No podemos esperar sentados

Charlaba hace unos días con mi amigo Luis Ezquerra, que gestiona un negocio agrícola, y comentábamos entre risas un poco ácidas que menudo par de apestados somos, él del sector primario y yo del sector secundario. Agricultura e industria, en permanente decadencia en un país como España, donde lo que mueve la economía es el sector terciario, es decir, los servicios. Siempre cuesta entender por qué en los países más avanzados las actividades más puramente productivas de la economía real, los que generamos cosas, ya sea alimentos o productos físicos para uso duradero, vamos quedando relegados frente a labores de intermediación, manipulación o transmisión. O quizá es en realidad lógico, en la medida en que se abandonan actividades muy físicas por otras más intelectuales. Se sustituye músculo por cerebro. Será eso. Desde luego es menos cansado.

El caso es que estábamos hablando del difícil panorama, y de cómo parece que nadie tiene ni idea de lo que hay que hacer. Le decía yo que me divierte el que cada vez sea más frecuente que se abra los telediarios con noticias económicas, y que la gente de la calle ya casi se sepa a qué nivel cerró el IBEX35 el día pasado. Y aunque la mayoría siga sin tener ni idea de lo que es la prima de riesgo y los puntos básicos (ver mi explicación aquí), se habla de ello en los informativos generales. Le decía entonces a mi amigo Luis esa frase que un día escuché y que tanto me gusta: “un economista es quien te explicará mañana por qué no ocurrió hoy lo que predijo ayer”. Porque no sé si os habéis fijado que todos los economistas, a toro pasado, explican con todo lujo de detalles el cómo y el por qué hemos llegado hasta donde estamos. Pero ya a la hora de predecir el futuro, y proponer soluciones, ya se empieza a vacilar. Los economistas se han convertido en los modernos hombres del tiempo. Antes se decía eso de “te equivocas más que el hombre del tiempo”. Pues como ahora los modelos matemáticos que hay detrás de las predicciones meteorológicas son cada vez más fiables a corto plazo (no más de tres días), ahora sería más apropiado colgarle el sambenito a los economistas.

Y no digamos ya de los políticos y los burócratas. Decía mi amigo Miguel Jaureguízar en su post de hace un par de días sobre el #SEOnsacionalismo que los periodistas tiran mucho de titulares amarillistas para captar la atención de los buscadores y atraer lectores. Pues los políticos y demás burócratas que nos gobiernan (o desgobiernan) lo que hacen es tirar de tópicos y de palabras biensonantes pero carentes de contenido concreto. Decía De Guindos el otro día que hay que cambiar de modelo productivo, desde el ladrillo hacia el conocimiento. Hablaba de I+D+i, de liberalización, etc. Conste que me parece muy bien y estoy de acuerdo, pero el caso es que esta musiquilla me suena. Y es que Miguel Sebastían decía tres cuartos de lo mismo cuando él era ministro. Y es que una cosa es decir las cosas, y otra es conseguir implantarlas. Porque os propongo un juego: anotaos un gallifante cada vez que leáis en algún artículo, entrevista o mítin las siguientes palabras:

  • productividad
  • innovación
  • emprendimiento
  • creatividad
  • eficiencia
  • I+D+i
  • optimización
  • valor añadido
  • conocimiento
  • austeridad
  • crecimiento

Vais a perder la cuenta rápidamente. Son palabras muy bonitas y conceptos muy ricos, pero amigo, saber pronunciar la palabra “felicidad” o prometer que vamos a aspirar a ella no nos va a hacer felices per se. Yo llevo oyéndolas veinte años, desde que empecé a leer prensa económica, y nada parece haber cambiado.

Yo soluciones francamente no os voy a poder dar. Pero lo único que me atrevo a decir es que no podemos estar sentados esperando a que alguno de estos políticos o economistas vayan a dar con la tecla para sacarnos de la crisis. Aquí hemos llegado por un proceso muy largo de crecer y gastar sin medida, y aunque parece que vivimos en la ilusión de que en realidad no pasa nada, lo cierto es que en algún momento alguien nos tenía que pedir cuentas y nos ha pillado en mala situación. Como se le atribuye a Warren Buffet: “Sólo cuando baja la marea se sabe quién nadaba desnudo”. Pues nosotros éramos de esos. Pero lo que os decía, ahora la solución no está en esperar a que alguien lo resuelva por nosotros, sino que tenemos que ponernos en marcha y luchar individualmente.

Porque quizá será ese el mayor reto en un país como el nuestro: una transformación cultural que nos libere de esa tendencia a depender del Papá Estado, esa querencia por la subvención y por la ayuda, el que otro sea el que tire de mí. ¿Cómo explicar si no fenómenos como el de las recientes elecciones andaluzas? Al final hay tanta gente acostumbrada a vivir del clientelismo que en cuanto las cosas vienen mal dadas, todas las miradas van dirigidas a los poderosos, y la filosofía es la de “virgencita que me quede como estoy“. Pues no, es hora de considerarnos poderosos nosotros mismos y ser verdaderamente emprendedores. Lo que significa que no tiene que ser el Estado el que nos ponga en marcha. Nosotros mismos debemos hacerlo. Lo único exigible es que nos pongan facilidades: derribar trabas burocráticas para la creación de empresas, eliminar tasas y trámites que lo único que hacen es encarecer y desincentivar ese espíritu de creación, y simplemente dejar hacer y no poner bajo tela de sospecha al empresario.

Si la crisis sirve para que se produzca esa transformación cultural y para que la Administración permita de verdad que florezca la iniciativa privada quitándose un poco de enmedio, entonces bienvenida sea. Porque de momento los gallifantes no nos sirven para hacer la compra.

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3 comentarios

  1. María José G. Guirado · · Responder

    Yo no soy economista, pero pienso que efectivamente, el problema viene de lejos: se han utilizado políticas en España que han creado ‘gigantes’ con pies de barro; en la reconversión que se hizo de la industria en este país de mano de Solchaga, que se redujo en definitiva a la destrucción del tejido industrial del país sin alternativa posible; se ha destruido la agricultura, la ganadería y la pesca, entregándolas a cambio de entrar en la UE, así que nos quedamos con construcción y turismo: la construcción sufrió la burbuja y el turismo que padecemos es indecente… ¡menudo panorama! Con el clientelismo y la cultura de la subvención enraizados en nuestros genes, hacía falta un revulsivo de este calibre para que despertásemos a la realidad.

    Estoy totalmente de acuerdo con esa esquizofrenia que sufrimos también: por un lado se oye mucho sobre la necesidad de ‘emprendimiento’ y por otro se demoniza al empresario…. ¡sorprendente!.
    El cambio cultural es, como dices, la única alternativa posible. Y creo que ya está en marcha; la inercia es poderosa, pero no nos queda otra.

    Qué buenos, la referencia a los gallifantes y el juego de las combinaciones de ‘palabros’, ¡unas ocurrencias geniales!

    Saludos y enhorabuena por el post, es de una clarividencia y una sensatez… hasta se ensanchan los pulmones al leerlo! 😉

  2. […] nos queda a la mayoría de la gente es arrimar el hombro y tirar del carro, para lo que me remito a este post del empresario Daniel […]

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