Los profesores profesionales

Comenzaba mi reciente post sobre los dividendos hablando de la teoría a ese respecto que me explicaban en la universidad. Y decía que luego la vida real me reveló una verdad diferente de la que explican los libros. Porque la teoría es una cosa, y sobre el papel todo es muy lógico y razonable, pero amigo, las matemáticas son ciencias puras, pero todo lo que sea resultado de la interacción humana, llamémosle ciencias sociales o como queramos, es harina de otro costal.

Estaba el otro día sigiuendo una interesante cadena de tuits de @mjgguirado retransmitiendo eI I Encuentro de Directivos sobre Formación Profesional en la Comunidad de Madrid en el Centro Padre Piquer, subtitulado  “Memorial José María Picazo”, y en concreto una Ponencia “Proyecto Formación Dual” de D. Jesús Valverde, Viceconsejero de Empleo de la Comunidad de Madrid, y uno de los comentarios que publicaba Mª José decía lo siguiente:

 

Lo cual me lleva a una reflexión que conecta con aquel comentario anterior: ¿por qué se produce tan a menudo una desconexión entre lo que uno estudia en la universidad y lo que luego vive en la realidad profesional? ¿Por qué la teoría no se ajusta a la práctica? ¿Cómo es posible que un estudiante que pasa tres, cinco o hasta seis años en una carrera universitaria no adquiere más que una base? ¿Es que no queda más remedio que hacer un máster si uno quiere de verdad tener una formación altamente especializada y práctica?

Esto conecta con la peculiaridad con la que yo viví mi época universitaria, estudiando lo que entonces se llamaba Ciencias Económicas y Empresariales (hoy Administración y Dirección de Empresas), especialidad financiera, más una licenciatura de segundo grado llamada Investigación y Técnicas de Mercado (en realidad, Marketing). Yo entonces vivía una situación especial: ya desde el primer año de carrera, me empecé a incorporar parcialmente a la empresa de mi padre, encargándome de revisar las cuentas financieras, gestionar inversiones, llevar relaciones con proveedores extranjeros, preparar documentos en inglés para clientes, e incluso me encargaba de lo básico de la infraestructura informática. Ese contacto con la vida real me fue de enorme utilidad para tener una perspectiva diferente y asimilar mejor muchos conceptos.

Pero aún así, me acabé adaptando cual camaleón a la perversión del sistema educativo español: clases en las que el profesor dicta unos apuntes, sin apenas diálogo y menos debate, y luego la fase de exámenes basta con empollar durante un par de días el examen de turno, “vomitar” lo aprendido, y una vez superado el examen de una materia, toca borrar de la mente lo anterior y a por el siguiente. Un sistema que francamente no promueve para nada la construcción personal ni la preparación profesional. Te enseña a currar duro, a echarle horas, a memorizar, pero no a integrar, interrelacionar, ser creativo.

Tratando entonces de explicarme el por qué de todo esto, llego al título de esta entrada. Se me ocurre que un problema es que el sistema educativo español, incluso en sus etapas superiores y en teoría más enfocadas a una especialización profesional, está planteado desde un punto de vista muy académico. Los profesores son profesionales, pero no del ejercicio práctico de la materia que enseñan, sino que lo son del oficio de enseñar. Sin que a menudo hubieran tenido ningún contacto con la realidad empresarial, o en los casos en los que sí había ocurrido, lo habían abandonado y se dedicaban ya sólo a la dinámica académica, sin un periódico reciclaje como acertadamente apuntaba en su tuit María José González Guirado.

Y no creo que sea sólo un problema del profesor como individuo. Pienso que es una deformación del sistema, que prima los programas y los contenidos académicos, formales y teóricos, frente a la necesaria flexibilidad, adaptación e improvisación que pienso que querría aportar un profesional que partiera de su experiencia personal en el trabajo dedicado a la materia que enseña.

Así, yo por ejemplo sí que me gustaría algún día en un futuro más o menos lejano tener alguna experiencia docente. Pero detestaría el tener que dedicarme a un programa prefijado, rígido y ultra-condensado, donde se exigiera impartir unos contenidos mínimos, viéndome obligado en la práctica a convertirme en un profesor de libro como tantos de los que tuve en la carrera. Lo bonito es lo que entiendo que es el enfoque de analizar experiencias, debatir propuestas, abrir un diálogo entre profesores y alumnos.

Claro que alguien me dirá con mucha razón que un alumno de universidad, sin ningún bagaje profesional previo, tendrá poco que aportar. Y que es necesario conocer y estudiar la teoría para adquirir la base sobre la que se fundamenta la práctica. Cierto es. Pero es que aquí nos hemos quedado en el extremo del academicismo, que como todo “-ismo” tiene un carácter negativo. Habría que buscar fórmulas para integrar más el mundo del estudio con el del trabajo (una gran asignatura pendiente en nuestro país frente a otros como los germánicos), y también para contar con un profesorado dinámico y profesional, pero en el sentido de estar integrados con el mundo de la empresa.

Por eso me preocupa el que, por ejemplo, en mi antigua universidad, me decían que la política desde poco después de terminar yo mi carrera era que todos los profesores tuvieran un doctorado. Muchos de mis mejores profesores no eran doctores. Eran en realidad profesionales o ex-profesionales relacionados con la materia que impartían. Algunos profesores sin embargo eran jóvenes doctores, y se sabían la teoría de memoria, y eran majísimos y buenos docentes, pero te contaban esas teorías tan bonitas como la de los dividendos que contaba en mi post anterior.

Y la vida no es como la pintan los libros. Sería tan fácil y previsible si lo fuera…

Anuncios

20 comentarios

  1. Un tema apasionante Daniel; como sabes ya pasé por este asunto -de refilón- en mi entrada

    http://mjaureguizar.wordpress.com/2012/02/26/por-una-politica-contraintuitiva/

    Una vez terminada mi autopromo :-), comentar que en mi experiencia docente veo los fenómenos que tú indicas y hay un largo trecho por recorrer, tanto por parte de profesores como de alumnos para movernos en el camino de la excelencia y la aplicación práctica, profesional, de conocimientos.

    En el mundo del máster, como indicas, sí es más habitual que haya profesores que son también grandes profesionales de sus áreas. Algunas charlas y clases en esta línea valen su peso en oro (y de hecho se cobran como tal). En la universidad es tal como lo describes, sin embargo.

    ¿Qué pienso yo que podemos hacer para mejorar? Pues te resumo algunas cosas que he tenido la ocasión de poner en práctica en asignaturas que imparto (mano a mano con mi hermano @cjaureguizar , dicho sea de paso, eso nos ha ayudado a mejorar sin duda. Cuatro manos hacen más que dos):

    1. Tecnología: blog de asignatura y cuenta de twitter para funcionar en tiempo real y en un medio que les resulta cómodo. Es tremendamente útil para ambas partes.

    2. Más tecnología: animar a los alumnos a que sigan nuestros perfiles profesionales en redes sociales. Así ven cómo nos movemos por ese mundo, qué tipo de contenidos nos interesan, con quien nos relacionamos…. y pueden formar parte de ello si quieren.

    (mis mayores satisfacciones: que un alumno me comente un gráfico de un activo en mi blog o que entren en una conversación en Twitter que tengo con otro profesional a dar su opinión. ¡Animaos!)

    3. Cambiar clases “mías” por invitaciones a profesionales. Sólo hay que tirar un poco de agenda para cambiar la clase de formación de precios en mercados por una charla de un director de mesa “de verdad”, y si le das facilidades para que se traiga el software y se vea en vivo, mejor. No es exactamente el temario, pero es más valioso para los alumnos, me parece a mí.

    Otras cosas que creo deberíamos trabajar más:

    1. Número de alumnos: no tiene nada que ver dar clase a 5,10,20,30 ó 50, te lo aseguro. No es cuestión baladí, no es fácil de acometer.

    2. El foco: los temarios son muy amplios, más que la actividad de vida real de empresa. Me gustaría -por decir una tontería- que los alumnos tuvieran que elegir un área muy concreta (2 ó 3 asignaturas en toda la carrera/máster) que les puntuaran cinco veces más, para enfocarse de verdad en algunos temas – por desgracia ya sabemos que el global se trata de aprobarlo y fuera, es difícil cambiar eso de la noche a la mañana –

    3. La relación profesor-alumno sigue siendo la de siempre. Hay que encontrar nuevas formas de diálogo, evaluación y motivación. Es mi asignatura pendiente (nunca mejor dicho).

    Seguiría pero dicen que no es bueno que el comentario sea más largo que el post 🙂

    1. Qué decir, Miguel… Que eres un tío grande. Muchas gracias por la aportación. Y por mí, no te cortes nunca con la extensión del comentario, que no sobra ni una coma en tu caso.
      Me encanta lo que dices de interactividad vía redes sociales. Porque no sólo sirve para enriquecer, sino además para conseguir ese engagement (¿cómo lo traducimos, como compromiso, conexión?) que sirve de elemento motivador para el alumno.
      Un fuerte abrazo.

  2. x2Sanz · · Responder

    Visto lo visto aquí sólo faltaba una cosa…¡El alumno!

    Dices, Daniel, en Twitter: ¿Quién no querría ser su alumno? Allá voy:

    De momento han sido unas 15 ó 16 clases de 50′ cada una y Miguel nos habrá dado la mitad. A mí la verdad que me cayó bien simplemente cuando fuera de clase me confirmó que la Bolsa se parecía mucho al Póquer, ya que yo estaba obsesionado con las similitudes y buscaba a alguien que me lo confirmase, lo cual me dejó contento, ya que dicen por ahí que si se te da bien la segunda, la primera también, o al menos hay bastante probabilidad. Soñar es gratis (aunque con los Gobiernos actuales nunca se sabe).

    A lo que iba.
    Llegar a clase, soltar el rollo e irte a tu casa es algo que no entiendo cómo puede dejar a los profesores tranquilos. ¿Acaso a ellos no les habría gustado poder interactuar y comunicarse fuera de clase con sus profesores de antaño? Seguro que sí.

    La verdad que el uso de twitter y los blogs son muy útiles para la relación profesor-alumno fuera de las clases y su uso se debería extender. Yo si fuera profesor me sentiría mil veces más feliz al llegar a casa si viera que mis alumnos se integran en la asignatura no sólo detrás de los pupitres. Al fin y al cabo tus alumnos son tus clientes y les has de ofrecer lo mejor posible porque su satisfacción es tu beneficio y en Educación eso revierte en todos. Eso lo sabe bien Walter Lewin.

    No obstante, resulta “raro” comunicarte directamente con quien te evalúa unos exámenes, te da mil vueltas en las cosas que os interesan a ambos y es mayor que tú. Creo que es por el precedente de esa relación alumno-profesor en la que no ha habido nunca mucha comunicación. En mi caso, hay profesores de mi antiguo instituto con los que me he ido de juerga un sábado y otros que hasta han contratado el seguro del coche conmigo. Si bien es verdad, esto ocurrió después de que me hubieran dado clase.

    En cuanto al punto 3 de Miguel, termina diciendo: “No es exactamente el temario, pero es más valioso para los alumnos, me parece a mí.” Decirte que ésto da un valor añadido a la asignatura enorme. El que considero mi mejor profesor de Derecho nos llevó aposta a ver las ruinas de Mérida para darnos una clase de Derecho Romano in situ con el fin de ver relaciones entre la teoría y la práctica, que muchas veces se desconoce hasta que entras en el mundo laboral.

    Concluyo diciendo que esta senda es la correcta, ha de implantarse y que por lo que se comenta por ahí, los alumnos estamos encantados con tener cada vez más herramientas que ayudan a que el producto final sea mejor.

    Pd: Perdón por el rollo y dedicarme sólo a comentar los comentarios!

    1. Muchas gracias x2Sanz por tu comentario. ¡Me encanta!
      Mira por dónde comentaba hace poco con un compañero de mi promoción que también tiene experiencias docentes sobre lo raro que se nos hace a veces a nosotros, que nos acercamos a los 40 tacos, el que gente de veintipico años nos vea como “señores” cuando nosotros todavía nos sentimos chavales, con la única diferencia de que sí, tenemos niños y ya un poco de experiencia. Pero yo que precisamente estoy ahora organizando una reunión de la promoción de mi colegio-instituto, te aseguro que tampoco se nos ha olvidado el cómo se siente uno cuando está del otro lado del pupitre.
      De hecho siempre recuerdo a un gran profesor que tuve de Filosofía, Jerónimo García Ugarte, que montó un Cinefórum los sábados donde veíamos películas y las comentábamos, y gracias a eso nos hicimos unos cuantos muy amigos de él y estoy seguro de que esa es una buena parte de la razón por la que yo disfruté tanto una asignatura que para otros muchos era un rollete. Conectar humanamente con el profesor es muy importante, y está claro que el docente que pone los medios para ello ya demuestra de partida mucho a su favor.
      Y sin duda, aportar invitados o visitas o cualquier elemento que rompa la rutina y acerque al alumno a otra visión de la realidad es muy importante. En mi empresa invito todos los años a los estudiantes de un máster de la Universidad de Zaragoza a ver nuestra fábrica, y les fascina ver en la práctica como son los procesos productivos. A mí me entusiasma ver las caras de alucine que ponen cuando ven cómo se hacen las piezas que sólo ven dibujadas en el papel.
      ¡Un abrazo y no dejes de comentar siempre que te apetezca!

      1. Héctor Pérez Tapia · ·

        Daniel,

        pues no veas el shock que produce que te llamen señor, profesor, o “de usted” de forma habitual cuando tienes únicamente 32 años y es tu primer año como profesor asociado, (compatibilizándolo con el ejercicio profesional en un despacho de abogados, eso sí).

        Coincido en que la única forma de dar clases útiles para los alumnos es permitirles una interactividad con el profesor. En mis clases siempre expongo la materia de forma práctica intentando atraer ejemplos de mi vida profesional y con medios audiovisuales (quien hubiera soñado con un powerpoint en mis años de estudiante en la UCM, ni siquiera una década atrás) permitiéndo y fomentando las preguntas directas y el debate durante y después de la presentación.

        Evidentemente esto exige un estudio previo del tema (para eso están los libros) por parte del alumno, algo a lo que la mayoría no están acostumbrados. Eso sí, cuando te encuentras con un grupo motivado, es muy enriquecedor. Espero que ellos opinen de igual forma cuando me evalúen al final del curso.

        Sludos,

        H

      2. Muchas gracias por tu aportación, Héctor. Me alegra un montón ver que hay gente como tú que lo tiene tan claro. Y seguro que tus alumnos lo agradecen.
        Espero seguir contando con tu confianza y que de vez en cuando te pueda ver por aquí. Un saludo.

    2. ¡Muchas gracias por el comentario! Qué mejor ejemplo de la conectividad que aportan las redes sociales entre profesor, alumno y entornos. En efecto, el ejemplo del póquer (para entender que la inversión en Bolsa en general y el análisis técnico en particular no buscan acertar siempre sino sesgar las posibilidades a tu favor) lo utilizo mucho.

      Todavía no estamos acostumbrados a conectar, y como bien dices es “raro”. No sé, hay un factor personal importante de estar dispuestos a dar esos pasos. Y es cierto que hay un proceso de evaluación, etc. que puede poner barreras entre profesor y alumno. En todo caso creo que iremos encontrando el camino, al menos los que lo intentemos.

      Visto que gusta insistiré en llevar a la profesión a clase o sacar a la clase y llevarla a la profesión. Está claro que es un paso importante.

      ¡Gracias de nuevo por la participación y un saludo muy cordial!

  3. Yo he estudiado en la universidad ‘de mayor’, y en otro país. En este otro país (Inglaterra), resulta que las carreras son 3 años y 14 horas de clase a la semana. 1º es facilísimo, segundo empieza despacito pero se pone cuesta arriba enseguida y acaba siendo un esfuerzo considerable, y 3º hay que currárselo de lo lindo desde el principio, porque normalmente en 3º se hacen las prácticas y mientras, el temario sigue. No suele haber exámenes (como mucho, uno o dos al año), si no que la evaluación es por trabajos, en los que es imposible copiar sin más o hacerlos con desgana porque se nota enseguida. Por si esto fuera poco, casi el 85% de la gente trabaja para pagarse los estudios.

    Viendo esto, me alegro de no haber estudiado en España cuando acabé el COU y me puse a estudiar, y recuerdo a mis amigos subiendo a la universidad en buses que eran latas de sardinas (algunos no podían subir las cuestas), y pasándose en la universidad, en el mejor de los casos, 5 años de la mañana a la noche. Siempre he creído que la universidad en España es un muro para el paro, que mientras estemos metidos en clase no contamos para la estadística.

    1. Muy interesante tu aportación, Al. Efectivamente conozco varias personas que estudiaron su carrera universitaria en países anglosajones y es una diferencia importante. Tu comentario sobre el muro para el paro es tremendo pero no te falta razón. Como explico, desde mi punto de vista personal y hablando de una carrera como Empresariales, creo que por estos lares se peca de mucha teoría y poca práctica. Y tu comentario sobre los trabajos copiados me ha recordado que en mis días universitarios (mediados de los 90) había cola para usar el escáner en la biblioteca. Nunca comprendí cómo no se le ocurría a ninguna autoridad académica preguntarse el por qué de ese fenómeno. Y mira que era fácil detectarlo porque una letra o con tilde (ó) lo reconocía el OmniPage Pro siempre como un número seis (6), con lo que a los vagos que ni se molestaban en retocar los textos escaneados se les pillaba enseguida. Pero imagino que los profesores bastante tenían con aguantar el ritmo frenético de clases y corregir exámenes como para leerse los trabajos. Al final importaba más el volumen de papel y la presentación que el contenido.
      Un saludo y espero seguir leyéndote por aquí.

  4. María José G. Guirado · · Responder

    Hola por fin, Daniel!!
    Estoy encantada de aparecer citada en un blog tan interesante como el tuyo, en el que tratas tantos temas, tan diversos, y siempre tan acertadamente, sabes que cuentas con mi admiración.
    Te contesto en titulares, básicamente por no aburrir.. Pero el tema me toca por alusiones y porque soy profe desde hace 18 años tanto en Formación Profesional como en la Universidad y he experimentado de todo.

    – Este encuentro de directivos era para reflexionar sobre el modelo alemán de Formación Profesional dual, que este curso se ha puesto en marcha en dos Institutos, de manera piloto: un nuevo modelo que consiste en que el alumno pase 2/3 de sus estudios en la empresa y sólo 1/3 del tiempo en el aula. Y en el que el programa de estudios lo diseña la propia empresa.

    – esa parte es la que nos chirrió un poco a todos. Es cierto que la Economía y la empresa son el motor del mundo, pero poner tanto a su servicio nos parecía un poco arriesgado. En un mundo en el que todo cambia tanto, en el que los programas de estudios están desactualizados apenas salen a la luz, nos preguntábamos si no era mejor para los alumnos formarse en destrezas más abiertas, que les permitan adaptarse a esos cambios, en lugar de “superespecializarlos”. A la larga, tanta especialización puede resultar, paradójicamente, descualificante, si se me permite el “palabro”.

    – Reivindico decididamente el papel formador en teoría de la Universidad: ¡en algún sitio han de estar “los templos del saber”! Mucho “aprender cómo” pero sin “aprender por qué” nos convierte en iletrados.

    – Ni la Universidad ni la Formación Profesional pueden sustituir a la Formación para el Empleo, o sea, la urgente y necesaria inversión que las empresas han de hacer para formar a los trabajadores. Se quejan de falta de fidelización, pero…

    – Bolonia ha venido a cambiar la Universidad que conocimos los más viejos del lugar, añadiendo trabajos colaborativos, menos presencia en aulas e incluso prácticas en empresas. Pero será que cuando importamos modelos no lo hacemos con los medios necesarios, creo que tampoco Bolonia y sus grados están acercándonos a los objetivos que se marcaron.

    En cuanto a las destrezas del profesor, que es el tema que trata este post y los interesantes comentarios que tanto aportan, deciros que circula por ahí un dicho terrible: “el que sabe, lo hace, el que no sabe hacer, enseña, y el que no sabe enseñar.. ¡es profesor de Educación Física!” ¡jaja! ¡demoledor!
    – Es importante que el profesor tenga medios actuales de comunicación con sus alumnos. El uso de Twitter, blogs de aula etc. son ya casi imprescindibles. Hay que usar, combinados con las clases magistrales, todos los medios que los alumnos usan habitualmente para comunicarse, para poder conectar con ellos en la más amplia acepción del término.

    -En nuestro Centro, un altísimo porcentaje de los profesores compaginan la enseñanza con trabajos en su rama profesional. Nos complica la tarea de confeccionar horarios, pero es un criterio que nos parece importante a la hora de seleccionarlos.
    Pero a pesar de todo, ser un buen profesor es más que todo esto, es más que blogs, powerpoints y experiencia fuera de las aulas: es dar ejemplo, inspirar, conectar, motivar… y un largo etcétera. ¡Todo un arte!

    ¿A que es apasionante? Perdón por la extensión.. pero es mi tema y mi vida! 🙂

    Saludos a todos.

    1. Gracias, Mª José. Encantadísimo de leerte por aquí y de que hayas escrito un comentario extenso como a mí me gusta. Interesantísimo lo que cuentas y sobre todo con el valor de la experiencia.
      No sé si coincides conmigo pero por algún extraño motivo en este país nos encanta pasar de un extremo al otro. De exceso de teoría y academicismo parece un poco “heavy” pasar a que la propia empresa colaboradora diseñe el programa de estudios.
      Dices algo que es muy importante y que yo mismo me lo pongo en el debe: que las empresas debemos asumir más inversión en formación de nuestros trabajadores. Está claro que no se puede pretender que vengan aprendidos. A lo que sí aspiro es a que el sistema educativo promueva el que los jóvenes tengan desarrollada la capacidad de pensar, de ser creativos, de integrar, de ser esponjas. Y lo que me preocupa es que dinámicas como la que yo describía del tomar apuntes – empollarlos – vomitarlos – olvidarlos, lo único que hacen es atrofiar todos esos valores que posteriormente te permitirán crecer profesionalmente y aportar en tu trabajo.
      Me gusta lo que cuentas de tu centro, y seguro que tú tienes un papel importante en ello.
      De nuevo transmitirte mi aprecio y espero que te animes a escribir a menudo. Un cordial saludo.

      1. María José G. Guirado · ·

        Exacto Daniel: has dado, como siempre, en el clavo. La empresa debe participar en la formación de sus trabajadores, pero tienen que venir de casa, o sea, del sistema educativo, con unas bases mínimas (o máximas, busquemos todos la excelencia) y desde luego con todas esas capacidades tan imprescindibles que enumeras: pensar, ser creativos, integrar, trabajar en equipo, resolver conflictos de manera constructiva… justamente son ésas; yo no las habría enumerado con tanta exactitud. Y el sistema tradicional desde luego que no era nada efectivo en ese aspecto. Sir Ken Robinson no se cansa de decirlo, hemos de cambiar el paradigma educativo:

        Y toda la razón también con nuestro extremismo. No podemos importar los sistemas de otros países sin poner las bases. Por ejemplo, el tejido empresarial alemán no se parece en nada, o poquísimo, al español. Si no adaptamos bien, y funcionamos a base de parches, nos saldrá el monstruo de Frankenstein, que dicho sea de paso es el aspecto que presenta nuestro sistema educativo hoy en día..

        Y también tienes razón en mi papel en mi centro, pero pago el pato de mi propio criterio, porque luego soy yo quien hace los horarios, y te aseguro que no es fácil; en el pecado llevo la penitencia.

        Gracias de nuevo por la oportunidad que nos das de reflexionar y de compartir, Daniel, es una maravilla encontrar un interlocutor tan excepcional.

      2. Mª José:
        Muchas gracias por el comentario. Aporta muchísimo.
        Tenías que haberme visto durante los 11 minutos y pico que dura el vídeo. No encuentro la palabra adecuada. Fascinado se queda corto. Así que no te puedo agradecer suficientemente. Te voy a nombrar musa oficial de este blog porque me viene de maravilla para ilustrar una entrada que tenía previsto escribir en cuanto encuentre un momento acerca de la noticia que vi ayer en las noticias sobre las asociaciones de padres en Francia haciendo huelga de deberes.
        Lo dicho. Muchísimas gracias. Un placer inmenso el que este modesto blog me sirva para aprender tanto y conocer personas tan interesantes y con conocimientos y experiencias tan valiosas como las que has compartido tú en este foro.

  5. María José G. Guirado · · Responder

    ¿Musa de un genio, yo? No sueño con aspirar a tanto! Pero mil gracias por tus palabras, además de genial, eres encantador!
    Me alegra que te haya gustado sir Ken Robison, es mi ídolo particular, además tiene una historia personal excepcional. ¿Qué te parece el mapa de TDAH en USA? Alucinante, ¿verdad?
    No quiero acaparar más, que al final me vas a acabar echando de tu blog. Pero repito mi agradecimiento y absoluta admiración. Nos vemos! 🙂

  6. A ver Sr Cuñado, le voy a hablar desde mi experiencia profesional y académica. Perdone el desorden de mi exposición pero la premura por contestar va a primar sobre cualquier orden:

    – Creo que hace falta un equilibrio. En el caso de España está claramente cargado hacia lo teórico, pero tampoco es adecuado caer en el otro extremo.
    – Por mi experiencia, es necesario como apunta, que el alumno tenga una cierta base. Me encuentro por ejemplo al dar clase con muchos alumnos norteamericanos con muchas experiencia pero con carencia muy marcadas en cálculo y análisis, lo que parece ser fruto de una educación extremadamente pragmática. Y por otro, asisto horrorizado a nuevas generaciones españolas, que ni tienen el pragmatismo americano, pero tampoco la base!!!
    – Las escuelas exitosas son aquellas que equilibran a los que se denominan practioners con academics, dando al alumno el correcto equilibrio. Que es por cierto lo que sucede en las buenas escuelas de negocio.
    – Para su alivio, la metodología de Bolonia (que es la que ahora tenemos) busca dicho equilibrio: 3 años de carrera base, complementada más adelante con una especialdad vía Master. Falta que transcurran algunos años para ver los resultados, pero creo va bien encaminada la reforma.

    Espero sus comentarios y apreciaciones.

    Saludos.

    1. Distinguido Sr. Arjunayi:
      Qué más se puede decir tras las aportaciones de verdaderos profesionales como los que habéis comentado hasta ahora, que en esencia son coincidentes. Que habéis sentado cátedra y que me siento abrumado y muy orgulloso de haber abierto un debate tan enriquecedor.
      Muchas gracias porque sé que el tiempo es un bien muy preciado y escaso y el que habéis dedicado aquí me llena de satisfacción y estoy seguro de que ha resultado fascinante para muchos lectores.
      Un fuerte abrazo.

  7. Nacho · · Responder

    Quizás llego un poco tarde… y ya estaréis un poco cansados de releer sobre lo mismo, pero quería aportar mi granito de arena a los comentarios desde el punto de vista de la formación, pero no Universitaria, sino empresarial. Llevo doce años impartiendo formación de las más diversas tecnologías y productos de los más variados fabricantes, tanto de forma directa a cliente final como subcontratados por empresas de formación oficial. Después de tantos años, lo primero que detecto en los miembros de un grupo, generalemente heterogéneo en cuanto a conocimientos, edades, sexo (aunque en mi sector primar el masculino) y puesto empresarial, es la predisposición al aprendizaje y la motivación con la que llegan.
    Lo más complicado, para mi, es conseguir motivar a alguien (en tan poco tiempo) y que aprenda. Cuando el grupo o los individuos ven una relación directa entre lo que les cuento y lo que van “a hacer” después la motivación es mucho mayor y el ritmo de aprendizaje de la materia crece exponencialmente. En el sentido opuesto también se cumple, cuanto menos motivación, menos aprenden. Quizás es algo de “perogrullo”, pero llevado a la Universidad el problema se multiplica, porque en lugar de 25 horas, son 3 ó 4 años. ¡Cómo vas a tenerlo motivado tanto tiempo! … y más ahora sabiendo lo que les espera después. Coincido con: “en el termino medio está la virtud”. La teoría es base fundamental (y debe estudiarse), pero ha de primar la “realidad” de las cosas, su aplicación práctica, para que aumente la motivación.

    Saludos

    1. Muchas gracias, Nacho. ¡Nunca es tarde para hacer comentarios! Además tu punto de vista es muy interesante porque como dices es una experiencia diferente y complementario.
      ¡Hasta pronto!

  8. […] leído mis anteriores artículos sobre temas educativos (“Deberes sí o no” y “Los profesores profesionales“) sabréis ya que comulgo con este concepto mucho más de fomento del desarrollo del […]

  9. […] retomo el tema de la educación, del que ya hablé cuando reflexionaba sobre los deberes y sobre el carácter profesional del profesorado, o cuando repasaba esa gran película que es Monsieur Lazhar y el fabuloso libro de Sir Ken […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: