Niños malcriados, jóvenes yonquis y Estados endeudados

Tengo una prima que trabaja en los Juzgados de Menores y suele comentar lo impresionante que resulta la cantidad de casos que hay de padres que denuncian a sus hijos por malos tratos, acoso, hurto y violencia. Como comprenderéis bien cualquiera que seáis padres como yo, hay que alcanzar un grado extremo de desesperación e impotencia para llegar al punto de intentar pedir amparo a la Justicia en contra de tus propios hijos y requerir órdenes de alejamiento o medidas aún más severas. Pero es una triste realidad de nuestros tiempos, y que ha ido a más.

Cuando uno analiza el motivo de este fenómeno, se suele comentar que está relacionado con el hecho de que a los hijos se les haya dado de todo y no se les haya privado de nada durante su infancia y adolescencia, con lo que se han “malcriado”, ya que no aprendieron en su debido momento valores como el esfuerzo, la disciplina o la austeridad, o simplemente el que uno no puede tener todo lo que desea y al instante. Lo que hicieron esos padres, sin saberlo, fue condenar a sus hijos a la infelicidad, ya que no son de jóvenes adultos capaces de gestionar las frustraciones y las privaciones del día a día, y eso degenera en algunos casos en estas situaciones extremas de violencia, o bien en adicciones a drogas, alcoholismo, etc. No es que quiera por supuesto descargar en los padres toda la culpa, pero ahí hay un problema de fondo.

Me recuerda esta problemática a la que hoy en día vivimos en forma de la crisis de deuda soberana en la eurozona. Los Estados periféricos del euro han sido como niños que han vivido sin ningún tipo de privación gracias a que tenían un recurso casi inagotable de crédito barato para financiar sus déficit públicos crónicos y compensar los desequilibrios en las balanzas comerciales y de pagos. El día en que el flujo de dinero ha comenzado a fallar, estos Estados y sus gobernantes, que en los tiempos recientes no han interiorizado los valores del equilibrio, la austeridad y la estabilidad, sencillamente no están preparados para corregir esos desequilibrios y hacerlo de una manera sana y asumible. Salta entonces todo por los aires: el modelo económico, la estructura social y la pirámide política.

Es evidente que lo ideal habría sido prevenir el problema desde su raíz, pero una vez que nos encontramos donde estamos, y no teniendo el recurso a la máquina del tiempo para deshacer los desagisados (y siendo realistas, ni con máquina del tiempo se habría conseguido concienciar a la población y los políticos de la necesidad de no caer en la tentación de gastar lo que no se tiene mientras el grifo del crédito internacional está abierto, lo cual es un fallo implícito de la democracia como en su día comenté), toca ahora afrontar el trauma y está por ver el cómo. Si nos emiten una orden de alejamiento (nos echan del euro o bien los que ahora ejercen de padres se largan antes por su cuenta volviendo al marco), o si nos imponen una pena de cárcel, en forma de intervención de la famosa troika (FMI, BCE, Comisión Europea).

Sé que se merece reprocharme que estoy mezclando la micro con lo macro, y que es incorrecto desde un punto de vista económico valorar el comportamiento de los Estados como si fueran familias, porque las dinámicas son muy diferentes, y en concreto aquí hay un factor decisivo al que una familia nunca tiene acceso que es la cuestión de la soberanía monetaria. [Inciso: a este respecto, no os perdáis los martes la heterodoxa “columna” de J. Jacks en Cotizalia]. Sabemos que un país como España no la tiene (renunció a ella al incorporarse al euro, y a su vez el Banco Central Europeo descartó como parte de sus bases fundacionales  ejercer como prestamista de último recurso, es decir, comprar directamente en mercado primario deuda pública de sus Estados Miembros), pero igualmente hemos podido ver en los últimos meses una serie de compras en mercado secundario de deuda soberana por parte del BCE y programas de “barra libre de crédito barato” a entidades financieras (las famosas LTRO, que tan fácilmente se prestan a la broma de llamarlas “litronas”), que en la práctica han servido para indirectamente monetizar deuda y al tiempo ayudar a la recapitalización de las maltrechas entidades financieras europeas (y muy especialmente las españolas).

Podríamos alegar que estas prácticas equivalen a “drogar” o “narcotizar” a los Estados, volviendo al símil del joven malcriado, pero retornando a la ciencia económica, y como acertadamente denunciaba días atrás el prestigioso economista Xavier Sala i Martín, estos procesos de monetización encubierta de deuda, conformes a lo que se estableció en la normativa Basilea III, están siendo muy beneficiosos para las entidades financieras pero sin embargo están secando el crédito privado. Así que al final tenemos al ciudadano y empresa privados, que sufren doblemente (no les prestan dinero, y el dinero que tienen ahorrado cada vez vale menos ya que se está inflando la masa monetaria lo que tarde o temprano desembocará en inflación), y que están pagando esos excesos de los Estados y también, por qué no decirlo, de las entidades financieras, que ha servido como los camellos del yonqui.

Y ¿de esta cómo se sale? Pues yo francamente no lo veo claro y estoy muy preocupado. Se insiste mucho en abstracto de hacer gestos para recobrar la confianza de los mercados financieros, esa entelequia que nos venden como si fuera un conjunto de malévolos especuladores pero que como brillantemente explicaba Marc Garrigasait (@marcgarrigasait) en realidad son los ahorros de tu madre.  ¡Pero si ni nosotros mismos nos fiamos de nuestra propia deuda! Ahí están los datos de fuga de capitales, donde vemos que la salida de fondos desde España se va acelerando. Y es que los inversores reciben unos inputs de información muy negativos sobre España y de ahí la grave situación en la que estamos en cuanto a credibilidad (aterradora la información que nos brida Miguel Jaureguizar en su blog sobre nuestra triste condición de “top ten” entre los países con mayor riesgo de impago). Pero no se termina de ver a esos mercados como inversores a los que atraer, no espantar (leed por favor el último texto de Daniel Lacalle sobre esto) ni se toman medidas verdaderamente disruptivas que aunque tengan un cierto coste social y electoral, vayan a obtener unos resultados que marquen la diferencia (remito de nuevo a @mjaureguizar a este respecto de la optimización de la gestión de las medidas a tomar). Hay un clarísimo problema de gestión de la comunicación en estos momentos en nuestro país. Sobre todo de cara al exterior. Porque aquí jugamos con vendernos a nosotros mismos la deuda pública (a la Seguridad Social, como denuncia, de nuevo, Garrigasait), pero inversores extranjeros comprando deuda española es algo ya inédito desde hace meses. Gravísimo problema.

Así que en la práctica al niño le seguimos malcriando y al yonqui le seguimos pagando su droga por la vía de una monetización indirecta de deuda que evita la formalización de la quiebra un Estado como el nuestro, confiando entre otras cosas en que desemboque en inflación que servirá para diluir los compromisos de deuda e inflar artificialmente los valores de PIB. Pero como el dinero no fluye hasta los agentes de la economía real, la inflación no llega sino más bien lo contrario: el fantasma de la deflación. Y pensar en una crisis a la japonesa, con un estancamiento e incluso depresión sostenida en el tiempo tanto económica como de precios, es temible, por lo que supondría de empobrecimiento y pérdida de bienestar (e incremento de desigualdades).

Pero incluso saliendo del euro, como cada vez más políticos y economistas propugnan, por mucho que se diga que una salida devaluaría inmediatamente la moneda y nos haría más competitivos, me temo que en un entorno de crisis mundial en el que todos quieren salir por la vía de la exportación, ni hay quien tire del carro ajeno, ni tampoco nuestros vecinos estarán muy por la labor de permitir esa ganancia de competitividad por la vía del tipo de cambio. Y si no, véase lo que está ocurriendo ya con las diferentes divisas y cómo el yuan en años anteriores no se revaluó ni tampoco hoy el dólar estadounidense con toda la crisis del euro termina de apuntar hacia valores del órden de 1,20 USD/EUR como muchos pensaban que haría (aunque Alberto Artero plantea que es una cuestión coyuntural y el euro finalmente está condenado a depreciarse).

De modo que el lío que hay montado es bien gordo. Por eso es tan importante que haya en el Gobierno un buen conjunto de cabezas pensantes y que diseñen una estrategia firme, decidida y sin vacilaciones. Será posiblemente imposible contentar a ese niño malcriado y tocará pasarlo muy mal, y tampoco será la solución pasar del todo a la nada, pero sí que se debe marcar una ruta decidida y creíble. Porque la alternativa, ¿cuál es? ¿Seguir con el kicking the can, patada hacia adelante, y que sean nuestros hijos los que se encuentren con una bola de nieve cada vez mayor? ¿A quién aplastará finalmente el alud?

Le preguntaba a mi prima sobre cómo acababan todos esos juicios de padres contra hijos. Y me decía: “no muy bien, pero la ventaja es que los padres nunca dejan de querer a los hijos así que ponen siempre de su parte”. Lo cual me recuerda un párrafo para enmarcar que escribía hace unas semanas Daniel Lacalle:

El mercado no quiere que a España le vaya mal. Bajo ningún concepto. Porque España, efectivamente, no es Grecia. Es varias veces Grecia y como tal no se le puede “rescatar”. Si España cae, adios amigos, un gusto conocerlos. Al carajo el S&P 500, el Eurostoxx, Alemania y la UE.

Pues eso. Tenemos que reeducarnos y pasarlo mal durante una temporada, dejando de resolver el problema de la deuda con más deuda, pero en el fondo los que nos pueden ayudar también están interesados en hacerlo. Claro que tendremos que dejarnos.

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4 comentarios

  1. Relaciones Internacionales // Foreign Affairs · · Responder

    Supongo que en este caso nuestro “hermano mayor” es Frau Angela…
    Es una lástima que, como apuntas, los defectos de la democracia, se multipliquen en estas circunstancias, siendo claro (aunque sin saber cuán largo y abrupto es) cuál es el camino.

  2. […] "CRITEO-300×250", 300, 250); 1 meneos Niños malcriados, jóvenes yonquis y Estados Endeudados danielcunado.wordpress.com/2012/04/19/ninos-malcriados-jo…  por javiss hace […]

  3. Muchas gracias por las referencias Daniel!

    El mayor problema que veo es la falta de ganas de dejar esa “droga” que señalas en forma de financiación barata y deuda creciente. Como ya he repetido hasta la saciedad, el Ejecutivo anterior se puso la venda ante la necesidad de reconstruir el país, y éste no le anda a la zaga.

    Yo entiendo que puede ser duro, pero no vale con rascar el fondo del barril o con ajustar este gasto y aquel presupuesto. Hay que cargarse líneas enteras y abrir otras nuevas: en resumen, una Reforma con mayúscula. De tal calado, que posiblemente requeriría tocar la Constitución. No hay ni voluntad ni, me temo, capacidad política ni social para emprender esa tarea.

    Por seguir con tu analogía, estamos como el estudiante que suspende por enésima vez el curso y se le sigue pagando la carrera… es mejor irse a FP, al principio parece un fracaso y un trauma y diez años después el estudiante echa la vista atrás y piensa “menos mal”.

  4. Manuel · · Responder

    Realmente bueno este artículo. Cada vez estoy aprendiendo más de ti…….
    Saludos

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