Mi crítica de Los Descendientes, de Alexander Payne

La pasada semana estuve por Lima y aproveché una tarde libre para ver “The Descendants” en estupenda versión original subtitulada. Cómo me gusta esta costumbre de muchos países de ser estándar la V.O.S. Coincidía además en Perú con un gran amigo que me acompañó, y la verdad es que salimos del cine con impresiones muy diferentes. Él, un poco aburrido. Yo, entusiasmado. Lo cierto es que ya conocía de otra persona que aprecio que había visto la película y no le había terminado de gustar mucho. Pero sin embargo las críticas son fenomenales (una valoración “metascore” de 84/100 está al alcance de pocos filmes) y la valoración del público en IMDB también es muy buena (nota media 7,7 según escribo este texto). Y está nominada a cinco premios Oscar de gran calibre todos ellos: película, director, actor principal, guión adaptado y edición. Y si hubieran nominado a actriz principal y actor secundario me habría parecido muy justo, por cierto. Así que la película tiene que ser buena, pero quizá es una película más para cinéfilos que para el público más masivo. Por si alguno os estáis planteando si verla o no, os doy mi opinión aunque aviso que algún spoiler es inevitable que se me escape.

El argumento, brevemente, nos remite a George Clooney interpretando el papel de un abogado, Matt King, cuya mujer ha tenido un accidente de esquí acuático y está en coma irreversible. Habiendo dejado firmadas instrucciones para que no se alargue artificialmente su vida, los médicos deberán desconectarla de las máquinas con lo que inevitablemente fallecerá, por lo que Matt tendrá que preparar a sus hijas para el fatal desenlace, y comunicarlo también a amigos y familiares. Se da la circunstancia de que al mismo tiempo Matt tiene que tomar una decisión que tiene encomendada para la venta de una parcela de terreno virgen de una isla de Hawaii que él y un buen número de primos han heredado de un antiguo monarca de la isla, siendo él el último responsable de la decisión. Ocurre que Matt llevaba tanto tiempo inmerso en su trabajo que ha estado un poco desconectado de su familia, siendo su mujer la que se encargaba de todo, y se encuentra con una hija mayor, Alexandra (Shailene Woodley), en un internado pero con claros problemas de disciplina, y su hija menor, Scottie (Amara Miller), con esa misma rebeldía incipiente.

La película parte por tanto de la desconexión de la familia y de la pena y frustración que siente el personaje de Clooney, que se encuentra desbordado ante los acontecimientos y especialmente la necesidad de asumir su papel de padre solitario ante unas hijas un tanto descarriadas. Se produce entonces el hecho que condiciona toda la trama, que es la revelación por parte de Alexandra de una aventura amorosa en la que había pillado a su madre antes del accidente. Lo que nos explica la actitud rebelde de la hija (defraudada por la traición de la madre y la ignorancia del padre), y desencadena una evolución de las emociones que siente el padre, de frustración a rabia y de pena a ira. La trama entonces se dirige a la búsqueda por parte de la familia, a la que se une el novio de Alexandra, Sid (Nick Krause), personaje cómico y entrañable, del amante de la madre, y en ese proceso se establece una complicidad y reconexión entre los miembros de la familia. Si le unimos que se halla que el amante es el agente inmobiliario que se vería beneficiado por la venta del terreno virgen que maneja Matt, vemos cómo se va cerrando el círculo argumental.

En último término, se trata de una película de emociones más que de sucesos, y supongo que en esto es en lo que se marca la frontera de si le gusta o no al espectador la película. Quien valore lo que pasa, posiblemente piense que es una película triste, o deprimente, o aburrida, porque muchas escenas son en un tono dramático y un ritmo pausado, que no lento. Pero quien disfruta en el cine apreciando no tanto lo que se narra sino más el cómo se narra, sentirá el mismo entusiasmo que yo con el filme, porque en este sentido la película es sobresaliente. El papel del director, Alexander Payne, y del responsable de casting, John Jackson, es impecable en la selección de actores, porque todos son perfectos para su papel, y no sólo transmiten con el guión, que por cierto es magnífico por la perfecta naturalidad de todos los diálogos, sino que se comunican con el espectador por medio de los gestos, miradas, posturas corporales. Los planos son además muy acertados y suficientemente sostenidos (en unos tiempos en los que parece que está más de moda en el cine comercial la filmación tipo”videoclip” con continuos cortes de edición y cambios de plano). Quien haya visto la anterior película de Payne, “Entre copas“, se puede hacer una idea del ritmo de la película. Por cierto aliñada con una estupenda música transicional como ya ocurría en aquella película.

George Clooney está estupendo, como siempre, y es uno de mis actores favoritos de los últimos tiempos. Las niñas son también excelentes, y Shailene Woodley demuestra un rango emocional francamente sorprendente para su edad, interpretando las escenas dramáticas con la misma solvencia con la que nos transmite excitación durante la búsqueda del amante. Nick Krause está divertidísimo pero al mismo tiempo sabe darnos un atisbo de una historia familiar oscura en una escena clave en la que conecta con Clooney. El suegro de Clooney, interpretado por Robert Forster, nos ofrece un par de escenas memorables, de lo mejor de la película, como el padre recio que tiene a su hija en un pedestal, al tiempo que convive con plena dignidad con la difícil realidad de una mujer con la cabeza perdida por el Alzheimer. Beau Bridges interpreta con acierto el breve papel de un primo interesado en “coger la pasta” de la venta del terreno. Y tanto el amante (Matthew Lillard) como su esposa (Judy Greer) están igualmente prodigiosos en sus breves pero emocionales papeles.

La película discurre por tanto con planos muy expresivos, donde se demuestra la importancia de la interpretación gestual y la expresión facial, con reparto y director entregados a una narración emocional del mejor nivel. Llegando al clímax en el que el personaje de Clooney ha exorcizado su rabia e indignación tras descubrir al amante, y perdona a su mujer dejando sólo el poso del amor y del cariño que la profesaba, en una escena magistralmente emocionante pero sin ser sensiblona.

Resumiendo, una película sobre lo inmaterial y quizá no apta para todos los públicos, pero que si se sabe mirar desde este enfoque de las emociones, sin duda se convierte en un regalo para nuestros sentidos.

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