Por qué la amnistía fiscal no me parece para tanto

La verdad es que no entraba dentro de mi guión para la semana hablar de este tema, pero me lo ha sugerido mi buen amigo y apreciado lector Oscar, así que ¿por qué no?. Para eso están los planes, para revisarlos.

Para los que andéis despistados, si hay algún lector de este blog que no está al loro (que lo dudo), en la rueda de prensa del pasado viernes se adelantaron las líneas de los Presupuestos Generales del Estado para 2012 que se empiezan a tramitar hoy mismo (con lo que entre pitos y flautas no entrarán en vigor hasta pasado ya medio año, lo cual es una malísima noticia y algo que se podía haber evitado si no fuera por el miedo de Rajoy a las elecciones andaluzas, mira tú para lo que le ha servido), se acordó una amnistía fiscal por la que se admitirá la regularización de “dinero negro”, tanto procedente de efectivo como de repatriaciones de capitales, con una fiscalización de un 10% sobre el importe regularizado, sin más consecuencias fiscales o por supuesto penales.

Os aviso ya: mi postura al respecto de esta cuestión de la amnistía fiscal está entre el pasotismo, el cinismo y el escepticismo. No me sorprende la exaltación con la que la medida ha sido recibida, pero para mí no es para tanto. Os explico ahora el porqué.

Como siempre, hay dos posturas encontradas:

  • quienes lo apoyan, defienden que servirá para generar un ingreso extraordinario, que se estima en 2.500 millones de euros (en la idea de unos 25.000 millones de regularización), y además esta afloración de capitales, que vendría en buena medida de paraísos fiscales, tendrá un efecto adicional de incrementar el stock de capital inversor en el país. Bueno para la capitalización de la banca y en último término de la capacidad de financiación del país como Estado y como ente productivo.
  • quienes lo critican, principalmente atacan su indeseabilidad moral, ya que supone un grave agravio comparativo desde el punto de vista de esa inmensa mayoría de contribuyentes que pagan religiosamente sus impuestos y que ahora ven cómo se favorece a los defraudadores, que no sólo no ven castigado un delito como es la evasión fiscal, sino que finalmente terminan pagando un tipo impositivo muy inferior al que ellos han pagado por sus honrosas y modestas rentas del trabajo. De hecho, hay quien acertadamente argumenta que la amnistía fiscal equivale a que el Estado sirva como blanqueador de dinero negro, que podría incluso provenir de actividades como el tráfico de drogas o la prostitución, lo cual resultaría moralmente aberrante.

Por supuesto, se produce el típico juego político, en el que quienes lo han dispuesto (el PP) se encuentran con la firme oposición de quienes se encuentran enfrente de ellos en el hemiciclo (el PSOE), dándose la circunstancia de que la hemeroteca es implacable en este caso, y hace bien poco era el PSOE el que lo proponía y el PP el que lo criticaba duramente. Con la diferencia de que ha tenido que ser un gobierno del PP el que se ha atrevido a tomar la medida. Seguro que a muchos les indigna este cambio de actitud del PP, pero como os decía antes, yo tengo una actitud muy cínica en este sentido: ¿nos vamos a sorprender a estas alturas? Ya sabemos que la credibilidad de los políticos es escasa, más bien nula, y la firmeza de sus convicciones a duras penas competiría con el de la casa de paja del primero de los tres cerditos.

Entonces, dando por perdida de antemano cualquier batalla ideológica que nos podamos plantear, la cuestión es si la medida será efectiva. Y aquí hay que plantear el marco temporal:

  1. En el corto plazo, lo que nos importa es si se aflorarán esos 25.000 millones de euros, para obtener esos 2.500 millones adicionales en ingresos fiscales, y el resto en capitales para el sistema financiero y productivo nacional. Yo tengo mis dudas. Sé que ha habido experiencias muy buenas en algunos países, pero también otras no tan buenas. Me planteo si entre tener el dinero de forma opaca y sin coste fiscal en un paraíso fiscal (o debajo del colchón) y tenerlo oficialmente en un apunte contable de una entidad financiera española de la que surgen dudas sobre su solvencia, y en un entorno de fiscalización tanto inicial (no lo olvidemos, un 10% es infinitamente más alto que un 0%) como continuada en el tiempo (con la progresiva demonización / persecución de los rendimientos financieros), la gente que tenga estos capitales realmente optará por regularizarlos. Y me cuestiono si, por mucho que se diga que la regularización va a ser totalmente confidencial y sin ninguna represalia, no entrará cierto miedo a llamar la atención y desencadenar una persecución a posteriori, porque por mucho que se nos diga, será tan fácil detectar que se ha producido este incremento de patrimonio oficial, que unos temerán al fisco y otros incluso a la prensa.
  2. En el largo plazo, surge esta cuestión de si los contribuyentes, viendo que no se castiga convenientemente el fraude, van a alterar su disciplina fiscal. En palabras más llanas, que la gente de a pie defraudará más, o que la gente con dinero tenderá a incrementar su ocultación de ingresos, pensando en que tarde o temprano habrá otras amnistías. Tampoco yo aquí pienso que este va a ser un factor relevante. Si en 30 años sólo ha habido tres regularizaciones, no es como para estar haciendo cábalas y comportándose a la espera de que dentro de X años se vaya a ajustar de nuevo cuentas con el Estado. Casi me preocupa más el impacto sobre la moral y el trabajo de los inspectores de Hacienda, que se ven ahora con el culo al aire.

Porque,  y aquí viene lo más cínico de mi exposición, mi máximo escepticismo al respecto de la postura de todas las personas que muestran su exaltación por las redes sociales, es que me planteo si los que no defraudan lo hacen por un verdadero convencimiento moral de la necesidad de contribuir con sus impuestos al sostenimiento de nuestro Estado, o si simplemente no defraudan porque no saben cómo hacerlo o no cuentan los medios para ello.

A mí, sinceramente, me da la impresión de que en la psique española convive el espíritu del fraude y la admiración por el pícaro. Por eso, cuando en mis artículos musicales, sigo con esta tonta cruzada por que la gente compre la música, lo hago con ánimo quijotesco, sabiendo que ante la perspectiva de ahorrarse un par de euros con una descarga en un par de minutos, el español siente un imperativo cultural por no ser el más tonto del barrio y también él aprovecharse de la coyuntura. Y si esto se hace con unos escasos euros, qué no se hará con unos cientos o miles…

En cualquier caso, lo que sí es relevante es que todas las noticias de estos últimos meses están sirviendo entre otras cosas para alienar al electorado del PP y alimentar las fuerzas de los partidos opositores. Es perfectamente correcto aprovechar los dos primeros años de legislatura para tomar las medidas más impopulares, y cualquier manual de marketing político marca ese proceder. Pero ya puestos, Mariano, ¿por qué no has sido aún más contundente?

Nota: imagen de portada tomada de Tax&Advise

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8 comentarios

  1. Mis sentimientos acerca de la amnistía fiscal son bastante similares; se da la circunstancia de que, como en todo el mandato de Rajoy por el momento, me parece que falla muchísimo el timing, ese elemento que convierte las políticas en aciertos y al gobernante en estadista.

    DIgo esto porque una amnistía para repatriar el dinero, “con la que está cayendo”, y como tú muy bien expones, Daniel, va a tener un efecto muy moderado comparado con el que tuvo por ejemplo en Italia hace unos años. Eso sí, la cruz de la moneda va a ser como en ningún otro lado, con los ciudadanos muy sensibilizados frente al fraude y al esfuerzo colectivo, viendo una vía de salida “para ricos” etc etc y de falta de legitimidad moral estricta evidente.

    Y este es para mí un gran resumen de lo que está siendo el Ejecutivo actual: medidas impopulares que no se aprovechan. Quiero decir, que igual que en los mercados financieros manejamos siempre el ratio rentabilidad/riesgo (prefiero una operación en la que gano un 5% con un riesgo potencial de un 2% que una en la que gano un 10% con un riesgo de un 8%, como debería ser evidente), en Política hay que considerar el ratio Beneficio País / Malestar Social, por definirlo de alguna manera.

    Y por ahora tenemos una Reforma Laboral que ha cabreado a todo el mundo pero que se considera bastante tibia, por parte de muchos, para los objetivos buscados. Recortes de subvenciones que irritan enormemente a los “dolientes” pero que en el fondo son, permíteme la expresión, el chocolate del loro. Y ahora la Amnistía Fiscal (disculpadme por este americanismo de identificar los conceptos con mayúsculas).

    Total que según mi percepción, el numerador de Beneficio para el país está muy limitado pero el denominador de Malestar Social está altísimo. Si Rajoy fuera un gestor en mercados le reprocharíamos enormemente el ratio que está logrando en su gestión.

    Mira, voy a escribir un post sobre esto 🙂

    1. ¡Genial comentario! Totalmente de acuerdo, y ahora estoy deseando recibir el aviso por e-mail de tu próximo post sobre el tema 🙂

      1. A ti. Y buenísimo tu post.

  2. Leídos los dos artículos, geniales para aclararme, fantástica valoración de los que apoyan y critican la medida, y del mal timing y contundencia de la aplicación de esas medidas.

    En temas económicos y políticos soy un lerdito, pero me da la impresión de que voy a serlo un poco menos con estas ayuditas. Saludos a los dos!

    1. Pues oye, si tú aprendes de economía lo que yo aprendo en tu blog de cuestiones tecnológicas e informáticas, hablamos de una relación ciber-simbiótica 🙂

  3. oscar · · Responder

    Una vez leído los dos textos la conclusión que saco y oyendo un poco a la calle, no va a ser una medida muy eficaz como no le pongan más intensidad, hoy he hablado con un gestor y me comento que desde hacienda les han enviado una notificación para que animen a sus clientes a utilizar la amnistía fiscal.
    Gracias por la publicación

    1. Efectivamente parece que Hacienda va a lanzar una verdadera campaña de marketing para conseguir la máxima efectividad de la medida, lo que en realidad hay que ver como algo positivo. Ya que lo hacen, que intenten que tenga éxito. Porque no es algo que se pueda repetir a corto ni medio plazo. Pero ciertamente soy escéptico un poco por lo que dices tú. Un abrazo y muchas gracias por contribuir, primero animándome a escribir el artículo y segundo comentando. Nos vemos.

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