Adele vs. Mad Season, George Michael: Reivindicando el papel de la producción en la música

Hay algo en el mundo del cine que me gusta mucho, y que es que pese a que para el gran público los nombres más reconocibles suelen ser los actores principales, siempre se destaca el papel del director, y en todos los carteles de una película se indican también los nombres de otros miembros relevantes de la ficha de producción como productores, productores ejecutivos, guionistas, e incluso responsables de edición, dirección artística o de fotografía. Es un reconocimiento al papel de los miembros del equipo técnico y que son tan importantes a la hora de la consecución de un buen producto final.

Sin embargo, en la música por algún motivo esto no ocurre. Las portadas de los discos apenas indican el artista y el título del álbum (a veces ni eso), y muy rara vez aparece indicado el productor; no digamos ya el ingeniero de sonido o de mezclas. Hay que buscarse el libreto del CD para encontrar esa información. Me frustra de hecho que esta era de la música digital, muy pocos artistas te dan una copia del libreto con el conjunto de ficheros digitales del album, con lo que toca irse a la Wikipedia o a otras fuentes externas para enterarse de esa ficha técnica.

Pero es importantísimo el papel del equipo de producción en la música y sea este post mi reconocimiento personal a su papel. Y qué mejor que poner un ejemplo concreto.

Adele ha sido (junto con mis admirados Foo Fighters) la triunfadora de los recientes premios Grammy de 2011, ganando los premios más importantes como álbum del año y disco del año. Yo aprecio su voz y no me disgustan sus “Rolling in the Deep” o “Someone like You” pero tampoco es que me entusiasmen. Sí me ha llamado mucho la atención su single “Set Fire to the Rain“, no sólo por el despliegue vocal, sino por la amplitud de tonos melódicos y por la base instrumental. Sin embargo, el caso es que lo escuchaba por la radio o por YouTube y no me terminaba de sonar bien, cosa que le achacaba a la pérdida de calidad por el formato radiofónico y por la compresión de datos en streaming. Así que me animé a comprarlo en iTunes (1,29 €), para por lo menos poder disfrutar plenamente de la canción.

Mira por dónde, mi sorpresa es que la descarga oficial, teóricamente en perfecta calidad, suena casi igual de mal que en la radio o en YouTube. A ver, entendámonos, no es que suene mal, pero sí que la producción no es buena. Técnicamente han hecho un excelente trabajo de grabación de la parte vocal, pero la parte instrumental suena totalmente enlatada, desenfocada, y le hace quedarse sin profundidad a la canción. Cosa que es una verdadera lástima, porque lo que se escucha, más bien intuye, detrás de la maravillosa voz de Adele, es un despliegue de percusiones, bajo, guitarras y orquesta de cuerdas. Pero totalmente apelotonado y sin ninguna viveza. El “perpetrador” tiene nombre: un tal Fraser T. Smith, cuyos créditos no es que sean muy espectaculares.

Vale, aquí soy un poco “sibarita“, digamos mejor audiófilo, pero de verdad que escuchar una canción bien producida es un placer para los oídos y supone un enorme salto de calidad para una buena composición. Suelo poner siempre como ejemplo la canción “Wake up” del supergrupo Mad Season en su único álbum, Above, de 1995, uno de los mejores álbumes de mi colección, y una ganga por menos de cinco euros en Amazon. Es el perfecto ejemplo de cómo grabar con total limpieza y con todos sus matices la voz única y difícilmente repetible del tristemente difunto Layne Staley (ex-Alice in Chains), y al mismo tiempo no restar protagonismo ni presencia a la guitarra de Mike McCready (Pearl Jam), el bajo del también fallecido John Baker Saunders y las percusiones de Barrett Martin (Screaming Trees). Os recomiendo especialmente escuchar la canción en su clímax a partir del minuto 4:00 porque es una exhibición de la excelsa producción de Brett Eliason, con los cuatro integrantes del grupo interpretando a su máximo nivel, y haciendo compatible un alto volumen, notas complejas, y todo al tiempo sonando con perfecta nitidez, de manera que el oyente puede seguir perfectamente un instrumento en concreto y separarlo de los demás. Lo contrario de lo pegajoso que suena la canción de Adele que mencionaba antes.

Y poniendo otro ejemplo más próximo en estilo de música a Adele, quién mejor que George Michael, otra voz privilegiada. Uno de los mejores vocalistas de los últimos tiempos, por el que además siento un gran respeto y admiración porque es intérprete no sólo de la voz, sino que toca múltiples instrumentos (batería, bajo, teclados, programaciones), y escribe y produce sus propias canciones. En otras palabras, un artista completo. Y sin duda eso le lleva a cuidar mucho sus producciones y le hace ser consciente de que una cosa es saber grabar una voz excepcional, y otra muy distinta es “aplastar” la base instrumental. Es perfectamente compatible el ensalce de lo vocal con el sonido nítido y presente de una guitarra, un bajo y una batería.

El álbum donde me parece más destacable el trabajo de George Michael es su “Older” de 1996. Es una colección particularmente emocionante de canciones bellamente interpretadas, y con una producción inmejorable. La voz suena nítida y cristalina, con todos sus detalles, pero al tiempo uno puede recrearse en escuchar cada instrumento en un cuidadísimo estéreo, donde cada sonido está puesto en su contexto apropiado. La percusión y la guitarra se sienten cercanas, mientras que el bajo es envolvente al tiempo que la base orquestal nos sumerge en un mundo propio. En ese sentido, Jesus to a Child hace todo lo que la canción de Adele no sabe hacer, que es transmitir una sensación de completitud.

Aunque mi canción favorita del álbum es “You Have Been Loved”, para mí una canción perfecta en todos los sentidos. Uno de esos pocos temas que no me canso de escuchar y que me sigue poniendo la piel de gallina tantos años después:

Un prodigio de canción y producción. Si escucháis atentamente (y preferentemente con unos bafles o auriculares decentes), se pueden escuchar todos los detalles de cada guitarra acústica que interviene en la canción, la percusión suena como si la tuvieras al lado, el bajo tiene la presencia justa, y uno se sumerge en la orquesta, a la vez que George Michael juega con los ecos de su voz para darle una cualidad etérea.

En definitiva, en la música, igual que en el cine, no sólo importa tener un buen intérprete o un excelente guión. También hay que saber elaborar el producto.

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2 comentarios

  1. He aprovechado este post para escuchar algo de Adele. Me ha gustado el tema, pero es cierto que no se han esforzado mucho en la producción, algo que ocurre con bastante frecuencia en los últimos tiempos. Y si a una mezcla mediocre unimos la compresión de YouTube, Spotify, etc tenemos una distorsión de la canción que seguro afectará la opinión sobre ella.

    Siempre me ha llamado la atención que muchos aficionados a la música no tengan esto en cuenta y utlicen un portátil con conexión a YouTube, etc para reproducir música en fiestas y otros eventos. En comparación directa es notable la pérdida de calidad, por supuesto siempre según la complejidad y lo bien o mal que esté hecha la mezcla. Aunque tb hay quien dice eso entre un archivo de audio sin comprimir y un mp3.

    De George Michael sólo puedo hablar bien, aunque no le he seguido precisamente desde la época de “Jesus to a child”. Su voz es prodigiosa, al igual que su talento musical. He escuchado muchas opiniones (a las que me sumo), a raiz del homenaje a Freddie Mercury, en las que se le apoyaba como posible relevo de Freddie en Queen. Una pena, porque hubieramos continuado escuchando grandes temas de uno de los mejores grupos de la historia, en lugar de discos medianos y discretos como su reciente “Cosmos Rocks”. No es que Paul Rodgers lo hiciera nada mal, pero un disco de Queen no se merecía tan poco esfuerzo…

    1. Gracias, Ignacio, por tu comentario.
      De lo que dices de la calidad de sonido, te apoyo totalmente. Cuando uno aprecia la música, importa la calidad de compresión. Eso me recuerda que ya cuando salió el CD, se discutía sobre la pérdida de calidad respecto al vinilo (que existe y quien lo dude que lea esto: http://electronics.howstuffworks.com/question487.htm), pero la verdad es que sólo se apreciaba con un equipo de música muy bueno y en producciones de alta calidad y de música clásica y jazz, mientras que para lo más común nos beneficiábamos de ahorrarnos los típicos (aunque también entrañables) sonidos del vinilo: polvo, rayaduras, etc.
      Ahora con el mp3 y el streaming hay gente que ha asumido como normal el escuchar música totalmente enlatada, sobre todo cuando lo que se escucha está comprimido a bitrates inferiores a 192 kbps. Pero con 256 kbps la calidad ya empieza a ser difícil de distinguir de un CD, y a 320 kbps yo francamente no consigo apreciar la diferencia, incluso aunque uso auriculares de gama alta (unos Grado GR10 y unos Sennheiser HD545).

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