¿Y si no quiero desconectar?

Aviso antes de nada: no pretendo tener razón. De hecho, es evidente que no la tengo. Este es un post asquerosamente autoindulgente y una exaltación de mi frikismo, para que os riáis de mí un rato (o directamente sintáis lástima), aunque quizá, sólo quizá, alguno os sintáis un poquito identificados también.

En estas fechas veraniegas era inevitable leer algún artículo sobre la conveniencia de apagar el móvil durante las vacaciones. Más aún en estos tiempos de los smartphones donde ya no es sólo que te estén dando la brasa con llamadas desde el trabajo, sino que son los correos electrónicos, los mensajes del WhatsApp, los tuits, las actualizaciones de estado en Facebook… Una orgía de sobreestimulación tecnológica y relaciones sociales virtuales mientras uno es ajeno al mundo físico que nos rodea:

En los últimos meses se pudo leer de hecho un par de artículos verdaderamente extraordinarios sobre este fenómeno de los zombis del teléfono inteligente, que os recomiendo muy encarecidamente si se os escaparon en su momento:

  • The “Busy” Trap en el New York Times, de Tim Kreider, donde denuncia esta obsesión por estar súper ocupado y sin un momento libre, que en realidad esconde una huida hacia delante para no adquirir conciencia de la vacuidad de tantas cosas superficiales de nuestra vida, y reivindica una vida más relajada y donde sepamos disfrutar de las relaciones personales.
  • Slaves to the smartphone, del blog Schumpeter en The Economist, donde expone su preocupación por la adicción a los smartphones y su peligro para la salud personal y familiar de los usuarios, reclamando que tanto ellos como sus empresas adquieran conciencia del problema y fomenten un uso más cabal de esta herramienta.

[Por cierto: se distribuyó jocosamente un tuit en el que un redactor de The Economist explicaba que el artículo del Schumpeter lo había escrito el mismo redactor jefe al que él mandó un borrador de un texto sobre las 9 de la noche, y para su estupor a las 11 de la noche tenía respuesta de ese abogado de la liberación de la esclavitud de los móviles. Ironías de la vida].

Es indudable que los smartphones nos tienen constantemente estimulados y que nos pueden llevar a no desconectar en ningún momento, perjudicando en ocasiones nuestra vida social y familiar. Y como me dijo una vez un señor ya veterano, “en su lecho de muerte nadie lamenta no haber trabajado más; se arrepiente de no haber pasado más tiempo con su mujer y sus hijos”.

Ahora bien… (Y aquí es donde empezáis a discrepar y no tengáis problema en decírmelo)

Para mí esto de tener internet, correo electrónico y redes sociales en el móvil es una bendición, porque es un fenomenal antídoto contra el aburrimiento. Antiguamente, yo DETESTABA viajar en avión por lo tedioso que se hacía todo el trámite por el aeropuerto, la espera, el embarque, etc. Ahora se me hace en ocasiones incluso corto. Llevo mis cascos y la música en el teléfono (vale, antes había walkman y discman y luego el iPod, pero pesaban más y el móvil de todas maneras hay que llevarlo encima). Cuando estoy esperando, me pongo a repasar Facebook, Twitter y periódicos digitales, y aparte de responder a menciones y hacer comentarios, me pongo a recopilar artículos como un poseso y guardarlos en Instapaper para leerlos off-line en el avión. Miro el correo electrónico y respondo. Me empiezan a llegar contestaciones y re-respondo. Al final acabo apagando el teléfono en el último momento y a desgana cuando cierran las puertas, no sin antes descargar todo el log de Instapaper.

¡Al final, ahora todo el problema es lo poco que dura la pila en el smartphone! Por eso suelo llevar dos, por si en uno me quedo seco.

Y lo mismo puedo decir de esperar colas en Correos, Hacienda, la Junta Municipal, o la cola del Carrefour, para qué ir más lejos.

¿Qué decir de poder comentar un partido de fútbol o de baloncesto por Twitter? Hombre, por favor, quién puede imaginarse hoy en día chuparse un partido aburrido si no fuera por los comentarios de tanta gente ingeniosa que hay por ahí…

Y eso en lo referente al ocio. En cuanto al trabajo, yo me siento un bicho raro. Porque toda la gente está deseando irse de vacaciones para desconectar, y a mí eso me estresa. No las vacaciones, por favor, sino la desconexión. Yo suelo, por motivos familiares, escaparme a la costa oeste de Estados Unidos, con 9 horas de diferencia horaria y un jet lag que te tiene muerto durante un par de días, y las vacaciones significan desconectar sí o sí. Y eso me provoca siempre un estrés prevacacional. La necesidad de dejarlo todo resuelto antes de irme y la preocupación de que en esos dos primeros días donde surgen todos los problemas tontos de la ausencia de uno, justo sea cuando menos en condiciones esté de echar una mano.

Así que la posibilidad de disponer de una herramienta que facilita esa línea de comunicación entre la vida profesional y la vida vacacional es para mí un alivio. Saber que si hay un problema, esté donde esté lo más probable es que con el móvil pueda resolverlo. A mí me ha liberado de mucha de la presión que sentía hace años al irme.

Y luego el caso es que la gente habla de estrés postvacacional… Pues eso les pasa porque han desconectado. Si hubieran mantenido un hilo de comunicación abierto, no sería para tanto. Decía ese artículo de El Mundo que enlacé antes que recomiendan mirar el correo electrónico una vez a la semana. ¡Pero qué dices, chalado! Si ya me agobio yo cuando un día estoy de viaje y abro el correo para encontrarme ciento y pico mensajes sin leer, menudas ganas de encontrarme setecientos u ochocientos correos sin abrir. Quita, quita… Yo prefiero ir mirándolos a ratos libres para así tener la tranquilidad de que estoy al día. Y ya tendré tiempo de repartir marrones entre los sufridos colegas que están en la oficina. Pero al menos me ahorro el susto ese horrible de quien vuelve a la oficina tras dos semanas de ausencia y desconexión total.

A este punto sé que os doy mucha pena, salvo los que ya me conocéis de antes y sabéis de mi manía por dormir lo mínimo posible (¡soberana pérdida de tiempo!), no ver Telecinco y demás telebasura (¡destruyendo neuronas!) ni tampoco escuchar el 90% de la música que se emite sin piedad por las ondas españolas. Sé que vosotros me lo perdonáis con mucho cariño.

A todo esto, que sepáis que este post lo escribí la semana pasada y lo dejé programado para publicar ahora porque estoy de sufridas vacaciones. Pero no dudéis en contestarme aquí abajo en comentarios o en redes sociales. Así me sonará la notificación en el móvil y me daréis alguna excusa para evadirme un poco y desconectar. ¿O se supone que era al revés? Bueno, ya me entendéis…

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10 comentarios

  1. Nacho · · Responder

    Pues aunque sea un poco friki tb, no puedo por menos que sentirme en cierta forma bastante identificado. Yo, estando de vacaciones (y dedicado en exclusividad a las niñas) leo el correo a diario y eso me da tranquilidad y a mis clientes también. Sinceramente, hay cosas que no pueden esperar quince días, así que eso de “desconectar” me parece un poco chorra o quizás mi facilidad para conectar y desconectar sea “sobrehumana”.

    1. Yo creo que la tendencia a estar siempre conectados puede ser muy buena o muy mala. Hasta ahora funcionábamos como los niños: ahora toca trabajar, ahora toca ocio, ahora toca comer, ahora toca… y todo esto está cambiando. No sería del todo malo si estuviera equilibrado: a cualquier hora puedes trabajar, a cualquier hora puede descansar, a cualquier hora puedes divertirte… pero lo que está pasando es que a cualquier hora puedes trabajar y ya: eso se come a todo lo demás.

      Así que si este es el destino que nos espera con el “always on”, mejor volvemos al modelo anterior, que al menos nos “obligaba” en cierta forma a tener espacios de descanso y tranquilidad.

      Además, hace tiempo leí a alguien que reflexionaba sobre el futuro que nos esperaba si no dejábamos espacios “de no hacer nada”. Esos espacios “desperdiciados”, permiten al cerebro oxigenarse y producir ideas, muchas de ellas innovadoras, que no florecen cuando el cerebro está siempre ocupado con otros temas (a veces innecesariamente ocupado, simplemente por satisfacer este impulso actual de no estar parado).

      Lo dicho, yo también leo el correo en vacaciones, me llevo el móvil, veo el twitter, etc. pero tengo claro que las prioridades son otras, y es momento de descansar, coger un buen libro, y tumbarse para mirar al cielo, sin más.

      1. Muy oportuno, para que lo leáis durante vuestras vacaciones (:

        http://www.yorokobu.es/elogioaladesconexion/

      2. Está muy bien planteado el post, conste.
        Pero llevo unos días de desconexión casi plena más que nada porque vigilar a mis tres niñas pequeñas es un “full-time job” y la verdad es que lo que estoy sufriendo es un verdadero estrés, aunque de otro tipo. Buff…

      3. Muchasgracias por el comentario, JM. Es verdad lo de los momentos de “no hacer nada”. A mí gran parte de las mejores ideas que se me ocurren son conduciendo, cuando sobra tiempo para pensar en cualquier cosa dentro de la rutina de la carretera.

    2. Gracias, Nacho. Así no me siento solo en el mundo.
      Quizá será porque yo tampoco tengo mayores problemas por conectar o desconectar. O será que nos gusta nuestro trabajo y por eso tampoco nos convencen estos términos. Suerte que tenemos entonces.

      1. ¿Y no será que salir de nuestra zona de confort (el trabajo, nuestra especialidad) es lo que genera estrés? ¿y que ante eso, es más fácil mantener cierto nivel de trabajo durante las vacaciones, para mitigar esa ansiedad? ¿o que nos cuesta reconocer que el trabajo se ha comido todas nuestras aficiones y ante ello, y eso genera un vacío que rellenamos con más trabajo?

        Vamos, por dar opciones….

  2. arjunayi · · Responder

    Me obliga a discrepar. Es absolutamente necesario desconectar de todo de vez en cuando. Puede que hasta de nuestros familiares y amigos!

    1. Ya sabe amigo arjunayi que yo soy un #alwaysON.
      Me alegra por cierto comprobar que en vacaciones desconecta Ud. de familiares y del trabajo pero no de este humilde blog. Me siento muy honrado.
      Un abrazo.

  3. […] Inevitablemente pasó por mi mente que los tiempos han cambiado, y que hoy en día estamos todos acostumbrados a mantener un alto grado de conexión con el trabajo. Los propios clientes esperan de ti que tengas algún grado de disponibilidad incluso durante tus vacaciones, más aún si asumes un puesto de responsabilidad. Para los compañeros de trabajo es también un alivio y reduce el estrés saber que pueden contar contigo para dudas puntuales. E incluso uno puede simplemente preferir no caer en la desconexión total, ya sea porque le gusta el trabajo, para evitar el estrés postvacacional, o incluso para mitigar el estrés prevacacional, que es algo que me ha ocurrido a mí en el pasado. De hecho, recordaréis un post que escribí sobre este tema: “¿Y si no quiero desconectar?” […]

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