La huelga general del 29-M o la agonía de unos sindicatos de escasa credibilidad

Méndez y Toxo, que pasarán a la historia con un nivel de valoración no mucho mejor que el ya políticamente difunto ZP, nos están regalando este mes de marzo dos joyitas. Primero, las manifestaciones de ayer en contra de la reforma laboral del Gobierno Rajoy. Un día que es para recordar respetuosamente a los muertos del 11-M, por favor. Pero claro, es que el 11-M está tan politizado y tan polarizado en un sentido concreto, que los sindicatos han querido aprovechar a que ya había gente en la calle para arrastrarles de un acto al siguiente.

Segundo, la convocatoria del viernes parado para la huelga general el 29-M, jueves.

Lógicamente aquí la postura que toma cada uno depende mucho de sus ideas políticas y de si son más o menos favorables a los sindicatos, pero me atrevería a decir que la reacción mayoritaria de la gente no es muy favorable. Los que han votado al PP hace poco más de tres meses desde luego que tenían claro que reforma laboral iba a haber, así que parecería un poco tonto que ahora se manifestaran en contra, y de los que no renunciaron a sus colores políticos y o bien votaron a la izquierda o se quedaron en su casa, habrá muchos que tampoco vean ninguna utilidad a una huelga.

Lo más triste de todo es que no sé se qué se quejan:

  • La reforma efectivamente ataca a los sindicatos en sus líneas de flotación, reduciendo las aportaciones públicas y su poder en la negociación colectiva. Pero podía haber sido muchísimo más dura. Muchos pedimos que los sindicatos se financien exclusivamente de las cuotas de sus afiliados (también la patronal, por supuesto), y que se controlen muchísimo más los fondos que reciben para la formación continua, donde ya se sabe lo que pasa.
  • La reforma ha reducido las indemnizaciones por despido, sí. E introduce un nuevo contrato con un año de periodo de prueba. Vale. Eso molestará a muchísima gente. Pero, y esto es algo que no deja de sorprenderme que se diga tan poco, sin embargo han eliminado la posibilidad de encadenar sin límite los contratos temporales, que es algo que aprobó en su última “reforma” el gobierno Zapatero, y que eso sí que era la medida más radicalmente precarizante de todas las que se han visto desde que González inventó los contratos basura. Así que en realidad esta reforma no la veo yo más liberal que la última socialista, francamente.
  • Rajoy ha hecho la tontada de retrasar la reforma dando una última oportunidad a patronal y sindicatos que no se merecían en absoluto, y se ha arrimado demasiado a lo que proponían estos dos agentes sociales, que tienen mucha menos representatividad real de lo que políticamente se les concede. Tendrían que estar un poquito más agradecidos. (Claro que a lo mejor eso fue un paripé de Rajoy para ocultar que en realidad la reforma la tenían mucho menos pensada de lo que decían en precampaña).
  • Y es que en realidad, como ya comenté en un post anterior, esto no es una reforma de verdad. Se queda muy a medias, y como apunta muy acertadamente Roger Senserrich en Politikon, este quedarse a medias le pasa ahora factura a Rajoy. Ya que contaba con una huelga general, teniendo mayoría absoluta y estando en el principio de su mandato y con una situación económica horrible, le tenía que haber echado valor e ir mucho más lejos. De lo que yo habría hecho ya hablé ampliamente en mi serie sobre la reforma laboral hace unos meses (resumen aquí).

Del papel de los sindicatos hay poco nuevo que decir. Para ellos esto de hacerle una huelga general a un gobierno de derechas es business as usual, es lo que ellos sienten que deben hacer para ganarse el sueldo. Ni esperan 100 días de gracia ni leches. Aunque mira, yo aquí estoy de acuerdo. ¿Qué es eso de dar más de tres meses de permiso? El caso es que aportan muy poco de cara a la convocatoria de la huelga. Lo dicho: es la huelga por la huelga.

Mucha gente se indigna con razón porque los sindicatos fueran cómplices del gobierno ZP con su tremenda destrucción de empleo y sólo al final salieron a la calle, cuando ya  veían que el leonés ni pinchaba ni cortaba. Pero vaya sorpresa. Ni que los sindicatos hayan hecho otra cosa que ser un brazo ideológico y funcional de los poderes políticos de la izquierda. Los parados les importan más bien poco. Mientras consigan sus prebendas, se apoya lo que haga falta. Y si de paso echan una mano con una campaña electoral como la andaluza, o hagan ruido para acallar otras historias, pues un placer para ellos. Aprovecho para recomendaros el análisis de ayer en El Confidencial de Carlos Sánchez: “La huelga general, el mago Tamariz y el oficio de sindicalista“, del que extraigo la siguiente cita que me parece acertadísima:

La crisis del modelo de representación no es, desde luego, un patrimonio español. Esta tendencia al declive es europea y no hay un patrón único de conducta antes la crisis, como se puso de manifiesto en el último Congreso del CES, celebrado, precisamente, en Atenas. ¿La causa? La existencia de diferentes “modelos de capitalismo” en Europa. Pero una cosa está clara, en los países del centro y norte de Europa no hay huelgas generales, mientras que en los mediterráneos (con mucha menor afiliación y más problemas económicos) forman parte de la agenda diaria. Hasta el punto de que Rajoy solía decir antes de llegar a la Moncloa que si no le hacían tres huelgas generales en los primeros meses de su gestión es que algo estaba haciendo mal. La huelga general, de esta manera, en lugar de ser el instrumento más poderoso con el que cuentan los trabajadores para defender sus derechos, ha llegado a formar parte de la liturgia sindical. Hay que hacerla aunque no sirva para nada. Y ningún gobernante se puede ir de Moncloa sin que se la hagan.

Me gusta de hecho esta interpretación de la liturgia sindical y de que Rajoy lo estaría haciendo muy mal si no le hubieran montado ya la huelga. Lo malo es que se va a pensar que lo está haciendo bien y todo y no, se ha quedado muy corto. El mejor análisis que he leído de la huelga es por cierto el que ha publicado Xavier Sala-i-Martí en su blog, que resumiendo plantea que con la huelga gana Rajoy sí o sí. Si la huelga triunfa, le viene bien para llorar en Europa y que le rebajen exigencias, a la vez que le reconocerán que se lo está currando ante un ambiente desfavorable. Si la huelga fracasa, los sindicatos se debilitan y él gana margen.

Y yo, como empresario que soy, os voy a dar un punto de vista muy personal: en esta huelga, se puede dar la paradoja, en muchas empresas, de que el empresario será el que esté deseando que sus trabajadores la hagan. Porque así se ahorrará un día de sueldo. Total, para el poco trabajo que hay, perder unas cuantas horas laborales ni se va a notar en la producción real, y sin embargo es un pellizquito que se araña a los gastos del mes. Pero claro, los trabajadores no son tontos y no están dispuestos a perder ese día de sueldo para nada.

En definitiva: me da a mí que esto es la crónica de una muerte anunciada.

Anuncios

3 comentarios

  1. Del papel y (in)utilidad de los sindicatos no voy a decir nada porque yo creo que ni ellos lo saben.

    Estoy de acuerdo con casi todo lo que dices (tu propuesta de reforma era mucho más sensata que la que se plantea), pero la introducción de un fecha de finalización real para un contrato temporal (medida acertadísima) no compensa la barbaridad que supone un período de prueba de un año. Depende del sector, claro, pero en menos un año se terminan muchos proyectos y es tiempo más que suficiente para contar con un reemplazo para el trabajador. Para mí, esto es uno de los puntos más sangrantes de la reforma, más incluso que el llamado “despido libre”.

    1. Gracias, Ignacio. Estoy de acuerdo contigo en que un año de periodo de prueba es una medida muy liberal. Pero no menos que lo que hicieron ZP-Rbcb de levantar la prohibición de encadenar contratos temporales, que eso equivalía a institucionalizar la temporalidad. Por lo menos esta reforma apuesta un poco más por el modelo indefinido. Yo como sabes me cargaría directamente la dualidad indefinido-temporal a favor de un contrato único, que es algo que parecía que De Guindos de hecho apoyaba, pero me da la impresión de que Rajoy y Montoro no son tan valientes.
      Un abrazo.

  2. Cada uno en su papel. Si lo pensamos friamente, como bien apunta el Sr Cuñado, los Sindicatos han perdido mucha representatividad pero tienen una importancia política desmedida. Esto es, dada la poca representatividad real que tienen, se les debería limitar enromente su peso político. Dicho locual, lo único que les queda a sus dirigentes es justificar lo injustificable y seguir haciendo guerras sinsentido… Como esta huelga general, que no tiene cómo justificarse y en la que una vez más, obvian los más de cinco millones de parados que tiene este país…
    Aprovecho para comentar algo que los sindicatos han dicho para justificar la huelga: A España sólo la tiene que sacar de la crisis los trabajadores. Interesante, pues pensaba que eran los empresarios…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: