“El lunes que viene; no te preocupes”

Como sabéis quienes me leéis habitualmente, me dedico al mundo de la industria manufacturera, por lo que trabajo a diario con proveedores de componentes y de productos intermedios para mis fabricados .

Con el paso del tiempo, uno detecta rápidamente dos perfiles muy contrapuestos en cuanto a la formalidad con precios y plazos.

Por un lado, están esos proveedores que dan un precio ajustado al mercado, tirando un poco por lo alto, y un plazo de entrega firme, a menudo prudente, y que son muy fiables; rara vez se retrasan, o si lo hacen es por pocos días y uno aprecia que verdaderamente no contaban con ello. A veces uno les llama para pedir que recorten el plazo de entrega, porque uno va siempre con prisas, pero en general son tipos que si bien prometen intentarlo, normalmente tampoco ofrecen grandes mejoras.

Por el otro lado, están esos proveedores que son un poco “viva la virgen” con el precio y el plazo de entrega. Te proponen precios unas veces “tirados” y otras un poco “subidos a la parra” y un plazo que puede ser bueno o malo de primeras, pero en cuanto les llamas a pedir un esfuerzo a cambio de pasarles el pedido, les falta tiempo para preguntarte por el precio que estás dispuesto a pagar y que igualarán de inmediato, y decir “por supuesto, sin ningún problema” al plazo de entrega que les solicites. Y luego, cuando llega el día de la entrega prometida, empieza el juego de “perdona, es que se me rompió una máquina”, o “mira por dónde se puso malo un operario”, o “me falló la materia prima”… Excusas varias. Y para rematar: “pero no te preocupes, para el lunes que viene lo tienes”. Y claro, el lunes resulta ser el viernes, y el viernes el lunes… Así hasta que por fin te entregan y te das con un canto en los dientes. Encima, como te descuides, te empieza a llorar con que si perdió dinero y si te puedes estirar un poquito con el precio.

Lógicamente, a uno le lían solamente una vez. Salvo que esos proveedores poco serios te ofrezcan un precio mucho mejor que el de los fiables, y en el fondo tengas margen para asumir el riesgo del retraso y los disgustos que te dan a cambio de una mayor rentabilidad.

¿No os da la sensación de que los recortes buenos de verdad los está prometiendo el Gobierno siempre para la semana que viene? ¿No pensáis que ya no nos toman demasiado en serio y por eso nos piden más rentabilidad -prima de riesgo- en el mercado?

Pero nada, tocaba echarle la culpa, esta vez, a Mario Draghi. Pues lo de siempre, balones fuera. Como la conspiración judeomasónica, pero ahora son los mercados, que se dice más rápido pero suena igual de amenazante.

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2 comentarios

  1. Lo has centrado en los proveedores externos, pero el mismo argumento es aplicable a los internos.

    En todas las organizaciones hay gente que cuando planifica de forma optimista (siempre se queda corto porque no prevé contingencias, problemas o simplemente valora a la baja el esfuerzo necesario), pesimista (siempre cree que le costará más de lo que realmente le cuesta) y realista. Tener una persona que planifica de forma realista en un equipo de proyecto es una bendición para el jefe de proyecto y para el propio proyecto… Acertar en las valoraciones es muy importante.

    El caso es que también existen estas promesas internas: hay quien te promete que lo que necesitas estará para el lunes, pero sabes de antemano que no cumplirá (por su modo de hacer, por su desorganización, por no saber decir “no” a ninguna tarea, …) y gente que sabes que, pase lo que pase, dará lo máximo para tratar de llegar a ese compromiso. No hay un contrato económico por medio, pero la palabra es el sello de garantía. En definitiva, es tu marca personal lo que está en juego.

    1. Gracias por el comentario, Alfonso. Es muy interesante lo que planteas. La verdad es que la idea del post viene de la conclusión hacia el inicio (leer sobre “las medidas de la próxima semana” me recordó a esos proveedores que se ponen a dar largas y a los que les exijo unos precios más baratos para comprarles) pero es verdad que es un tema por sí mismo.
      Tu comentario me recuerda a que en mi empresa hay dos tipos extremos de personas: los que dicen a todo que sí, y luego no terminan de rematar, y los que al principio ponen pegas (una persona en concreto de salida a todo dice “no”) pero luego se lo curran y terminan excediendo expectativas.
      Al final hay que gestionar a unos y otros y una vez que conoces de qué pie cojea cada uno, se puede conseguir buenos resultados en cada caso.
      ¡Un abrazo y nos leemos!

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