Notas sobre la expropiación de YPF

Ya conocéis sin duda la noticia de la expropiación de YPF por parte del Gobierno argentino dirigido por la populista Cristina Fernández de Kirchner, que se conoció ayer lunes 16 de abril a las 17:26 h.  A partir de ahí se sucedió una tormenta de indignación que se pudo vivir en tiempo real especialmente en Twitter (hay que ver el papel tan interesante que tiene esta red social en este tipo de circunstancias), y la reacción un poco peculiar del Gobierno, siendo María Dolores de Cospedal la primera en salir a la palestra (que, no lo olvidemos, ¡no está en el Gobierno!), y a continuación los ministros Soria y Margallo los que en rueda de prensa manifestaron que España no se quedaría de brazos cruzados y tomará medidas “claras y contundentes”. Y ya les vale porque menudo el ridículo para Soria que sólo dos días atrás enviaba el mensaje tranquilizador de que la crisis con Argentina sobre YPF estaba encauzada.

Algunos echamos de menos a Mariano Rajoy en esta rueda de prensa para dar más empaque a las amenazas y demostrar la más firme voluntad de pelear en contra de esta decisión, a sabiendas, por otra parte, de que no es el tipo de decisión de la que alguien da marcha atrás, y menos aún una radical peronista como CFK. Sin embargo, a medida que pasan las horas y se van reposando los primeros sentimientos, no deja de resultar evidente que hay que ser también pragmáticos y pensar en que hay otras empresas españolas con importantes intereses inversores en Argentina y tampoco es plan de darle argumentos a esta chalada para cargarse también a Telefónica y otras. A veces el papel del Gobierno es pensar con la cabeza y no con el corazón y recordar eso de que “la venganza es un plato que se sirve frío”.

El hecho es que esta noticia no ha sido ni mucho menos una sorpresa (se llevaba escuchando desde hace unas cuantas semanas al nivel del gran público, y seguro que en círculos del mundo de la alta política y la empresa ya se sabía desde antes), y hay un punto muy importante que matizar: de momento se está declarando “de utilidad pública y sujeto a expropiación” el 51% del capital de YPF. Pero todavía se tiene que instrumentalizar esa expropiación y en concreto fijar algún tipo de compensación económica. Interpretemos en esa clave la actitud de Brufau en su rueda de prensa de hoy, cuyo objetivo será ahora tratar de denunciar la campaña de acoso y derribo que ha llevado en práctica el Gobierno argentino con objetivo de hundir la cotización de YPF y rebajar sus valoraciones, para así tratar de forzar una salida algo más digna a la situación y obtener una contraprestación a esta nacionalización.

Indudable es que esta decisión puede ser percibida por los argentinos como una muestra de valentía de su presidenta, a la que el pueblo le aplaudirá la gracia, pero a nadie con un poquito de formación económica o simplemente sentido común se le escapará que este tipo de decisiones son muy perjudiciales no sólo a largo plazo, sino incluso a un plazo medio o corto. Primero, porque va a asustar a cualquier potencial inversor extranjero que se esté planteando poner dinero en este país. En particular a inversores españoles que eran los de mayor peso para Argentina. Segundo, porque se plantean serias dudas sobre si el nuevo equipo gestor que imponga CFK será más eficiente que el español, y menos aún si se incorporan familiares, amiguetes y demás personas de perfil político (sin entrar en las más que evidentes sospechas de corrupción que pueda despertarse). Y tercero, porque el futuro de YPF vendría ligado a la explotación de los enormes yacimientos de Vaca Muerta pero eso va a requerir de apoyo no sólo financiero (que queda en entredicho), sino también técnico, que también se perjudicará de esa misma sensación de inseguridad jurídica. Basta leer las reacciones de The Economist, el New York Times y el Financial Times para darse cuenta de que esta noticia perjudica mucho la percepción que tiene el público exterior de este tipo de decisión. Y es muy interesante lo que cuenta el Wall Street Journal, explicando con el ejemplo de Venezuela que estas expropiaciones no consiguen aumentar la producción de la empresa nacionalizada sino más bien todo lo contrario. Al final, se necesita del apoyo inversor y técnico de las grandes petroleras extranjeras para sacar adelante los proyectos, más aún el de Vaca Muerta, insisto.

En definitiva, una decisión que perjudica gravamente los intereses de una empresa española, lo que es mala noticia; que también va a dañar seriamente a Sacyr y Caixabank como accionistas de referencia de Repsol, lo que también es muy mala noticia (porque no es que estén ni el uno ni el otro en sus mejores momentos); y que va a servir para empobrecer económica, política y moralmente a Argentina, lo que tampoco es positivo.

Por último, dos apuntes:

  • Es siempre interesante el punto de vista de Roger Senserrich (en Politikon) sobre un tema: este es el riesgo de invertir en una empresa como la argentina, y la cuestión es si realmente Repsol lo percibió suficientemente y hasta dónde quedó reflejado en precios de compra.  No es ninguna excusa ni sirve de justificación, pero sí que a veces hay que pensar que cuando uno hace una compra, no es que todos los demás fueran tontos y tú eres el más listo o visionario, sino que por algo a unos le interesa menos la operación que a otros. Aparte de todo el politiqueo que hubo en torno a la compra de YPF por Repsol y esa “paradójica” circunstancia de que Néstor Kirchner en su momento apoyó la operación de manera entusiasta.
  • Muy interesante lo que publica hoy Alberto Artero en El Confidencial sobre la venta en 2008 de algo más del 25% de YPF al grupo Petersen, entonces íntimos de Néstor Kirchner, y cómo Repsol entonces fue demasiado condescendiente con el poder, con una estructura de venta donde el vendedor financia al comprador así que asume todos los riesgos de la operación. Es lo que pasa cuando uno hace negocios con gente poco seria, que le das la mano y te cogen el brazo entero.

Y no quiero olvidar un detalle que no me dejó de resultar curioso: la noticia saltó a la luz a las 17:26 horas. Cuatro minutos antes del cierre del mercado bursátil español. Es decir, sin tiempo a que la cotización se hundiera en el día de producirse la noticia (y eso que en esos 240 segundos se cayó un 2%). ¿Casualidad? Yo, muy fan del personaje Harry Bosch de las novelas negras de Michael Connelly, no puedo dejar de pensar que las coincidencias rara vez son tales. Así que quizá algo se había pactado al respecto, me da a mí…

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