La casta política

Del diccionario de la RAE:

casta.
(Der. del gót. kastan; cf. ingl. cast).
1. f. Ascendencia o linaje. Se usa también referido a los irracionales.
2. f. En la India, grupo social al que se pertenece por nacimiento, y que, dentro de una etnia, se diferencia por su rango e impone la endogamia.
3. f. En otras sociedades, grupo que forma una clase especial y tiende a permanecer separado de los demás por su raza, religión, etc.
4. f. Especie o calidad de algo.
5. f. Zool. En una sociedad animal, conjunto de individuos caracterizados por una misma estructura o función, como las abejas obreras en una colmena.

Hoy he tenido una animada conversación en Twitter con mi amigo @maderadebloj sobre el tema de la casta política, término que posiblemente a muchos ofenda (posiblemente a él entre ellos), pero que sin embargo está en boca de otros muchos, pensando tanto en esa concepción como “grupo que forma una clase especial” como incluso por su carácter de “ascendencia endogámica“.

Antes de empezar, creo que puedo presumir de ser una persona prudente a la hora de hablar de los políticos, y evito caer en los análisis un tanto demagógicos de los 450.000 políticos (véase en este sentido análisis tan “alegres” como este) y me posiciono mucho más en la línea de lo que apoyaba recientemente Pablo Simón en Politikon, en el sentido de defender especialmente la labor de los políticos más a pie de calle y que en muchos casos trabajan sin remuneración y por un verdadero espíritu comunitario de servicio, y la de Jorge Galindo en ese mismo medio, criticando que hay demasiados políticos elegidos a dedo y reclamando más profesionalidad y exigencia de responsabilidades.

Todo empieza con un par de tuits míos donde explico que ayer me enteré de que diputados, senadores y otros cargos públicos se benefician de billetes gratis de Renfe, a cargo del erario público. Y a diferencia por ejemplo de los billetes de avión, un billete de tren no es nominativo, por lo que nada impide que los beneficiarios de este “privilegio” se aprovechen de él para que familiares o amigos viajen gratis por el medio ferroviario. Es el tipo de ejemplos que me hacen pensar en que los políticos son una casta aparte, que están recetando recortes para los demás pero no precisamente predicando con el ejemplo.

Porque como demuestra cada barómetro del CIS, la población en general percibe un problema en la clase política y creo poder afirmar que existe una clara desconexión entre el pueblo y sus representantes legítimos. Y esto representa un grave problema porque debilita los cimientos de nuestra democracia.

El debate a continuación ha derivado en cuestionar si los diputados y senadores deben o no cobrar dietas. Yo comentaba que si una persona se tiene que desplazar de su lugar de residencia habitual para buscar trabajo (esa deficitaria movilidad geográfica que reclamé en un post reciente), no va exigiendo a su empleador unas dietas por ese motivo. Mi amigo Folks discrimina el trabajo privado con el servicio político y considera que dentro de este ámbito sí son importantes esas dietas, porque en caso contrario se perjudica a todo representante público que no sea madrileño y condena a los representantes de otras circunscripciones provinciales a tener otras rentas o bien ser representantes de segunda.

Supongo que cada uno tenemos nuestra parcela de razón. Los diputados y senadores que no sean de Madrid tendrán derecho a unas dietas razonables para compensar el desplazamiento y no crear agravios comparativos por el hecho de estar centralizada en Madrid la ubicación de las instituciones legislativa y ejecutiva del país. Pero también a mi juicio hoy por hoy una dieta de más 1.800 euros al mes es excesiva, más aún en el contexto de ser la duración de la legislatura 4 años, lo que da para una buena planificación y optimización de gastos y un pago de alquileres mucho más bajos que ese importe, e incluso plantearse un cambio temporal de residencia, algo que no debería ser tabú si de verdad asumimos la necesidad de tener movilidad geográfica como parte del necesario cambio de mentalidad hacia una economía más productiva y competitiva. Si sumamos que los billetes de tren (y quizá los de avión ídem) están sufragados por las Cámaras, parece claro el trato de favor. Añadamos también los privilegios en forma de pensiones por acumulación de legislaturas, y otras ventajas adicionales que se vienen denunciando fuertemente en los últimos tiempos, y parece justificado el que un ciudadano de a pie como yo perciba que los políticos son una casta aparte porque se benefician de unas prerrogativas muy diferenciales frente a cualquier trabajador publico o privado.

Debo decir que no tengo nada de relación con el mundo de la política así que a lo mejor soy víctima de prejuicios y percepciones equivocadas. Me encantaría en ese caso que me ayudarais a corregir este desconocimiento y que convirtáis este post en un espacio de debate que nos enriquezca a todos. Sí creo poder afirmar, como dije antes, que este sentir mío es hoy por hoy el de una mayoría de la población, y considero fundamental el que la clase política muestre empatía y nos transmita, no sólo con palabras sino también con hechos, que ellos se aplican las mismas apreturas de cinturón que nos están exigiendo a los demás.

Y todo esto sin entrar en dos cuestiones críticas que va siendo hora que nos planteemos cuanto antes:

  1. qué sentido practico tiene hoy por hoy el Senado, tal y como funciona en la actualidad.
  2. para qué sirven 350 diputados en el Congreso si luego es férrea la disciplina de voto en cada partido político y para eso podríamos resumir los votos en la de únicamente sus portavoces.

Conste que no abogo por la supresión sin más del Senado ni me gusta nada la disciplina de partido frente al obligado ejercicio de la responsabilidad libre e individual de cada representante público. Pero hoy por hoy ambas instituciones funcionan defectuosamente a mi juicio y sólo sirven para mantener una cohorte de políticos, asesores, chóferes, etc.

Espero ansioso el debate que podáis plantear a continuación.

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8 comentarios

  1. Daniel, unos apuntes rápidos
    1.los diputados trabajan en Madrid representando a una circunscripción. de ahí lo de las dietas de transporte y alojamiento. deberían vivir en la circunscripción en la que han sido elegidos. de hecho he leído por ahí que esas dietas pueden ser para vivienda en Madrid o en su circunscripción (asumiendo que realmente viven en Madrid). el uso y abuso de los “paracaidistas” (diputados a los que los partidos ponen en una circunscripción con la que apenas tienen relación) es otro tema.
    2.los diputados no pueden renunciar a las dietas por vivienda. lo explicó el propio Toni Cantó cuando dijo que iba a renunciar. él dijo que lo donaría a una ONG. entra dentro de lo posible que otros hagan lo mismo sin tanta publicidad, o lo que es más probable, den las dietas a su partido
    3.los diputados no solo votan. no sé qué carga de trabajo tienen (redacción de leyes, formulación de preguntas, atención a los problemas de la circunscripción), o qué trabajos es mejor que hagan asesores profesionales (a dedo o funcionarios, otro peligro). pero la discusión de si 350 son muchos o pocos debería ir por ahí, no por lo de votar.

  2. Miguel García Tormo · · Responder

    Me parece muy interesante la reflexión dado que en los tiempos actuales, la ciudadanía se está alejando, cada vez más, de sus representantes.

    Debo decirte que yo siempre he intentado, al igual que tú demuestras, ser una persona prudente en las redes sociales, si bien, al igual que muchísimos otros, la casta ha conseguido sacar lo peor de mí.

    Pienso que esta lejanía es culpa, en exclusiva, de la casta política que, lejos de soportar la austeridad (expolio) requerida al contribuyente, no ha visto apenas reducido su cuota de sacrificio.

    Nos piden sacrificios a través de una subida de un impuesto, una tasa,…, nos quitan una desgravación, una bonificación, nos suben intereses en los retrasos de pagos a la seguridad social,…, y vemos que ellos no se aplican en absoluto, que no recortan cargos públicos puestos a dedo, que no eliminan dietas abusivas, que se dan viajes personales a costa del contribuyente, que mantienen instituciones costosísimas de forma absurda como el Senado, las diputaciones,…que mantienen empresas públicas por el simple hecho de colocar a sus “amiguetes”, subvenciones a partidos, sindicatos, organizaciones,…, y, encima, luego, se colocan como consejeros (luego dicen que no saben de cuentas y demás) y cuentan con sueldos vitalicios!!!…

    NO, NO TIENEN PERDÓN Y NO TIENEN EXCUSA

  3. Daniel:

    El puesto de diputado tiene una gran importancia, en teoría: 350 personas que deben conducir al país durante cuatro o mas años. Lo lógico seria que este puesto estuviera muy bien pagado, o quizá no; como decía Cela los escritores y las putas deben trabajar o bien gratis o bien muy caro, pero jamás barato. Quizá con los parlamentarios debería suceder lo mismo. En todo caso, seria una elección clara entre dos modelos muy distintos: el político que lo ha sido todo en la vida y trabaja gratis por su país, o el que trabaja en ello como una carrera y haciendo gala de su mayor mérito alcanza un puesto de alto directivo como diputado. Los dos me valen.

    El modelo español es de mediocridad. Cobran parecido al segundo caso pero, como no esta bien visto, se camufla el sueldo en innumerables partidas: dietas de alojamiento (los de Madrid también las cobran, aunque menos de la mitad que los de fuera), dietas de viaje, y dietas de pertenencia a las comisiones y subcomisiones. ¿Por qué tanta dieta? Porque no tributan y no aparecen en la relación “oficial” del sueldo.

    No nos engañemos: cualquier diputado cobra el neto equivalente a 200.000 euros para arriba (lo que personalmente me parece bien cuando es lo que cobra un alto cargo de empresa cotizada). El problema es que se hace por medio de dietas, prebendas, mamandurrias, cambianaipes y trocafavores, para luego poder decir que cobran 45.000 euros y que en su haber tienen una Playstation rota (aunque el cónyuge y los hijos tengan seis inmuebles por barba).

    Me seguiría extendiendo pero me sube la tensión, así que por hoy paro aquí. Gran post como siempre Daniel.

  4. Otra carga de profundidad que nos envías… Está bastante bien explicada la problemática de los privilegios de los políticos.

    Sin embargo, me gustaría hacer hincapié en otro aspecto colateral de esta situación. La desafección (¡que palabra más horrible!) de la ciudadanía con la política esconde un problema mucho mayor: la falta de participación de la ciudadanía en los asuntos públicos.

    Criticamos sin ton ni son a los políticos, pero nos implicamos poco (o nada). Evidentemente, el servicio público puede funcionar sin intervención del ciudadano. Pero es deseable establecer una relación menos clientelista y más de comunidad en los servicios públicos. Al final, la corresponsabilidad de las personas en su comunidad hace que el funcionamiento del modelo sea mejor. Participar, exigir transparencia, colaborar… No hay buen gobierno sin buenos ciudadanos, como se suele decir.

    Porque si la gente decente se aleja de la política, ¿quién se ocupará de solucionar nuestros problemas?

    1. En este sentido, Alfonso, me pregunto por qué no hay una mayor petición ciudadana de referendos: en todas las grandes polémicas (guerra de Irak, Aborto, etc etc) ¿no seria mas fácil saber si realmente esas “grandes mayorías” que apoyan unas u otras opciones son tales?

      Ademas de respetar la voluntad ciudadana, para un político tendría que ser interesante para legitimar posiciones que parece pueden tener más apoyo ciudadano aunque luego “la calle” se manifieste. Tiendo a pensar que las manifestaciones y el movimiento mediático no reflejan totalmente la opinión del pueblo.

      1. Muy buena pregunta, Miguel.

        En mi opinión, es la propia Constitución la que impone cortapisas a una herramienta tan útil como un referéndum. Solo el presidente del gobierno puede convocar un referéndum, y se requiere de su aprobación previa si cualquier otra entidad local o regional desea convocarlo en sus jurisdicciones. Por tanto, ya tienes limitada de inicio la capacidad de iniciativa de los ciudadanos.

        Segundo, sin que su resultado sea vinculante pierde cierto valor, y además exige que el gobierno no intervenga en el proceso a favor o en contra. Complicado…

        La realidad es que nuestra “salud democrática” es más escasa de lo que pensamos, Si no recuerdo mal, sólo se han celebrado dos o tres referéndums en la democracia, demasiado poco para casi 40 años… Por ejemplo, en mi opinión, medidas drásticas como las actuales no se pueden tomar sin el respaldo popular (del pueblo, no del PP).

  5. Veo que en los comentarios mucha gente ha dicho más o menos lo que yo quería decir: Un funcionario no sólo vota, en teoría también redacta preguntas parlamentarias y controla al gobierno, otra cosa es que esta segunda función la hagan mal, pero quizás por eso se les tenga que exigir más. Pero estamos en lo de siempre, si se les exige más hay que saber 1: Cuánto cobran exactamente y 2: Pagarles acorde a sus responsabilidades y cargas de trabajo.

    Si uno ve las preguntas parlamentarias de los diputados que de verdad se dedican a esto (aún recuerdo con angustia aquel informe del congreso en el que autorizaba a 300 diputados a tener “otras ocupaciones” ya fuese en el partido o, los más, en sus propias empresas, dando conferencias o incluso de asesores fiscales o abogados, como Montoro antes de ser ministro o el exministro Michavila) la mayoría son de temas más mundanos de lo que podría parecer: ¿Por qué en X nacional no se han reparado los baches en el tramo entre dos pueblitos?¿Por qué en este tramo de carretera hay tantos accidentes y qué se va a hacer para solucionarlo?¿Por qué no ha recibido ya la Guardia Civil de Almendralejo los uniformes diseñados por Bosco?¿Qué presupuesto tiene el programa X y a qué se destina?… Todas estas cosas normalmente se debaten también en comisión, que es donde, cuando los gobiernos no imponen todo a base de decreto ley (como ahora) se redactan o al menos se le da forma a las leyes o borradores que lleguen desde los ministerios.

    Luego, por los de las dietas a los que no son de Madrid: Siendo que un diputado tiene que representarme y trabajar por mi y para eso tiene que saber qué pasa en mi circunscripción y vivir en ella (para ser diputado por un sitio tienes que estar empadronado, el tema también es que en España el padrón es un choteo) para poder estar “a pie de calle”. Cosa que no están, ya lo sabemos, pero los que sí que lo hacen serían los más perjudicados si se quitasen. Otra cosa es que se racionalizasen, y les pusiesen una habitación de hotel o un apartamentos o similar y los billetes para ir al congreso los días de las comisiones correspondientes y los plenos. Ante eso no hay queja posible. 2
    Piensa que un diputado no es alguien que “se va a trabajar a Madrid”, no es un “inmigrante” sino un “expatriado”.

    Por cierto, los diputados por Madrid también cobran dietas, solo que más “modestas”, pero teniendo taxi gratis me dirás para qué necesitan eso.

    El senado actual es un cementerio de elefantes, cierto, pero si tuviésemos un senado funcional (lo que debería ser, una cámara de representación territorial) puede que parte del bochorno que están dando las CCAA nos lo ahorraríamos, pero ahí ya estamos hablando de algo fuera de las dietas y los sueldos, estamos hablando de cambiar la estructura del Estado (algo que a mi entender hace falta, pero bueno)

    Resumen: Todo lo que se cobra de dietas que se cobre como sueldo normal, los diputados de fuera que tengan tren tasado y hotel/apartamento decente donde poder trabajar, controlar no el padrón sino la residencia real y aprender como ciudadanos a vigilar a la gente que nos representa y tener el látigo siempre presto.

  6. […] en falta un mayor número de profesionales del “mundo real”, no de la “casta política“, en los más altos niveles de la jerarquía del Gobierno y de los partidos. Pero es que en […]

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