “¿pero usted me daría de alta en la Seguridad Social?” Y yo le digo: “¡sí, claro!“. “¿Y por cuántas horas?” Yo: “Pues por la jornada completa, por supuesto“. Entonces me replica: “Es que a mí me interesaba que me diera de alta como máximo por 4 horas, porque estoy cobrando el paro, y no lo quiero perder. Es que ya me pasó hace unos años que había estado trabajando, me echaron, empecé a cobrar el paro, luego me puse a trabajar, y ahora he perdido ese paro, y ya no quiero que me vuelva a pasar lo mismo, porque es que es un dinero mío y no quiero perderlo, ¿entiende?

Pues lo dicho. Que no pretendo decir que hay que eliminar los subsidios por desempleo, porque sería hacer pagar a justos por pecadores, pero que tampoco nos engañemos: hay muchísimos más pecadores de los que nos creemos. Cantidad de gente cobrando el paro y trabajando en negro. Y es que si de verdad hubiera cinco millones de parados, y de verdad hubiera un millón y pico de familias con todos sus miembros en el paro, sin ningún ingreso, tendríamos una situación de auténtica revolución social. Y no es que haya una solución fácil. Pero lo que está claro es que el paro sí que tiene un efecto desincentivador del empleo, sí que promueve mucha vagueza, y sí que también fomenta el fraude tanto por iniciativa del trabajador, que cobra dos veces, como el del empresario, que se ahorra las cuotas sociales.

¿Soluciones? Pues hombre, podría la Inspección de Trabajo ponerse a llamar a teléfonos de esos de señoras que se ofrecen a trabajar para ver si les dicen algo parecido a lo que me dijo aquella mujer a mí, o investigar más a fondo los casos de rechazo de ofertas de trabajo, o atacar más a las empresas “chiringuito” en vez de ir a lo fácil que es hacer las inspecciones en empresas con mejor pinta, que ahí por lo menos les atienden y tienen dinero para pagar multas si surge alguna irregularidad. Pero todo esto es más bien impopular y ciertamente antipático para el funcionario de turno.

No dudo que la mayoría de esos 5 millones de parados son de los justos, no de los pecadores. Pero hay mucho fraude que aflorar. Mucho. Y también mucho comodón que prefiere vivir del cuento todo lo que puede y sólo quiere trabajos fáciles, de horario corto, pero eso sí, bien remunerados.

Al final, también es una cuestión social y cultural. El día que se estigmaticen, que esté socialmente mal vistas, todas estas actitudes, se dará un primer paso para la solución. Pero la realidad es que se toleran y se consienten. Y es lo que hay. La picardía como condición nacional. Aunque en el fondo nos perjudique a todos.

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2 comentarios

  1. En cuanto a lo que plantea la señora colombiana es un fallo del sistema de desempleo, es un sistema con fallos, en mi caso, trabaje dos años, 15 dias en paro, otros dos años y ya solo podia calcular el paro sobre dos años, mientras que uno que se cambia de un trabajo a otro tendria que calcular sobre los 4 años, todo por 15 dias. Otro caso, imagina que estas en paro y te venden la moto con un trabajo, luego resulta que te hacen la vida imposible, literalmente hablando, a ver como lo pruebas, y si te vas te quedas si na de na.
    A pesar de todo, lo que pasa en España es un problema de falta de control, mires hacia donde mires siempre veo eso.

    1. Tienes toda la razón. Es una deficiencia del sistema y de hecho es escandalosa e injusta, y causa de muchas ineficiencias. ¡Gracias por tu comentario!

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