¿Retrasar la jubilación es sacrificar paro por reducir déficit?

Cualquiera que sea lector habitual de blogs o foros de economía estará conmigo en que si hay un denominador común es la tendencia al debate bronco y el intercambio de críticas. Si uno lee el blog de Krugman, por ejemplo, se dará cuenta que más de la mitad de sus entradas se dedican simplemente a poner a parir los comentarios de otros economistas. Entiendo que en parte es una estrategia de marketing (vende más la polémica que la moderación), pero en otra parte es ideologismo: esa obsesión por llevar la razón y no admitir que ser otro el que la tenga, que mete a muchos en una dinámica de búsqueda permanente de datos sesgados, gráficas cocinadas y fenómenos de reforzamiento de sus propias ideas preconcebidas. Es una lástima porque a veces parece que en vez de colaborar y converger en la búsqueda de la verdad, ocurre todo lo contrario: se dedican más esfuerzos en contrarrestar las conclusiones ajenas que en integrarlas en las propias, y se destruye más que se crea.

Dicho lo cual, y sin ánimo de bronca sino de reflexión, leí en Twitter la semana pasada una afirmación de un conocido y reputado economista que me pareció chocante y que me impulsó a escribir este post:

No es que sea nueva esta idea de que retrasar la jubilación significa incrementar el paro, porque dejas de liberar puestos de trabajo vacantes que podrían cubrir los jóvenes. Y cierto es que con el actual problema de la dualidad del mercado de trabajo, a muchos trabajadores veteranos que ya aportan muy poco a la empresa pero que es demasiado caro despedir, la única manera que hay de conseguir que dejen el sitio libre para que otros lo ocupen es jubilándolos. Pero ese es otro problema. Lo que a mí me interesa es lo siguiente: ¿recortar la edad de jubilación bajaría el paro? ¿Alargarla lo aumentaría? Esto enlaza con una conocida farsa económica, que es el de la cantidad fija de trabajo, que tan didácticamente desmontan en esta entrada del blog “Nada es Gratis”.

Pensemos qué ocurre cuando se demora la jubilación de un trabajador. Considerando fija la demanda de trabajo (“la cantidad de trabajadores necesarios por las empresas y sector público”), resultaría lo siguiente:

  • Por el lado negativo, el puesto de trabajo se deja de liberar y perdemos la oportunidad de tener un parado menos y una prestación (retributiva o no retributiva) que nos ahorraríamos. De aquí el concepto “aumenta el paro” del tuit reproducido -en realidad, sería más bien “deja de disminuir”-. Nótese que aquí lo que es parte un autoengaño es que el jubilado no se considera parado, porque ya no está en búsqueda activa de empleo (que es el criterio definitorio del parado), pero el número de ocupados y no ocupados laboralmente en realidad es el mismo. Solamente que tenemos un parado menos y un jubilado más.
  • Por el lado positivo más visible, dejamos de pagar por ahora una pensión de jubilación, que con toda probabilidad será mayor en importe que la prestación por desempleo, y de ahí el “mejora el déficit“. El retraso de la edad de jubilación mejora las cuentas públicas por este mero hecho.

Ahora bien: ¿al producirse la jubilación, cabe la posibilidad de que exista  una alteración en la demanda de empleo? El tuit menciona que con el retraso de la edad de jubilación se reduce la demanda de empleo pero yo entiendo que se refiere a la demanda activa de empleo: se deja de requerir ese reemplazo para el puesto vacante. La cuestión de fondo aquí es si un retraso de la edad de jubilación tiene un efecto económico expansivo o contractivo, porque de eso dependerá el que sirva para que se creen puestos de trabajo (aumente la demanda de empleo) o se destruyan (disminuya). Aquí me gustaría mucho que si algún lector conoce estudios al respecto lo indique en comentarios. Habrá dos líneas de pensamiento:

  • Quien considere que el jubilado tendrá más ocio, y dado que tendrá una renta recurrente (la pensión de jubilación) y unos ahorros acumulados junto con menos cargas (tipo hipotecas, préstamos, etc.), consumirá más lo que genera demanda agregada. En paralelo, el trabajador que le ha reemplazado en su puesto de trabajo ha pasado de ser un desempleado en posible situación precaria a ser un empleado con rentas y en edad de consumir. Esto entonces tendría también efectos expansivos en la economía.
  • Por contra, hay motivos para pensar que el comportamiento del jubilado, encontrándose ante un horizonte “capado” a sus rentas y la psicología de vivir de la pensión, es de menor consumo y mayor prudencia en sus gastos. Adicionalmente, se está pasando de una situación en la que hay un ocupado y una persona en búsqueda activa de empleo, es decir, en potencial ocupación, hacia una situación en la que ya sólo queda un ocupado (y probablemente de menor renta). Esta línea de pensamiento nos llevaría a interpretar que son los retrasos en la edad de jubilación los que son expansivos.

Esto por el lado del consumo. Por otra parte, cabe preguntarse quién es más productivo, si el trabajador veterano que se va a jubilar o el más joven que le va a reemplazar. Aquí lógicamente habrá diferentes casos. En ciertos trabajos (por ejemplo, tomando algo que conozco de primera mano, un trabajador del metal pesado con un trabajo muy físico), alcanzadas ciertas edades hay un declive de la productividad por las mermadas condiciones físicas y de salud. Pero en otros muchos, sobre todo los más intelectuales, la experiencia es un grado y se pierde mucho conocimiento productivo con la jubilación de personas que aún están en plena posesión de sus facultades y con motivación para seguir trabajando. Es un enorme desperdicio de capital humano que se obligue a muchos profesionales del mundo de la Universidad, por ejemplo, a abandonar por el mero hecho de cumplir los 70 años.  Esto, al final, tiene también implicaciones macroeconómicas.

Por último, lo que es quizá más evidente en la actual dinámica demográfica. Siendo el sistema de pensiones un sistema de reparto, no de capitalización, las pensiones de los jubilados se financian con las aportaciones de los ocupados. Dado el alargamiento de la esperanza de vida, el envejecimiento general de la población, y el estrechamiento de la pirámide de población en las edades más jóvenes, se está llegando ya a un nivel en el que el sistema empieza a ser insostenible. Más de un economista ha alertado de que se trata de un gigantesco esquema Ponzi donde los últimos llegados tienen unas sombrías expectativas. En estas condiciones, resulta inevitable afrontar la necesidad de retrasar la edad de jubilación.

Será conveniente marcar ciertas excepciones y lo ideal es promover la libertad de los agentes económicos en uno u otro sentido, pero no creo que sea correcto simplificar este debate hasta algo tan discutible como lo que expresaba, seguramente en un impulso del momento y sin mayor reflexión, José Carlos Díez. Pero en realidad es un debate de gran calado y que requiere de la mejor de las explicaciones a la cuidadanía, porque es una de esas medidas que afectan de manera muy determinante y a todos nosotros. Sin demagogia, sin ideologismos y con carácter constructivo. ¿Es mucho pedir?

Fotografía de portada tomada de 20minutos.es

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