Un merecido homenaje

Estaba ayer comiendo con mi buen amigo Jaime y le comentaba que los números del primer trimestre en mi empresa ha resultado muy negativos, con caídas de cifras de negocio superiores a un 50% respecto al mismo periodo del año pasado y en beneficio operativo en torno a un 75%. Y aunque suena muy mal (habría lógicamente muchos puntos a matizar), yo estoy dentro de lo que cabe tranquilo, primero porque ya esperaba un bajón importante por los ciclos propios de mi sector (energía y petroquímica), y segundo porque soy un privilegiado que no tiene que rendir cuentas a accionistas, acreedores o bancos.

Y todo ello es mérito de mi padre. Hoy se cumplen cinco años desde que nos dejó, y como sabe perfectamente cualquier persona que ha perdido a uno de sus progenitores, le tengo presente todos y cada uno de los días. Más aún en casos como el mío (también por cierto el de Jaime), donde se une la relación filial con el hecho de haber sido él mi mentor y mi compañero de trabajo durante años.

Y es que desde muy pequeño, a mi padre le gustaba llevarme los sábados por la mañana a “dar una vuelta por la fábrica”, donde mientras él hacía algún papeleo que tenía pendiente, yo me ponía a practicar con una máquina de escribir Olivetti, o leer algún libro o tebeo. Y cuando él iba de viaje comercial y caía en algún día que fuera vacaciones en el colegio, siempre aprovechaba para llevarme con él.  Era para mí una buena oportunidad de pasar un rato con mi padre y de disfrutar de un paseo en el coche, algo que siempre me gustó mucho.

De modo que desde niño “mamé” el amor de mi padre a su empresa y una cierta ética de trabajo “a la antigua”. Ya cuando llegué a la universidad, mi padre consideró que iba siendo hora de que yo aprovechase mejor los veranos y echase una mano, y empecé a hacer cosillas por la empresa, aprovechando que iba adquiriendo conocimientos de contabilidad, informática y gestión. Siempre recuerdo una vez en la que le dije que tendríamos que implantar métodos de optimización de ratios financieros, y mi padre me miró burlón y se rió, dándome un par de palmadas en la espalda. Ahora le entiendo perfectamente.

El hecho es que en cuanto terminé los estudios me incorporé totalmente en la empresa y mi padre lo primero que hizo fue cederme su mesa del despacho de dirección, y procuró que yo asumiera siempre la máxima responsabilidad. Visto ahora con un poco de perspectiva, fue un poco temerario por su parte darme tanta cancha, pero al mismo tiempo fue una bendición porque gracias a ello pude afrontar el relevo con máximas garantías, pese a que su enfermedad y fallecimiento fue un visto y no visto. Digamos que intuitivamente mi padre dispuso de un plan de contingencia y que desgraciadamente hubo que hacer uso de él.

La cuestión es que mi padre desde el principio siempre insistió en tres mensajes. El primero: que yo hiciera con la empresa lo que creyese conveniente, pero que él me recomendaba no caer en la tentación de crecer. Esto, visto desde la filosofía de lo que uno aprende en la universidad y lo que puede leer en cualquier texto empresarial, es muy discutible. Es ir completamente contracorriente. Pero mi padre explicaba siempre que él había vivido épocas de vacas gordas, donde competidores aprovecharon para crecer y ganar mucho dinero, pero cuando llegaban las vacas flacas en nuestro sector, el bajón era tan intenso y rápido que esos mismos competidores se ahogaban por sus gastos de estructura y terminaban cerrando o quedando en estado catatónico. Así que su consejo era tener un tamaño manejable, funcionarle muy bien a los clientes fieles, y asegurar que estaban contentos, para que repitieran y para que nos recomendaran. De hecho él siempre presumía de no tener comerciales, porque nuestro mejor vendedor era el cliente satisfecho.

El segundo mensaje: que no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita. Así que él vivió siempre con cierta sobriedad. Pero su tercer mensaje era una matización del anterior: de nada sirve que nos entierren en ataúd de oro. En otras palabras, que el dinero también está para disfrutarlo, y la clave es hacerlo con cabeza y sentido del aprovechamiento. De esta manera, mi padre siempre gustó de conducir buenos coches y los cambiaba con frecuencia, pero sin derroches tipo Ferraris o Porsches, y tampoco tenía ningún reparo en gastar dinero en todo lo que fuera cultura: libros, discos, equipos de música, facsímiles, etc. De hecho, yo mismo como niño sabía que había con mi padre una política no escrita: si quería comprarme un libro, un cómic o un disco, no había ninguna limitación. Es otra cosa que le agradezco porque me permitió desarrollar mis aficiones lectoras y musicales.

En lo referente a la empresa, la aplicación de esta filosofía supuso implantar una política de sobriedad, independencia y estabilidad. Nada de pedir prestado a los bancos ni una peseta. Que lo del apalancamiento está muy bien para optimizar esos ratios financieros de los que yo le hablaba, pero como decía él, el banco te deja el paraguas cuando no llueve, pero le falta tiempo para quitártelo cuando sí lo hace. Operaciones grandiosas: no; lo que no se pudiera gestionar con autofinanciación o pusiera en peligro la continuidad de la empresa si iba mal, se descartaba. Los clientes: muy diversificados. Las operaciones: sólo si eran rentables. Nada de vender a pérdida para ganarse al cliente. Los beneficios: a reinvertirlos todos en la empresa. Los gastos: mirándolos siempre con lupa, independientemente de que los números fueran o no buenos.

En consecuencia: cuando hemos tenido unos años de vacas gordas, no hemos cambiado la estructura de costes ni caído en ningún tipo de excesos, ni hemos acometido inversiones faraónicas para aumentar en exceso capacidad ni ampliar negocio más allá de lo que podíamos gestionar razonablemente bien. De modo que cuando ahora sufrimos caídas tan bruscas de actividad, podemos mantener en positivo la cuenta de pérdidas y ganancias, tenemos también flujo de caja favorable, y no nos tenemos que preocupar de justificar nada al banco para que nos mantenga una línea de crédito que sencillamente ni tenemos porque no necesitamos.

En definitiva: gracias a la labor y las enseñanzas de mi padre, mi hermano -que se incorporó a la empresa poco más de un año antes de su ausencia- y yo somos perfectamente libres y no tenemos ataduras. Lo cual es un enorme privilegio. Así que sirva este texto como mi sentido homenaje a su figura y os agradezco vuestro aprecio y atención por acompañarme en este cariñoso recuerdo.

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20 comentarios

  1. Gracias por este magnífico post Dani 😀

  2. jose luis gomez azpicueta · · Responder

    Querido amigo Daniel, hoy nada más levantarme le he rezado a tu padre (como muchos otros días, es de bien nacidos el ser agradecido) pero hoy especialmente al cumplirse los cinco años de su ausencia material, he intentado hablar contigo en tu oficina y también por el móvil donde te he dejado un mensaje de recuerdo ..
    Bueno hasta ahí nada raro.. pero a continuación me dispongo a abrir mi facebook cuando por ¿casualidad ? al escribir una dirección de otro viejo amigo me aparece un enlace con este blogg tuyo.. ¡que yo ni siquiera sabía que existia!!…lo abro y me encuentro con este MERECIDO HOMENAJE a tu padre , que has escrito ” in memoriam” con sus sabias recomendaciones .. Pues yo gracias a este enlace “fortuito”.. como buen amigo de tu padre, debo añadir que la grandeza de su corazón era enorme, para mí era, es y será siempre un ejemplo de hombre bueno, cabal, inteligentisimo y de comportamiento muy justo, siempre acorde con sus convicciones, en fin yo aprendí mucho de él , y le he copiado algunas de sus frases preferidas que siempre que puedo les repito a mis hijos y nietos :
    “SI QUIERES OBTENER FELICIDAD, EMPIEZA POR REPARTIRLA A TU ALREDEDOR”,
    En fin está claro que para los que le conocimos a fondo él seguirá siempre entre nosotros.
    Un abrazo a toda la familia .
    José Luis Gómez Azpicueta

    1. Muchas gracias por tu cariñoso comentario, José Luis.
      Me recuerdas ciertamente esas dos hojas que tenía mi padre en sus máquinas de escribir, y que leían:
      “Para recoger felicidad, primero hay que sembrarla”
      “El hombre busca desesperadamente fuera de sí mismo aquello que tiene dentro”
      No nos queda duda de que sigue presente con nosotros. Ayer una de mis hijas puso una silla libre en la mesa mientras desayunábamos y me dijo “para tu papi” 🙂

  3. Me has tocado la fibra sensible. Extraordinario in memoriam Sr Cuñado. Nos hace mucha falta gente así. Todo una referencia. Un fuerte abrazo.

  4. x2Sanz · · Responder

    Ojalá pueda escribir algún día algo similar 😉

    1. ¡Muchas gracias! Pero que sea dentro de muchos años, porque eso quiera decir que tus padres siguen contigo por mucho tiempo. Hay que ver lo que se les echa de menos…

  5. Ignacio González Martín-Laborda · · Responder

    La sensibilidad con la que compartes el recuerdo de tu padre y el sentido de la oportunidad de muchas de sus refexiones me parecen una maravilla.

    ¡¡Gracias a aquellos libros, aquellos comics y aquellos discos!!

    1. Muchas gracias, Ignacio. Sin duda ese clima que se vivía alrededor de mi padre de amor a todo lo que fuera cultura es algo que ha enriquecido mucho, así que mi reto es conseguir transmitir esos mismos valores ahora a mis hijas. Pero sobre todo darles en cada momento algo apropiado. Desde luego, aquella Patrulla-X en sus tiempos era la mejor manera de engancharse a la lectura. Aparte de que tuvimos la suerte de ser chavales en una época particularmente buena para el mundo del cómic y de la literatura fantástica, y luego nos coincidió la veintena con una etapa musical también muy interesante. Claro que siempre hay cosas de las que aprender.
      ¡Un abrazo!

  6. Benja · · Responder

    Cuando nos despedimos en Icade y te pregunté qué ibas a hacer me entristecí imaginando que el mejor alumno que había pasado por allí en muchos años se echara a perder. No te puedes ni imaginar lo que me alegro de haberme equivocado en mi valoración!!!! sigues siendo una persona de diez. Un abrazo y comparto.

    1. Me alegra mucho leerte por aquí, Benjamín. Puede que algún día me dé por contar aquella decisión de tirar por la empresa familiar con todo lo bueno y lo malo que tenía. Por un lado era la decisión fácil pero por otro también era la más arriesgada, porque tenía difícil vuelta atrás. Pero la oportunidad de compartir nueve años con mi padre es algo de lo que estoy muy contento de haber aprovechado, y aparte de eso la empresa que él creó vale francamente la pena, entre otras cosas porque supo rodearse de un equipo fantástico de personas.
      Gracias por el comentario y un abrazo de vuelta. Hasta pronto.

  7. rgracian · · Responder

    Maravillosa semblanza a tu padre, un señor como los de antes, lleno de inteligencia y buenos valores, buen maestro y mejor padre. Un fuerte abrazo. Ricardo

    1. Un abrazo de vuelta, Ricardo. Me encanta tener comentarios de gente como tú, que eres un modelo de buena persona. Dale un beso de mi parte a Mabel y dile de paso que no se corte y que un día haga algún comentario, aunque tenga que ser para defender a Rajoy, que no me enfado 😉

      1. Manuel · ·

        Aunque no tuve la suerte de conocer a tu padre mucho tiempo, desde el primer día que lo ví (no se si recuerdas estaba con Jimenez) me dí cuenta de los valores que tenía y que te ha transmitido a tu persona. Podia enumerar un monton de adjetivos, trabajador incansable, buen conocedor del negocio que tenia entre manos, tambien a su forma buen financiero sabia que hacer con el “paraguas” , buen padre, ecetera.
        Espero que todo lo que te transmitido sea un ejemplo a seguir y le tengas siempre en el pensamiento y en el corazón.
        Un fuerte abrazo
        Manuel

  8. oscar · · Responder

    Un escrito fenomenal recordando a una bella persona como era tu padre, enhorabuena.

  9. Ana Jover · · Responder

    Por fin encontré un hueco para explicarte qué relación tiene este post con el de los deberes.

    Daniel, como todo en esta vida, por razones personales llevo mucho tiempo preguntándome qué falla en el sistema educativo actual. Tengo tres hijos, con coeficientes de inteligencia de altos a muy altos, y con miles de problemas en el rendimiento escolar. No podía entender cómo si eran inteligentes no rendían en el cole. Quizá sea pasión de madre, pero me daba cuenta de que en otras cosas conseguían resultados brillantes (empezando por los campamentos de inglés en verano en los que siempre me daban la enhorabuena.)

    Eso me hizo pensar que las soluciones no iban por la salida fácil: son vagos, hay que castigarlos y ponerlos a estudiar. Un día, estudiando historia con mi hijo Fernando (16 años), me preguntó que él para qué necesitaba saber todo eso… Efectivamente, me hizo comerme el tarro.¿ La cultura? para mi era un argumento válido, pero no para él. Necesitaba argumentos que le sirvieran a él, con su edad y en su entorno.

    Ya se sabe que por hijo se hace cualquier cosa… Me puse manos a la obra a buscar un para qué le iba a servir a un chaval de 16 años aprenderse lo que ocurrió en la primera o en la segunda guerra mundial. Buscando, buscando encontré la famosa conferencia de Ken Robbinson en la que plantea que en los colegios matan la creatividad. Después la de los nuevos paradigmas de la educación y no me quedó otra que leerme su libro “El elemento”.

    Estaba en este berenjenal y lo comento con mi hermana Angela (gran coach y muy buena socióloga) y me dice que me fije en lo que cambió en el sistema educativo durante la revolución industrial. Antes de conseguir tener este fantástico sistema educativo los hijos aprendían los oficios de los padres. Desde muy pequeños estaban junto a sus padres trabajando la tierra, haciendo distintos productos dependiendo de oficios (alfarero, herrero…) y vendiendo el producto a cambio de dinero que servía para vivir. Tiene un para qué sirve hacer tal o cual cosa. Los padres empiezan a ir a trabajar a las fábricas, y los niños empiezan a ir al colegio, y se pierde esa parte tan importante de la educación. Papá se va por las mañanas a un sitio desconocido, en el que no sabemos lo que hace, y , mágicamente, consigue dinero. Cuando al hijo le toca ganar dinero para mantenerse, encuentra que hay muchos misterios que desvelar, todo es oculto, desconocido y duda que él sea capaz de hacerlo. No ha tenido a nadie a quien modelizar. Sabe estudiar, pero no trabajar.

    Como puedes ver, que tu padre te llevara a la fabrica ha sido una fantástica forma de que tu desmitificaras el trabajo, y de que arrancaras de forma intuitiva y natural tu vida laboral. Has tenido mucha suerte, y has hecho muy bien “los deberes”.

    Gracias por compartir tu testimonio y dejarnos entrar en esa parte de tu vida…

    1. Muchas gracias a ti por tu comentario, que me parece sumamente interesante.
      Eso me recuerda una anécdota en uno de mis últimos años de carrera. Un profesor me preguntó que cómo lo hacía para sacar las notas que sacaba. Y yo le decía que me resultaba fácil comprender las materias de la carrera (empresariales) porque ya estaba trabajando parcialmente en la empresa de mi padre. El profesor arqueó las cejas y me dijo que no, que en realidad era porque seguro que me pasaba todo el día estudiando, y que tampoco me olvidara de disfrutar. Pero yo realmente creí siempre que esa experiencia laboral paralela a los estudios me ayudó un montón, y lo que dices lo confirma.
      De lo de disfrutar… En esa época estaba en mi apogeo musical y “comiquero”, así que disfrutaba de lo lindo, aunque a mi manera, claro 🙂

  10. Hola Daniel,

    desconocía tu blog hasta hace un rato, y me he puesto a leer un par de entradas y mirar las que habías escrito hasta que me he topado con esta, la cuál he leído con mucha atención.

    ¡Cinco años ya!. El tiempo pasa volando Dani, pero los recuerdos y las enseñanzas jamás lo pasarán. Y es lo que verdaderamente merce la pena en esta vida.

    Mis recuerdos sin duda por tu padre y efectivamente, coincido en muchas, sino todas, las cosas que has escrito respecto a sus enseñanzas. Esta entrada me la guardo por la cantidad de cosas sabias y de alto interés que contiene.

    Un fuerte abrazo familia.

    Jorge Serrano

    1. Muchas gracias, Jorge. Encantado de que te haya gustado y a Ver si nos vemos pronto en persona, que el tiempo pasa, y pasa, y pasa…
      Un abrazo.

  11. […] de la gran influencia que sobre mí tuvo la figura de mi difunto padre, y de hecho le dediqué un sentido homenaje hace unos meses, que para mi gran satisfacción es uno de los artículos más leídos de la […]

  12. […] por todo lo que ha significado la figura de mi padre en mi vida, y de hecho le dediqué un merecido homenaje hace ya un año, así que poco más tengo que decir. Sólo que hoy por hoy me marco el ambicioso […]

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