Reseña de “Desnudando a Google” de Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña

Si hace unos días leía el libro pro- Google de Jeff Jarvis, “What would Google do?”, ahora he terminado de leer un buen contrapunto, en la búsqueda de tener la información de los puntos de vista opuestos y de esa manera tener mejor capacidad de juicio. El “Desnudando a Google” de Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña es un libro vibrante, ágil e incisivo. Quizá menos imparcial de lo que promete en la introducción, ya que en más de un pasaje se le nota indignado y enfadado, pero no deja de ser un libro muy valioso para adquirir conciencia de algo que en realidad ya sabemos: que en Google no son hermanitas de la caridad, y que como toda empresa, están en esto para ganar dinero.

No seré yo el que critique el que una empresa quiera obtener beneficios. Ya traté de hecho ese tema en mi post sobre la ética de la rentabilidad. Lo que sí es cierto, como el autor manifiesta en repetidas ocasiones, es que Google juega en ocasiones a la doble moral de presumir de su “don’t be evil” y sin embargo tener prácticas que traspasan la delgada línea roja de lo que es éticamente admisible y lo que es reprobable.

El libro tiene una estructura muy adecuada. Primero nos expone la historia de la empresa, nos describe brevemente sus servicios principales, describe su crecimiento y explica el porqué, nos pone en contexto sus relaciones con otros agentes del sector como Yahoo, Mozilla (Firefox), Microsoft, Apple y finalmente Facebook. Pasa luego a tratar el asunto de la gestión de la publicidad, de donde obtienen la mayoría de sus ingresos; el proyecto Google Books donde se pretende convertirse en la Biblioteca de Alejandría 2.0 pero plantea serias dudas sobre los derechos de autor y el monopolio de la cultura, y se trata también en este sentido de la cuestión YouTube y su dudosa gestión del contenido protegido por derechos de autor (donde, básicamente, le dicen al autor que ellos no son responsables de los actos de sus usuarios y que sean ellos, los autores, los que denuncien esas infracciones de derechos para que YouTube pueda tomar medidas). En el siguiente capítulo se trata de la página china y de nuevo la doble moral de ajustarse allí a los requisitos del gobierno chino (aunque aquí el autor acierta siendo bastante neutral y comprendiendo el interés como empresa en estar allí a pesar de la censura). Continúa el libro tratando el carácter monopolístico de Google, por su enorme cuota de mercado y su capacidad para determinar quién gana en el mercado, así como para entrar en cualquier actividad, destruir los esquemas de precios y expulsar a la competencia. Se sigue explicando el proyecto Street View y sus sombras: invasión a la privacidad y la inexplicable e inquietante captura de datos personales a medida que sacaban las fotos con los coches, accediendo a las redes wifi de los vecinos de los barrios por los que transitaban. Se dedica a continuación un capítulo a la evasión sistemática de impuestos que lleva a cabo Google. Finalmente, el último capítulo explica todas las maneras con las que Google acapara información personal sobre los usuarios, lo que plantea de nuevo dudas sobre el límite de la invasión a la privacidad de las personas.

El libro en definitiva destapa una verdad que en el fondo es evidente, que es que si alguien te presta un servicio gratis, en realidad no lo hace altruistamente sino que tiene intención de obtener rendimiento de alguna manera. En este caso, como bien explica el libro, Google se ha convertido en una plataforma prácticamente monopolística para la gestión de la publicidad segmentada online, y eso le proporciona pingües beneficios. Si le sumamos a esto que a medida que expanden sus servicios tienen cada vez más información personal sobre nosotros, cada vez son más poderosos en esa gestión de los datos de los potenciales consumidores de productos. Y esos datos valen mucho dinero.

Al final lo que plantea el libro es la necesidad de regular más estrictamente la capacidad de Google para ser un monopolio tan excesivo, su acumulación de datos personales de los individuos, y la manera con la que se toman la libertad de coger las cosas prestadas sin preguntar antes, sino simplemente esperar a si alguien les reclama para entonces tomar medidas. Siendo además un monopolio, saben que incluso si alguien les demanda, querrá llegar a un acuerdo con ellos para no ser “castigados” con la desaparición de su enemigo en las búsquedas, lo que equivale a una muerte digital (si no estás en Google, no existes).

Yo creo firmemente que la ausencia de monopolios es el principal requisito para el correcto funcionamiento de un sistema de libre mercado, y en la medida en que la evolución de internet no ha tendido hacia la diversificación sino hacia la concentración empresarial, se hace necesario intervenir para impedir esa formación tan evidente de monopolios. Tal y como plantea el libro, se consiguió en la Unión Europea parar los pies a Microsoft en cierta medida, y ahora quizá es el momento de tomar alguna medida para garantizar un mayor nivel de competencia. Pero esto da para un post completo sobre los límites del doble mercado y a su vez los peligros de la sobrerregulación.

Al menos, lo que resulta inquietante en efecto es la cantidad de información que Google acumula sobre nosotros, y sí que es importante asegurarse de que se gestiona bien. El autor claramente piensa que no se está haciendo así, y aunque yo aquí soy un poco más optimista, porque tampoco veo como algo negativo el que me den publicidad segmentada (al fin y al cabo, en un pequeño comercio nos gusta que nos conozcan, así que sería algo parecido a la escala de internet), si bien sí que me molesta algo más cuando, por ejemplo, Gmail me hace publicidad en función del contenido de mis e-mails, lo que significa que los están leyendo. ¿Almacenan los datos clave y las conclusiones de esa lectura sobre mis gustos y preferencias? Tal y como lo plantea el libro, la respuesta sería: ¡por supuesto! Lo cual no me agrada.

En esta línea de pensamiento, el autor denuncia que si bien la Ley Orgánica de Protección de Datos es excesivamente estricta para con las empresas de internet españolas (y no sólo las de internet, ¡todas!), sin embargo no es capaz de controlar este tipo de prácticas, lo cual se convierte en una desventaja competitiva para los españoles en la batalla por el negocio online.

Otro capítulo-denuncia que realmente me subleva es el tema de los impuestos, aunque es lo que ya sabemos: las grandes corporaciones se montan sus estructuras financieras para terminar desviando los beneficios hacia paraísos fiscales y apenas pagar impuestos. Se habla de que el tipo efectivo impositivo que paga Google por sus ingresos fuera de Estados Unidos es una media de un 2,4%, lo cual es a todas luces insuficiente y un agravio comparativo para todas las empresas que pagamos más de diez veces ese porcentaje. Y la circunstancia de que apenas tributen en España también produce estupor. Se dan cifras verdaderamente escandalosas, pero os invito a descubrirlas en el propio libro.

En resumen, y como el propio libro concluye, no todo es oro lo que reluce. Creo que en ciertos aspectos el libro peca un poco de subjetividad y parcialidad, pero era un necesario contrapunto a los mensajes bienpensados de Jeff Jarvis y por lo menos nos pone en alerta ante la difusión demasiado optimista de nuestra información personal. No hace falta que os diga que en esta vida uno puede fiarse de unos pocos familiares y amigos. Debemos ser sabios con el uso de internet y ser conscientes de que todo lo que publicamos puede llegar a manos de un tercero. Lo más inquietante, para mí, es que en el fondo la moraleja del libro es que incluso el contenido de una comunicación en teoría netamente privada, como un e-mail, puede potencialmente llegar a formar parte de una base de datos que alguien quiera monetizar. Así que habrá que tener cuidado. Porque como dice el libro, si tienes una amante, podrás engañar a tu mujer,  pero no lograrás engañar a Google. Lo saben todo sobre ti. O con la metáfora más impactante que contiene el libro: “ése es el caballo de Troya que hemos invitado a nuestras vidas”.

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