En el fondo no tenemos secretos: una reflexión sobre la privacidad en internet

El tema de la privacidad me resulta apasionante, y con la eclosión del fenómeno de las redes sociales todavía más, porque tengo la sensación de que vivimos una permanente paradoja. Por un lado, la audiencia de Facebook, Twitter, LinkedIn, Tuenti, etc., es enorme y sigue creciendo (aunque en FB ya hay una sensación de estancamiento al menos en los países con mayor penetración de internet). Luego está el fenómeno del blogging, que si bien en España no tiene tanta relevancia (aunque posiblemente más de lo que parece), en otros países como EE.UU. sí tiene unos números muy significativos. Y servicios como YouTube son ya considerados una red social, por la interacción de sus usuarios y el hecho de compartir contenidos de un elevado carácter personal.

Y sin embargo, la obsesión por la privacidad está en auge. En una doble vertiente:

a) la preocupación por que “otros” (Google, Facebook, los spammers, etc.) almacenen todo tipo de datos sobre nosotros, ya que gracias a nuestra participación en esas redes sociales y el miedo a que lean nuestros mensajes y correos electrónicos, pueden conocernos perfectamente. Como leí recientemente, “tu mujer no sabrá que la estás engañando, pero Google sí lo sabe”. Y llevando esta preocupación al extremo, nos encontramos ante el peligroso y muy real fenómeno del robo de identidades, que es cada vez más fácil debido a la cantidad de información sobre nosotros que diseminamos por las redes sociales (podéis ver este artículo que es impresionante al respecto de este punto).

b) el gusto de mucha gente de llevar una doble vida digital y aprovecharse de la relativa impunidad que ofrece el anonimato en la red, escondiéndose detrás de un nick, para comportarse de una manera que uno no haría en su vida física. Conozco algún caso divertido sobre esto en Twitter.

Esta obsesión ha trascendido hasta el plano político y se está debatiendo a nivel europeo una nueva directiva de protección de datos, de la que daba  buena cuenta Jorge San Miguel (miembro de Politikon) en El Mundo, que amenaza por convertirse en una legislación enormemente proteccionista desde el punto de vista de la privacidad. A mi juicio, excesiva. Y ya de hecho habréis apreciado que la aplicación de la revisada Directiva de Privacidad Electrónica en la UE ha implicado que muchas páginas webs tengan que recabar consentimiento expreso para emplear cookies (normalmente en forma de pop-up al acceder a la página).

Yo como sabéis trato de no ponerme en clave de blanco y negro sino buscar los grises (los “matices” que dan título a este blog), pero sí que me voy a posicionar claramente en el sentido de criticar la obsesión por la privacidad e imponer la cordura en el asunto de la protección de datos, pero sin tampoco negar el problema.

Varias cuestiones clave para apoyar la recogida de datos personales por parte de las páginas web:

  1. Que una página web o una empresa/vendedor/tienda de la que soy cliente me conozca es bueno. Si normalmente se dice que el pequeño comercio tiene la ventaja de que te dan un servicio personalizado, ¿por qué nos puede llegar a molestar el que una web nos dé recomendaciones individualizadas en función de lo que conoce de nuestras preferencias? Cuando entro al bar cerca de mi oficina, apenas me ven cruzar la puerta ya me están preparando mi café solo con hielo. Eso para mí es servicio y es algo que me fideliza. Por ese mismo motivo, me parece fantástico que Amazon me haga recomendaciones específicas para mí. ¿Me tengo que ofender si Gmail o si Facebook me muestran anuncios relevantes a partir de los datos que ha recabado de mí? A mi juicio, todo lo contrario.
  2. Tenemos asumido desde los principios de los tiempos de internet que lo queremos todo gratis. Nos hemos acostumbrado a que Hotmail sea gratis, que Spotify en su cuenta gratuita tenga cada vez más oferta, que puedas leer los periódicos por internet sin coste… Pero lógicamente el soporte de todos estos servicios es la publicidad. Y cualquiera entiende que todo aquello que pueda mejorar la eficacia de la publicidad sirve para aportar más ingresos y dar pie también a un mejor servicio al usuario. No hace falta decir que la eficacia de la publicidad se puede potenciar enormemente si se aprovecha toda esa información del usuario.
  3. A menudo el motivo principal de esas cookies y esa información que se recaba de la sesión no es conocerte a ti como usuario Pepito Pérez, sino simplemente para llevar un control estadístico y agregado del comportamiento de los usuarios de la página que ayudará al administrador a conocer qué es lo que más interesa y adaptarla mejor a la demanda de sus lectores.
  4. Desde hace muchos años ya está disponible en todos los navegadores una opción de privacidad o incógnito. Así que quien quiere acceder a una página sin cookies, ya puede hacerlo. Tanto intrusismo normativo empieza a ser un poco paternalista.
  5. Esa impunidad que ofrece el anonimato y el uso de pseudónimos sabemos perfectamente que da pie a comportamientos indeseables: acosos, insultos, infamias, falsedades, fraudes y otros crímenes. Hace unos días se pudieron leer informaciones que se hacían eco de una iniciativa de YouTube de tratar de motivar (de momento por las buenas) a sus usuarios a emplear sus verdaderos nombres en comentarios, con el objetivo de evitar el trolleo indiscriminado. Pero no sólo debemos pensar en esos comentarios exageradamente ofensivos que hacen algunos detrás de la cortina del nick. Estoy pensando incluso en el problema de la pederastia y el ciberacoso (cyberbullying) sexual en la red. Si supiéramos que otros usuarios y las autoridades nos pueden rastrear, nos cuidaríamos más de no seguir comportamientos de los que avergonzarnos, y no digamos ya cometer delitos.

Por contra, inevitablemente hay motivos para preocuparse por este fenómeno de la recogida de datos personales en internet:

  • se facilita una acumulación y agregación de información  que nos hace totalmente transparentes a cualquiera que se haga con ellos
  • tiene un elevado riesgo de convertirse en moneda de cambio e instrumento de comercio no siempre legítimo
  • se conserva en el tiempo y un error puntual del pasado nos puede pasar factura innumerables veces en el futuro
  • no es sensible a la evolución de toda persona, sobre todo cuando esos datos se recaban desde épocas de la infancia y adolescencia
  • puede convertirse en un instrumento de control y manipulación política, social, laboral y económica
  • es el sueño de todo estado policial y dictatorial

Cada persona aquí tomará una postura. Yo os resumo la mía:

  • A mí las redes sociales me han aportado mucho y muy bueno. Compartir ideas y experiencias, debatir temas, contactar con viejos amigos de la universidad, intercambiar muchísima información, descubrir libros, películas, música, blogs… No me arrepiento en absoluto a día de hoy de haber renunciado a parte de mi privacidad por todo esto.
  • Es importante ser responsable, tanto a la hora de compartir con criterio (no publicar en abierto detalles sensibles de tu vida privada o que puedan comprometer a terceras personas), como a la hora de hacer comentarios o llevar a cabo acciones de las que uno pueda avergonzarse a futuro. De la misma manera que uno en la vida física y en público guarda unas reglas de decencia y comportamiento, hay que hacer extensivas esas buenas prácticas la vida digital, que no por tener ese carácter virtual deja de ser hoy por hoy igualmente real.
  • Sí es exigible que se informe al usuario y que se le proporcionen instrumentos prácticos para poder borrar o modificar los datos que se disponen de ellos. No sé vosotros, pero pienso que tanta normativa sólo ha servido para imponer montones de políticos, pantallas con textos que tienes que jurar y perjurar haber leído (pero que no lo haces ni te pueden controlar que lo hagas) y todo tipo de disclaimers, pero a la hora de la verdad los datos se recogen y uno tiene la legítima preocupación de si llegan a manos equivocadas en ocasiones.
  • No me gusta confundir internet con el “todo gratis” y el “todo vale”. Y yo, que me considero una persona más bien liberal, no soy partidario de prostituir el concepto de libertad para servir de plataforma para esos dos conceptos que tanto daño hacen a muchos sectores económicos y a la reputación de la red.

¿Y vosotros qué pensáis? ¿O preferís guardaros vuestra opinión para vosotros mismos no vaya a ser que alguien se entere?

Gracias como siempre por vuestra compañía.

Imagen obtenida de Penny Arcade

P.S. Este post se lo dedico a María Jover, quien inspiró el título. Gran persona, muy activa en redes sociales, y que se puede sentir bien orgullosa de todo lo que comparte: un ejemplo de optimismo y bondad.

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5 comentarios

  1. Vale, lo que digas, Daniel, pero bien que has recomendado varias veces en el tuister seguir a @maderadebloj y @tralfamadoriano que son perfiles anónimos pero hasta donde yo he visto serán un poco guarretes pero tampoco se comen niños ni nada parecido, ¿no?

  2. Folks · · Responder

    No he visto aún un anuncio en Internet de algo que me interese. Y con eso y mi pseudónimo resumo mi postura, creo.

  3. De guarrete nada, que yo me ducho a diario.

    Coincido con las ideas de Daniel, aunque la segunda es más complicada de lo que parece. Hay que ser responsable con lo que decimos pero a veces da lo mismo: hay quien puede sacarle punta a lo que sea para lo que sea. Ya me ha pasado alguna vez con consecuencias en mi vida “privada” (aunque se arregló)… aunque ahora que lo pienso no he tomado medida alguna. A lo mejor porque no puedo tomar medida alguna para prevenirlo. Más allá de cerrar cuentas; y paso.

  4. Mi postura sobre este tema es bastante similar a la tuya Daniel. Casi te diría mas, en realidad es de indiferencia… me importa bastante poco que recopilen mis datos y hábitos de navegación y consumo, probablemente porque son muy normalitos.

    Hace ya muchos años, cuando el email era el centro de las comunicaciones en Internet, comentaba a mis amigos lo alucinante que me parecía que un compañero de trabajo considerara apropiado mandarte una tía en topless por email cuando seria inaceptable que se acercara a tu mesa con la misma foto impresa – en Internet queda mucho de este presunto anonimato que no tiene, para mi, demasiada lógica.

    Y el Mou este es un troll, por cierto. Que lo identifiquen! 😀

  5. […] tema hablé también con un amigo y conocido, Daniel Cuñado(@danielcunado), un empresario que ya ha tratado este tema (y otros muchos) con detalle en su blog personal, y que se situaba en un punto […]

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