Pagar con el móvil: ¿necesidad real o fabricada?

Alberto Gómez Aparicio (@anotado) compartió hace unos días en Twitter un interesante artículo de TechCrunch acerca del sistema de pago mediante el móvil, cuestionando el que se trate de una necesidad real, bajo el explicativo títular “NFC Is Great, But Mobile Payments Solve A Problem That Doesn’t Exist“. Pero yo, personalmente, no puedo estar más en desacuerdo.

Expansión publicó la semana pasada un artículo sobre la realidad del pago con el móvil, al que os remito a la hora de reflejar lo que ya es no sólo futuro inmediato sino incluso presente. Existen interesantes retos, sobre todo a la hora de que exista tanto un parque de terminales con estos chips (todavía en desarrollo incipiente, pero se rumorea que el iPhone 5 así como los nuevos Nokia con WP8 lo llevarían incorporado, lo que sería el despegue definitivo para finales de este año) como una difusión masiva a nivel de comercios, y que exista una solución tecnológica que se adapte a la diversidad de la competencia de plataformas y entidades financieras.

Pero yendo a lo que más me interesa, que es si la necesidad de pagar con el móvil existe, o si en realidad es un problema irreal porque las tarjetas de crédito ya cubren nuestras necesidades y es sólo cuestión de estar a la última o no, yo os voy a plantear mi punto de vista, que es muy entusiasta a favor de esta evolución de las formas de pago.

En primer lugar, por el ahorro evidente de bulto. Yo soy probablemente un caso extremo, porque llevo un número un poco desproporcionado de tarjetas de crédito y de fidelidad encima, pero quien más, quien menos, lleva unas cuantas en su cartera. A lo mejor para una mujer es menos molestia porque para eso está el bolso, pero para un hombre es un incordio. En invierno, todavía, esa cartera molesta menos porque la puedes llevar en el bolsillo de la chaqueta. Pesa, pero no incordia demasiado. Pero ahora que es verano y hace calor, llevarla en el bolsillo del pantalón es una pesadez. Abulta, no deja transpirar y molesta cuando te sientas. Y aunque veo últimamente a cada vez más chicos llevando unas bandoleras que imagino que serán muy prácticas para cartera y móvil, yo supongo que porque soy de otra generación no me veo con ellas. Serán cosas de la edad, pero me parecen una mariconada (sin pretender ofender a los que la llevan).

En segundo lugar, porque ahorrando el problema del espacio físico, se elimina una barrera a la adquisición de formas de pago. Porque llega un punto en el que uno ya no se saca más tarjetas no porque no le vea utilidad, sino simplemente por no tener más bulto en la cartera. Problema superado con la posibilidad de llevar en el móvil una gama interminable de tarjetas virtuales de crédito y débito, tarjetas virtuales, tarjetas de fidelidad, y por qué no también el DNI y el carnet de conducir. Ya puestos, si ya es posible descargar el certificado digital en tu ordenador, no veo el motivo para que también se pudiera virtualizar el dichoso carnet de identidad.

Y con la eliminación de esa barrera de adquisición, más demanda y más oferta: mayor competencia. Y con ello, libertad y mejores condiciones para el consumidor. Estupendo.

Otro punto clave: la seguridad. Porque hoy en día, si te roban la cartera, lo más probable es que salvo que te des cuenta en el momento y seas muy ágil cancelando todas las tarjetas, algún puro te meterán. Contenido gracias a los seguros que llevan incorporados, pero algo se acaba colando como no estés muy pesado reclamando (lo digo por experiencia). Y luego a denunciar, reclamar, pedir duplicados… Un incordio. Mientras que con el móvil será más fácil implantar mecanismos adicionales de seguridad: claves complejas, reconocimiento de cara, de huella dactilar, etc. Las posibilidades en un terminal tan sofisticado como es un smartphone son gigantescas en este sentido.

Y por último, un tema interesante: el de la privacidad. En un mundo en el que el dinero de plástico tiene el inconveniente de poder utilizarse como un almacén de información de los hábitos de consumo y un instrumento de control de las transacciones, el chip para pagos con el móvil nos permitiría establecer un paso intermedio que sirva de “cortafuegos”.

Recuerdo de hecho cuando se lanzó el monedero electrónico hace ya unos cuantos años. Se trataba de una tarjeta con chip (como el que ahora traen la mayoría de tarjetas de crédito) con la peculiaridad de que en vez de cargarte en cuenta cada transacción, tú irías recargando en los cajeros de los bancos ese chip, y en los bares, quioscos, etc., te irían cobrando de ese saldo recargado. La gracia estaba en que no se produce una transacción telemática cada vez que usabas el monedero, sino que simplemente se restaba de lo que tenías cargado. Pensando sobre todo en micropagos (en quioscos, panaderías, etc.), para el comercio tenía costes mucho menores, era más rápido y ágil (no había que autorizar la transacción con el típico TPV) y para el banco era un negocio porque entre que tú recargabas y realmente gastabas el dinero, ellos ganaban ese tiempo de dinero “en el limbo”. Claro que a los comercios les obligaba a disponer de un equipo electrónico y les ocasionaba gastos, así que finalmente no funcionó, porque ninguna de las partes le veía del todo la gracia. Pero, ¿y si podemos ampliar el concepto a importes mayores? Esto podría servir para burlar una de las cuestiones que menos me gusta de una tarjeta de crédito: que quede ampliamente registrado y fácilmente controlable tu historial de compras. Si en lugar de eso, tienes la posibilidad de recargar todo tipo de importes en el móvil (incluso con una aplicación que hace esa operación intermedia justo en el momento inmediatamente anterior a la compra), y pagar con tu móvil de forma que sólo en él quede registrada la compra, entonces puede ser una manera de sentirte más libre y menos observado por ese cada vez más ominoso Gran Hermano que a tantos preocupa.

Incluso permitiría abrir la posibilidad de entregar dinero físico para recargar el saldo en el móvil para compras, y de esa manera dar un salto de dinero físico a dinero virtual.

En definitiva, sí creo que las necesidades existen, y que de la misma manera que imagino que la tarjeta de crédito se recibió al principio con reticencia, escepticismo y todo tipo de objeciones tanto prácticas como desde el punto de vista de la seguridad, pero ahora es una realidad que está por todas partes, estoy convencido de que dentro de pocos años nos parecerá difícil comprender cómo tardó tanto en generalizarse el pago por medio del teléfono móvil.

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4 comentarios

  1. Daniel:
    Muchas gracias por la mención, y por cumplir con el compromiso de escribir este post.

    Compartí ese post de TechCrunch porque lo relacionado con pagos móviles me interesa desde hace años ( http://www.gomezaparicio.com/2005/06/pagar-con-el-mvil.html ), y porque, aunque no he profundizado profesionalmente en ese tema, hay ciertas cosas que me llaman la atención en todo el proceso de implantación de un servicio que, como dices, antes o después llegará.

    No comparto con TechCrunch la idea de que la “necesidad” deba ser el criterio principal para valorar la conveniencia o no de este servicio. hay muchos servicios que usamos hoy que en el momento en que se plantearon no se veían como “necesarios”, y hoy forman parte “necesaria” de nuestro día a día. Aún recuerdo cuando el móvil se veía como una frivolidad.

    Veo que la discusión de la generalización del pago por móvil se está centrando en cuestiones tecnológicas, pero creo que el motivo por el que no despega es más “político” (en relación a quien ahora tiene el control sobre la gestión del dinero de plástico”) que tecnológico.

    1. Muchas gracias a ti, Alberto. Queda claro que eres todo un “early adopter” tras leer un interesantísimo post. Y coincido contigo en el problema de los intereses creados. Hay necesidades evidentes que no se terminan de cubrir porque hay empresas muy poderosas que defienden a capa y espada sistemas caducos. Es lo mismo que ocurre en el mundo audiovisual, como comenta hoy el amigo Alfonso Romay http://alfonsoromay.com/2012/07/carmina-o-revienta-los-canales-de-distribucion-del-cine/
      Un abrazo y nos leemos 🙂

  2. Este tema también me interesa desde hace tiempo.

    A nivel tecnológico lo veo factible pero quizá un poco lejano, sobre todo porque requiere de una renovación de terminales que llevará un cierto tiempo. Sin embargo, hay alternativas de pago móvil muy factibles con la tecnología actual: una de ellas es Square (https://squareup.com, la segunda empresa de Jack Dorsey) que permite el pago con tarjeta de crédito utilizando como datáfono tu teléfono móvil. Sencillamente brillante.

    Por cierto, para evitar llevar un número considerable de tarjetas de fidelización en tu cartera se puede utilizar una aplicación española llamada Quomai.

    1. Gracias por el comentario, Alfonso.
      Creo que tecnológicamente, si tanto el iPhone 5, que marcará tendencias, como los nuevos móviles con Windows Phone 8, que esperemos que tengan buena penetración, incorporan el chip NFC, sumándose a otros terminales con Android que ya lo llevan, puede ser el año que viene el del incremento significativo de la base instalada por parte del usuario. Faltará entonces la contrapartida por parte de los comercios.
      En cuanto a las tarjetas de fidelización, llevo los números y pines guardados en una aplicación de almacenaje de claves y contraseñas, pero siempre que viajo me llevo la tarjeta en sí para que me hagan caso (sobre todo porque, siendo un viajero frecuente, tengo para varias compañías niveles plata con alguna ventaja adicional).

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