Reseña y reflexiones al hilo de “Moneyball”

No puedo ser del todo objetivo valorando Moneyball. Lo admito. A ver, toda crítica es producto de la subjetividad, pero yo en este caso empezaba predispuesto a que me gustara la película. Tengo familia en Oakland y he estado en el Coliseum donde juegan los Oakland A’s, que por cierto está al lado del Oracle Arena donde juegan los Golden State Warriors de la NBA. Es una cuidad que aprecio mucho junto con sus vecinos de bahía, San Francisco, y una película sobre su equipo de béisbol es algo que me apetecía ver. Además, me encantan las películas sobre deporte. El deporte tiene ese elemento épico, emocional y grandioso que tan apropiado resulta en el medio cinematográfico. Como comentaba @javipas en su blog Incognitosis, me resulta siempre extraño que no se haga más cine en Europa sobre deporte. Será, como dice un comentarista de ese blog, que el cine en Europa está demasiado “intelectualizado” y esos “artistas” ven como algo vulgar a los deportes de masas. Si además le sumas que tenemos a Brad Pitt de protagonista, que me encanta desde los tiempos de Seven, Doce Monos y Snatch, razón de más para interesarme por la película. Así que sí, era una película que me apetecía ver porque tenía todos los ingredientes para gustarme, como lo ha hecho.

Pero sin embargo, más allá de pasar un rato divertido, de emocionarme con la parte grandiosa de la narrativa deportiva, de valorar la estructura tan “de libro” del guión (presentación, arranque poco exitoso del proyecto, éxito fulminante, conclusión agridulce), he de decir que esta es una de esas pocas películas que para mí dan un paso más y trascienden el microcosmos que crean con el espectador. A mí, personalmente, me ha tocado y me ha llevado a reflexionar sobre elementos de mi propia vida. Ahora, igual que decía antes, esta es una cuestión puramente personal y subjetiva. Estoy seguro de que para muchos otros espectadores, probablemente la mayoría, no despertará ciertas asociaciones de ideas. Pero permitidme compartirlo con vosotros.

La historia de Moneyball, basada en hechos reales, es la de Billy Beane, el General Manager de los Oakland Athletics, que a la hora de reconstruir un equipo de muy bajo presupuesto decide optar por una ruta diferente a la tradicional, y aplicar técnicas estadísticas y de análisis informatizado para evaluar la valía de los jugadores disponibles en el mercado, y de esa manera encontrar jugadores asequibles para su equipo que estén subvalorados. En otras palabras, descubrir los jugadores de mejor relación calidad-precio, si me permitís decirlo así. Se encuentra con el rechazo tanto del personal de técnico del propio equipo como de la prensa, y aunque el arranque del proyecto es malo, estando a punto de perder su puesto en el equipo, tras un par de decisiones determinantes a mitad de temporada, se da la vuelta a la tortilla y se consigue una racha ganadora histórica, alcanzándose la cúspide. Sin embargo, al final de la temporada no se consigue la victoria final y la prensa no es del todo benévola con su figura. No obstante, el personaje de Brad Pitt recibe una suculenta oferta por incorporarse a un equipo histórico como los Boston Red Sox con el que sería el mejor salario de la historia de un GM, lo que significa el reconocimiento a su trabajo y su enfoque. Pero  Billy Beane rechaza la oferta. El por qué se ha ido narrando a lo largo de la película. De joven tuvo que decidir entre incorporarse a un equipo profesional muy joven con un potente salario o continuar a la universidad (y no cualquiera, Stanford) con una beca. Optó por pasarse a profesional, sacrificando su educación, y se encontró con el fracaso. Decidió entonces no volver a decidir por dinero y por eso rechaza la oferta.

Pero en este punto es donde entra el mensaje subliminal de la película, que siguiendo una técnica cinematográfica también “de libro”, se termina revelando abiertamente en forma de canción al cierre de la película. El personaje de Brad Pitt es el de un hombre atormentado por el fracaso. Vive bajo la losa de haber defraudado las expectativas que tenían en él, y no es capaz de afrontar bien la presión de los partidos, le cuesta relacionarse con su equipo, ha perdido a su esposa, ve fugazmente a su hija, y sólo consigue relacionarse convenientemente con un tipo igual de poco apto socialmente como él. Sin embargo, vemos que la transformación del equipo se empieza a producir cuando se empieza a comunicar con los jugadores, a implicarse en su juego y a hablar con ellos personalmente, atendiendo sus necesidades particulares. Observamos cómo su alegría ante el éxito es intensa pero contenida, y su frustración ante el fracaso es tan explosiva como manifiesta.

Y al final el mensaje es que hay que saber disfrutar. Qué difícil es simplemente dejarse llevar por la alegría y no regodearse en el fracaso, sentirse ganador y no sufrir la presión de la exigencia de los demás, o peor aún, de uno mismo. Y es que esa necesidad de autosuperación explica muy bien el éxito de deportistas o profesionales, pero también puede derivar en una falta de satisfacción por parte de quien consigue el éxito, o una desmedida frustración cuando ese éxito es esquivo. Con el riesgo además de entrar en espirales negativas como la que acabó con la carrera profesional del joven Billy.

Yo de esto sé un rato, porque si bien fui siempre un estudiante de excelente expediente académico, viví con tal intensidad de presión de no defraudar las expectativas de los demás y las mías propias, que no conseguí disfrutar de la experiencia todo lo que podía. Digamos, y por favor no lo consideréis como arrogancia, que el talento a veces es tanto un don como una carga.

De modo que es en esta dimensión en la que la película me ha impactado: ilustra muy bien la importancia de saber disfrutar de la vida. Y también por cierto de no tener muy en consideración factores como la fama o el reconocimiento público, puesto que son efímeros y pueden resultar particularmente crueles (eso de “cuanto más alto asciendas, más dura será la caída”). Al final lo verdaderamente importante es el impacto que tienes en las personas cercanas, su afecto, y el respeto en ti mismo que consigas adquirir. Por eso, lo que en una primera lectura es un fracaso (Beane renuncia a la oferta de los Red Sox posiblemente por miedo a defraudar una vez más las expectativas puestas en él), posiblemente sea un gran triunfo, si realmente eso era lo que más le llenaba, el sentir que no se había dejado llevar sólo por el dinero.

Resumiendo, una película que me ha llegado al corazón. De estas cualidades está hecho el gran cine. Claro que, volviendo al principio, esta es una valoración muy personal y subjetiva.

Ah, y por cierto, Brad Pitt está estupendo; muy natural y creíble en su papel, así como el resto del elenco de actores (con Philip Seymour Hoffman en un papel que le queda perfecto). La dirección sobria y muy apropiada, y ojo que no es fácil dirigir una película con escenas de acción deportiva, donde es fácil caer en el “síndrome vídeoclip”. El guión como ya he explicado es muy académico en el mejor sentido de la palabra. Así que cinematográficamente es impecable.  Pero todo esto ya casi sobraba decirlo: si hubiera sido de otra manera, la película no habría conseguido llegar a conectar con el espectador con tanta profundidad. Sólo el buen cine puede hacerlo. Esta película merece ese calificativo. Que supongo que es el mejor piropo posible.

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8 comentarios

  1. nacho · · Responder

    Pues debe ser cuestión d identificarse con el mensaje, a mí a priori me sugiere una historia trilladísima y nada original.me recuerda a ‘un domingo cualquiera’,q m aburrió. De todas maneras,acabaré viéndola, philip seymour hoffman y brad pitt rara vez decepcionan.

  2. ¡Sabía que te gustaría! Debo reconocer que para mi el pasado del personaje de Bradd Pitt como jugador se me pasó bastante por alto, pero tienes razón: el trasfondo está ahí, bien apuntado 😉

  3. Muy buen analisis de Moneyball Daniel, una peli que tambien me gusto mucho, pero tu post me ayudo a entender mejor el trasfondo.

    Me parecio impresionante que el ayudante de Beane, Paul de Podesta (el de gafas) en la vida real luego fue elegido para ser GM de los Dodgers con solo 31 años………..

    1. ¡Gracias Mark!

  4. Otra que mezcla deporte, trasfondo académico y la típica emoción es “Finding Forrester”. Se la suelo recomendar a la gente cuando me pregunta por películas. Todos dicen siempre que es buenísima y eso que admito que no tengo ni idea de cine jeje.
    Saludos.

    1. Vaya… Gracias por la recomendación. Francamente no la he visto así que la pongo en el punto de mira.

  5. alberto · · Responder

    lo siento, y que sea a toro pasado. En el anterior post te leí que ansiabas un film de fútbol bueno. Pues el mejor que se ha hecho es The Damned United, espero que lo disfrutes.

  6. Es una película interesante para aquellos que aun creemos en la premisa de via de “Insistir persistir y no desistir “

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