La guerra de patentes Apple vs Samsung: ¿proteccionismo o integración de las ideas?

Arranca estos días una apasionante batalla legal entre Apple y Samsung por la acusación que hace la firma americana a la coreana de haber violado conscientemente sus patentes en el diseño y funcionamiento de los smartphones, copiando flagrantemente el iPhone que los de Cupertino introdujeron en 2007 de la mano de su visionario líder, Steve Jobs. Recomiendo leer este formidable artículo de Arstechnica relatando la primera sesión del juicio.

Al margen de la cuestión legal, de la que me inhibo ya que no tengo conocimientos en la materia, me parece que este juicio es de una enorme relevancia no sólo en la cuestión concreta que se juzga, sino que dada su repercusión mediática e incluso en la vida diaria de millones de usuarios de los smartphones, tiene una enorme influencia en el devenir de la evolución futura de la tecnología en general.

Resulta difícil afrontar este tema ya que Apple despierta enormes pasiones, tanto a favor como en contra, pero parece claro que hay que reconocer que el iPhone ha marcado un antes y un después en la industria, y que no sólo Samsung, sino otros muchos fabricantes (por no decir todos los demás), han terminado ofreciendo una gama alta de terminales “inspirados” (digámoslo así) en el modelo disruptor introducido por Apple.

Creo que es un poco absurdo entrar a negar esta realidad. Ahora bien, aquí la cuestión es hasta dónde llega el alcance de lo patentable y cuál es el nivel adecuado de protección que debe recoger una patente. Se trata de una balanza con un equilibrio muy delicado:

  • Por un lado, si queremos que las empresas inviertan en I+D+i, debemos protegerles contra la copia, porque en caso contrario nos encontraríamos con que unos hacen el esfuerzo de invención y desarrollo para que otros recojan los frutos.
  • Por el otro lado, si se sobreprotege ese I+D+i nos encontraríamos con dos efectos perversos: 1) se tiende a favorecer la formación de monopolios, porque sólo los grandes tienen dinero para esas actividades y a medida que van patentando todos los aspectos de un producto, expulsan a la competencia; 2) se impide la integración de ideas y la consecución de productos óptimos, al impedir que unos completen sus productos con las ideas desarrolladas por otros.

Pienso en definitiva que el riesgo que se asume cayendo en un “proteccionismo de las ideas”, que es lo que a mí me parece que ocurre aquí (véase este artículo según el cual Apple tendría patentado el concepto del teléfono inteligente), es que se perjudica claramente al consumidor, al limitar la oferta por un lado y frenar la mejora tecnológica por otro.

Yo en este caso me posiciono a favor de una solución de compromiso, de manera que si se demuestra que Samsung llevó a cabo una estrategia consciente y expresa de copiar tanto diseños como métodos de funcionamiento del iPhone, se les obligue a pagar una compensación económica por el aprovechamiento de la patente (una licencia por el uso de esos desarrollos de Apple), pero que en ningún caso se admita que se bloquee la venta de los productos de Samsung o que se les obligue a una idemnización desmedida que en la práctica les fuerce a abandonar su gama actual. Más que nada porque sentaría un precedente peligrosísimo que amenazaría al resto de operadores del mercado y daría un poder excesivo a la compañía californiana. Y eso que parte del daño ya está hecho: como acertadamente apunta el blog Android Police, cualquiera diría que el Galaxy S3 ha sido diseñado exclusivamente por abogados, porque todos sus conceptos de diseño (ser más redondeado, radios de las curvas, evitar la equidistancia de la pantalla respecto de los extremos superior e inferior, disposición de iconos) parecen estar enfocados a evitar cualquier infracción de patentes del iPhone.

De hecho, y como apuntaba mi buen amigo Jorge Gómez esta mañana en mi muro de Facebook, si entramos en estas discusiones de a quién se le ocurrió antes la idea de coger una llamada con un deslizamiento del dedo por la pantalla, o si la forma del teléfono es más o menos rectangular, acabamos llegando a la disquisición de si fue antes el huevo o la gallina, porque difícilmente una idea es totalmente nueva en todos sus aspectos; siempre ha recogido los frutos de otras ideas y conceptos anteriores. Me recuerda esto a la patente del doble click de Microsoft, que a su vez era contestada por Apple en cuanto a si Gates les había copiado la idea del ratón a ellos… Cuentos de nunca acabar y que desde luego no benefician al consumidor.

Y todo esto con el telón de fondo de la decepción con la que vivió el mercado la presentación de resultados del segundo trimestre de Apple, al quedar por debajo de las previsiones de los analistas en lo referente a las ventas del iPhone. Los números de Apple siguen siendo magníficos (ver gráficas al respecto) pero al mismo tiempo existen nubarrones (imprescindible este análisis) y es innegable que Samsung está asumiendo un liderazgo de ventas en el mercado verdaderamente amenazante.

Yo no me preocuparía tanto por el menor crecimiento de ventas del iPhone porque hay varios motivos, principalmente dos:

  1. Los consumidores bien informados (hoy por hoy, la mayoría) saben desde hace meses que se espera un iPhone 5 para octubre-noviembre (ahora ya se habla del 21 de septiembre). Es lógico que muchos hayan demorado su decisión de compra hasta entonces.
  2. Las cifras de ventas en el continente americano y en el asiático son muy buenas, pero en Europa han pinchado por el mal momento de la economía sumada a la decisión de muchas operadoras de telefonía móvil del viejo continente de dejar de subvencionar terminales.

Y por otra parte ¡es imposible crecer hasta el cielo! Si ya se ha comido Apple un buen trozo de la tarta de Nokia y de RIM (Blackberry), ya cada vez queda menos por donde recortar. En este sentido, también es importante analizar hasta qué punto es ahora ya limitativa la decisión de Apple, guiada por el concepto de “focus is about saying no” de Steve Jobs, de no tener una cartera más extensa de productos que puedan alcanzar todos los nichos de mercado. En particular, mientras Apple se concentra en dar para cada categoría de producto apenas dos o tres opciones extraordinariamente refinadas y optimizadas, un Samsung tiene una oferta extensísima que puede llegar a alcanzar las necesidades particulares de cada cliente individual. Los de Cupertino apenas ofrecen elección pero proporcionan la mejor experiencia de usuario, mientras que los coreanos presentan un abanico amplísimo aunque no alcancen ese nivel de perfección. Son dos concepciones igualmente válidas, y desde el punto de vista de prestigio y de beneficio es indudable que la opción Apple es la ideal, pero también hay que saber encontrarle un techo a su crecimiento, cosa que se está produciendo ante la pujanza no sólo de Samsung sino de los demás competidores en el mercado (ojo por cierto con opciones que van a venir pujando fuerte como los chinos Huawei y ZTE). He de reconocer que me encantaría ver una especie de iPhone Maxi (un phablet al estilo del Samsung Galaxy Note, del entorno de 5.x”), por ejemplo.

Resumiendo por tanto mi opinión: ¡bienvenida sea la competencia y la amplitud de la oferta! Es correcto proteger al innovador y penalizar al que copia, pero es preciso permitir la integración de ideas ajenas, porque esa competencia se convierte en el mejor acicate para que persista la apuesta por la mejora continua y de esa manera garantizar la mejor satisfacción de las necesidades de los consumidores.

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Nota: Un reconocimiento especial a Miguel Barahona por sus input sobre este asunto y por proporcionarme la imagen de cabecera del post. Da gusto tener lectores del blog que comentan e interactúan conmigo como él. ¡Muchas gracias, Miguel!

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3 comentarios

  1. muchas gracias por la mención, Daniel. realmente ha sido fácil. lo había visto esta misma mañana.
    un abrazo

  2. Me ha gustado tu clarificación del tema de las patentes para los que no sepan mucho del tema, y aunque hay estudios recientes que afirman que las patentes estimulan la innovación yo eso no me lo trago. Para muchas empresas las patentes no son más que un mecanismo perfecto para ganar dinero a base de patentar ideas demasiado generales (¿el doble clic?).

    Entiendo que haya que proteger la propiedad intelectual de alguna forma, pero yo no diría que Samsung no innova en nada por haber copiado de Apple. Obviamente Apple innova mucho más (¿que ninguna otra?), pero alguien siempre tiene esa capacidad y ese papel. Es inevitable. Como es inevitable que todos copien de todos y traten de mejorar esas ideas que surgen de personas y empresas con esa capacidad.

    Dicho esto, las patentes solo deberían usarse como mecanismo de defensa, algo de lo que hablé no hace mucho (perdón por la publicidad) tras conocerse la filosofía de Twitter al respecto. Ellos tienen unas cuantas patentes, pero han prometido no atacar a nadie de forma gratuita (como Apple ha hecho con Samsung) y solo usar dichas patentes en caso de tener que defenderse en casos o demandas legales. Ole.

  3. […] en una línea parecida al post que yo mismo dediqué hace unas semanas a la demanda y al asunto de patentes, se está criticando fuertemente el que Apple quiera imponer el “rodillo” de las […]

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