¿Qué estoy pensando de Facebook?

Recogiendo el guante que gentilmente me lanza @javipas desde su post en el excelente blog Incognitosis (¡felicidades por ese séptimo aniversario!), voy a hablar de Facebook, aprovechando la noticia del día, que es su estreno en el NASDAQ tras su exitosa OPV en la que el exceso de demanda les llevó a elevar el rango de precios hasta unos 38 dólares que han dado lugar a la inevitable controversia sobre si la valoración resultante de la empresa, 104.000 millones de dólares, es o no razonable. Controversia que no ha hecho sino avivarse tras la primera sesión bursátil que ha merecido en algún medio el calificativo de decepcionante (“Facebluff” titula la información de Cotizalia) ya que no se ha producido el esperado rebote inicial como ocurrió recientemente con Groupon, por ejemplo, y más aún existiendo más que fundadas sospechas de que de no haber sido por el fortísimo soporte de los colocadores, probablemente se habría cerrado incluso a pérdida.

Respecto al debate financiero, han sido múltiples los análisis que se han podido leer estos días, del que os dejo una buena muestra: el de Enrique Quemada en Expansión. Resumiendo:

  • A favor de invertir en Facebook al precio de la colocación: por su enorme volumen de usuarios y gran distancia respecto a otras redes sociales, la gran frecuencia y tiempos de uso por parte de éstos, la capacidad que tiene para adquirir información valiosa de segmentación de marketing, y su valor estratégico de cara al futuro como una de las pocas grandes que pueden definir el mercado del siglo XXI.
  • En contra: sus limitaciones para monetizar esta masa de usuarios, ya que hasta ahora no ha sido capaz de insertar publicidad en su plataforma móvil, que cada vez crece más rápido en usuarios frente al acceso desde un ordenador tradicional, que incluso en la plataforma web los anuncios no parecen obtener unos resultados especialmente buenos, que depende en exceso de una compañía, Zynga, como fuente de ingresos, y que cabe la duda de si los usuarios abandonarían la plataforma por otra competidora si se siguieran estrategias publicitarias más agresivas o bien se optara por un modelo freemium (base gratis, opcionalmente con pago por suscripción de servicios adicionales o sin publicidad). Además, la amenaza de obstáculos legales por cuestiones de privacidad o la pérdida de usuarios por el deterioro en su imagen que estas cuestiones le están causando.

Yo voy a comenzar mi aportación personal haciendo algo muy impopular entre mi entorno, que es proclamar mi favoritismo por Facebook de entre las redes sociales en las que estoy activo, por los motivos que os explico a continuación:

  1. Libertad de extensión en las actualizaciones de estado. Frente a la limitación de los 140 caracteres de Twitter, que es buena parte de su gracia porque obliga a condensar y habilita una interfaz fluida y de fácil seguimiento, especialmente en dispositivos móviles, la libertad para explayarse de las actualizaciones de Facebook (que se recorta en la visión en pantalla con la opción de “ver más” para posts largos) permite una mayor profundidad y concreción, un mejor cuidado del lenguaje, gramática y ortografía, y no se somete a los usuarios a la “dictadura del titular” que es lo malo que tiene Twitter. Hay gente para todo, pero a mí 140 caracteres se me queda muy corto.
  2. Me encanta el botón “me gusta”. Twitter tendrá los retweets y los favoritos, pero el “me gusta” me resulta simple, fácil y efectivo.
  3. Se presta más y mejor al debate por la vía de los comentarios. Facebook se abre al diálogo y la interacción mucho más que Twitter, donde el sistema de respuestas y “conversación” es mucho menos efectivo y encima se come preciosos caracteres. Sencillamente, Twitter no es adecuado para esto.
  4. Me gusta la facilidad del chat y mensajes y su flexibilidad. Los mensajes directos en Twitter tienen al final las mismas limitaciones de caracteres que no le encuentro mucho sentido en el concepto del MD, la verdad. Y además en Facebook se puede hacer chat y mensajes a varias bandas, lo que es fabuloso.
  5. Ofrece la vista previa de enlaces y fotos. Ahorra a menudo un click y un pop-up frente a Twitter, que sólo ofrece esta opción en algunos formatos de contenido enlazado.
  6. Proporciona muchas opciones de privacidad. Frente al concepto de Twitter que es mucho más de on/off (o completamente en abierto o completamente en privado), con Facebook podemos hacer las actualizaciones visibles sólo a amigos, a amigos de amigos también, a todo el público, sólo a ciertos amigos, o restringir a otros ciertos, a listas, e incluso restringido a uno mismo. Y tampoco es tan difícil, la verdad. O al menos así me lo parece.
  7. Permite abrir grupos y páginas. Tiene eventos y la opción de las notas. Y otras aplicaciones. En este sentido es una plataforma muy escalable y que todavía tiene muchas puertas por abrir.
  8. Te permite saber qué amigos están conectados, pero al mismo tiempo te permite limitar tu visibilidad por si quieres que nadie o ciertos amigos no te vean.
  9. Ofrece la posibilidad de la suscripción por si no quieres llenarte de amigos que en realidad no lo son, pero dar una alternativa para que otra gente vea tus actualizaciones públicas.
  10. Al menos a día de hoy, en plataforma móvil no tiene ningún tipo de publicidad, y en la web está tan localizada, que el cerebro de uno se acostumbra rápidamente a ignorarla sin que resulte molesta.
  11. A mí me gusta la nueva barra lateral derecha con la actividad de los amigos, aunque reconozco que empieza a discurrir por la frontera de lo creepy, porque a veces entra en el límite del voyeurismo.

Me dirá mi amigo Miguel Jaureguízar que no estoy hablando de Linkedin, de la que nos ha dejado una impagable guía de uso hace unos días. Y ciertamente en muchos de estos puntos, Linkedin está a la altura de Facebook. Yo sin embargo he de reconocer que, como comenté en el blog de @anotado, no estoy muy activo por esa red social por su enfoque demasiado profesional y porque me siento incómodo a la hora de denegar solicitudes de contacto de personas que potencialmente puedan ser interlocutores de trabajo pero con los que no tengo ningún contacto personal. De modo que veo Linkedin como una buena herramienta de comunicación profesional y también como un portal de empleo, pero no como una plataforma de intercambios sociales y personales, a nivel privado, que es para lo que yo exploto más Facebook.

Y en cuanto a Instagram, Pinterest, YouTube, de momento los estoy usando poco pero las veo más como plataformas de intercambio de lo que son, fotos y vídeos, que de comunicación y debate concreto.

No me olvido de Google+. ¿Qué me ocurre con la red social de Google? Pues sencillamente que mis amigos no están allí. Tengo entendido que ofrece posibilidades muy interesantes, pero la clave es dónde está la gente con la que quiero hacer el intercambio social, que al fin y al cabo es el objetivo de todo el invento.

Y dicho esto, llego a un punto crítico en mi reflexión. Os he proclamado hasta ahora mi aprecio por la plataforma de Mark Zuckerberg. Pero sin embargo, más de un amigo habrá observado que últimamente estoy más tiempo por Twitter que por Facebook. ¿El motivo? Pues triple. Primero, porque como decía antes la apliación móvil de Twitter es muy ágil (sobre todo la Tweetbot que es la que yo uso), y además está muy bien integrado con el iOS de mi iPhone. Segundo y más importante, porque encuentro allí a mucha gente muy interesante y que no está en Facebook, o que si está (caso por ejemplo del propio @mjaureguizar o de @dlacalle) actualizan con mucha más frecuencia en la plataforma del pajarito. Y al final la red social trata de eso, de estar en contacto con otra gente. Si se produce un trasvase de gente interesante de una plataforma a otra por diversas razones (una de ella puede ser simple y llanamente porque “mole más” o dé más prestigio), eso va a tener un importante efecto arrastre. Y por último, porque Twitter se ha convertido en el moderno canal de información a tiempo real, el periódico definitivo, que proporciona la noticia en el instante de producirse. Así que si quieres estar de verdad a la última, tienes que estar ahí. Facebook la verdad es que podría conseguir lo mismo, pero no es así.

A Facebook le puede pesar el que se haya ganado la fama de que es el lugar para hacer actualizaciones de estado intrascendentes y banales. Si el público objetivo más valioso desde el punto de vista de marketing se va a Twitter, y encima se vuelven muy fans de esa plataforma (un poco por el efecto David y Goliat, es decir, por ver a Facebook como el gigante rico y a Twitter como algo más pequeño, menos codicioso y desde luego más aséptico y sin una figura personal tan evidente como el caso del Zuckerberg ahora mega-multimillonario), entonces eso puede perjudicar su potencial de beneficios futuros y consecuentemente su valoración de mercado.

Lo que no quita el que Facebook sigue teniendo una masa crítica brutal de usuarios, unas oportunidades gigantescas de diversificar el negocio, la posibilidad no despreciable de probar el concepto freemium (yo desde luego sí estaría dispuesto a pagar pequeños importes por una navegación móvil sin anuncios frente a una base en la que hubiera anuncios tipo pop-up o historias patrocinadas), y maneja una información valiosísima sobre el perfil personal de sus usuarios.

Dicho esto, ¿he invertido en la OPV? No. ¿Me seduce? Tampoco. ¿Creo que está sobrevalorada? Sí, por lo menos a corto plazo.

Pero no tengo la bolita mágica. Ni nadie la tiene. El tiempo nos irá diciendo. Espero, Javi, que te haya contestado. Si llegaste hasta aquí, claro 😉

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2 comentarios

  1. Gracias por el post, la referencia y la reflexión 🙂 Me alegro que le encuentres su encanto a Facebook y está claro que no eres el único… Veremos si eso es suficiente para que acaben triunfando en bolsa, algo que no tengo nada claro.

    Un saludo!

  2. […] explico en lo referente al último punto. Os comentaba hace unos meses que me gusta mucho Facebook como concepto, posibilidades de extenderse en comentarios, diferentes ajustes de privacidad, etc., […]

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