Mi receta para el optimismo

Lo comentaba hace unos días en Twitter:

Lo que me lleva a una reflexión que me gustaría compartir con vosotros.

Vivimos tiempos difíciles en los que estamos rodeados de malas noticias, problemas en la vida profesional, incertidumbre, presión por hacer las cosas bien, miedo a pasar dificultades… Toda una combinación de factores que nos sumen en una depresión que tiene mucho de irracional como comentaba recientemente un artículo del más que interesante portal Sintetia.

Pero una idea en la que me gusta insistir: una cosa es “la macro” y otra cosa es “la micro”. Puede que al país le vaya mal, que nos tengan que rescatar, que haya que hacer más ajustes… Pero esto no quita el que cada uno de nosotros, como individuos, podamos luchar para que nos vaya bien. Tenemos mucha más capacidad de acción de la que a veces nos pensamos. ¡No podemos quedarnos sentados!

Para levantarnos y salir adelante, es muy importante tener energía y optimismo. Porque si cuando uno está bajo de humor, parece que todo cuesta más, las cosas no salen bien, y entras en una espiral descendente, al recuperar el estado de ánimo parece que el enfoque mejora significativamente y, al menos en mi caso, parece que las cosas empiezan a marchar.

¿Cómo cambiar de estado de humor? Bien, pues supongo que cada persona tendrá sus “trucos” y sus métodos, pero en mi caso encuentro que aquellas cosas que me levantan el ánimo no están relacionadas con éxitos en el trabajo, o con operaciones que dan beneficios, o este tipo de cuestiones relacionadas con el dinero. Son las alegrías que me dan mis niñas, o la satisfacción de descubrir un nuevo grupo musical que me sorprende y me gusta, o la experiencia de leer un libro que me haya atrapado, o el disfrute de una buena película. ¿Qué hay detrás de todo esto? Pues yo lo que interpreto es que aquello relacionado con el mundo del dinero es alimento para el estómago, mientras que lo relacionado con la familia, las interacciones sociales y la cultura es alimento para el espíritu.

Ese disfrute pleno que da ver una actuación en el colegio de tu niña pequeña, o escuchar esa canción que te absorbe completamente, o ese libro que te traslada a otra dimensión, o esa película que te llega al alma… Nada de eso te lo aporta el dinero y son precisamente esos pequeños grandes placeres de la vida los que te fortalecen y te cambian el humor. Y con ese humor cambiado, te salen mejor las cosas en el trabajo y al final consigues el también necesario alimento para el estómago.

Mientras que el camino contrario no es tan evidente. No cabe duda de que es difícil poder encontrar satisfacciones familiares o culturales cuando uno sufre un grave problema económico, y no hay dinero para comer o para vivir. Pero por lo demás, conoceréis montones de casos, no sólo mediáticos sino en vuestro entorno más directo, de gente a la que económicamente le va bien pero que parecen ser unos infelices completos. Viven en la permanente insatisfacción y en la búsqueda de más y más. Al tiempo que como me ha comentado gente que ha viajado a países muy pobres en proyectos de voluntariado, me dicen que es sorprendente cómo saben disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Recordando las dos frases que presidían el despacho en tiempos de mi padre, “no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita” y “el hombre busca desesperadamente fuera de sí aquello que tiene dentro“.

En el fondo es el mismo mensaje: aunque hay quien piensa aquello de “el dinero no dará la felicidad, pero da algo tan parecido que para qué buscarle la diferencia“, yo no creo que esta frase pase de ser un comentario jocoso. Esa felicidad sólo la empezamos a tocar cuando alimentamos nuestro espíritu, y eso sólo lo hacemos con un alimento muy diferente del económico, pienso yo.

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2 comentarios

  1. Estimado Daniel,
    No me deja de sorprender la “sintonía”.
    La semana pasada -se presentaban unos días brutales de trabajo- decidí dejar de leer prensa y estar conectado permanentemente siguiendo los acontecimientos, me he limitado a leer las portadas, y a seguir lo que decía, cuando tenía un momento, ya gente que aprecio y conozco -en el fondo ya somos ‘editores’ unos de otros, y qué mejor- entre los que estás 🙂
    Ha sido increible, el tiempo se me ha “estirado”, hemos tenido en dos semanas las reuniones más importantes que he tenido nunca. Todas con resultados formidables.
    Por otro lado, me he centrado -también en la empresa- en lo que depende de nuestra mano, que es muchísimo, es más, es lo verdaderamente relevante.
    Hemos recuperado el optimismo, he “rescatado” tiempo para leer y escribir, y como dices para las del espíritu, y en mi caso también para las del Espíritu.
    Que magnífica lectura y que pertinente para el día de hoy…
    He pasado una mañana formidable con mi hijo, hemos charlado de cosas profundas, le he hecho el puré preferído a mi madre, y ahora comemeremos en familia, y después si Dios quiere me echaré una siesta… sí una siesta hispana.
    Recates! … yo ya fuí “rescatado” 🙂
    Un abrazo

    PD. Y si de verdad fuera una catástrofe. Como el lord ingles al que su mayordomo le anuncia el sábado que su fabrica se ha quemado.
    Levantado la vista de la lectura por un momento:
    – Que disgusto me voy a llevar el lunes.

  2. […] es el que he repetido varias veces en este blog, hablando de los conceptos de felicidad y de optimismo: quien se concentra en la búsqueda del éxito por el éxito y las remuneraciones puramente […]

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