Las aplicaciones vs la web

Hoy me voy a meter quizá en un asunto del que tengo importantes lagunas y más propio de expertos como @javipas, pero igual que él tuvo gran éxito con un reciente post económico, espero conseguir yo al menos no decir tonterías al tocar cuestiones técnicas de informática. Y si las digo, por favor hacédmelo saber para poder corregirlas 😉

Pero en realidad no quiero tratar tanto el aspecto técnico como el de usabilidad. Empecemos por el principio. Hace ahora un año, y de carambola (un compromiso con el familiar de un cliente), compré el iPad. Y gracias a eso comencé a descubrir el fascinante mundo de las aplicaciones móviles. Yo tenía hasta entonces un smartphone Nokia con sistema operativo Symbian y del estilo Blackberry, que usaba mucho para e-mail y poco más (Skype y Facebook). Pero al descubrir la exuberante oferta de aplicaciones para iOS, acabé pasando al iPhone también y ya con esto se ha producido en mí un interesante cambio de hábitos.

Yo soy muy fan del teclado físico. De niño aprendí mecanografía (de forma autodidacta, por cierto, porque es una de esas habilidades creo que imprescindibles que nos tendrían que haber enseñado en el colegio) y aunque me he adaptado razonablemente bien a escribir en el teclado virtual de un dispositivo táctil, gracias también a los autocorrectores, no es lo mismo. Por eso para escribir el blog siempre uso un ordenador “tradicional” y también para e-mails, comentar en blogs o en Facebook prefiero esperar a tener a mano mi portátil del trabajo o el sobremesa de mi casa.

Pero curiosamente con Twitter he encontrado una aplicación, Tweetbot, que me gusta tanto, que al final incluso teniendo a mano el ordenador tiendo a usar el móvil o el iPad en su lugar. No pretendo ahora glosar todo lo que me gusta de esta excelente aplicación y hasta qué punto aprovecha todas las ventajas de lo táctil y extrae la máxima productividad de Twitter. La clave es que ahora mi elección está entre tuitear con un ordenador con teclado usando la interfaz web o hacerlo con un dispositivo móvil táctil con una interfaz específica. Y estoy optando por esto último.

Y no sólo Twitter. También para usar Kayak (la aplicación que más uso para buscar vuelos) o Skype tiro del móvil o el iPad.

Desde el punto de vista de usuario, observo entonces una transición. Remontándome a los tiempos pre-internet, es decir, quince o veinte años atrás (uno que tiene unos años y puede contarlo), teníamos un sistema operativo (el MS-DOS, el Windows 3.1 y 3.11 o el Windows 95) y para usos de productividad estábamos acostumbrados a instalar programas en forma de ejecutables. Eran aplicaciones programadas con diversos lenguajes pero eso era opaco para el usuario. Al final tú tenías un disquete, instalabas el programa en el disco duro (o ni siquiera eso y se ejecutaba desde el disco flexible) y tenías una interfaz y una dinámica propia de la aplicación.

Sin embargo, con el auge de Internet y la Web, durante unos años se produjo una cierta convergencia desde programas ejecutables hacia páginas web a las que accedemos con el navegador y, con su interfaz propia, pero una dinámica relativamente homogénea, conseguimos hacer lo que queremos. Incluso muchos programas ejecutables imitaban la interfaz web. Ahora, con la transición al mundo de las aplicaciones móviles, de alguna manera es una vuelta a la dinámica anterior de programas ejecutados sobre el sistema operativo sin esa pasarela intermedia del navegador, y con más “personalidad” propia.

Esto tiene interesantes implicaciones, puesto que si bien antes teníamos tres niveles (el sistema operativo de base -fuera Windows, Linux, Mac OS u otros-, el navegador y la página web), ahora volvemos a tener dos (el sistema operativo y la aplicación). Aunque quizá en vez de simplificar lo que se hace es complicar a los responsables de esas aplicaciones, porque si una página web tenía la misma programación independientemente del sistema operativo que hubiera debajo del navegador, ahora hay que volver a construir la aplicación directamente sobre aquél. Desde el punto de vista de los responsables de estas aplicaciones, por otra parte podrán conseguir el máximo control, mayor grado de personalización y la posibilidad de optimizar la adaptación a las necesidades del usuario. Pero esto implicará una inversión a la que exigir unos retornos, lo que motivará una concentración de sistemas operativos (iOS, Android, Windows Phone ¿y poco más?).

Lo cierto es que a nivel usuario, creo que salimos ganando cuando uno observa la calidad de presentación y de usabilidad que tienen las aplicaciones que a diario aparecen disponibles. Pero quizás este sistema le dé muchísimo peso a los responsables del sistema operativo (Apple, Google y Microsoft) y esto nos encamine más que nunca a un oligopolio. Ciertamente hace años la preocupación era el monopolio de Microsoft con su Windows, pero al menos en la capa de hardware había grandes incentivos a la competencia libre. Ahora, con Apple demostrando que es una enorme ventaja concentrar hardware y software porque permite optimizar la integración entre ambos, dar la mejor calidad y conseguir la máxima rentabilidad, Google y Microsoft empiezan a mover ficha en ese mismo sentido. Claro que por un lado Nokia ha aportado fuertemente por Microsoft, y tanto Samsung (ya  el mayor fabricante del mundo de smartphones) como otros pesos pesados (HTC, LG, Sony) trabajan con los dos sistemas operativos y son suficientemente fuertes como para no ser despreciados por Google ni Microsoft. No olvidemos por otra parte que Google ya fracasó con su primera propuesta de un móvil propio, el Nexus One. Y que Samsung y LG son dos importantísimos fabricantes de componentes, por lo que tampoco le interesa a nadie enemistarse con un cliente que a la vez es proveedor, aunque en divisiones distintas.

Por último, otro elemento muy interesante en todo este fenómeno es que es un mercado tan dinámico donde los clientes adoptan muy rápidamente las nuevas propuestas (de forma viral), que no paran de crearse startups con el objetivo de crear el próximo Instagram, donde cuatro gatos consiguen levantar un proyecto que en apenas un año se vende por una auténtica fortuna. Muchísimos caerán por el camino, pero entre tanto la oferta se multiplica, lo cual es muy positivo desde el punto de vista del consumidor.

P.S. Perdonadme que haya ignorado completamente a RIM y su Blackberry, pero, qué queréis que os diga, yo ya no le veo mucho futuro…

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One comment

  1. Muy chulo el post 😉 El debate aplicaciones móviles vs apliaciones web está en la cresta de la ola, y yo desde luego no tengo nada claro hacia donde podrían tirar las cosas. Lo que está claro es que las aplicaciones móviles se adaptan perfectamente al sistema operativo, mientras que las aplicaciones web tienen ese encanto del “uno para todos”.

    Ahí tendrá mucho que decir HTML5, un estándar que podría hacer que las webapps no tuvieran tanta relevancia. Veremos cómo van los tiros en los próximos meses, pero está claro que a los desarrolladores les sería mucho más cómodo poder utilizar tan solo una plataforma para todos los sistemas operativos móviles. Y son ellos los que al final ganan las batallas últimamente, así que…

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