La crítica más dolorosa

A todos nos critican a veces. Muchas veces, de hecho. Sobre todo en estos tiempos en los que las relaciones humanas están tan deshumanizadas, y la agresividad se premia tanto. De hecho, hace unos meses los medios se hacían eco de un estudio según el cual los empleados agresivos y maleducados ganan un 18% más que los amables. Sí tengo yo a menudo esa impresión: ser antipático está hasta bien visto en el trabajo. Parece que es la manera de obtener resultados. Aunque yo mismo reconozco que a veces me tengo que poner de malas para conseguir que alguna gente mueva el culo. Pero es desagradable.

No ayuda además el hecho de que cada vez nos comunicamos más por la vía escrita y menos por la verbal. Los e-mails, chats, incluso redes sociales, son muy útiles para el flujo de información y tienen una triple ventaja: 1) queda evidencia de lo dicho, de modo que las palabras escritas tienen más valor que esas que te dicen por teléfono o en persona y se las lleva el viento; 2) después de la típica novatada que todos pagamos, se tiende a poner un poco más de cuidado con soltar alguna barbaridad que luego te pase factura; y 3) no es una conversación que interrumpa lo que uno haga, como la típica llamada telefónica o visita que te rompe la concentración o te llega en el momento en el que no estás preparado. Un e-mail o mensaje se puede contestar razonadamente y en el momento apropiado, así que se presta a una mayor eficiencia.

Pero sin embargo, toda comunicación verbal, más aún si es cara a cara, es fluida y continua por naturaleza, incorpora multitud de matices, un intercambio emocional, información adicional, y se presta a un feedback permanente. Lo que lleva a promover la empatía y una comunicación más completa. Y esto se pierde en gran medida cuando uno se limita a cruzarse mensajes escritos.

Así que volviendo al tema de este post, en un mundo donde se premia la agresividad sobre todo laboral, y se tiende a primar la comunicación escrita, es muy normal el que te critiquen, se metan contigo, te hagan comentarios más o menos negativos… Forma parte del día a día, y uno se va insensibilizando, acostumbrando, y relativiza estas cuestiones. Acaba aceptándolo como parte de un juego, como un rito profesional.

De modo que, y no sé si aquí coincidiréis conmigo, yo me encuentro con que las críticas que verdaderamente me afectan, me causan impacto y me tocan la moral, son las que no se hacen desde la ira, la ofensa, sino las que te hacen con un tono triste y decepcionado. Cuando alguna vez leo algo del tipo “bla, bla, bla, esto es inaceptable, bla, bla, bla”, pues eso, me suena al rollete típico para espabilarme. Pero business as usual. Ahora bien, si alguien me llama, o me escribe un correo educado, amable incluso, o peor aún, hasta cariñoso, pero donde lo que dice es algo del estilo “la verdad es que me ha sorprendido” (se entiende que ingratamente) o “no me esperaba esto” (mostrando decepción), entonces sí que me llega al corazón.

Porque si te atacan, si te ofenden, entonces lo que hacen es que provocan una reacción de respuesta en ti, y la puedes canalizar contra el otro, en forma de reacción negativa hacia una acción igualmente negativa. Supongo que quien sepa de psicología hablará algo de activarse mecanismos de defensa o algo parecido. Pero está claro: cuando te agreden, tu mente dirige una respuesta autojustificada hacia el agresor.

Pero si no te agreden, si de hecho lo que te dicen es que te apreciaban mucho pero les has defraudado, y lo expresan de una manera no ofensiva, entonces no te queda más remedio que afrontar tus propias miserias y reconocer que has hecho algo mal. Y entonces esa crítica sí hace mella en ti. Bueno, en mí, que estoy hablando de mi experiencia personal. Pero a lo mejor coincidís conmigo.

En fin… Hoy es uno de esos días donde un cliente me ha mostrado con máxima educación y consideración que no he estado a la altura de sus expectativas. Y hablando mal y pronto, estoy jodido.

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2 comentarios

  1. Una reflexión tan personal como acertada Daniel. Me parecen valiosísimas estas pinceladas que das sobre tu actividad profesional.

    Me he encontrado de vez en cuando en este caso, con todos sus matices (cuando tiene toda la razón, cuando no la tiene del todo, cuando hay terceras empresas sobre las que te gustaría descargar responsabilidad pero en el fondo sabes que la culpa es tuya…). Es algo que hace crecer.

    ¡Gracias por compartirlo!

  2. Totalmente de acuerdo en lo de la comunicación verbal y digital -últimamente me estoy dando cuenta de que lo importante es combinar ambas adecuadamente- pero sobre todo en esas críticas dolorosas. Me recuerdan a otras personales, esas que recibimos de la familia y los seres queridos, y que nos dejan mucho más tocadetes que las otras. Ánimo con el tropezón.

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