Productividad y las fiestas entre semana

Hablaba en mi post anterior sobre la cantidad de veces que se dicen estas palabras bonitas como la de “productividad”. Me ha gustado mucho un artículo publicado en el excelente y prestigioso blog “Nada Es Gratis” con el título “La productividad es muy importante pero la gente no la encuentra sexy“. Hace en él Diego Comín una afirmación que suscribo totalmente: “de todas las losas que están ahogando a la economía española, la baja productividad es la más pesada“. Se habla mucho de la deflación de salarios (en otras palabras, que los trabajadores cobren menos), pero el problema de raíz, como bien disecciona el artículo, está en la pérdida de productividad comparativamente con otros países de nuestro entorno. Y no es algo nuevo. Mi antiguo y apreciado profesor D. Juan Velarde ya nos lo decía cuando me daba clases allá por 1997, y en sus libros y escritos este comentario es una constante (véase aquí una muestra).

Comin insiste en el déficit de aplicación de tecnología por parte de los empresarios, y es totalmente cierto, y de hecho yo como tal asumo mi parte de culpa por esa cierta tendencia a ir un pasito por detrás de otros países como Alemania (aunque algún día me gustaría hablar sobre si siempre interesa ser el primerísimo en adoptar una tecnología).

Juan Velarde repetidamente ha insistido en la importancia del factor educativo (que la formación tanto universitaria superior como la formación profesional se adecúen a la realidad de las necesidades productivas del presente) y del componente de infraestructuras (que sean diseñadas por criterios de eficiencia y no por favoritismos políticos). Sin duda son dos elementos críticos.

Y yo modestamente quiero añadir el componente cultural. Como trato por motivos de trabajo y también de familia y de amistades con personas que o bien han nacido o han trabajado en otros países occidentales, surge inevitablemente la comparativa entre la forma de trabajar que tenemos aquí y en lugares como los Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, el Benelux, los países escandinavos, etc. Nos reconocen méritos indudables a los españoles: nuestra creatividad, nuestra pasión y nuestra capacidad de improvisación. También esa habilidad casi sobrenatural por sacar las cosas adelante en el último momento, cuando parece que todo está perdido. Pero sin embargo nos critican precisamente la poca productividad: podemos pasar horas y horas en los lugares de trabajo (la cultura del presentismo), de las cuales se desperdician muchas de ellas entre cafés, charletas, lecturas de periódicos, salidas a fumar, visitas al baño, etc. Un holandés, por ejemplo, no puede entender cómo somos capaces de hacer jornadas partidas y quedarnos a trabajar hasta las siete, las ocho, las nueve de la noche, si trabajando a plena intensidad y comiendo un bocadillo rápido podríamos hacer el mismo trabajo y salir para casa a las cinco de la tarde.

Luego otro tema que resulta sangrante: el corporativismo del personal y la tendencia a igualarse por lo bajo. Me explico: cuando entra en la empresa una persona nueva, con mucho ímpetu, y empieza a rendir más que los demás, enseguida sufre todo tipo de presiones psicológicas, por las buenas o por las no tan buenas, para que tampoco se lo curre tanto, porque “no te lo va a reconocer nadie“, “te vas a quemar” o “no nos puedes dejar en mal lugar a los demás“.

Y ya, cuando toca hablar del tema de las fiestas entre semana, apaga y vámonos. Yo terminé la pasada semana, la del “puente de Mayo”, frustrado por una sensación de bajo rendimiento mío y del conjunto de mi empresa. El motivo es evidente: de los cinco días habitualmente laborables, fueron festivos el martes día 1 de mayo (la Fiesta del Trabajo, que como es “lógico” se celebra no trabajando) y el miércoles 2 de mayo, festivo en la Comunidad de Madrid donde me encuentro radicado. Con estas fiestas entre semana, se acumulan tres causas de baja productividad. Primero, el propio hecho de las jornadas no trabajadas. Segundo, la cantidad de gente, tanto en mi empresa como entre clientes y proveedores, que hicieron “puente” y tampoco trabajaron el lunes o directamente hicieron “acueducto” y no estuvieron en toda la semana. Tercero y aún más preocupante, la falta de continuidad que hace bajar en rendimiento durante los días que sí se trabajaba. Porque el lunes parecía un viernes, con poca intensidad; el jueves parecía un lunes, tardando en arrancar; y el viernes era un viernes pero todavía más flojo de lo normal porque no se había llegado a coger ritmo a lo largo de la semana.

Mira que por una cosa buena en la que se habían puesto de acuerdo patronal y sindicatos, esos “agentes sociales” a los que se les asigna más representatividad de la que realmente tienen, que era que se pasaran los festivos entre semana a los lunes, al final no se ha terminado de concretar todavía. Lo de la pasada semana es sangrante. La Fiesta del Trabajo, que vale que sea un día festivo, pero que se pase al lunes, ¡hombre! Y la de la Comunidad de Madrid al martes. Porque, por cierto, mira qué manía de que cada una de las diecisiete autonomías tengan sus fiestas propias, y luego hablamos de unidad de mercado.

Las cosas van muy mal en nuestro país. Se nos dice que tenemos que salir adelante exportando. Mi empresa gracias a Dios tiene un elevado componente exportador, y precisamente por eso seguimos en pie, aunque a pata coja. Y claro, menudo papelón andar explicándole a nuestros clientes internacionales que el martes y el miércoles era fiesta, y que el lunes Pepito y Fulanito no estaban porque hacían puente. Todo esto después de que hace un par de semanas fuera Semana Santa (descoordinada con cómo la celebran en otros países), otras dos semanas antes estuviéramos celebrando en Madrid un lunes 19 de marzo de San José, etc. Inevitable que alguno hiciera el comentario medio jocoso medio en serio que escucho varias veces todos los años: “¿es que en España trabajáis alguna vez?”. Como dice mi suegro, en esta y muchas otras cosas, somos un país de pandereta.

Y todo esto sin entrar en la cantidad de días festivos que se disfrutan en algunas empresas y en la Administración, que entre pitos, moscosos y flautas se va tranquilamente a mes y medio natural… Así nos va.

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3 comentarios

  1. Miguel Angel Sotos · · Responder

    Pues normal que nuestra productividad sea miserable. Si mientras nosotros nos vendíamos ladrillos apilados en forma de casas construidos ‘a mano’, los alemanes (por poner un ejemplo) vendían Audis, BMWs y Mercedes. Si es que ni trabajando 24 horas…

    Respecto al cambio cultural del que hablas, es urgente, pero que muy urgente. Pero a todos los niveles. Yo he visto cómo la gente se ve obligada al presentismo por culpa “del jefe” y al final gente muy válida acaba desmotivada y buscando otra empresa, aunque también es justo reconocer que estos casos son los menos y en España sigue habiendo un problema de profesionalidad (no solo productividad) tremendo, y es que la gente a veces parece que tiene 5 años: la cultura del escaqueo y del timo sigue imperante en este país. Y así nos va.

    Bueno, aunque evidentemente que no siempre va a ser posible ya que dependerá de cada tipo de empresa, pero a ver si esos mensajes que se lanzan desde el gobierno sobre el teletrabajo y la conciliación van calando y se llega a algo.

  2. Lamentablemente mi experiencia en este sentido solo confirma todos esos datos. En este triste país de pandereta lo que premia es el presentismo, sea cual sea la productividad. No solo eso: aquí el que triunfa no es el que más produce, sino el que mejor se sabe vender. Y los expertos en presentismo suelen tener un talento natural para apuntarse medallitas hasta por haber ido a tomar café, que eso “hace equipo”.

    Así nos va.

  3. Nacho · · Responder

    Solo añadir que estos hechos, provoca una necesidad de paliar el absentismo y/o la falta de personal en determinados momentos, ¿como? pues buscando pagar por el servicio realizado y no por tener un empleado. Varios amigos míos con empresas familitares optan por contratar “autonomos” en lugar de tener personal en plantilla. En nuestro sector se llama “subcontratación” y es exagerado en algunos casos, hasta “evacuar” todo el personal de Informática a una “grande” y subcontratarlo.

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