Recogiendo el cuarto de los juegos

Seguro que estaréis de acuerdo conmigo en que los tiempos han cambiado una barbaridad desde cuando éramos niños, e imagino que lo mismo pensará quien sea de mi edad, en los 30+ años (camino ya de los cuarenta), como los más mayores o los más jóvenes. Todo va a una velocidad de vértigo.

En muchas cosas vamos a mejor, pero en otras no tanto, aunque no resulte muy evidente.

Yo una de esas cuestiones de las que me quejo mucho para mis adentros es el tema de los regalos de los niños. Porque que si el cumpleaños, Papá Noel, los Reyes Magos, el santo, que si se te ha caído un diente, que si ha sacado buenas notas… Y familiares, amigos, invitados de cumple, etc. Los niños de hoy en día tienen desde luego muchos más regalos que los de antes y los juguetes son tan sofisticados que no da tiempo a disfrutarlos, hasta el punto de que pienso que se pierde un poco la ilusión y no se valoran suficientemente.

De modo que yo, con tres niñas, me encuentro con una sala de juegos repleta de trastos. Todos los días la tenemos recogida, pero cuando las niñas terminan de cenar, justo antes de llegar yo de vuelta del trabajo, las dejamos irse a jugar mientras tomamos el relevo mi mujer y yo e intentamos cenar tranquilamente. Pero claro, pasa lo que pasa: uno tras otro, los juguetes terminan por el suelo, tapizando cada centímetro cuadrado de la sala. Y menos mal que no es más grande porque si no, se llenaría igual. El caso, y seguro que esto os suena, es que se terminan peleando siempre las tres por el mismo juguete, con todo lo que tienen, pero supongo que es una característica innata del ser humano eso de la envidia de lo que tiene el otro.

El resultado final es que nosotros disfrutamos de una cena razonablemente pacífica, escuchando eso sí de fondo los ruidos de juguetes cayendo al suelo desde la estantería y volando por los aires, y cuando terminamos toca lo peor: ir al cuarto de juegos a recoger, para comenzar el ritual de lavar dientes, leer un libro, y las niñas a la cama.

Y toooodos los días pasa lo mismo: a las niñas no les apetece dejar de jugar, no quieren recoger, no tienen ganas de dormir. Pero nosotros tenemos que insistir, primero de buenas y luego ya casi (o sin casi) de malas, para finalmente terminar recogiendo un poco todo entre todos. Porque al final hay tres opciones:

  1. Lo recogemos todo nosotros. Al final eso es lo más rápido, pero si lo hacemos así, las niñas ven que esto es jauja, y no van a querer recoger nunca. Total, papá y mamá lo van a recoger de todas maneras… Si queremos educarlas, ellas tienen que recoger.
  2. Que lo recojan todo ellas solas y así aprenden. Para conseguirlo, hay que ponerse duros, amenazar con castigos, ejecutar algún castigo con frecuencia. Es lo más lento y acabamos todos de mal humor. Ellas con caras largas y llorando y nosotros exasperados.
  3. Colaborar entre todos. Quizá no es lo mejor desde el punto de vista de la educación, o a lo mejor sí, porque por lo menos podemos hacerlo incluso divertido y desde luego acabamos antes y con mejores ánimos.

Si a alguno se os ocurre otra solución mejor, ¡por favor decídmelo, estaré encantado de saberlo! Claro que en realidad sí se me ocurre otra: empezar a deshacerme de tanto juguete, porque así, si sólo quedan unos pocos, habrá menos que tirar por el suelo. Claro que aunque parece mentira, las niñas se saben de memoria todo el inventario de juguetes que tienen, así que seguro que me pillan si regalo alguno por ahí. ¿Me entendéis, a que sí?

¿Y este rollete a qué viene? Pues el caso es que es lo que se me vino a la cabeza cuando leí hace unos días un tweet del siempre interesante Xavier Sala-i-Martín (@XSalaimartin) donde decía lo siguiente: “Sorprende el tono de empresarios y politicos alemanes en Vaduz: condescendientes y despectivos con la falta de rigor fiscal de la periferia!”. No sé, me dio por pensar que la actitud de los alemanes en esta crisis de deuda periférica de la eurozona es como la de unos padres que cenan tranquilos, ajenos a los ruidos que demuestran que sus niñas están tirando por los suelos todos los juguetes, pero luego cuando terminan se van hechos unos basiliscos a la sala y exigen de malas maneras que recojan todo y se metan ellas solas a la cama.

Claro que a lo mejor todo esto es solo una postura amenazante porque piensan que estamos tan maleducados que no les vamos a tomar en serio. Y al final ayudarán y se pondrán a recoger con nosotros. Pero también es verdad que en parte hay tanta indisciplina porque se pasaron un buen rato cenando a gusto y con todo lo demás descontrolado. Y que hubo demasiado juguete, léase deuda barata.

En fin, quizá no es del todo la analogía más adecuada, pero aquí lo importante es que no se tarde mucho en recoger el cuarto, y que se haga sin tampoco mucho griterío o lloriqueo, no vaya a ser que el vecino, sí, ese del otro lado del Atlántico, se termine de hartar de tanto follón. Y tampoco sirve que los padres se quiten de en medio y se larguen de casa, porque a los peques no se les puede dejar solos, que como nos descuidemos acaba la casa en llamas o bien inundada.

Ahora, volvemos a lo del principio. Hay demasiado juguete y cada vez más sofisticado…

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4 comentarios

  1. Antonio · · Responder

    ¿Cómo te vas a poner duro con los angelitos que tienes? 🙂 especialmente A. que te mira y te entran ganas de achucharla? ejejej ánimo!

    1. Pues yo tengo una idea. Cada año, antes de Navidad, decidís regalar algunos jueguetes -elegidos entre todos- para ayudar a Santa o quien sea a que lleguen los jueguetes a los países más pobres, donde les cuesta llegar a todo. No estaría mal no?

  2. Nacho · · Responder

    Me he sentido totalmente identificado con tus comentarios. Nosotros, teniendo dos niñas las discusiones y problemas a la hora de recoger son continuas. No tengo receta magica…¡ojala la tuviera!. Nuestra casa inicialmente tenia 3 habitaciones…y el salon se convertia en un cuarto de juegos improvisado. Imaginaros…despues de ahorrar un tiempo juntamos el garaje a la casa y lo convertimos en un cuarto de juegos.La unica ventaja es que cierras la puerta y al menos puedes sentarse en el salon. Los problemas son los mismos…pero menos, digamos, generales. Este año intentamos hacer lo que dice Marta (tu hermana?), y resultaba gracioso ver como despues de escoger de que juguetes querian desprenderse y regalarlos a otros niñ@s, la mas pequeña iba a hurtadillas al coche a volver a sacar los juguetes. ¿Que hemos hecho mal? ¿Tiene solucion?

    Ignacio Alonso desde dispositivo movil

    1. Gracias, Nacho, por tu comentario.
      El salón como cuarto de juegos tiene su encanto. Por lo menos así las tenéis más que controladas. Aunque imagino que te costará seguir la retransmisión de un partido del Atleti con los ruidos de los juegos 🙂
      Lo de regalar juguetes para los niños pobres yo también lo intenté y a mí me pasó casi casi lo mismo que tú explicas. Supongo que es más fácil de decir que de hacer.
      Y de todas maneras, siempre digo yo que será mejor que jueguen con juguetes, porque a la vez usan su imaginación, frente a estar el día pegados a la tele. Al menos con eso me consuelo yo cuando estoy ayudando a recoger.
      ¡Un abrazo y gracias por pasar por aquí!

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